Cine y Pediatría 8

sábado, 23 de noviembre de 2019

Cine y Pediatría (515). “Madre”, la pérdida, la culpa y el perdón


Según su duración, las películas se clasifican en largometrajes y cortometrajes (cortos), con un pequeño lugar para los mediometrajes (como el que comentamos la semana pasada, la mítica película de Jean Vigo del año 1933, Cero en conducta).  Y, en ocasiones, un largometraje para la gran pantalla surge de un corto. Sirvan algunos ejemplos: Electronic Labyrinth THX 1138 4EB (George Lucas, 1967) es un cortometraje estudiantil de ciencia ficción que sirvió como base para el primer largometraje de este afamado director, THX 1138, estrenado en el año 1971; Dirk Diggler Story (Paul Thomas Anderson, 1988) es un corto de juventud basado en la vida de la estrella porno John Holmes y que fue el origen en 1997 a Boogie Nights, película nominada a los Oscar; Saw (James Wan, 2003) es un cortometraje australiano que fue el germen de la película homónima en el año 2004 e inicio de la conocida saga de terror de la que ya se han estrenado 9 películas y algún videojuego; The Customer Is Always Right (Robert Rodríguez, 2004) fue un corto autofinanciado y tuvo el objeto de adaptar en tres minutos la historia homónima de la novela gráfica de Frank Miller con la intención de que éste le dejase filmar la película, lo que ocurrió un año después con el título de Sin City, y en el que Rodríguez comparte dirección con Frank Miller y con Quentin Tarantino; Gowanus, Brooklyn (Ryan Fleck, 2004) tuvo gran acogida en Sundance y sirvió como origen a la película Half Nelson estrenada en el año 2006; Mama (Andrés Muschetti, 2008), corto que tuvo la suerte de ser apadrinado por una criatura mítica como Guillermo Del Toro y que le ayudó a estrenar el largo con el mismo título en el año 2013; Whiplash (Damien Chazelle, 2013) siguió un camino similar y le permitió grabar la película homónima un año después, y que fue el prolegómeno de su mayor éxito, con la muy oscarizada La La Land en el año 2016. 

Y en estos momentos se ha estrenado en España una película que sigue una trayectoria similar: curiosamente no se titula Mama, pero se titula Madre. Porque Madre es la última película, recién estrenada este año 2019, de Rodrigo Sorogoyen, un director madrileño con una corta y fructífera carrera en el largo, tras haberse fraguado en capítulos de telefilmes: su puesta de largo fue con 8 citas (2008), y en esta década nos ha dejado las muy reconocidas por crítica y público Stockholm (2013) y Que Dios nos perdone (2016), y, sobre todo, El Reino (2018), la gran triunfadora de los Goya de ese año. Y en ese camino, un corto de 18 minutos que ha hecho historia: la cotidiana conversación entre Elena y su madre se convierte en una trágica situación contrarreloj cuando reciben una llamada de Iván, su hijo de seis años desde una playa francesa perdido sin su padre, con el que se había ido de excursión. Porque este corto, Madre (2017), protagonizado por una excelsa Marta Nieto, se alzó con el Goya a Mejor Cortometraje de Ficción y fue nominado a los Óscar en la categoría de mejor cortometraje, habiendo recibido en el camino múltiples premios. Y uno de esos múltiples premios (más de un centenar) fue el que recibió en el XIV Festival Internacional de Cine de Alicante, allí donde conocí al director y a la actriz, dos nombres para no olvidar. 

En el corto Madre aparecen dos personajes, un único espacio y una llamada de teléfono que lo cambia todo, en una escena sin cortes, ni principio ni final. Pues bien, tras 18 intensos minutos de conversación telefónica y tensión que nos deja sin aliento, todo finaliza cuando Elena, la madre, sale del apartamento y termina con  una breve toma de una playa desierta. Un final así intenta ahora explicarse con la película homónima, en un largometraje de 129 minutos: porque se reproduce al inicio el mismo corto, y el resto es lo que ocurre 10 años después, donde regresamos a una inmensa playa del Atlántico francés, donde Elena (Marta Nieto) posiblemente perdió a su hijo Iván, y ahora ella trabaja (como encargada de un restaurante) y vive allí, intentando salir de ese oscuro túnel donde ha permanecido anclada todo este tiempo. El reto no era fácil y quizás esta transición del corto a largo sea un ejemplo de que no siempre más es mejor, aunque Sorogoyen intenta explicarnos el camino de la oscuridad a la luz de una madre que pierde a un hijo sin saber su paradero. Aunque hay historias que quizás es mejor dejarlas en la penumbra. 

La cámara de Álex de Pablo sigue a la protagonista como quien va tras los pasos de un fantasma, con planos que unen la majestuosidad del paisaje costero con la intimidad de una mujer herida, y mientras ruge el mar acabaremos reconociendo a Elena, que a sus 39 años los lugareños conocen como “la loca de la playa” (quien sabe si como “La loca del muelle de San Blas” del grupo Maná, mezclando la pérdida, el mar y la esperanza). Y su vida se agita de nuevo cuando conoce casualmente a Jean (Jules Porier), un adolescente francés de 16 años que le recuerda a su hijo, y al que sigue: “Tú sabes dónde vivo. Te vi seguirme”, le dice el joven que se acaba enamorando de ella. Entre ellos surge una fuerte conexión que acabará sembrando el caos y la desconfianza a su alrededor, mezclando sentimientos a los protagonistas y al mismo espectador, también a Joseba (Alex Brendemühl), su novio, y a los padres de Jean. Aunque en ningún caso el espectador desconfía de esta madre que intenta recobrar el aliento y recobrar al hijo a quien no pudo cuidar y acariciar. 

Y así es como el paso del corto al largo para Sorogoyen (y para los espectadores) es un salto sin red. Un punto y aparte en su filmografía, marcada por el thriller y los personajes extremos, y donde por vez primera afronta el drama intimista, un reto arriesgado: y por ello su autor nos dice que a la película Madre hay que acercarse con el corazón y no con el cerebro. Y cuando Joseba le dice a Elena: “Es un niño y no es tu hijo”, Elena acaba diciéndole a Jean: “Tu nunca vas a estar solo”

Porque Elena sigue buscando a su hijo cada día. Y lo que en el corto era una pequeño thriller en el largometraje se convierte en un drama psicológico que funciona como un tratado sobre la pérdida, la culpa y el perdón. Y ella sigue en las playas de las Landas, allí donde su hijo desapareció o murió, una madre de viaje a su dolor interior, el dolor por la inexplicable pérdida de un hijo. Un arriesgado viaje que se salva por la soberbia interpretación de Marta Nieto. 

Cabe no confundir esta película con otro film español de igual título, la película Madre (Mabel Lozano, 2007), verdadera reivindicación del hecho diferencial de la maternidad a través de la mirada de cinco embarazos diferentes y diferenciales.

 

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