sábado, 24 de septiembre de 2016

Cine y Pediatría (350). "El Principito", cuando lo esencial es invisible a los ojos


En el año 1943 se publicó uno de los mejores libros del siglo XX en Francia y uno de los libros de cabecera más apreciados por muchas personas (y varias generaciones) en el mundo: hablamos de "Le Petit Prince (El principito)" una novela corta e ilustrada, la más famosa del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. Uno de los libros más leídos y traducidos en el mundo, pues se cuentan más de 250 los idiomas y dialectos. Y quizás por ello, uno de los libros más vendidos de todos los tiempos. Sería difícil encontrar a alguien que no lo conozca y que, incluso, no recuerde algunas de sus muchas frases míticas. Pues este libro, considerado como un libro infantil por la forma en la que está escrito (y aprovechando su experiencia como aviador en el desierto del Sáhara), es un libro para todos - pero especialmente para adultos - por el fondo de su contenido, pues aborda con imaginación y aparente sencillez temas clave en esta vida como el amor, la amistad, la soledad, la pérdida y la muerte. 

Algunas de sus frases las llevamos con nosotros: 
"Todas las personas mayores han sido primero niños (pero pocos lo recuerdan)". 
"Cuando uno está muy triste son agradables las puestas de sol". 
"Los hombres ya no tienen tiempo para conocer nada; compran las cosas ya hechas a los comerciantes; pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos"
"Las palabras son fuente de malentendidos". 
"Esto que veo aquí no es más que una corteza. Lo verdaderamente importante es invisible".
"Caminando en línea recta, uno no puede llegar muy lejos". 
"Nosotros, que comprendemos la vida, nos burlamos de los números". 
"A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial". 
"Se debe pedir a cada cual lo que está a su alcance realizar". 
"Si tú me domesticas, entonces nos necesitaremos el uno del otro. Para mí serás único en el mundo. Para ti, yo seré único en el mundo". 
"Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo". 
"No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo". "Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante". 
"Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio". 
"He aquí mi secreto: solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos". 

Con mensajes así, no es de extrañar que la novela haya dado lugar a diversas adaptaciones a lo largo del tiempo, entre las que se incluyen grabaciones de audio, obras de teatro, ballets, obras de ópera, serie animada y películas. Y nunca es un reto fácil intentar enfrentarse a una novela con este halo de buenas vibraciones. 
Y varias han sido las películas basadas en esta novela, algunas de cinematografías poco conocidas en nuestro medio. Así tenemos desde la URSS a Malenkiy prints (Arūnas Žebriūnas, 1966), desde la República Federal Alemana a Der Kleine Prinz (Konrad Wolf, 1966), hasta llegar a una de las más destacadas, ya en Hollywood, The Little Prince (Stanley Donen, 1974), en formato de película musical, aunque con escaso éxito. Y también Francia se atrevió a realizar su adaptación con Le Petit Prince (Jean-Louis Guillermou, 1990). Y así llegamos al año 2015 (pero recién estrenada en España) cuando aparece esta versión de El Principito dirigida por Mark Osborne (el director nominado al Oscar por Mejor película animada en por su película del 2008, Kung Fu Panda) y con una banda sonora compuesta por el gran Hans Zimmer. 

Por encima de cualquier otra cosa, esta película que acaba de estrenarse es una historia sobre la amistad que envuelve a dos seres antagónicos, ahora vecinos: una pequeña niña que atraviesa los delicados momentos de su integración en el mundo de los adultos (por obra y gracias de su milimétrica madre: "Un día serás una adulta maravillosa", le dice mientras le program la vida en un tablero en busca de su entrada en la Academia Werth), y un excéntrico anciano piloto que ha vivido un sinfín de aventuras en su vida que ahora, con un entusiasmo envidiable, trata de contar a la pequeña. Una relación que evoluciona de la incomprensión al afecto a medida que se produce una compenetración evidente entre los dos personajes y que adquiere su verdadero sentido mágico en el momento en que el piloto, que mantiene su avión en el patio de su casa preparado para cualquier emergencia, invita a la niña a visitar el universo del Principito, un lugar en donde todo es posible y que le facilita volver s un pasado que sigue vivo en su mente y en el que contactará, condicionado por el desierto, con seres sorprendentes como la Serpiente, el Zorro, los Baobabs y la Rosa. 

Comienza la película con la frase "Se me olvidó lo que era ser niño", pues nuestro personaje ya adulto al reencontrarse con su infancia acaba comprendiendo que lo más importante son las relaciones humanas, y que sólo se ve bien con el corazón porque lo esencial es invisible a los ojos. Pues como bien nos dice, "crecer no es el verdadero problema, el problema es olvidar". 

Y así transcurre la historia, con la loable solución estética que se ha dado a las imágenes: cuando el relato cuenta el presente de nuestra pequeña tienen un formato propio del cine normal animado, pero se transforma por completo en diseño y colorido al sumergirse de lleno en el marco de la fantasía del Principito y su vida en el asteroide B-612 y su viaje al Sahara, con dibujos que respetan los originales del libro. Y es así como combina animación por computadora y la bellísima técnica stop-motion. Otro acierto es el elenco que pone las voces en su versión original: Mackenzie Foy (la niña), Jeff Bridges (el Aviador), Benicio Del Toro (La Serpiente), Marion Cotillard (La Rosa), James Franco (El Zorro), Ricky Gervais (El Vanidoso), Paul Rudd (Mr. Prince) y Rachel McAdams (La madre). 

No era fácil atreverse con la enésima adaptación de este icono cultural que es "El Principito". Pero 73 años después, se consigue una digna adaptación para la gran pantalla... y lo esencial sigue siendo invisible a los ojos con esta bella historia en dibujos animados para toda la familia, pero que aprovecharemos sobre todo los adultos. Porque así se nos dice en el libro y en la película: "Definitivamente, los adultos son muy raros". Y no hay que perder el niño que llevamos dentro.