Cine y Pediatría 8

sábado, 27 de abril de 2019

Cine y Pediatría (485). El poder de la imaginación en “El verano de sus vidas”


Belle Isle es una pequeña ciudad en el estado de Florida, allí donde se encuentran nuestros dos personajes y sus historias en un verano, el que fuera el verano de sus vida por eso que llamamos segundas oportunidades. 

Por un lado Monte Wildhorn (Morgan Freeman), un viejo viudo escritor de novelas del oeste quien ha perdido la fe en el mundo y en sí mismo y sólo encuentra consuelo en el alcohol. Y llega a este lugar en silla de ruedas para pasar las vacaciones, por consejo de un sobrino, quien le ha buscado la casa de un amigo suyo, con una condición: que cuide del perro, un perro que se llama Ringo, pero que le cambia el nombre por Lunar y se pasa toda la película intentando que recoja una pelota. Por otro lado, Charlotte O´Neil (Virginia Madsen), una atractiva divorciada que antes de su divorcio vivía en Manhattan, pero que ahora lo hace junto al lago con sus tres hijas: Flora (Nicolette Pierini), de 6 años, Finnegan (Emma Fuhrmann), de 10 y Willow (Madeline Carroll), de 15. 

La película lleva por título El verano de sus vidas, una película del año 2012 del veterano director Rob Reiner, a quien conocemos especialmente por su film Cuando Harry encontró a Sally (1989), pero que ya nos ha dejado alguna historia de infancia y juventud en Cine y Pediatría, como fue Cuenta conmigo (1986). Y esta película nos demuestra, una vez más, que es importante la versión original, tanto de los diálogos como de los títulos. Pues el título original de esta película es The Magic of Belle Isle (Summer at Dog Dave´s), por lo cual no quedaría ninguna duda en no confundirla con una comedia española por título El mejor verano de mi vida (Dani de la Orden, 2018). 

El verano de sus vidas es una historia...llena de historias, pero con un epicentro: la especial relación entre Finnegan y el viejo escritor venido a menos, y que comienza a crecer cuando ésta le pregunta: “¿Me enseña a escribir historias?”. Y es que la lectura y las palabras forman parte de la educación de la niña, pues su madre utiliza una especial forma de castigo para ella y sus hermanas (aprender nuevas palabras) y las enseñanzas de la madre son claras: “Un libro hace lo que no hace un amigo: callarse para dejar pensar”. Y es así como Monte Wildhorn comienza a darle clases de contar historias y enseguida son tres las nuevas palabras que aprende con él: imaginación, embaucar y mentor. Y la madre, agradecida, invita al escritor a cenar y así les dice a sus hijas: “Creo que os iría bien conociendo a un hombre culto”. 

De esta especial relación con Finnegan y también con su madre, nuestro personaje acaba recuperando la capacidad de escribir mientras va perdiendo su gusto por la bebida y su equivocada teoría: “Emborráchate y llorarás por todos. Las lágrimas te harán llegar a algún sitio”. Y con la sola movilidad de su mano derecha reinicia su actividad en su vieja máquina de escribir. Y a la pregunta de la niña, “¿Por qué no escribe con ordenador?”, su respuesta es contundente: “Me gusta como suena, me gusta como las letras se marcan en el papel…”. 

Y comienza escribiendo el cuento infantil para la pequeña Flora, “Tony y el elefante”, y lo hace por capítulos, cuando en realidad también es una declaración de amor hacia la Sra. O´Neill. Y cuando intentan comprarle los derechos de autor de las novelas del oeste, también retoma las historias de Jabal McClos que le encumbraron. Y en ella acaba dando un papel protagonista a Karl, ese vecino adolescente obeso con retraso mental y estereotipias al que Finnegan le describe así: “Según Willow dice que es retrasado. Según mamá, que es especial”. Y claro que es especial y nuestro escritor no desoye lo que la madre de Karl le dice: “A Karl no le llama nadie por teléfono. Le encantaría que alguien le llamara”. 

Pequeñas historias cruzadas en un verano, historias sencillas con el trasfondo de las segundas oportunidades y con el poder de la imaginación vertido en las narraciones que se cuentan en los libros. Una película llena de buenas intenciones, con ese edulcorado de las películas “made in Hollywood” que no nos pillan de sorpresa y, por qué no, que a veces nos gustan aunque disimulemos. Y, sino, basten estas frases al final de la historia: la de la Sra. O´Neill (“A mis hijas les digo que uno de los verdaderos placeres de la vida es encontrar el amor verdadero”) y las del Sr. Wildhorn (“Ha sido un verano fantástico. Solo hay una cosa que lamento no haber hecho… Bailar nuestro vals bajo la luna”). Y es que al final, como el cariño es mutuo, la Sra. O´Neill y el Sr. Wildhorn se tutean. 

Pero por encima de todo, permanece el mensaje final de nuestro escritor a la pequeña Finnegan: “Nunca dejes de buscar lo que no está”. Porque para esto está la imaginación y para eso sirven las segundas oportunidades… De esta segunda oportunidades ya hablamos en la película Ali (Paco R. Baños, 2011). Y de la imaginación hablan los libros…

Y por ello esta película aparece en la semana que acabamos de celebrar el Día Internacional de Libro, este mítico día 23 de abril en el que supuestamente coinciden el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha del año 1616. Y decimos supuestamente, pues no fue realmente así, y el único que falleció en esa fecha fue el Inca Garcilaso de la Vega, pues Cervantes falleció el 22 de abril (y fue enterrado el 23), mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano (que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano). Así que, como vemos, también en esta fecha se mezclan imaginación y segunda oportunidades.

Sea como sea, bienvenidos al poder de la imaginación de la palabra, las palabras y los libros. Y no solo en verano, sino en todas las estaciones.

 

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