sábado, 28 de noviembre de 2015

Cine y Pediatría (307). “Yo, él y Raquel”, con el mejor sabor “indie”


Festivales de cine los hay en casi todos los países que se precien... y varios. En el mundo brilla el Festival de Cine de Hollywood y los Premios de la Academia (más conocidos como Premios Oscar). La Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Cine (FIAPF) regula los festivales, y a los de máxima categoría los denomina como de Clase A. Festivales de Clase A en el mundo son los siguientes (que, además, se deben organizar en fechas diferentes): en febrero el Festival de Berlín, en mayo el Festival de Cannes, en junio el Festival de Shangai, en junio el Festival de Moscú, en agosto el Festival de Locarno, en agosto-septiembre el Festival de Montreal, en agosto-septiembre el Festival de Venecia, en septiembre el Festival de San Sebastián, en noviembre el Festival de Mar del Plata, y alguno más (Festival de Karlovy Vary, de Varsovia, de Tokio, de Goa y de El Cairo). 

Un lugar importante lo ocupa, desde hace años, el llamado cine independiente (o "indie"). Las películas del cine independiente no están producidas por las grandes industrias cinematográficas y generalmente cuentan con un bajo presupuesto para su realización. También se diferencia del cine más comercial en que los temas que abordan suelen ser más sociales, como la manipulación política, la decadencia de la sociedad, la soledad, la drogadicción, la homosexualidad, la prostitución o la frustración, entre otros. Muchos directores actuales de renombre comenzaron dentro del cine independiente, y sirva de ejemplo Quentin Tarantino, Christopher Nolan, Clint Eastwood, Martin Scorsese, Woody Allen, Terry Gilliam, Kevin Smith, Takeshi Kitano o los hermanos Coen. Aunque el festival de cine independiente más conocido en el mundo es Sundance, asociado a la ciudad de Salt Lake City y a la figura de Robert Redford, Europa es el continente que más involucrado está en este tipo de cine y es por eso que cuenta con un gran número de festivales bajo esta tipología, aunque solo citemos los diez con mayor renombre: RIFF Festival en Italia, Aarhus Independent Pixels en Dinamarca, Independent Days Filmfestival en Alemania, Festival Internacional de Cine Policiaco de Beaune en Francia, International Short Film Festival Nijmegen en Países Bajos, London LGBT Film Festival en Reino Unido, Docville en Bélgica, Independent Film Competition OKFA en Polonia, Dingle International Film Festival en Irlanda y Festival Internacional de Cine de Gijón en España. 

En España, y dependiendo de los años, se han llegado a contabilizar entre 40 y 80 festivales de cine. Pero solo una ciudad brilla con luz propia avalando el cine independiente: Gijón, capital de la Costa Verde. Los orígenes del Festival de Cine de Gijón se remontan a 1963, y nació como un Certamen de Cine–TV infantil. Por aquel entonces, ya existían en España otros festivales dedicados al cine como el Festival de Cine de San Sebastián. Y no fue hasta 1986 cuando pasó a llamarse oficialmente como en la actualidad lo conocemos. El festival está dividido en varias secciones que, con el paso de los años, se han ido ampliando. Y así es como hoy, sábado 28 de noviembre, se clausura el 53 Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) y, cosas del destino, allí estuvo presente como invitado de honor Cine y Pediatría, recordando con ello los orígenes de este prestigioso y decano encuentro de los amantes del séptimo arte. 

Y en homenaje a esta semana mágica, gracias a la invitación de su director (Nacho Carballo), de nuestra hada madrina (Aída Gaitero), de nuestro amigo cicerone (Fernando Comas, quien en nombre de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud ha hecho posible que "las metas sean sueños con fecha de entrega"), de nuestro amigo filósofo (Pablo Huerga) y de nuestro amigo pediatra (Venancio Martínez), y tantos otros, en homenaje a ellos hoy compartimos una reciente película de cine independiente, una delicia con sabor a buen gusto, a buen cine "indie" (para algunos "indiewood", por encontrarse a medio camino con el mainstream), y que en algunos medios alguien ha bautizado como el nuevo “Love Story de la generación hipster”. 

Hoy hablamos de Yo, él y Raquel (en inglés , "Me and Earl and the Dying Girl", un título más descriptivo), película del año 2015 dirigida por Alfonso Gómez-Rejón y que ganó el Premio del Público en Sundance, un director mexicano afincado en Texas a tener en cuenta (quien ha trabajado como ayudante de dirección de Alejandro González Iñárritu o de Martin Scorsese). Una película que siendo diferente, puede ser una mezcla amable e inteligente de tres películas bien conocidas como Restless (Gus van Sant, 2011), Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012) y Bajo la misma estrella (Josh Boone, 2014). 

Greg Gaines (Thomas Mann) es un estudiante algo torpe que lo único que quiere es pasar desapercibido a toda costa en su último año de instituto. Evita las relaciones sociales como la peste y prefiero pasar el tiempo rehaciendo versiones extravagantes de películas clásicas con su único amigo, Earl (Ronald J. Cyler), con guiños a La naranja mecánica de Kubrick o a Cowboy de medianoche de John Schlesinger. Su madre, con toda la buena intención del mundo, interviene y obliga a Greg a que se haga amigo de Rachel (Olivia Cook), una compañera de clase a la que le han diagnosticado leucemia. Y lo que en principio es una desagradable imposición, se torna casi sin querer en una nueva forma de vida, y es así como Rachel otorga sentido a la monótona existencia de Greg, parcialmente redimida solo por sus aficiones cinéfilas y su friqui amigo. Greg, Earl y Rachel acaban por hacerse inseparables, pero cuando la enfermedad de Rachel se complica, el mundo que había construido Greg se tambalea y nada vuelve a ser como antes. 

El buen sabor de boca de Yo, él y Rachel no es por lo que cuenta (sobre el cáncer en la infancia y adolescencia ya hemos realizado un monográfico en Cine y Pediatría), sino por cómo lo cuenta, como consigue encontrar su identidad propia para convertirse en una obra encantadora, divertida y emocionante, para transformarse en una pequeña gran película. Varios son los factores: el guión de Jesse Andrews, quien adapta su propia novela para la ocasión, el trabajo del trío actoral, la puesta en escena experimental al estilo del mejor Wes Anderson (recordar, por ejemplo, su Moonrise Kingdom) o la excelente utilización que hace de varias canciones de diferentes etapas de Brian Eno (el que fuera miembro del mítico grupo Roxy Music y quien, sirva de anécdota, incluso pusiera música de entrada a la versión Wimdows 95 de Microsoft), de la más pop a la más ambient, que funcionan de manera ejemplar en las escenas en las que son empleadas.

"Tenéis que entender lo que pasa cuando alguien te toca tanto. Te deja noqueado..." Eso dice nuestro Greg de su Rachel. Y eso digo hoy yo del FICX. Gracias por esta experiencia.