sábado, 19 de febrero de 2011

Cine y Pediatría (58): La angustia de ser padres o yo por mi hij@… maaato


No os asustéis por el titular: que no vamos a hablar de nada (ni nadie) que no debamos. En esta entrada queremos hacer un breve recuerdo a un estado de partida muy explorado en los guiones cinematográficos: padres sometidos a un particular estado de angustia por la situación en que se encuentran sus hijos, porque “nada duele como un hijo”. De hecho, las tres semanas previas son un ejemplo de lo que hablamos: Denzel Washington se enfrentaba en John Q (Nick Cassavetes, 2001) a la angustia por conseguir un trasplante de corazón para su hijo; Nanni Moretti en La habitación del hijo (Nanni Moretti, 2001) nos ofrecía una visión del duelo por la muerte inesperada de un hijo; y Nick Nolte y Susan Sarandon se vaciaban en El aceite de la vida (George Miller, 1992) con la epopeya por la búsqueda de la curación de la adrenoleucodistrofia de Lorenzo.

Tres ejemplos de otras muchas películas con una temática similar. Pero hoy nos centramos en películas en los que alguna “estrella de Hollywood” se convierte en padre/madre coraje en busca de la recuperación de su hijo desaparecido o secuestrado.
Algunos ejemplos son clásicos y perduran con el tiempo. Así, en El hombre que sabía demasiado (Alfred Hitchcock, 1956) se nos muestra a James Stewart y Doris Day envueltos en el secuestro de su hijo durante unas vacaciones en Marruecos (curiosamente esta obra es la versión en Estados Unidos de una película con el mismo título, realizada por el propio Hitchcock en 1934 en Reino Unido). Paradigmático es el papel de Jack Lemmon en Desaparecido (Costa-Gravas, 1982) y la busca desesperada de su hijo durante el golpe estado del presidente Salvador Allende en Chile, así como el papel de Susan Sarandon en Tensa espera (Robert Allan Ackerman, 1994), esa madre abnegada con 7 hijos y que recibe la noticia de que su hijo mayor ha sido víctima de un atentado terrorista en Oriente Medio donde estaba destinado, comenzando una tensa espera familiar ante nuevas noticias.

Dos actrices, una en su papel de madre coraje (Jodie Foster) y otra en su papel de hija secuestrada(Dakota Fanning), han sufrido un guión similar en dos ocasiones. Ambas son actrices prodigios en Hollywood: Jodie Foster ya es una afamada actriz con dos Oscar en su haber (por Acusados de Jonathan Kaplan, 1998; y por El silencio de los corderos de Jonathan Demme, 1991) y también directora, pero debutó a los 13 años en un papel en Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) que ya le valió la nomización a mejor actriz de reparto. Dakota Fanning es aún una niña que nos sigue sorprendiendo desde su debut a los 7 años en Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001).
Jodie Foster se enfrenta a dos pesadillas como madre. En un caso encerrada con su hija adolescente en una habitación de máxima seguridad de su casa (La habitación del pánico de David Fincher, 2002), debido al ataque de tres ladrones (con la peculiaridad de que la hija es diabética y sufre una crisis de hipoglucemia con ataque epiléptico, con búsqueda desesperada del glucagón). En otra intentando encontrar a su hija de 6 años que ha desaparecido misteriosamente en el avión que vuela de Berlín a Nueva York (Plan de vuelo: desaparecida de Robert Schwentke, 2005).
Dakota Fanning sufre un doble secuestro: En Atrapada (Luis Mandoki, 2002) es secuestrada con sus padres (Charlize Theron y Stuart Towsend, quienes, curiosamente, se conocieron en esta película y son pareja aún actualmente) y ella acaba siendo lo mejor de la película (excelente su interpretación de las crisis de disnea aguda por asma). En El fuego de la venganza (Tony Scott, 2004) muestra la particular relación con su guardaespaldas (Denzel Washington), aceptable thriller con el secuestro de niños en México como telón de fondo, noticia que sigue siendo una triste realidad.

Otros padres coraje en películas con hijos secuestrados o desaparecidos son Mel Gibson en Ransom (Ron Howard, 1996), Michel Pfeiffer en En lo profundo del océano (Ulu Grosbard, 1999), Michael Douglas en Ni una palabra (Gay Fleder, 2001) o Liam Neeson en Venganza (Pierre Morel, 2008).
El tema se ha explotado repetidamente, pero repetidamente sin conseguir ser películas de especial interés cinematográfico. Más bien adquieren el aspecto de telefilme de “no-tengo-nada-que-hacer-esta-tarde-de-fin-de-semana-y-me-la-veo”, pero sin que podamos destacar en su mayoría especiales dones para el séptimo arte. En algunos casos se llega al espasmo. Y si no que se lo pregunten a Andy García (Medidas desesperadas de Barbet Schroeder, 1998), ese policía de San Francisco que busca desesperadamente un candidato compatible para realizar un trasplante de médula ósea de su hijo pequeño, afecto de leucemia. La única persona que cumple todos los requisitos es un asesino múltiple (Michael Keaton) quien acepta ser el donante, pero quien, una vez en el hospital, logra escapar. La película se convierte en una pura persecución, buena parte de la cual es por el hospital, con oncólogos infantiles como rehenes. Pues eso…

Os dejamos con el tráiler de Ni una palabra y de En lo profundo del océano. Ciertamente, no creo que haya palabras (ni películas) que puedan reflejar el profundo dolor que puede provocar una experiencia como la desaparición o secuestro de un hijo. Aquí no hay dudas que la realidad (aún una lacra en algunos países) supera a la ficción.


2 comentarios:

Honorio dijo...

Echo de menos una de las mejores películas sobre el tema de los últimos años. Me refiero a la joya de Clint Eastwood "El intercambio".

Javier González de Dios dijo...

Totalmente de acuerdo, sorry. Para subsanarlo al mago de Clint Eastwood le dedicaremos una entrada especial, incluyendo el gran papel de Angelina Jolie en "El intercambio".