sábado, 22 de noviembre de 2014

Cine y Pediatría (254). “Las vidas de Grace” y los adolescentes sin brújula


Las vidas de Grace es el penúltimo milagro del cine independiente americano. Y decimos el penúltimo, porque el cine “indie” y el “cine de autor” nos deparan continuamente buenas noticias y buenas películas (no todas, claro). En este caso viene de la mano de Destin Cretton, un joven director (con sólo una película en su haber, I am not a hipster, inédita en España) que el año 2013 dirige esta película sobre un centro para adolescentes problemáticos y lo hace con la autoridad de alguien que conoce mejor que nadie lo que cuenta, pues su experiencia como trabajador (antes de dedicarse al cine) en un centro residencial en San Diego para adolescentes problemáticos le ha servido para contar esta historia, un lugar donde los juzgados envían a estos jóvenes que necesitan atención durante 24 horas, bien por problemas psicológicos menores o mayores, bien por otros temas.

Y es así como Las vidas de Grace se convierte en una película terapéutica y casi catártica alrededor de los distintos personajes que habitan ese centro, Short Term 12 (título original de la cinta y que tiene el mismo nombre que aquel corto que le hizo triunfar en Sundance en 2010), a través de una brillante muestra de naturalismo fílmico (a medio camino entre la técnica Dogma de Lars Von Trier en Los idiotas y el guión de Laurent Cantet en La clase), sobre un grupo de cuidadores veinteañeros y los adolescentes disfuncionales de los que se hacen cargo. Cámara en mano y sin apenas tiempo para ensayos, Las vidas de Grace es casi un ensayo emocional que ha seducido y nos ha seducido la interpretación de su protagonista, Brie Larson, nuestra Grace. 

Los adolescentes conflictivos son parte indispensable de la vida de Grace (Brie Larson) en Short Term 12, en su trabajo como supervisora en esta casa de acogida y con estos chicos de entornos disfuncionales en situación de vulnerabilidad y carentes de afectividad. Su implicación está afectando a su propia vida, y está empezando a afectar seriamente su relación amorosa con Mason (John Gallagher Jr.), un compañero de trabajo. Distintas vidas de adolescentes desorientados sobre la que gira la vida de Grace, mientras descubre que pronto será madre. Cuando ingresa en el centro Jayden, una chica inteligente y rebelde, Grace descubre que no puede seguir dando la espalda a los problemas propios que arrastra desde su propia infancia, y tiene que enfrentarse también a sus fantasmas. Drama de espíritu independiente que viene acreditado por el éxito conseguido en certámenes cinematográficos, una conmovedora historia, llena de buenos sentimientos, logra emocionarnos mediante hermosas lecciones vitales, llenas de generosidad y esperanza. 

Y Las vidas de Grace da comienzo y concluye con una secuencia más o menos idéntica: delante del centro de acogida algunos de los instructores hablan distendidamente, pero la tranquilidad de la escena se ve interrumpida por un chico que sale del lugar corriendo y gritando, y al que tiene que perseguir para devolverlo al centro. Esos dos instantes casi idénticos marcan el principio y final de la película en sí, pero al mismo tiempo indican una repetición de esquema vital, de la rutina diaria, de que ciertas cosas no cambiarán nunca, o simplemente necesitarán más tiempo para ello en caso de hacerlo. Y es así como Cretton maneja material sensible, pero susceptible de caer en tópicos, por lo que la sutileza e ingenio la demuestra en tres secuencias fundamentales sobre la manifestación del dolor de sus protagonistas, que intentan narrar lo que no pueden pronunciar: una es a través de un rap inesperado, pero coherente; otra desvelará la pérdida de la inocencia con la historia de un pulpo, narrada en dibujos; y la confesión de los traumas de infancia de la propia Grace, una madurez aprendida y asimilada antes de tiempo, a través del dolor y la inocencia literalmente violada por una herida en la sociedad como es la pederastia en la familia. 

Aún así, lo interesante de la cinta reside en su análisis, no de las causas de los traumas, abusos y maltratos, sino de cómo superarlos a través de sus relaciones. Abusos sexuales, familias disfuncionales, conflictos generacionales, violencia callejera y todo un catálogo de problemáticos adolescentes que son el combustible de la vida de Grace, esta joven que abrió una brecha entre su pasado (un suplicio en manos de un padre violador y alcohólico) y su presente (un horizonte de realización profesional y aparente estabilidad sentimental). Esas son las dos vidas de Grace, permanentemente en conflicto, porque ni el pasado acierta a dar sentido al presente ni viceversa. Y esa escisión entre lo que Grace fue y lo que le gustaría poder ser es el sugerente espacio en el que se mueve Destin Cretton, que retrata el espinoso universo de los adolescentes desfavorecidos como una realidad poliédrica y que intentan encontrar fuerza y motivación para salir del agujero negro, para caminar hacia adelante. 
Y tú, ¿cuántas vidas tienes?, ¿cuántas vidas tenemos…?