jueves, 12 de abril de 2012

No radiarás a tus pacientes en vano


Que en nuestra sociedad se hace un uso abusivo del sistema sanitario es algo ya conocido. Nada nuevo. Es éste un problema de "etiología multifactorial". No es el propósito de esta entrada analizar sus causas, pero sí advertir de alguna de las consecuencias de esta situación.

Ya hemos hablado en este blog en otra ocasión de las pruebas radiológicas y de la cantidad de radiación que reciben nuestros pacientes según la prueba demandada. Vamos a incidir un poco más en este tema, a resultas de una noticia de prensa y de unos tweets muy interesantes de nuestro colega Ángel Hernández Merino, director de la "Revista Pediatría de Atención Primaria".

Hemos podido leer en diversos medios de prensa que "Las radiografías dentales pueden aumentar el riesgo de desarrollar un tumor cerebral primario". El meningioma sería el tipo de tumor más frecuente. Al parecer, el riesgo sería mayor con las llamadas "radiografías dentales panorámicas" (las ortopantomografías). El estudio original en el que se basa esta noticia está publicado en la revista "Cancer" y es un estudio de casos y controles que comparó a pacientes mayores de 20 años con meningioma con controles sin la enfermedad. La exposición a radiografías dentales fue superior en el grupo de casos, y de particular interés para los pediatras es el hecho de que la realización de radiografías dentales panorámicas en menores de 10 años se asoció con un mayor riesgo de padecer este tumor en el futuro (odds ratio: 4,9; intervalo de confianza del 95%:  1,8 a 13,2).

A través de la cuenta en Twitter de Ángel Hernánddez Merino podemos acceder a un documento informativo del American College of Radiology que podeis consultar al final de estas líneas. Es sumamente importante y pertinente para todos los médicos asistenciales, con el fin de pensarse dos veces pedir una radiografía. Se hace un abuso excesivo de esta prueba complementaria en situaciones en que no nos va a ser de utilidad clínica y sí supone someter al paciente a un riesgo inecesario de radiación. Algunas de estas situaciones en las que las radiografías debieran evitarse son éstas:
  • Radiografía de cráneo en cefaleas no complicadas.
  • Radiografía de tórax preoperatoria en pacientes con una exploración física normal y sin patologías relevantes.
  • TAC abdominal para el diagnóstico de apendicitis en niños.

La denominada "medicina defensiva" tiende a sobretratar a los pacientes y también a "sobrerradiarlos". Las excusas son diversas: "para que el paciente se quede más tranquilo", "para quedarme más tranquilo yo" (el médico, se entiende)... Las justificaciones son muchas y diversas. Y no se trata sólo de la medicina defensiva: a veces estas pruebas se piden "porque están en el protocolo", "porque se lo he visto hacer a os adjuntos" (en el caso de los médicos internos residentes), "porque siempre se ha hecho así" (en el caso de los adjuntos), "por si acaso"... Y podríamos seguir con más y más justificaciones.

Antes de pedir una prueba radiológica los médicos deberíamos preguntarnos qué esperamos de ella. Muchas veces puede que se pida una rediografía para descartar (más que para confirmar) una determinada patología, aún cuando existan estudios o guías de práctica cínica que desaconsejen su realización para la misma. La inercia, la fuerza de la costumbre, es un peligroso enemigo para cambiar nuestros hábitos de prescripción y nuestros "hábitos diagnósticos". Y antes de pedir una radiografía debemos tener siempre presente que esta prueba no es inocua. Conviene tener a mano esta tabla para que tomemos conciencia de la radiación a la que sometemos a nuestros pacientes.

... Y, volviendo a la noticia de prensa con la que iniciábamos esta entrada, tanto pediatras como odontólogos debemos ser muy prudentes a la hora de pedir una rdiografía dental panorámica. Hay situaciones clínicas que necesitarán la realización de esta prueba, por supuesto. Pero también es cierto que en ocasiones esta radiografía se pide con un objetivo dental "estético", como paso previo a la colocación de aparatos dentales. Habría que ser quizá más selectivo a la hora de deidir qué niños necesitan este tipo de aparatos.

En cualquier caso, un tema para la reflexión y para concienciarnos de que toda decisión que tomamos en la consulta tiene un riesgo. No sólo hay que abogar por una prescripción prudente, sino que también hay que realizar un uso prudente de las pruebas complementarias. Y muy en especia de las radiológicas. Por el bien de nuestros niños.