sábado, 8 de enero de 2011

Cine y Pediatría (52). El cine denuncia de Peter Mullan en "Las hermanas de la Magdalena"


Peter Mullan es un actor poco conocido en nuestro país, pero muy pródigo en su Escocia natal, alternando el teatro, televisión y cine. Mullan comenzó su carrera dirigiendo cortos, pero viendo que así no lograba trabajo, se reconvirtió en actor. Pequeños papeles en películas que si reconocemos, como Riff Raff (Ken Loach, 1990), Braveheart (Mel Gibson, 1995), Trainspotting (Danny Boyle, 1996) y, sobre todo, su papel protagonista en Mi nombre es Joe (Ken Loach, 1998), en la que interpreta a un alcohólico y que le valió el Premio a mejor actor del Festival de Cannes.
En 1997 volvió a plantearse la dirección, esta vez en el largo, y ahora con éxito. Peter Mullan lleva colgado de la pechera la etiqueta de director de festivales: ha rodado tres películas y con las tres ha tocado premio. Con su debut, Orphans (1997), logró cuatro galardones en Venecia. Cinco años más tarde, alzaba el León de Oro en la ciudad italiana con Las hermanas de la Magdalena y, en 2010, con Neds ha logrado la Concha de Oro del festival de San Sebastián a la mejor película y su protagonista, Connor McCarron, se llevó el premio a mejor actor. Pleno: tres de tres, record difícil de igualar.

Pero fue con Las hermanas de la Magdalena (2002) donde dio el campanazo (con un guión valiente y una dirección acertada, quizás como buen discípulo de Ken Loach) y fomentó la polémica al basarse en la historia, desgraciadamente verdadera, de miles de mujeres (muchas adolescentes) rechazadas por sus propias familias y abandonadas a la misericordia de la Iglesia católica. Estas mujeres, a las que se internaba en los asilos de la Magdalena porque se consideraba que habían “perdido la gracia de Dios”, eran encerradas sin que hubieran cometido ningún crimen, únicamente por ser víctimas de violación, por haber tenido hijos sin estar casadas, por ser consideradas en “peligro moral” o por ser huérfanas. La fundación de los asilos de la Magdalena en Irlanda se remonta al siglo XIX como refugio de prostitutas, de ahí su nombre en honor de María Magdalena. Acogían a muchachas enviadas por sus familias o por los orfanatos, que allí quedaban encerradas y a las que se obligaba a trabajar en las lavanderías para expiar sus pecados, lavanderías regentadas por las hermanas de la Misericordia. El último convento de la Magdalena en Irlanda cerró sus puertas en 1996. Se calcula que 30.000 mujeres y muchachas vivieron hasta su muerte en las lavanderías de la Magdalena. Para conocer algo más sobre la historia de los asilos o lavanderías de la Magdalena se puede consultar la red.

La película comienza con la presentación del “motivo”• que llevó a sus cuatro protagonistas a esta institución: Margarette tras ser violada por un primo (y poder ocultar así la vergüenza de la familia), Rose por tener un hijo de soltera (que sus padres dan en adopción), Bernadette por considerarse bella y ser considerada una tentadora; y, más tarde, reconocemos a Crispina, madre soltera con cierto hándicap mental. La película relata sin titubeos el severo dogma católico que imperaba sobre la sociedad irlandesa y la vida sin esperanzas en el interior de estas casas, donde los severos castigos y los abusos morales y físicos estaban a la orden del día. A las chicas, al llegar, se las despojaba de sus ropas y objetos personales, se les cortaba el cabello y les cambiaban sus nombres de bautismo por nombres de santas católicas. Se les imponía un severo régimen de trabajo y de oración, y se las privaba de todo contacto con el mundo exterior. El hecho de haber estado en estas instituciones era una vergüenza tan grande que casi todas ellas lo ocultaron e, incluso, muchas huyeron para esconderse.
La primera vez que se planteó públicamente la situación en que se encontraban las mujeres de los asilos de la Magdalena fue en 1992, en "Eclipsed", obra teatral de Patricia Burke Logan, autora que había trabajado en una de esas casas e intentaba acabar con el estigma que pesaba sobre ella. Pocos años después, en 1997, la cantautora Joni Mitchell escribió “The Magdalene Laundries”, que se ha convertido en la canción de protesta no oficial de las supervivientes de las lavanderías. Peter Mullan retoma el tono más propio de las novelas de Dickens, una constante demasiado habitual en el cine social de las islas británicas: el guión es del propio director, quien lo escribió tras ver un documental titulado Sex in a cold climate (1998) sobre las terribles condiciones de vida de las mujeres en las casas de la Magdalena. También Mullan se reserva un pequeño papel en sus películas y que, por algún motivo, siempre suele un personaje horrendo: en este caso como Mr O’Connor, el padre de la muchacha que intenta escaparse de la lavandería, y a la que trata con tanta saña física y verbal que duele detrás de la cámara.

En materia educativa-pedagógica, la Iglesia católica ha tenido (y tiene) una enorme labor en nuestra sociedad, por lo que sería deshonesto y falso que la crítica de esta película (u otras, que siempre es más fácil criticar que apoyar) tuviera más repercusión de lo que es: poner en tela de juicio una institución. Pero tampoco sería justo que la bondad general no permitiera ver la problemática particular y su tesis de fondo: lo innecesario de instituciones de este tipo y el error de imponer la educación desde los preceptos férreos e inquebrantables de cualquier religión (y digo bien: cualquiera).
Aunque la película ha sido criticada por la Iglesia católica, no se ha podido silenciar su mensaje, ni siquiera desmentir. Seguramente, como alguien ha comentado, no se estuvo muy conforme con la idea de remover entre la ropa sucia que entraba todos los días en los asilos de las hermanas de la Magdalena y salía blanca y reluciente a las pocas horas, mientras las inquilinas de la institución purgaban sus pecados. Porque estos actos no deben quedar impunes y para eso (además de para otros propósitos) existe el cine, para avivar conciencias y evitar que situaciones de este tipo caigan en el más profundo olvido. Cine social, cine denuncia: este actor devenido en director, que apunta maneras de gran contador de historias, necesitaba alzar su voz para contra la historia de Margarette, Rose, Bernadette y Crispina. Y salvar del olvido la historia de varios miles de adolescentes, con la intención, probablemente, de evitar que la historia se repita.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

veimenUna escritora española denuncia la atrocidad en España
Consuelo Garcia del Cid Guerra
Entrvista you tube

Anónimo dijo...

Esto es lo que pasa al establecerse la dictadura religiosa del los intocables: monjas, curas, papas,... Seguimiento ciego, total y absoluto, y ay del que se oponga! Persecución, ostracismo, ... La historia se ambienta en Irlanda, pero lo mismo en España, Italia,....