sábado, 31 de julio de 2010

Cine y Pediatría (29). “Madres e hijas”: lazos familiares inquebrantables


Tras la serie sobre Cine social en Colombia de las semanas anteriores, volvemos a este país por casualidad. El director colombiano Rodrigo García acaba de estrenar Madres e hijas, una historia de vidas cruzadas entre mujeres de indudable interés artístico y repleto de mensajes contundentes bajo la perspectiva del abandono, el arrepentimiento, la indecisión, la soledad y el duelo interno en el que viven las madres y las hijas que rompen los lazos familiares: las madres que son hijas y las hijas que son madres en forma de un círculo vicioso improvisado que es la vida misma.
Rodrigo García mima las historias cruzadas al más puro estilo de Robert Altman (Vidas Cruzadas, 1993). Especialmente vidas cruzadas de mujeres, como ha prodigado en sus anteriores producciones: Cosas que diría con sólo mirarla (2000), Diez pequeñas historias de amor (2001) y Nueve vidas (2005), todas ellas alegatos certeros sobre el tormento y la reordenación de los dramas internos.

Los lazos familiares son una de las pocas cuestiones inquebrantables del mundo. En Madres e hijas vuelve sobre el caos personal, pero puntualizando en la perspectiva de las madres y las hijas. El comienzo de la película es contundente y en rápidas secuencias: el beso de dos adolescentes, el embarazo no deseado de la chica de 14 años, su parto y un gran hiato temporal en el que intuimos que la niña que nace es dada en adopción. La película ya se inicia con esa adolescente en su madurez, de nombre Karen (una Annette Bening siempre sorprendente, a la altura de American Beauty –Sam Mendes, 1999- y Conociendo a Julia –István Szabó, 2004-) y con una vida de solitaria amargura, de traumas sexuales, de represiones, de dependencia con su también atormentada madre. La niña resultante de aquel trauma de adolescente, Elizabeth (una Naomi Watts siempre turbadora, desde su primera aparición en Mulholland Drive –David Lynch, 2001- hasta Promesas del Este –David Cronenberg, 2007- ), vivió de un modo similar al de su madre: casa de acogida, la falta del amor de unos padres en su infancia, fuerte en apariencia, metódica y fría, muy inteligente; con más de treinta años vive sola y se traslada constantemente de ciudad huyendo de sus propios fantasmas. Su nuevo trabajo la lleva a un reputado bufete de abogados con Samuel L. Jackson (el actor más camaleónico del actual cine, con permiso de Gary Oldman) de jefe, con el que tendrá una peculiar relación. La tercera mujer del triángulo es Lucy (Kerry Washington), una joven casada que busca adoptar un hijo (peculiar descripción del sistema de adopción, digno de análisis, y complementario a las entradas que sobre este tema hemos realizado en el blog).

Karen, Elizabeth y Lucy tienen una capacidad de amar muy diferente. Rodrigo García cruza sus vidas con un hilo conductor muy en la línea de Alejandro González Iñárritu (no será casualidad la participación de este como productor, maestro de películas circulares en su magnífica trilogía Amores perros (2000), 21 gramos (2003) y Babel (2006)). Y sobrevolando esto, una condena ineludible por encima de géneros: el amor entre una madre y una hija. La pérdida, la ausencia y la fuerza del destino son pilares importantes de la trama, al igual que las consecuencias de los errores del pasado y las oportunidades perdidas. La fatalidad separa y une sus vidas mientras ellas tratan se superar los traumas del pasado: Karen el síndrome de rechazo de un hijo, Elizabeth el síndrome del abandono materno, y Lucy la incapacidad de procrear y el infierno burocrático y emocional de la adopción.

Una película que reflexiona sobre los lazos familiares inquebrantables que tantas veces se rompen. Las consecuencias de un embarazo no deseado en la adolescencia como motivo de partida: nada es gratuito a partir de ese momento. Ni el aborto ni la entrega en adopción del hijo no deseado acaban con la historia. La historia acompaña a esas madres adolescentes durante su vida, incluyendo las consecuencias en cadena. De ello nos habla Rodrigo García, quien se va haciendo un lugar en el mundo del cine, sin necesidad ya de argumentar ser el hijo mayor del novel de literatura Gabriel García Márquez.

En Pediatría somos a menudo espectadores de las consecuencias que siguen a nuestras adolescentes y sus familias cuando se rompe alguno de los lazos familiares inquebrantables.

3 comentarios:

VBV dijo...

La vi hace una semana y me pareció muy interesante. El final me pareció un poco forzado, pero los finales felices son inevitables.
Toda la serie que estáis haciendo sobre cien es más que interesante. Gracias

Javier González de Dios dijo...

Gracias por tus palabras, Vicente. Mi respuesta tardia es debida a que he estado desconectado en un viaje veraniego pero no quiero dejar de hacerlo, pues tu comentario (gran conocedor de la blogosfera) nos anima para continuar en una serie que, cuando la iniciamos, no sabíamos que derroteros iba a seguir.

Carmen Martínez dijo...

Recién vista, se me ocurre que el único que ejercería una función "maternal" a juzgar por la familia que tiene y su tremenda humanidad "maternal", es el abogado.Curioso.Y no le dejaron ejercer.
La película daría para analizar los distintos tipos de apego en función de las diferencias entre las mujeres protagonistas.
Enhorabuena y gracias por esta sección.Gracias