sábado, 16 de noviembre de 2013

Cine y Pediatría (201). “El primer día del resto de tu vida” o la familia en tiempos revueltos


“Veros crecer a los tres es el mejor espectáculo de toda mi vida. Tener hijos es algo maravilloso”, les dice el padre a los tres hijos sentados alrededor de la mesa en El primer día del resto de tu vida (Rémi Bezançon, 2008). 

La familia como anomalía, como estructura social y tradicional. La familia como generadora de alegrías infinitas y también como fuente de ineludibles tragedias. La familia, cada uno de sus miembros y los daños colaterales del paso de tiempo. La familia como testigo tragicómico de rupturas y cariños reencontrados de principios y fines. Familias estructuradas y desestructuradas y, en definitiva, como entidad universal e inspiración inconmensurable para “Cine y Pediatría”, entorno social de donde emanan infancias y adolescencias

Y a una de esas familias y sus peculiaridades nos adentra El primer día del resto de tu vida, pero en un día que son cinco días. Cinco días que Bezançon toma como referencia para narrar la historia de los Duval, familia de un matrimonio y tres hijos en la que resulta imposible no encontrar en algún momento y en cada uno de sus miembros el reflejo de uno mismo, que se encarga de recordar la maravillosa ficción que constituyen los puros instantes de cotidianeidad, del día a día. 

Los cinco capítulos que constituyen este mosaico familiar repasa cinco días decisivos en la familia Duval, cinco días repartidos a lo largo de 12 años que ahondan en las relaciones que se establecen, se rompen y restauran entre sus diferentes componentes, haciéndonos testigos de crisis de edad, tensiones paterno-filiales varias y hasta amores encontrados y amores perdidos. Cinco días que fueron el principio de sus vidas, en cinco capítulos consecutivos: 
- Albert, el hijo mayor de 25 años (Pio Marmai): 24 de agosto de 1988, decide irse de casa buscando la independencia. Su independencia tendrá importantes consecuencias para él y para su familia: los hermanos lo ven como una oportunidad de ocupar su lugar, pero en donde la madre exclama: “¡Nuestra familia se está desmoronando!”. En este día, se  plasma el momento justo en el que todos los miembros de la familia tiene que replantearse el lugar que ocupan dentro del núcleo familiar. Y Albert necesitará algún tiempo para darse cuenta de que ha elegido el camino equivocado. 
- Fleur, la hija pequeña de 16 años (Déborah François): 3 de diciembre de 1993, el día en el que decide... perder la inocencia. El día perfecto para perder la virginidad y recordarle a su madre que ya no es ninguna niña. Y, con ello, la guerra madre-hija no ha hecho más que empezar. Fleur muestra su rebeldía a través de su forma de vestir o de vestir su habitación, pero el problema surge cuando, en lugar de enfadarse, su madre decide imitar el comportamiento alocado de su hija. 
- Raphaël, el hijo mediano de 20 años (Marc-André Grondin): 22 de junio de 1996, revive el día en que se enamoró y sus primeros desencantos amorosos, y lo hace con su abuelo alrededor de una copa de vino. “¿Sabes qué es la palabra procrastinación?. Si sigues dejando para mañana no tendrás suficiente con el resto de tus días”, le dice la madre a Raphaël, quien no puede ni siquiera pronunciar la palabra procrastinar, pero es un claro ejemplo de la misma: porque siempre está dispuesto a aplazar todas las cosas que tiene que hacer. Raphaël es quien encarna los sueños familiares, mientras que Albert representa las preocupaciones y obligaciones. 
- Marie Jeanne, la madre (Zabou Breitman): 25 de septiembre de 1998, vive un día un poco loco que sintetiza la crisis de los 50, que busca proyectos y sentirse otra vez joven. Y dice a su familia: "Me gustaría ser diferente, que todo volviera a ser como antes: cuando tu padre me amaba y cuando yo era la única persona en el mundo para vosotros tres". Porque en ese día vive su Apocalypse Now, porque Marie-Jeanne se niega a madurar y envejecer. Y el problema es que la veinteañera de la casa no es ella, sino su hija Fleur. 
- Robert, el padre (Jacques Gamblin): 26 de mayo de 2000, descubre que está enfermo. Y aprenderá algo que cambiará su vida para siempre, porque su nuevo reto será vivir cada día como si fuera el último. Como taxista de profesión, Robert vive como un fracasado de la sociedad, fracaso que trata de compensarlo dentro de su faceta como padre, intentando evitar la relación con sus hijos que él mantiene con su mismo padre (Roger Dumas) y entre los que el diálogo guarda dolor. “Sé lo que necesitas para dejar de fumar definitivamente: un buen cáncer”, le dice el abuelo al padre. “Papá, soy tu único hijo y no hay una foto mía en tu casa. Nunca he visto algo así. Todo el mundo tiene fotos de sus hijos”, le recrimina el padre al abuelo. 

Una familia que se empieza a desmoronar el primer día, y que en el sexto... reaparece la construcción de la familia. Casi un argumento bíblico… para una película totalmente en la tierra. La originalidad de la historia y de su estructura se completa con una puesta en escena atenta a los pequeños detalles y ágil en su narración. Una “familia de cine” donde el tiempo y la propia vida actúan como vértices de una historia que comienza con un reportaje casero de aquellos maravillosos años en que los hijos eran niños y todo era una fiesta con instantes de felicidad, instantes congelados por fotos reunidas a modo de collage mientras aparecen los títulos de crédito. Y es aquí donde Bezançon demuestra prodigiosa capacidad para conjugar en el relato fragmentado un estilo visual arrollador, casi temerario, y con una banda sonora exquisita y protagonista, en perfecta complicidad melomaníaca con el montaje final: David Bowie, Lou Reed, Janis Joplin o Lynyrd Skynyrd forman parte de la historia. Y cómo no, la canción “Le premier jour du reste de ta vie” de Etienne Daho. 

En El primer día del resto de tu vida se respira una preocupación por el paso del tiempo y, para ello, el director emplea otros recursos para jugar con el tiempo, como el montaje sincopado o el aceleramiento de la imagen. Una película con un claro mensaje que recoge la canción de Etienne Daho de los crédito finales, y que mira a la familia como refugio en tiempos revueltos. Y el propio Rémi Bezançon explica por qué ha elegido la vida familiar como tema: "es a la vez lo que nos moldea y aquello de lo que nos liberamos, el núcleo donde se nos transmite todo y en el cual se originan todas las frustraciones. ¿Pero acaso es posible elegir nuestro legado? ¿Qué papel desempeña la familia en nuestra trayectoria personal y cuál es nuestro margen de libertad? Cada uno de mis personajes aporta su respuesta"

Porque en la vida de cada persona existe un día en el cual un hecho concreto hace que nuestra vida de un giro. Ese momento en que todos llegamos a ese punto de inflexión en que sentimos la esperanza de volver a empezar, de intentarlo de nuevo. De eso trata El primer día del resto de tu vida, de ese día clave en la vida de cada uno y, pese a todo, del poder de la familia. Una de esas películas que, cuando llegan los créditos finales, te obliga a quedarte por unos minutos pensado, buscando y preguntándote en qué momento de nuestra vida todo cambió. Y nos lo cuenta un director que, tres años más tarde, nos volvió a maravillar con un retrato (realista y desmitificado) sobre la maternidad en Un feliz acontecimiento.