sábado, 10 de septiembre de 2016

Cine y Pediatría (348). "Al frente de la clase" y enfrentándose al síndrome de Tourette


"Mi nombre es Brad Cohen. Pero de chico tuve muchos apodos. Mi hermano Jeff me llamaba doctor Bobo. Mi madre me decía... cariño. ¿Y los chicos de la escuela? Bueno... de muchas maneras, desde loquito hasta enfermo. No tenía muchos amigos, pero tampoco dejé que me afectara. Rara vez recuerdo un momento que no estuviera allí. Algunas veces no resultaba un problema para mí. Otras veces... lo era... Hay una cosa en la que mi molesto amiguito y yo estábamos de acuerdo: ambos odiábamos la escuela. No podía esperar a irme. No más tarea, no más libros. No más maestros con sus líos. Mi amiguito apareció cuando tenía 6 años. Pero pasaron años antes de que tuviera nombre. Eso sí, lo extraño es que mi salud estaba genial. Hacer sonidos graciosos que rara vez me importaba demasiado. Solo fue un periodo de transición, mientras tanto crecía normalmente, como cualquier otro. A pesar de todo, comencé a acostumbrarme a mi amiguito. Y para mis amigos soy simplemente el Brad de siempre. El tipo fanático del beisbol y que ama los casetes. Lo cual es mucho más raro que mis cómicos ruidos".

Esta es la larga introducción de la voz en off durante los créditos iniciales de una película real como la vida misma y con el título de Al frente de clase (Peter Werner, 2008), basada en el libro de Brad Cohen "Front Of The Class: How Tourette Syndrome Made Me the Teacher I Never Had?", novela del año 2005 ganadora del premio IPPY de Independent Book Publisher en la categoría Education/Academic/Teaching. Y confirmaremos que el amiguito de nuestro protagonista acabó teniendo un nombre, y que se conoce como síndrome de Tourette, en honor del neurólogo francés Gilles de Tourette, quien describió este trastorno por primera vez en el 1885. El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que se caracteriza por la producción de tics motores y vocales crónicos por parte de las personas que la padecen, cuyos primeros síntomas se inician generalmente entre los 6 y 10 años y suele afectar con más frecuencia a chicos que a chicas; la causa de este trastorno es genética, aunque su patrón de herencia es incierto. Muchos pacientes sufren problemas adicionales de comportamiento, incluyendo la falta de atención, hiperactividad e impulsividad, así como dificultades relacionadas con la lectura, escritura o aritmética, entre otras. También suelen ser comunes ciertos trastornos asociados, como por ejemplo los TOCs (trastornos obsesivo-compulsivos), no solo los tics. Uno de los síntomas menos agradables es cuando el Tourette asocia coprolalia, pues pueden llegar a emitir obscenidades de forma convulsiva e involuntaria. 

Y el protagonista de esta película se llama (en la ficción y en la realidad) Brad Cohen (Dominic Scott Kay en el papel de niño y Jimmy Wolk en el papel de joven, ambos soberbios), un joven con Síndrome de Tourette que quiere ser maestro y que le dio una lección al mundo. Porque él sabía lo que significaba sentirse diferente e incomprendido a causa del síndrome de Gilles de la Tourette o Tourette (él le llamaba como "el elefante"). Las burlas, los acosos y frustraciones formaron parte de su infancia, también la poca comprensión de su padre en la niñez ("autocontrol es lo que necesitas", le decía ante de divorciarse de su madre). Al padre le volvían loco los tics y era intolerable para él, por lo que nunca pudo tener una relación cordial con él en esos primeros años. Luego llegó el recorrido por distintos especialistas sanitarios en busca de la respuesta a su problema. Y, de nuevo (como ya ocurriera en otras películas sobre enfermedades raras como El aceite de la vida o Medidas extraordinarias), es la madre la que investiga y encuentra la pista de la enfermedad de su hijo en los manuales del DMS (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders): y la respuesta y nombre del amiguito llegó a los 12 años.

Es paradigmático cuando la madre le lleva a un grupo de ayuda con otros pacientes con Tourette y nuestro protagonista piensa: "Nunca antes vi a alguien con Tourette. Había estornudadores y pestañeros, zapateadores, mueve cuellistas, gente gritando, tosiendo. ¿Así es como me ven las personas?". Y de nuevo el dilema con los grupos de apoyo, cuando la madre refiere: "Se supone que son grupos de apoyo,... ¿dónde está el apoyo?, ¿qué quieren, que te esconda en casa?".

Vale la pena destacar la escena en la que se destaca la inteligencia emocional del director del nuevo instituto cuando hace subir a Brad al estrado tras un concierto de música clásica en el salón de actos y cómo Brad agradeció ese buen acto de educación (tan escaso en las escuelas, con maestros muchas veces poco comprometidos... según nos cuentan muchos padres con hijos con problemas de adaptación en la escuela): "Un par de palabras, un poco de educación y era como abrir la puerta de un nuevo mundo... Sabía que en el futuro, con Tourette o sin él, sabía que me convertiría en maestro".

Fue difícil encontrar su primer trabajo como maestro, dijera u ocultará su Tourette durante la entrevista de trabajo. Pero siguió luchando en su juventud hasta convertirse en el maestro que siempre quiso ser, logrando con ello su sueño, un ejemplo humano y pedagógico de gran valía. Y asistimos a la epopeya por conseguir su primer trabajo de maestro, con entrevistas en las que tenía que demostrar que era más importante tener pasión por la enseñanza que convivir con el Tourette..., aunque casi nadie lo entendía así. Pero finalmente lo consigue, tras 25 entrevistas de trabajo en diferentes instituciones educativas. Y el primer día de clase con los alumnos, cuando les explica que es el síndrome de Tourette, es simplemente espectacular... al comprobar la limpieza y sinceridad de los pensamientos de los pequeños alumnos.

Y, como si un cuento de hadas se tratara (pero fue realidad), fue elegido como Mejor profesor del Estado de Georgia. Y esto dijo en su discurso de agradecimiento. "Los ruidos que escucharon son el Tourette que tengo desde los 6 años. Estoy hoy aquí gracias al amor y al apoyo de muchas personas. Mi familia, mi familia escolar, mis estudiantes y todos mis amigos. Este premio también lo merecen ellos. Pero tengo que dedicárselo al más severo y dedicado maestro que jamás tuve, mi acompañante incansable: mi Tourette. Algunos pensarán que es raro agradecer a una enfermedad. Y llamarlo maestro es aún peor. ¿Qué podría aprender de ella?... El Tourette me enseñó algo que nadie más podría enseñarme, y es que nada me detuviera al buscar alcanzar mi sueño. Desde trabajar o jugar, enamorarse. Así es, lidiar con el Tourette me dio una gran lección..." Y tras enarbolar su premio ante sus orgulloso pequeños alumnos, los créditos finales, siempre emocionantes cuando uno sabe que hay una historia real de superación detrás: "Brad logró su maestría. Incluso logró su más grande ambición: aparecer como Homero, la mascota de los Atlante Braves. Brad y Nancy se casaron en 2006. Viven en Atlanta, donde el "verdadero" Brad sigue haciendo lo que más le gusta: enseñar".

Es Al frente de la clase, por motivos más que fundados, ya una película argumental de primera línea para prescribir en Cine y Pediatría. Y para prescribir a muchos: a estudiantes de medicina y residentes en formación para conocer el síndrome de Tourette, a profesores para reivindicar el amor a su profesión, a nuestros hijos (y a nosotros mismos) para demostrarnos el valor de la superación y toda una gran enseñanza de vida mostrándonos que todos, a pesar de nuestras dificultades, somos merecedores de oportunidades.

Un ejemplo de vida, una película para no olvidar.