sábado, 17 de noviembre de 2012

Cine y Pediatría (149). “No llores, mujer”… y espero que no vivas sola el embarazo y sus consecuencias


En la mayoría de estos lugares del planeta el embarazo no es una elección, sino una obligación. Y la muerte materna se percibe como un hecho natural. Todavía queda mucho por hacer para alcanzar los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, fijados en el año 2000 por los 189 países miembros de las de Naciones Unidas, y que son problemas de la vida cotidiana que se consideran graves y/o cruciales. De ellos, el quinto objetivo es “Mejorar la salud materna” y se marca dos metas claras: 1) reducir un 75% la tasa de mortalidad materna entre 1990 y 2015; y 2) lograr para 2012 el acceso universal a la salud reproductiva. 

¿Y cómo aborda el cine los temas alrededor del embarazo…?. Pues la principal visión que el séptimo arte nos devuelve está enfocada a mostrarnos, especialmente, la cara del embarazo no deseado en adolescentes; y a ello hemos dedicado sendas entradas en Cine y Pediatría (97 y 98). 
Otras visiones oscilan como el embarazo como "leitmotiv" en tono de tragedia (La semilla del diablo de Roman Polanski, 1968; Hijos de los hombres de Alfonso Cuarón, 2006; Un lugar donde quedarse de Sam Mendes, 2009) o, principalmente, en tono de comedia (Nueves meses de Chris Columbus, 1995; Lío embarazoso de Judd Apatow, 2007; Un feliz acontecimiento de Rémi Bezançon, 2011; Qué esperar cuando estás esperando de Kirk Jones, 2012; o la trilogía interpretada por John Travolta y Kirstie Alley de Mira quién habla -Amy Heckerling, 1989-, Mira quién habla también -Amy Heckerling, 1990- y Mira quién habla ahora -Tom Ropelewski, 1993-). La mayoría de estas últimas producciones se convierten en un “fast food” cinematográfico bastante llevadero que funciona perfectamente como entretenimiento de bajo nivel. 

Pero no es la idea de esta entrada de hoy no es entretener, sino concienciar. Y es lo mismo que pensó la modelo Christy Turlington cuando sufrió algunas complicaciones durante el parto de su primer hijo, al que logró sobrevivir por encontrarse en Estados Unidos y tener seguro médico. Eso le salvo la vida, pero a partir de ese momento se planteó qué pasa con las mujeres que carecen de seguro, aquéllas que carecen de medios sanitarios, que tienen muy lejos el hospital, o simplemente de aquéllas no quieren ir porque no está bien visto en su comunidad. Su preocupación por la mortalidad materna la llevó a visitar diferentes países alrededor del mundo y a crear la Organización Every Mother Counts. Así como a filmar la película documental del año 2010, No llores, mujer (No Woman, no cry en su título original, rememorando la mítica canción de reggae de Bob Marley & The Wailers).

No llores, mujer nos cuenta los problemas que encuentran las mujeres tanto en el embarazo como en el parto en los siguientes países: Tanzania, en África; Bangladesh, en Asia; Guatemala, en Centroamérica; y Estados Unidos, en Norteamérica. Cuatro mujeres embarazadas en diferentes países del mundo (Tanzania, Bangladesh, Guatemala y Estados Unidos) se enfrentan a los retos y dificultades que supone su embarazo. Y cómo cada una de ellas afrontará la situación desde posiciones muy diferentes, posiciones marcadas por el entorno cultural, social y sanitario de su país. Un debut valiente tras la cámara de Christy Turlington, en una película que pretende alertar sobre las barreras que dificultan el acceso a una salud reproductiva de calidad a mujeres de todo el mundo

Las dificultades que sufrió Turlington durante su propio parto la llevaron a concienciarse sobre esta cuestión y poco después emprendió este proyecto solidario, en el que se nos descubre que la mayoría de las mujeres que viven un embarazo lo viven en países subdesarrollados y deben enfrentarse a condiciones sanitarias precarias o falta de recursos. Estos son los ejemplos de Tanzania, Bangladesh y Gutemala; el caso de Estados Unidos es diferente: allí el problema es el dinero, porque en la primera potencia económica mundial, para aquellas personas con dificultades económicas y que carecen de seguro médico, el embarazo es también una situación de auténtico riesgo, pues no existe cobertura sanitaria pública en ese ámbito. 

Sea como sea, el mensaje es contundente: más de 500.000 mujeres al año mueren por complicaciones en el parto. Y algunos otros datos escalofriantes: 
- Tanzania: en el África subsahariana 1 de cada 22 mujeres mueren en el embarazo o parto. Janet es una masai que tiene que caminar ocho kilómetros hasta la clínica para dar a luz. En Tanzania hay un tocólogo para dos millones y medio de personas. Es la tónica habitual en el África subsahariana: la escasez de infraestructuras y recursos sanitarios son los obstáculos que impiden a muchas mujeres africanas, salvar sus vidas. 
- Bangladesh: nueve de cada 10 partos se producen fuera de un centro hospitalario. El mismo peligro que corren mujeres como Mónica, quien da a luz en su casa debido a la vergüenza con la que la presión social y cultural las marca si son atendidas en los hospitales. En este país, la mayoría de las mujeres dan a luz en sus propios hogares con ayuda de parteras tradicionales, muchas de ellas sin ninguna formación. 
- Guatemala: país donde el aborto es un delito, incluido en caso de violación e incesto, pero en donde se practican 65.000 abortos al año en condición de riesgo,… un tema tabú, pero que existe y donde muchas mujeres pierden la vida a consecuencia de las infecciones que contraen. En Guatemala, hace 10 años, hablar de salud reproductiva era casi un pecado. 
- Estados Unidos: superpotencia en la que una de cada cinco mujeres en edad de procrear no tienen seguro médico. Una gran “ironía”, dice Jennie, una matrona que atiende a mujeres que no disponen de seguro médico. Estar embarazada en Estados Unidos y no tener recursos económicos es un riesgo para la salud de la madre, de forma que este país tiene el dudoso honor de ser el país desarrollado con la mayor tasa de mortalidad materna. En un país donde más de 40 millones de personas carecen de seguro médico (prácticamente el total de la población española), el momento de convertirse en madre es extremadamente caro… y, sin dinero, puede llegar a ser bastante peligroso. 

Una película denuncia, una película con conciencia. Una película que nos muestra que muchas muertes maternas podrían evitarse. Que el alumbramiento es especialmente arriesgado en el sur de Asia y en el África subsahariana. Que sigue existiendo una gran brecha en el mundo entre las áreas rurales y urbanas en cuanto a la atención adecuada en el parto. Una película que nos recuerda que las desigualdades en la atención durante el embarazo siguen siendo tremendas… con o sin Objetivos de Desarrollo del Milenio. 
Por todo ello, “no llores, mujer”… y espero que no vivas sola el embarazo y sus consecuencias. Un mensaje contundente que hoy lanzamos desde el XVI Congreso Latinoamericano de Pediatría (ALAPE 2012) en Cartagena de Indias (Colombia), fiesta académica en español y cuyo objetivo es elevar los niveles de salud, bienestar y felicidad de los niños y la familia.