Cine y Pediatría 8

sábado, 18 de agosto de 2018

Cine y Pediatría (449). “Siempre juntos” en el microcosmos familiar


La figura de la madre en Cine y Pediatría se ha revisado desde muy diversos ángulos y en todas las filmografías: desde la angustia en la relación madre-hijo que nos espeta el niño malo del cine canadiense, Xavier Dolan, con sus películas Yo maté a mi madre (2009) y Mommy (2014), hasta la maternidad menos glamurosa de Tully (Jason Reitman, 2018), pasando por maternidades tan especiales como Mater amatísima (José Antonio Salgot, 1980), Volver a nacer (Sergio Castellito, 2012), Madre (Mabel Lozano,2013), Goodnight Mommy (Verónica Franz y Severin Fiala, 2014), La habitación (Lenny Abrahamson, 2016), ma ma (Julio Medem, 2016),o Las hijas de Abril (Michel Franco, 2017), entre otras muchas. 

Y a las películas anteriores se suma nuestra película de hoy Siempre juntos (Gustavo Pizzi, 2017), la película brasileña que obtuvo Biznaga de Oro a la mejor película iberoamericana en el último Festival de Málaga. 

Siempre juntos recrea las mil ceremonias de lo cotidianidad familiar que tiene el epicentro en la figura de la madre, Irene (magnífica Karine Teles), ese sol sobre el que gravitan su marido, sus cuatro hijos, su hermana y el hijo, que viven todos en una casa desvencijada en el barrio periférico de Petrópolis, una ciudad de 300.000 habitantes a 70 kilómetros de Río de Janeiro (tal es así que se ha atrancado la puerta y salen y entran por las ventanas). Una película que es una coreografía del caos, perfectamente universal en aquellos entornos sociales donde vivir es sobrevivir al día a día, entre la familia, el trabajo y la sociedad. Una película creíble, posiblemente porque el director y la actriz principal también son matrimonio, tienen hijos y hacía tiempo que querían escribir un guión conjunto así: y ellos son coguionistas y coproductores de Siempre juntos

Irene es una mujer superlativa que lo da todo por su esposo (un amoroso personaje, pero poco hábil para los negocios, lo cual no permite el mejor equilibrio familiar) y sus cuatro hijos (Fernando, el adolescente deportista, Rodrigo, obeso y siempre acompañado de su tuba, y los juguetones gemelos, Mateo y Fabiano) y es feliz haciéndolo. Además, también han integrado en la familia a la hermana de Irene, sometida a malos tratos por un marido con problemas con las drogas, y al único hijo de ésta. Por eso la escena inicial vemos a 3 adultos y 5 niños vestidos de playa dispuestos a cruzar una carretera en busca del mar… El mismo mar sobre el que vemos la imagen icónica de la película: Irene y Fernando abrazados en un gran flotador con esa imagen cenital en medio del mar,... juntos, siermpre juntos.

Irene intenta apoyar a la economía familiar como vendedora ambulante, mientras logra sacarse el graduado e intenta conseguir un oficio estable, y por ello declara a su marido: “Sabes qué me merezco. Me merezco ganar dinero con mi propio trabajo”. E Irene es una madre amorosa y una esposa comprensible. Pero para ello todo cambia cuando Fernando, que juega de portero de balonmano, recibe una oferta para jugar profesionalmente en un equipo de Alemania, y solo restan 20 días para tomar esa resolución. 

Y transcurren rápido esos días, entre la búsqueda de todos los papeles para que Fernando pueda salir de Brasil a Alemania, entre la preparación de la fiesta de graduación de Irene y la búsqueda de un nuevo negocio de su marido (pues la actual librería/copistería no funciona ya): “Estoy muy ilusionado con este negocio. Seguro que va a dar un viaje a nuestras vidas”. Pero mientras el marido comenta “Llega un momento en que al final todo sale bien”, Irene piensa algo bien diferente: “Estoy sola. No aguanto más… Estoy muy cansada. No puedo, no puedo”. Y es que todo gravita sobre Irene: el mundo de los hijos, de su marido, de su hermana maltratada (“Para por Dios, para, tu hijo te tiene miedo", le dice al violento marido que insiste en que vuelva al hogar) en la que ella apaga los mil fuegos cotidianos. 

Y en la escena final de la película el expresivo primer plano de Irene, con su sonrisa y sus lágrimas a la vez nos despiden al son de la banda de música. La sonrisa y las lágrimas de una madre que sufre el síndrome del nido vacío… 

Y el título original, Benzinho, que es la forma coloquial de decir esposo, quizás no da la dimensión del título en español, Siempre juntos. Porque eso es lo que desea Irene (y con ella la gran mayoría de madres), estar siempre juntos en el microcosmos familiar, donde en demasiadas ocasiones la madre es el sol sobre el que gravitan sus miembros. 

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