sábado, 5 de marzo de 2022

Cine y Pediatría (634) “4 días” para superar la adicción a las drogas

 

El director colombiano Rodrigo García no ha sido un autor precoz en el séptimo arte. Antes de dedicarse al cine, estudió Historia Medieval en la Universidad de Harvard y luego fue fotógrafo. Con el comienzo del siglo XXI empezó a dirigir películas, y las primeras fueron Cosas que diría con sólo mirarla (2000), Diez pequeñas historias de amor (2001) y Nueve vidas (2005), tres historias cruzadas de mujeres al más puro estilo de Robert Altman. Y con paso firme se ha ido haciendo un lugar en esta profesión, sin necesidad ya de que argumentemos que es el hijo mayor del novel de literatura Gabriel García Márquez. Y que de raza la viene al galgo lo de contar historias. Ya hablamos de Rodrigo García en Cine y Pediatría por otra película alrededor de mujeres y con un título tan significativo como Madres e hijas (2010), y que nos hablaba de esos lazos familiares inquebrantables. 

Pues con esta introducción regresa Rodrigo García con su última película, 4 días (2020), otra historia de mujeres, otra historia de madre e hija, la madre Deb (Glenn Close, quizás la actriz fetiche de este director) y la hija Molly (Mila Kunis). Un drama familiar entorno a la drogadicción y cuyo guion se basa en el artículo de Eli Saslow "How’s Amanda? A Story Of Truth, Lies And An American Addiction", publicado en 2016 por el Washington Post. Una historia basada en hechos reales sobre el amor incondicional, la superación personal y las segundas oportunidades. 

Deb es un mujer de ideas férreas, agotada de las caídas, recaídas y mentiras de su hija drogadicta Molly, cuya joven vida va a la ruina tras una década de consumo de opioides. Esta regresa de nuevo a casa después de un año sin saber de ella, pero con la puerta entreabierta se establece una tensa y dura conversación, donde la madre le dice: “¿Lo has dejado o se te han acabado las drogas?…Te veré cuando estés limpia”. 

Y una vez más acuden a Clear Horizons, una clínica de desintoxicación. Lo ha intentado ya quince veces. Y ahora entendemos la dureza de la madre con su hija politoxicómana (con un catálogo farmacéutico en vena, desde heroína a anfetaminas, pasando por la metadona y el crack) que acude buscando ayuda para esta hija con tal grado de deterioro físico (delgada, pálida, y ya casi sin dientes) y moral. Y Deb comparte con su segundo marido sus divagaciones: “Está pasando por un infierno ahora mismo” o “No quiero amarla mucho más. Me da mucho miedo”. Y Molly le confiesa al doctor: “Tengo 31 años y en la vida no he hecho más que hundirme”. Y éste le aconseja que una nueva medicina podría ayudarle, y para ello debe ser capaz de mantenerse limpia durante cuatro días y pasar ese tiempo de abstinencia fuera de la clínica, lo que no le deja otro remedio que compartir esos días con su madre. Es entonces cuando el amor que ambas se profesan (pero olvidaron) se verá puesto a prueba como nunca antes en sus vidas. 

Cuatro días de intensa convivencia. Y vemos esas puertas de su casa en las que suena la alarma cada vez que se abren y que le recuerdan que se pusieron por ella, en un barrio muy seguro, pero por ella, pues robaba en casa para comprar la droga. Y en esos días se reencuentra con su ex marido y dos hijos de los que perdió la custodia. Y vale la pena recordar la charla que da a los estudiantes de un instituto: “Imagino que habéis oído hablar de la epidemia de la heroína. Vale. Pues yo era una estudiante de sobresaliente y no acabé el instituto. Ahora vivo en casa de mi madre, pero la semana pasada estaba durmiendo en la calle. No tengo trabajo, ni ninguna cualificación, ni un solo dólar a mi nombre,…y algunos de mis dientes ni siquiera son míos. ¿Veis a esa señora de ahí detrás? Es mi madre. Me ha traído aquí porque me retiraron el carnet por conducir colocada. Pero aunque yo tuviese el carnet, ella no me dejaría conducir su coche porque le he robado muchas veces. Dinero, joyas, tarjetas de crédito. Y me he degradado por drogas en formas que es mejor que no sepáis. Lo único que me importa es drogarme, porque drogarme me hace olvidar cómo me he destrozado la vida drogándome…” 

Y en la tensión entre madre e hija comienza el acercamiento: “¿Crees que es culpa mía que seas una adicta?”, le pregunta la madre. Y se descubren confesiones duras: cuando la madre le pregunta si se ha prostituido alguna vez, Molly reconoce que ha tenido sexo a cambio de drogas, y que llegó a estar embarazada y quiso abortar, aunque en realidad ofreció el niño en adopción. Y después de esos intensos cuatros días, cuatro meses después ya las puertas de la casa están sin alarma y madre e hija se disponen a recomponer juntas el gran puzle. Y el fundido en negro nos devuelve la canción “Somehow You Do”, con la voz de una de las mayores exponentes femeninas de la música country, Reba McEntire; y entre su letra nos dice “When you think it's the end of the road / It's just 'cause you don't know where the road's leading to / When you think that the mountain's too high / And the ocean's too wide / And you'll never get through / Oh, some way, somehow, somehow you do…” 

Y nuestro director vuelve a plasmar en este complejo tema sus señas de identidad: una profunda sensibilidad por los relatos íntimos, las relaciones personales y el universo femenino. Y ello para este drama sensible, físico y, sobre todo, contemporáneo. Porque la crisis de opioides recorre Estados Unidos y muchos países, afectando en especial a los jóvenes, y para ello Glenn Close y Mila Kunis, nos regalan unas emotivas interpretaciones. Y Deb viene a representar a todas esas madres que, a pesar de haber sido desvalijadas y defraudadas una y otra vez, al final acompañan y apoyan a sus hijas porque "esta no eres tú, es la enfermedad"

Porque para superar la adicción a las drogas de un hijo o hija hacen falta mucho más que 4 días…. Pero lo que Rodrigo García nos demuestra con este “face to face” de esta madre y esta hija en estos 4 días nos aproxima a esta cruda realidad que persigue a nuestra juventud desde hace muchos décadas.

 

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