sábado, 25 de junio de 2011

Cine y Pediatría (76). “Surviving Amina”, crónica familiar de una leucemia infantil anunciada


El cáncer infantil es la segunda causa más frecuente de mortalidad infantil en niños con edades comprendidas entre 1 y 14 años. Las frías estadísticas muestran que cada año más de 160.000 niños son diagnosticados con cáncer en el mundo, el 80% de los cuales viven en países en vías de desarrollo. Según la Unión Internacional Contra el Cáncer (UICC), en los países desarrollados, tres de cada cuatro niños con cáncer sobreviven al menos cinco años después de ser diagnosticados, gracias a los progresos en el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad; en los países en vías de desarrollo, más de la mitad de los niños diagnosticados con cáncer tiene probabilidades de morir. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) pone a disposición de los jóvenes una página informativa sobre esta enfermedad que quiebra la salud de los niños y rompe el equilibrio de las familias.
Dos grandes grupos cáncer predominan en la infancia: los tumores sólidos y enfermedades hematológicas (en donde encontramos a la leucemia, causa de casi uno de cada tres tipos de cáncer diagnosticados a esta edad).

El cáncer es un tema sensible en el cine. Y, en concreto, la leucemia en la infancia ha sido la protagonista de algunas películas: la italiana La última nieve de primavera (Raimondo del Balzo, 1973), la canadiense La mariposa azul. En busca de un sueño (Léa Pool, 2004), las estadounidense Un paseo para recordar (Adam Shankman, 2002) y La decisión de Anne (Nick Cassavettes, 2009), las españolas Alerta en el cielo (Luis César Amadori, 1961) y Vivir para siempre (Gustavo Ron, 2010), etc. Películas que oscilan entre la sensibilidad y la sensiblería. Difícil equilibrio para trasladar la ética narrativa de un tema tan delicado a la pantalla. Hoy hablamos de una película documental de gran interés, que creemos logra superar ese difícil equilibrio: Surviving Amina (Bárbara Celis, 2010).

Barbara Celis es una periodista madrileña (y neoyorquina de adopción), colaboradora de El País y otros medios nacionales e internacionales, que se encontró con este drama por azares de la vida. Lo que en principio apuntaba a ser una pequeña grabación para celebrar el nacimiento de la segunda hija de unos amigos europeos, una pareja de artistas afincados en Nueva York (la suiza Anne y el italiano Tommaso), se convirtió en su primer largometraje y en testimonio de un conmovedor relato de una historia de amor enfrentada a la enfermedad, la muerte y una posterior redención.

La historia comienza cuando Barbara Celis pide a su amiga Anne permiso para filmar su parto y el nacimiento de Amina, sin saber que 4 meses después, cuando la niña fue diagnosticada con leucemia, la propia madre le pediría seguir filmando: la idea en el origen de la película era que la niña iba a sobrevivir. Se inicia así un peregrinaje durante 3 años en el que el espectador es testigo de las distintas fases de la enfermedad (diagnóstico y tratamiento de la leucemia, ingresos hospitalarios y altas, recaídas y complicaciones) y de las distintas fases del duelo: al comienzo aparece el optimismo y la voluntad de luchar contra la adversidad, pero, a medida que avanza el proceso, las dificultades aumentan, los ánimos se debilitan y brotan los conflictos de pareja. Lo que iba a ser un documental familiar sobre la curación, se convierte en algo diferente.
El valor del documental es abrir las puertas a los sentimientos, pues lo que se nos relata no es nada nuevo, pero si es cierto que la mayoría de la gente vive en solitario, en silencio y sin testigos, y no con la cámara como caja de pandora en los momentos más catárticos de la familia de Amina. Survivig Amina refleja la realidad de un hospital infantil de Oncología, con sus dibujos en las paredes, pero también con sus monitores, sus bolsas de quimioterapia y sus vías centrales, en donde los padres conviven entre las atenciones de oncólogos y enfermeras, se adentran en grupos sociales de apoyo (como la Leukemia & Lymphoma Society Walk y su “Light the night”) y las cifras de leucocitos, hematíes y plaquetas. De pronto, los padres se vuelven especialistas de algo que nunca hubieran imaginado. Más detalles se pueden descubrir en su página web.

La realidad supera a la ficción a la hora de que emanen las emociones y a la hora de responder a la pregunta clave de la película sobre ¿si hay vida más allá de la muerte de un hijo?. La madre se aferra al recuerdo y a los vídeos que comparte con la familia; el padre no supera esa fase. Ante un hecho de esta magnitud hay que saber mantener el equilibrio de pareja. En muchas ocasiones une a los padres; en otras no. De hecho, tras el desenlace fatal de Amina, Anne y Tommaso toman caminos separados, lejos de Nueva York, lejos del recuerdo: la madre regresa a Suiza y el padre a Italia, pero eso no la convierte en una película oscura, sino todo lo contrario.

“Aceptarlo no significa superarlo” nos dice Tommaso. El cineasta ruso Sokurov recomendaba a quien quisiera oírle que ‘lo que se ama o lo que se odia no debería ser filmado’. Sin embargo Bárabara Celis incumplió los dos mandatos y nos ofrece esta obra para la reflexión, de forma que su cámara se convierte en observador, oyente e instrumento para las catarsis y la intimidad de unos padres en busca de una fórmula que alivie el dolor ante la muerte de su hija pequeña. Y aún así, en medio de tanta oscuridad, Bárbara Celis consigue dejar al espectador un rayo de luz.


2 comentarios:

MI CANASTILLA dijo...

la entrada de hoy me ha partido el corazon....

ANA LIZ Godoy dijo...

hola hay un corto que se llama historia del niño que rie. emiliano de 4 años habla en primera persona sobre su leucemia.