sábado, 6 de marzo de 2021

Cine y Pediatría (582). Comprometidos “Hasta los huesos” frente a los trastornos de la conducta alimentaria

 

Las personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se caracterizan por tener hábitos de alimentación irregulares y una preocupación excesiva hacia la forma y el peso corporal, lo que termina por provocar daños en su salud física y en el funcionamiento psicosocial. La adolescencia y el inicio de la edad adulta son etapas donde estos desórdenes acaecen con mayor frecuencia, y afectando más al sexo femenino. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su quinta versión (DSM-V) se recogen los siguientes: pica, trastorno por rumiación, trastorno por evitación/restricción de alimentos, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracones y otros trastornos alimentarios o de la ingestión de alimentos especificado o no especificado. Los trastornos alimenticios más comunes son el de atracones, la bulimia y anorexia nerviosa. 

Los TCA es una realidad que hemos visto en documentales o leído en libros, pero que es infrecuente ver reflejado en el séptimo arte. Y entre ellas es la anorexia nerviosa la entidad más referida, y recordamos algunas películas para la televisión, como Una hija casi perfecta (Sam O'Steen, 1981), Por el bien de Nancy (Paul Schneider, 1994), Secreto compartido (Katt Shea, 2000), Ser gorda como yo (Douglas Barr, 2007), Hambre al límite (Tara Miele, 2014), o algún documental como Miedo a comer (Lauren Greenfield, 2006). En la gran pantalla hemos encontrado algún personaje con trastornos alimentarios, como el interpretado por Brittany Murphy en Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999) o la anorexia asociada a la perfección de la bailarina clásica interpretada por Natalie Portman en Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010). Sin embargo, hoy hablamos de un largometraje que no deja indiferente alrededor de los TCA y, especialmente, de la anorexia nerviosa de su protagonista: Hasta los huesos (Marti Noxon, 2017). 

Una película que comienza sin concesiones, al expresar en pantalla: “En la creación de esta película han participado personas que han sufrido trastornos alimenticios y contiene representaciones realistas que podrían herir la sensibilidad del espectador”. La historia de Ellen (Lily Collins), una joven de 20 años con anorexia que empieza un tratamiento poco convencional en un centro donde crea lazos con otros internos que también sufren trastornos alimentarios. Y en donde la joven actriz Lily Collins (hija del cantante Phil Collins, el que fuera líder del grupo Genesis) se puso en la piel (y los huesos) de un difícil papel, en el que tuvo que perder una gran cantidad de peso, obligándole a recordar lo que ella misma padeció cuando sufrió ese trastorno, pero ahora lo hizo con el asesoramiento de una nutricionistas que le ayudó a perder peso de forma segura durante su preparación y, también, para volver a recuperarlo una vez finalizado el rodaje. 

Los padres de Ellen se separaron cuando ella tenía 13 años. Su madre (Lily Taylor) se fue a vivir con otra mujer y la catalogaron de lesbiana bipolar. Su padre (que nunca aparece en la película) se casó con Susan (Carrie Preston) y convive con su hermanastra Kelly (Liana Liberato), de similar edad, y que son las dos personas que le apoyan. Kelly sufre al verla contar las calorías de cada plato a los que se enfrenta y le dice: “Eres como un Asperger de las calorías”. Susan también sufre: “Madre mía, no podemos pasar por esto otra vez. Yo no puedo más”. Y Ellen les dice: “Lo tengo todo bajo control. No va a pasar nada”

Y, finalmente, piden apoyo al Dr. William Beckam (Keanu Reeves) quien es sincero en su primera entrevista: “Hablo todos los días con jóvenes como tú. Así que sí, por lo general, sois todos unos mentirosos. No estás delgada, más bien das miedo. Y me da que esto te gusta. Pero, como sigas así, un día no volverás a despertarte. Y no pienso tratarte si no te interesa seguir con vida… Si quieres que te ayude, tendrás que aceptar algunas cosas”. Y decide ingresar en una casa sanatorio con cinco chicas con diferentes TCA (desde Pearl, anoréxica portadora de sonda nasogástrica, hasta Kendra, bulímica con obesidad mórbida, desde las jóvenes Anna y Tracy a la más madura Megan, milagrosamente embarazada) y un chico, Luke (Alex Sharp), bailarín clásico apartado de su sueño por una lesión de rodilla. Luke tiene un sentimiento especial por Ellen, posiblemente aumentado por conocer los dibujos publicados por ella en la red social Tumbrl sobre su visión de la anorexia. 

Y transcurre la relación entre ellos y con su terapia. Y destacan algunas escenas: como la terapia familiar que el Dr. Beckam realiza con Ellen (quien decide ahora llamarse Eli), sus tres madres y Kelly, la única que expresa cariño verdadero: “Si te mueres, te mato”; o la escena bajo la lluvia artificial del museo mientras suena la canción “Water” de Jack Garratt, y todos ellos se calan simbólicamente hasta los huesos para intentar recuperar la ilusión por vivir; la angustia de ver el deterioro de nuestra protagonista que cada vez come menos y hace más ejercicio (incluido las flexiones a media noche); o la escena simbólica en que su madre la acurruca y le da un biberón como a un lactante, mientras le dice entre lágrimas: “Si lo que quieres es morir, lo acepto. Pero no puedo seguir enfrentándome a ti”

Y cuando la desesperación acucia a Ellen/Eli, el doctor le dice, sin convencerla: “Deja de esperar que la vida sea fácil. Deja de esperar que alguien te salve. No necesitas que alguien más te mienta. No todo tiene sentido en esta vida. Pero tú eres fuerte. Y, si te enfrentas a la dura realidad, podrás vivir una vida increíble”. Y tras el sueño de Ellen/Eli, mientras ve desde un árbol su cuerpo desnudo, su expresión aliviada: “No estoy muerta. Me pondré bien”. 

Porque es Hasta los huesos una lección sin concesiones sobre los TCA, pero especialmente sobre la anorexia nerviosa de nuestra protagonista. Y en esta película somos espectadores de cómo las personas que sufren de anorexia están obsesionadas con estar delgadas, no quieren comer, crean rituales en las comidas y tienen miedo de subir de peso, se preocupan por cuántas calorías ingieren, pueden tomar píldoras de dieta, laxantes o diuréticos para perder peso, y es probable que hagan demasiado ejercicio. Y cómo entendemos que los riesgos sobre la salud son patentes: debilidad, piel y cabellos resecos, problemas estomacales, alteraciones menstruales, alteraciones psicológicas y del comportamiento, riesgo de osteoporosis, de problemas renales y cardíacos, y, en casos graves, riesgo de muerte. 

Hasta los huesos es una típica producción de Netflix, sin alardes cinematográficos (y con algunos estereotipos que hubieran sido prescindibles, como la prototípica historia de amor entre adolescentes) pero efectiva y con afán de denuncia y generar resonancia en los espectadores. Y eso lo consigue. Y puede conseguir llegarnos hasta los huesos, especialmente para aquel que no conozca la profundidad de los TCA en la adolescencia, cuando la comida se convierte en el enemigo.

 

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