martes, 11 de enero de 2011

Estudio y seguimiento racional de los senos dérmicos sacrocoxígeos: cuando “menos es más”


Desde este blog hemos hablado (y defendido) repetidamente el concepto de prevención cuaternaria, y lo hemos hecho por activa y por pasiva.

El exceso de celo diagnóstico y terapéutico en Pediatría es relativamente frecuente. Es fácil rememorar nuestras enseñanzas en el periodo de formación MIR sobre factores de riesgo que nos han acompañado (o acompañan) durante mucho tiempo. Dos ejemplos: las anomalías de la oreja (apéndices o fositas preauriculares principalmente) y el riesgo de anomalías renales, o los estigmas disráficos y el riesgo de espina bífida oculta (EBO). Eran enseñanzas que se copiaban en nuestras “libretas de residente” y que nos han acompañado durante mucho tiempo. Las implementábamos con cariño de nuestros adjuntos y “R-mayores” y todos somos conscientes de las muchas pruebas radiológicas y seguimientos realizados a niños con alguno de los dos ejemplos referidos. Pese a las pruebas científicas que van apareciendo en contra de estas prácticas, nos cuesta romper con esos paradigmas. Y la continuidad de estos “factores de riesgo” nos mantiene en el “efecto cascada” y el exceso diagnóstico y terapéutico sin mejorar la salud del paciente y/o la población.

Un artículo original acaba de publicarse en Anales de Pediatría sobre el estudio y seguimiento racional del seno dérmico sacrocoxígeno, un típico estigma disráfico, cuya naturaleza es casi siempre inocente (sin relación con EBO), pero que produce gran ansiedad en los padres, un gran número de pruebas de imagen y sobrecarga de consultas (de pediatría y neurocirugía). Recomendamos su lectura (en especial sus tablas sobre datos de alarma y recomendaciones de estudios), pues los autores combinan su experiencia con la evidencia procedente de la literatura (escasa, pues estos temas puntuales no se someten a guías, revisiones sistemáticas o metanálisis, como es lógico), entre las que destacamos la reciente encuesta a 62 neurocirujanos pediátricos de las Sociedades Internacionales y Europeas de Neurocirugía Pediátrica en busca de un consenso.

Aunque sin mala intención (más bien todo lo contrario) reconozco haber sometido a pacientes y sus familias a pruebas y seguimientos no necesarios. Agradezco este artículo para mejorar mi práctica clínica. Porque en muchas ocasiones en medicina, “menos es más”.