sábado, 23 de enero de 2021

Cine y Pediatría (576). “Fragmentos de una mujer”… tras la pérdida inesperada de su recién nacido

 

El director húngaro Kornél Mundruczó y su pareja, la actriz húngara (devenida en guionista) Kata Wéber, suman fuerzas en el séptimo arte para regalarnos una película fundamentada en su experiencia al perder un hijo durante el embarazo. Trasladan su historia a una joven pareja de Boston, Martha (increíble - y premiada - Vanessa Kirby) y Sean (irreconocible Shia LaBeouf), quienes espera su primera hija y cuya vida cambia radicalmente tras morir la recién nacido durante un parto en casa por la supuesta negligencia cometida por una matrona a la que posteriormente denuncian ante los tribunales. Una película del año 2020 que lleva por título Fragmentos de una mujer, narrada en ocho fragmentos (ocho fechas en el calendario) durante medio año, ese camino del calvario que es la superación del dolor de unos padres por la pérdida inesperada de un hijo, cuando el sueño se trunca y viene la pesadilla. Y donde Martha tiene que recomponer su relación con su pareja, con su familia, su entorno laboral y consigo misma. 

Estos son los ocho fragmentos de una mujer llamada Martha. El fiel relato de las fracturas que puede dejar la pérdida de un hijo, que algunas veces une, pero otras tantas separa. Y donde la solución a esa profunda herida emocional no llega hasta que no perdonamos y nos perdonamos, hasta que nos reconciliamos con la vida. Y cada fecha comienza con la imagen cambiante del Charles River en las sucesivas estaciones. 

17 de septiembre. 
El parto en casa. Treinta minutos de una escena casi a tiempo real pocas veces vista. La matrona está en otro parto y no puede acudir. Llega la rotura de aguas y los primeros intensos dolores de parto. La pareja intenta relajarse mientras llega otra matrona, que se presenta y se pone a su disposición. Martha tiene mucha incomodidad y náuseas y repite varias veces: “Esto es horrible…¿Por qué no sale?” Ya ha dilatado 6 cm y el latido fetal es correcto: “Va muy bien. Qué rapidez”, expresa la matrona. Gritos de dolor, la pareja de abraza. “¿Quieres un baño?...Todo va a salir bien”. La dilatación ya se ha completado, pero algo empeora y la matrona se lo expresa a los padres: “El latido no sube como es debido…Si sigue así, tocará pedir ayuda y trasladarla”. La madre no quiere ir al hospital y sigue empujando, aunque se le explica que eso no sería un fracaso: “Necesito una ambulancia. Es un parto en casa”. En el intervalo nace la niña, llora y tiene buen color. Pero a los pocos minutos se pone morada y la matrona le asiste con emergencia mediante una bolsa auto inflable de reanimación (conocido como Ambú). En ese momento se oye la sirena de la ambulancia en la puerta. Fundido en negro. Y aparece el título de la película: Fragmentos de una mujer. 

9 de octubre. 
Martha regresa al trabajo y sus compañeros la miran con extrañeza: “Ya no estoy de baja”, afirma. Todos conocen lo ocurrido y callan, por respeto. Menos una amiga de la madre a la que encuentra en una tienda, quien la abraza y le espeta: “¿Cómo estáis? Tu madre me lo cuenta todo. Lo sé todo. Madre mía, qué horror. La culpa la tiene la timadora esa. Se pudrirá en la cárcel, te lo aseguro. Habrá consecuencias”
Llega el dictamen de la autopsia, y el doctor les dice: “No hay hipótesis sobre la causa de la muerte. En la autopsia forense hicimos análisis histológicos, toxicológicos y microbiológicos para ver si había infecciones previas, anomalías cromosómicas o irregularidades en la placenta. Solo hemos determinado que a la niña le faltó oxígeno. En dos tercios de estos casos no hallamos explicaciones satisfactorias… Ya se ha imputado a la matrona y pronto habrá un dictamen médico”

7 de noviembre. 
Llegan los primeros conflictos familiares por la muerte de Yvette - que es el nombre de la hija perdida -, principalmente con la madre de Martha, una mujer dominante (Ellen Burstyn). Conflictos por el entierro (ellos quieren enterrarla, pero ella quiere donar el cuerpo de su hija a la Universidad) y por los inicios de la demanda a la matrona. 

21 de diciembre. 
El comienzo de la rotura de la pareja, cuya distancia se agranda y enfría día a día. “¿Por qué quieres hacer desaparecer a mi hija?” le dice Sean a Martha cuando ésta desmantela la habitación del bebé. Sea comienza a fumar y beber de nuevo y le dice: “Te echo de menos”…, pero todo se convierte en impostado, difícil y frío. 

13 de enero. 
Continúa la autodestrucción de cada miembro de la familia. Martha busca una salida, pero no hay salida. Sean tiene una relación con la prima de Martha, quien es la abogada que lleva el caso. La madre de Martha siente la frialdad de su hija. La pareja se pierde el respeto, que es esa línea sin retorno: “Eres una mentirosa de mierda. Zorra de mierda”

5 de febrero. 
La reunión familiar alrededor de la madre de Martha, donde una tensa y profunda conversación madre-hija acaba tan mal como empezó: “Martha, si lo hubieras hecho a mi manera, ahora tendrías a tu pequeña en brazos”. Progresa entre la pareja los silencios y la incomunicación, también la falta de respeto y las afrentas. Hasta que llega la separación.

22 de marzo. 
Comienza el juicio contra la matrona, cuya cara es un poema de dolor durante todo el proceso. Un desagradable juicio donde una matrona es juzgada por una decisión de los padres a quienes se les fue comunicado la posibilidad de acudir al hospital si algo iba mal… pero la madre prefirió que no. 
Es cuando Matha revela las fotos con su hija en brazos en esos minutos que la tuvo al nacer, y eso se convierte en lo que le permite declarar algo así: “Esa mujer no quiso hacerle ningún daño a mi hija. Aquella noche solo quería traer un bebé sano al mundo. Y no creo que tú tengas la culpa. No creo que tenga la culpa. Y te doy las gracias. Lo que pasó quizás tenga una causa, pero no lo averiguaremos en esta sala. Y pedir que se me compense, o pedir dinero, es como decir que se me puede compensar, y no es así. No puedo recuperarla. No hay dinero, veredicto ni sentencia que me devuelva lo que… ¿Cómo voy a pasarle este dolor a otra persona? Hay alguien que ya ha sufrido. Sé que no es lo que ella quería. Mi hija no vino a este mundo, aunque fuera por tan poco, para eso. Y eso es todo. Gracias”

3 de abril. 
La reconciliación de Martha con ella misma, con su familia y con el mundo… mientras vierte las cenizas de su hija sobre el Charles River, el icónico río de la ciudad de Boston. 

Y con un lapso de tiempo vemos a una niña de 6 años que sube a un manzano y muerde una manzana (como hemos visto morder a nuestra protagonista varias veces en algunos fragmentos previos). Y es Martha quien la viene a buscar para cenar… Y se nos da a entender que la vida floreció de nuevo y dio sus frutos, como ese manzano que nos acompaña durante todos los minutos de los créditos finales.

Porque la manzana simboliza la belleza femenina, la inmortalidad, la sabiduría, la discordia, el renacimiento y la paz. Y de todo ello reflexiona esta película, por fragmentos y de forma global. Pero también es una película para profundizar sobre otros aspectos, pero dos parecen evidentes: el duelo por la pérdida inesperada de un hijo (en este caso, un recién nacido) y el dilema de cuál es el mejor lugar para nacer, el domicilio o un hospital. Y este último aspecto, tan poco habitual que se refleje en el séptimo arte, merece una reflexión, muy tratada en nuestro blog Pediatría basada en pruebas, y donde la seguridad del binomio madre-hijo debe prevalecer (evidentemente con altos estándares de humanización en el parto en todo momento y en todo lugar). 

Cabe decir que el parto domiciliario, en nuestro entorno, como poco, implica: 1) selección de casos basada en una ausencia de criterios de riesgo durante el embarazo (hipertensión, placenta previa, fetos con crecimiento intrauterino retrasado, patologías médicas como diabetes, cardiopatía, etc.); 2) una concienciación muy seria y personal de los futuros padres, debidamente informados, de lo que supone el embarazo primero y un parto en domicilio después; 3) la disponibilidad, con seguridad, de unos medios domésticos aceptables (alimentación, habitaciones, duchas, limpieza,..) además de un apoyo por parte del entorno familiar más cercano (pareja, padres, etc.); 4) la existencia de una red asistencial de profesionales altamente cualificados apoyados por otra capaz de acudir en cuanto surge un problema. Y todos ellos se dieron en esta primera escena de Fragmentos de una mujer, pero es preciso ser sinceros y reconocer que, incluso en nuestras mismas ciudades del mundo desarrollado, hay un alto porcentaje de mujeres y casos donde estas exigencias no se dan. 

Por tanto, la mujer (y el núcleo familiar), debidamente informada, elegirá su forma de parto y seguramente lo hará buscando la mayor de las garantías en seguridad para ella y su neonato. Pero aún así, la posibilidad de un accidente obstétrico (cuyo nombre de “accidente” marca lo brusco e inesperado de la situación en muchas ocasiones) hace que puedan ocurrir situaciones cuya solución es más complicada en un hogar que en un centro sanitario. Eso debió pensar Martha aquel 22 de marzo, cuando reflexionó en el juicio sobre lo que pasó. 

Y por ello Fragmentos de una mujer da mucho de sí, no solo en lo cinematográfico, sino en las reflexiones que nos traslada: ¿te atreves a dar un mordisco a esta manzana…? Cine con mayúsculas, experiencias en  mayúsculas.

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