Cine y Pediatría 8

sábado, 27 de junio de 2020

Cine y Pediatría (546). “Brain on Fire” y mi encefalitis por anticuerpos contra los receptores NMDA


La todopoderosa Netflix también se asocia a las historias basada en hechos reales. Y con un plus si tiene un trasfondo médico-sanitario y el objetivo de autoayuda. En nuestra historia y película de hoy todo parte del libro superventas del año 2012 “Brain on Fire: My Month of Madness” de Susannah Cahalan, una joven periodista que está iniciando su camino profesional en el New York Post, y quien nos describe en primera persona su experiencia y lucha real frente a una rara enfermedad autoinmune y su recuperación: la conocida como encefalitis por anticuerpos contra los receptores NMDA (N-metil-D-aspartato). 

La encefalitis es un conjunto de enfermedades producidas por una inflamación del encéfalo y que se ocasiona generalmente por la infección de gran variedad de gérmenes (donde destacan los virus). Pero esta encefalitis por anticuerpos contra los receptores NMDA, reconocida en el año 2005, es algo diferente. Y esta película y este libro nos adentra en esta entidad que afecta a pacientes jóvenes, en su mayoría mujeres mayores de 18 años, y que se caracteriza por un pródromo pseudogripal seguido del desarrollo de síntomas psiquiátricos prominentes, crisis convulsivas y compromiso del estado de conciencia. En ocasiones se asocia con tumores, principalmente, teratomas de ovario, por lo que puede considerarse un síndrome paraneoplásico. Dado que es una enfermedad rara, el diagnóstico puede ser difícil y confundirse con otras patologías, principalmente con enfermedades psiquiátricas. Con este prolegómeno bien vale la pena “prescribir” Brain on Fire a nuestros estudiantes de Medicina o residentes en formación para que no se nos olvide esta entidad y los retos diagnósticos que conllevan. Y los errores que podemos llegar a cometer cuando nos enfrentamos a entidades que presentan manifestaciones bordeando lo orgánico y lo funcional. 

Es el irlandés Gerard Barett el encargado de dirigir esta película en el año 2016, con título homónimo de Brain on Fire. Y para interpretar a Susannah Cahalan contó con una joven actriz que ya es una habitual en el proyecto Cine y Pediatría: Chloë Grace Moretz. Ella ha sido la actriz protagonista de películas tales como La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011), Déjame entrar (Matt Reeves, 2010) y Carrie (Kimberly Peirce, 2013), estas dos últimas sendos remakes de los clásicos originales. Y en todas ellas interpreta a niñas y jóvenes con poderes especiales en papeles especiales. Como el suyo de Brain on Fire. 

Porque Brain on Fire nos presenta a Susannah Cahalan, una joven periodista que está viviendo su sueño como redactora en el New York Post. Susannah es independiente, creativa, decidida y resuelta en su día a día, pero algo empieza a cambiar en su conducta que empieza a llamar la atención en su entorno de trabajo. Olvidos constantes y fuertes dolores de cabeza son los primeros síntomas que la hacen acudir a un médico: “No me había sentido así nunca. Nunca… No sé, es como que tengo síntomas de gripe. Se me duerme el brazo y la pierna izquierdos. Y tengo la cabeza embotada todo el rato”. Llegan las primeras pruebas analíticas y de imagen, con RM cerebral incluida. Todas las pruebas llegan normales, pero ella no está normal y, además, empeora: cambios de comportamiento, luego convulsiones, más tarde, episodios de trance. Continúan las pruebas, ahora estudios electroencefalográficos (con vídeo-EEG y fotoestimulación) y exhaustivas exploraciones neurológicas: todo es aparentemente normal. 

Con el tiempo empiezan las sospechas de que la causa posible sea el alcohol u otras drogas que pueda ingerir la joven, y la conclusión médica complaciente: “En resumen, sale mucho de fiesta, no duerme bien y trabaja demasiado. Les ocurre a muchos jóvenes cuando pasan de estudiar a trabajar. Es un rito de paso, la transición a adulto”. El siguiente paso es probar diferentes especialistas (neurólogos, psiquiatras, psicólogos,…) y distintas medicaciones (antiepilépticos, antipsicóticos, antidepresivos,…). Y ella acaba creyendo eso mismo (“Soy bipolar. Lo busqué en Google”, le dice a un médico) y termina viendo su triste final, tal como manifiesta a su familia: “Cuando me muera, quiero me que enterréis junto a la abuela”. Porque todo empeora y nada avanza en el diagnóstico: vuelta a sugerir que es por el alcohol (que no prueba) y el estrés laboral (que no tiene ya). Y surge la reclamación de su madre, abatida: “No saben nada. Cada uno hace un diagnóstico. Que si bipolaridad, que si esquizofrenia, que si psicosis… yo que sé. Creo que es la explicación más sencilla para ellos. Hay que seguir presionando para que investiguen más a fondo. Es muy importante”. 

Continúa el deterioro de la paciente y continúan los niveles de pruebas complementarias: punción lumbar, nuevas pruebas de imagen, y todo tipo de estudios para descartar infecciones (incluida enfermedad de Lyme, toxoplasmosis, criptococosis, y muchos otros más), pero también trastornos metabólicos, tóxicos y autoinmunitarios. Hasta que llega la respuesta tras consultar a distintos especialistas y la explicación del Dr. Najjar a la familia: “En términos sencillos, tiene el cerebro ardiendo. Su propio cuerpo lo ataca”. Y con ello la voz en off de agradecimiento de Susannah Cahalan: “Tengo suerte. En un sistema donde gente como yo pasa desapercibida, me encontraron gracias al Dr. Najjar. Él me encontró. Mi cuerpo me atacaba mi cerebro. Me había dejado incapaz de hacer nada. ¿A cuánta gente habrán tratado a lo largo de la historia de esquizofrénica, psicótica, bipolar o simplemente loca y tenía un problema tan fácil de diagnosticar?”. 

Y su redactor jefe del New York Post, a su regreso ya curada, le sugirió escribir su experiencia. Y de ahí surgió el libro. Y del libro esta película. Y ambos cabe “prescribirlos” en las rotaciones de Neurología y Neurología Pediátrica, porque conjugar vivencias, arte y ciencia como aquí es apostar porque ya no nos resulte ajena ni nos pase desapercibida esta enfermedad. Y que entendamos mejor  el colofón de la película: “Susannah Cahalan fue la paciente número 217 diagnosticada como encefalitis por anticuerpos contra los recep tores NMDA. Y hay miles de diagnosticados más. Su best seller autobiográfico Brain on Fire ha ayudado en todo el mundo a diagnosticar y tratar trastornos autoinmunitarios. El Dr. Najjar sigue ejerciendo, abrió uno de los primeros centros del mundo dedicados a trastornos neurológicos autoinmunitarios y conserva su amistad con Susannah. Ella sigue concienciando sobre estos trastornos como escritora y periodista. En 2015 se casó con Stephen, su músico preferido”

Es Brain on Fire una película sobre la que la crítica ha dicho de todo. No soy crítico cinematográfico, ni pretendo convencer a nadie (para los gustos se hicieron los colores… y las películas), pero si me atrevo a “prescribir” películas por su valor docente y de humanización: y esta película de hoy, que nos deja el cerebro en llamas, atesora ambos valores.


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