sábado, 5 de abril de 2014

Cine y Pediatría (221). “Joven y bonita”…, la sexualidad de una adolescente en cuatro estaciones


François Ozon tiene la firma de "enfant terrible" del cine francés, prolífico con 36 películas (entre corto y largos) a sus espaldas, en la mayoría también como guionista. Un cineasta que se mueve en los extremos, pasa con naturalidad de lo artificioso a lo simbólico, de la comedia al melodrama, de envolturas brillantes a puestas en escena austeras. 
No dejó indiferente su debut en el largometraje con Sit Com (1998), en Gotas de agua sobre piedras calientes (1999) adapta a Fassbinder, autor con el comparte su pasión por los personajes femeninos, en Bajo la arena (2000) comenzó su colaboración con su actriz fetiche (Charlot Rampling), en 8 mujeres (2001) supuso un antes y un después en su carrera, un cóctel explosivo con las divas del cine francés, y en la magnética En la casa (2012) se rodeó de premios, incluido la Concha de Oro a la mejor película. 

François Ozon no teme arriesgar y destaca por su habilidad para deconstruir y construir géneros, por un cine lleno de personas con pasiones y relaciones complejas, por sus finales sorpresa, por el buen uso de la música y las canciones, por la doble moral y el gusto por la familia, así como una mirada fresca y liberada de la sexualidad. Con este cóctel, acaba de estrena su última obra, Joven y bonita (2013), que no es ésta su mejor película, pero si deja ese halo de emociones perturbadoras y de preguntas por responder. Porque le gusta romper tabúes, desenmascarar la hipocresía burguesa y, siempre, y de alguna forma, reclama el matriarcado. 

Porque Joven y bonita es una propuesta arriesgada por el tema que trata (la prostitución y la adolescencia) y la forma en que lo hace (con el recato necesario, pero sin tapujos). Y para ello se vale de cuatro elementos clave en su filmografía: el regreso al mundo femenino de Ozon (con 8 mujeres como paradigma), el volver a hablar de la adolescencia (después de trabajar con actores jóvenes en el rodaje de En la casa), el tener la inspiración de claros referentes (algunos consideran que esta película es una versión adolescente de la lejana Belle de Jour de Luis Buñuel -1967-, aunque otros no dejan de recordar retazos de la más cercana The Girlfriend Experience de Steven Soderbergh -2009-, pero lo que es indudable es que el principio de la película es puro Eric Rohmer) y el seguir contando con su actriz fetiche (aunque sea para que Charlot Rampling haga una aparición esporádica al final de la película). 

La adolescencia es una etapa de grandes cambios físicos, psicológicos y sociales, y también señala el inicio del despertar sexual. Isabelle (Marine Vacth) es una hermosa joven de 17 años de familia burguesa que lo tiene todo y está protegida: una buena posición económica, familia, amigos y un enorme futuro por delante. Tras sus primeras experiencias, quizás el sexo, quizás el placer, quizás la sensación de dominio sobre el hombre la empujan a introducirse en la prostitución de lujo. Estudiante de día, prostituta de noche...dos caras de una misma mujer que disfruta con su cuerpo, aunque parece que no le interesa el sexo, quizás tampoco necesita el dinero, pero cada vez más se engancha a sus encuentros clandestinos, en una perversa búsqueda de la humillación. No sabemos qué piensa, no sabemos por qué lo hace, no es lógico lo que hace, pero lo hace por ese deseo de experimentar… en el filo del peligro, una característica demasiado constante en la adolescencia. 

“Lo que me gustaba era concertar citas. Chatear por internet, hablar por teléfono, escuchar voces, imaginar cosas. Y luego acudir, descubrir el hotel, no saber con quién me iba a encontrar…”, nos dice la protagonista. Y el director confirma sobre la actriz protagonista: "Lo que me gusto de Marine Vatch es que es una chica misteriosa, es misteriosa en la vida real. Cuando la ves da esa impresión de misterio, lo que era perfecto para la película. El espectador va a notar su misterio". Porque esta joven modelo realiza en esta película su primer papel protagonista y, a buen seguro que lo hace con nota, como se fue el hecho de que su complejo papel le valiera una nominación al Cesar a la Mejor Actriz en 2014. 

Joven y bonita se estructura en cuatro estaciones y cuatro canciones clave (aunque en la banda sonora hay 13 canciones de distintos autores, pero destacan varias de Philippe Rombi y de Françoise Hardy), elementos para relatar la historia de Isabelle y su universo personal: el despertar del primer amor del verano en las vacaciones familiares junto al mar; la sorprende doble vida del otoño, con ese fundido en negro inicial que nos presenta a una Isabelle recorriendo los pasillos de un hotel hacia un destino sorprendente; el invierno y esa forma de llegar a integrar ser hija, hermana y estudiante, pero prostituta de lujo por las tardes de lunes a viernes,… hasta el suceso trágico y la declaración de la policía a su madre: “Su hija lleva una doble vida. Su hija se prostituye”; y la redención (o no) de la primavera, pues nuestra adolescente protagonista sigue mostrándose como un delicioso enigma, distante, tanto como el final propuesto a esta historia. 

Como en muchos trabajos de su Ozon, el director parece renunciar al relato psicológico y, sin embargo, siembra mensajes (las canciones de Françoise Hardy, el poema de Rimbaud), pistas (el padre ausente) e hipótesis (la necesidad de experimentar, la búsqueda de la independencia y el poder, la venganza contra el mundo adulto…) que apuntan, con timidez e indecisión, a todo ese entramado de causas y efectos cuyas conexiones no siempre encajan. Aún así, Joven y bonita genera debate y reflexión, lo cual no es sencillo de encontrar en el cine actual, pero aquí se nos muestra una visión entre lo visible y lo invisible con el buen sentir del cine francés (generalmente en estado de gracia), una visión arriesgada (pero no imposible) de la compleja sexualidad en el complejo mundo de los adolescentes, una sexualidad que abarca las cuatro (y más) estaciones.. 

Vuestra es la decisión de verla o no, pero si lo vais a hacer (como siempre) no dejéis de hacerlo en versión original (subtitulada). De esa forma toda película es más joven y más bonita…