sábado, 13 de agosto de 2016

Cine y Pediatría (344). "Rómulo, mi padre" o cómo sobrevivir a la infancia


Primera escena: un niño observa con admiración como su padre resucita a unas abejas con el calor de una bombilla y luego las libera, deseándoles suerte. Segunda escena: padre e hijo desayunan en silencio, con la sola compañía de un perro. Tercera escena: el niño coge la bicicleta para ir al colegio lejano, pues vive en una casa en medio de un paraje yermo. Y se nos presenta el título de la película: Rómulo, mi padre. Una película australiana dirigida en el año 2007 por Richard Roxburgh

Rómulo, mi padre está basada en las aclamadas memorias del filósofo y académico de origen alemán afincado en Australia, Raimond Gaita, que fueron publicadas en 1998 bajo el mismo nombre: "Rhomulus, My Phater". Novela autobiográfica de este niño nacido en Alemania en 1946 de padre rumano (Romulus Gaita) y madre alemana (Christina Anna Dörr), y que emigraron a Australia cuando tenía cuatro años. Justo antes de partir, una adivina le tira las cartas y le dice que hará un viaje largo, que perderá a su mujer y que vendrán muchos sufrimientos. Todo eso será cierto y confirmamos como Romulus Gaita deberá enfrentarse a la precaria vida de un inmigrante, a la tormentosa relación con su (muy querida) esposa, depresiva e infiel, al suicidio de seres queridos, a la extrema pobreza, a la locura propia y ajena, a las internaciones psiquiátricas, a los niños que la burocracia impide adoptar, a los accidentes en moto, a los engaños, al descubrimiento de la maldad y al efecto letal de esa revelación y cómo sobrevivir ante la mirada de su único hijo, Raimond. 

Porque en la novela (y en la película), Raimond cuenta la historia de su padre, un hombre único en esfuerzo, tozudez, honestidad y lealtad, el padre que reanima abejas, el hombre que tiene demasiadas veces la mirada perdida ante la realidad de un destino que no es el que esperaba para él ni para su familia. 

La película cuenta la infancia de Raimond (magnífico Kodi Smit-McPhee, quien soporta de principio a fin el relato) y cómo sobrevivió a su infancia. En su nueva vida en Australia, el niño vive junto a su padre Romulus (Eric Bana, mucho menos héroe que en su papel de Héctor en Troya) en una casa donde su padre hace todo lo posible para sobrevivir económicamente y donde su madre, Christine (Franka Potente, la que fue la mítica protagonista de Corre, Lola, corre), solo acude por breves períodos de tiempo a ver a su esposo e hijo, pues ella está viviendo con Mitru, el hermano del mejor amigo de Romulus, Hora. Pero Romulus sigue enamorado de su mujer y no quiere divorciarse de ella, pero el conflicto es continuo y con el hijo en primera línea: "Si no quieres a mami, no me quieres a mi"

Y la película (y la obra) nos enfrenta a cómo se sobrevive a una madre depresiva, a un madre que tiene una hermanastra con el hermano del mejor amigo del padre, que sufre continuos episodios de depresión, que es maltratada por su nueva pareja y que maltrata a su nueva hija (por falta de cuidado, por lo que pierde su custodia), que tiene intentos de suicidio,.. Cómo se sobrevive a la infancia de una familia cuyos padres que no pueden amarse como un matrimonio estable. Por ello, no es difícil intuir lo que Raimond pidió como deseo secreto el día de su décimo cumpleaños al soplar las velas del pastel... 
"Me gustaría intentarlo otra vez" le dice la madre al hijo cuando le visita en el internado donde ha sido enviado a estudiar. Y cómo olvidar que ese rechazo del hijo, comprensible, pero rechazo al fin... y que desencadenó el final previsible. Porque en su tierna infancia, Raimond tiene que convertirse en adulto demasiado pronto, porque la vida golpea frontalmente a los hijos cuando un matrimonio es tan disfuncional que tiene que cambiar su papel de hijo (y ser cuidado) a ser el que cuida a la madre y al padre. Porque en su infancia restan pocos recuerdos felices: el más recordado, los paseos en moto con el padre. 

Una película con epicentro en el hijo, a la postre el autor de la novela, quien desgrana los recuerdos de su infancia y nos dice a las claras que ese es un tiempo de paraíso o infierno, o quién sabe de limbo, y ese sentimiento nos acompañará siempre. De ahí la gran responsabilidad que tenemos como padres de dejarles el mejor y más limpio recuerdo. "Un niño necesita una madre" le dice el padre abatido, mientras intenta rehacer su vida y, de alguna forma, también nos quiere decir que un marido necesita una esposa. En el fondo, una familia. Porque, como nos recuerda la película, "Las cosas cambian, pero nuestra vida la configuran nuestros pensamientos"
Y la última escena es similar al principio. Con el padre resucitando abejas, en esta ocasión con el calor del motor del coche y liberándolas sobre la cima de un monte, y deseándoles suerte. Fundido en negro y esta leyenda: "Raimond Gaita se convirtió en un famoso escritor y filósofo. Romulus Gaita volvió a vivir en Frogmore y volvió a casarse. Murió en mayo de 1996. Está enterrado en el cementerio local, cerca de Christina"

A través de esa historia, tenemos la posibilidad de hablar de la voluntad, el afecto y la increíble capacidad de rehacerse y seguir adelante. La historia de un niño que trata de equilibrar un universo construido según los dictados de la profunda moralidad de su padre contra la experiencia de la desgarradora ausencia y abandono de una madre depresiva. En última instancia, es la historia de un amor imposible que celebra el indestructible lazo entre un padre y un hijo, es la historia de un hombre compasivo y honesto, que enseñó a su hijo el significado de llevar una vida decente. 

Y esta película se publica al día siguiente de un día muy especial para mí como padre y en la relación con mi hija. Porque se dice que sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno raíces, otro, alas. Y confío en que durante estos 28 hermosos años juntos, puedas haber echado profundas raíces en ese árbol de tu vida en que queremos disfrutar de tu maravillosa sombra de hija y que hayas desarrollado unas hermosas alas para volar... muy alto... y darle vida a tus sueño. 

Si como dijo Bertolt Brecht, "El mejor regalo que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida", los padres podemos ser el mejor regalo para los hijos, con tres principios clave: verdad en el pensar, belleza en el sentir y bondad en el hacer.