viernes, 27 de abril de 2018

Cine y Pediatría (433). “Las hijas de Abril” y los misterios de la maternidad


El cine mexicano ya es un habitual en Cine y Pediatría. No es para menos, pues es puro cine en español del país con más hispanohablantes del mundo (tanto como uno de cada cuatro), un país enorme y diverso que aspira a un cine internacional. A la estela de los oscarizados directores como Guillermo del Toro (La forma del agua, 2017), Alejandro Gomez Iñárritu (Birdman, 2014 y El renacido, 2015) y Alfonso Cuarón (Gravity, 2013), los autodenominados "los tres amigos del cine" que consiguen virar el rumbo de cine mexicano en Hollywood en tan solo cinco años, han surgido una nueva ola de nuevos directores que demuestra que la salud del cine mexicano es envidiable: Diego Luna con Abel (2010), Michel Franco con Después de Lucía (2012), Claudia Saint Luce con Los insólitos peces gatos (2013) o Jorge Ramírez Suárez con Guten Tag, Ramón (2013), son algunos ejemplos ya presentados en nuestro proyecto.

Y hoy volvemos a hablar del mexicano Michel Franco, quien con menos de 40 años se mueve como pez en el agua en el circuito de festivales europeos desde que en 2009 pisara por primera vez La Croisette con Daniel y Ana. Franco ha ganado laureas en el certamen de la Costa Azul con Después de Lucía (Un certain regard, 2012), Chronic (Mejor guion en la competición oficial en 2015, y Las hijas de Abril (Un certain regard, 2017); todas películas que cuentan historias impúdicas sobre el empobrecimiento moral de un estado donde lo cruel y la poca moral campa a sus anchas

En Cine y Pediatría ya tuvimos la oportunidad de revisar Después de Lucía, una película sobre el acoso (bullying) y la soledad de una adolescente que acaba de perder a su madre y que acaba de trasladarse de Puerto Vallarta a Ciudad de México. Y hoy, a finales del mes de abril y con la noticia de que volveremos por cuarto año consecutivo con Cine y Pediatría a un congreso en México, un país tan grande como sus pediatras, recordamos la última película de este director: Las hijas de Abril, una obra inquietante que confirma que su director se ha hecho un hueco en el terreno del desafío moral y social con sus obras, primas hermanas en diversos aspectos formales de sus contemporáneos Amat Escalante (Los bastardos, 2008; La región salvaje, 2016) y Carlos Reygadas (Batalla en el cielo, 2005; Post Tenebras Lux, 2012). 

Se define Las hijas de abril como un retrato poliédrico de la maternidad, amor y perversidad compuesto a partir de la caricia, que en su primera media hora, deliberadamente fría, parece un tanto desganada, pero que con dos sucesivos giros de guion gana cuerpo en su ruptura continua del tronco del árbol genealógico familiar. Una adolescente Valeria (Ana Valeria Becerril) tiene 17 años y está embarazada. Vive en Puerto Vallarta con Clara (Joanna Larequi), su triste hermanastra (quien convive con su eterno sobrepeso y su eterna falta de alegría y vitalidad) y con su novio Matero (Enrique Arrizón). Valeria no ha querido que Abril (Emma Suárez, en un soberbio papel), la madre de ambas, que lleva mucho tiempo ausente, se entere del embarazo. Sin embargo, Clara, ante la presión económica y las responsabilidades que implica tener un bebé en casa, decide llamarla. Valeria y Mateo tienen que afrontar una maternidad para la que no están preparados y entonces la joven abuela Abril se convierte en madre de todos, de sus hijas y de su nieta. 

El padre de Mateo pregunta a su hijo: "¿Qué piensas hacer con el bebé?". A lo que el padre del bebé contesta: "Es niña, le vamos a poner Karen". Finalmente los padres de ambos jóvenes firman los papeles para dar en adopción a Karen, pero lo que ocurre a partir de ahí es un giro inesperado que conviene no desvelar al espectador. Y es difícil que no venga a la memoria la película Susana (demonio y carne), una obra del año 1950, una de las extraordinarias películas que Luis Buñuel creó en su etapa mexicana y que destaca por sus maquiavélicas actitudes disfrazadas de sensuales deseos. Su personaje protagonista, un clásico de la destrucción del hogar, de la corrupción de un ecosistema humano que funciona más o menos correctamente hasta que su irrupción y sus maquinaciones lo hacen tambalearse y lograba sus propósitos. Michel Franco parece mirar a Buñuel para dejarnos una gran interpretación de Emma Suárez, un melodrama austero que incluso prescinde de banda sonora.

La escena donde Abril abandona a su nieta en el bar es escalofriante... Pero no menos perturbadora que la escena final con la huida en taxi de Valeria con su hija, dejando atrás a todos y a todo... sin rumbo, pero con su hija. Dos madres, Valeria de Karen, Abril de Valeria, una familia disfuncional donde la abuela decide vivir una segunda juventud a cualquier precio. 

Porque el director Michel Franco nos deja en sus dos últimas películas dos historias de mujeres en conflicto: en Después de Lucía la hija sobrevive después de la muerte de su madre, en Las hijas de Abril la hija sobrevive después de la reaparición de su madre. Porque Abril es madre amatísima y madre constrictora a un tiempo, es el cielo y el infierno, quien regresa a Puerto Vallarta después de una larga ausencia para reencontrarse con sus dos hijas (de distintos padres) al calor del embarazo de la pequeña. Quizás porque nadie nos enseña en el colegio la asignatura maternidad, ese misterio que nos regala la vida. 

Posiblemente una película en que los personajes no entendieron esta reflexión de José Saramago: "Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo... El más preciado y maravilloso préstamo ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos".

 

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