sábado, 7 de noviembre de 2015

Cine y Pediatría (304). “American History X”, el odio y la violencia llama a nuestras puertas


Un comienzo impactante, en blanco y negro, que nos augura una película dramática y de una brutal violencia, por lo que se ve y por lo que se siente. Una escena de sexo previa al asesinato rezuma una instintividad casi animal, expresión todo ello de la irracionalidad en la que vive el protagonista, quien, con la cabeza rapada y esvástica tatuada en su pecho, luce un destino tan negro como la noche... Luego se hace el color y se nos cuenta una historia, tan real como continuamente actual. Y así transcurrirá la historia, la mitad de la película entre un presente en color y la otra mitad con un pasado de sucesivos flash back en blanco y negro... 

Muchos habrán descubierto ya que estamos hablando de American History X (Tony Caye, 1998), la historia de los jóvenes y atractivos hermanos Vinyard, cuya vida familiar y social transcurre alrededor de un grupo violento neonazi, aquellos grupos partidarios de la llamada "supremacía blanca" en Estados Unidos. El hilo conductor de la narración cinematográfica es el relato introspectivo que elabora el propio Danny (Edward Furlog) sobre el impacto en su vida ("cuando me miran, ven a mi hermano") y en la del resto de su familia de los sucesos que protagonizó su hermano mayor Derek (Edward Norton), encarcelado tres años antes por el asesinato de dos jóvenes negros que le intentan robar una camioneta (y que es la escena con que se abre la película). Con los recuerdos que brotan en offf de la pantalla (un texto que le aconseja redactar Bob, el director del instituto, y quien le dice: "la rabia ciega el cerebro que Dios te ha dado") y la vivencia de ese primer día de libertad de Derek, se entrelaza toda la película y lo hace con notable esfuerzo de honradez. El padre de ambos, bombero, fue asesinado por un negro, hecho determinante para que Derek adoptase una perspectiva ideológica racista, lo que le lleva a vincularse a un grupo skin local de ideología neonazi, donde se topará con el adulto Cameron, ideólogo manipulador, con Seth, un obeso descerebrado de gatillo fácil, o con una novia sembrada de piercings y de rencor. 

Pero la experiencia en prisión de Derek le cambiará. Tras la libertad condicional, sale transformado (simbólicamente, ha dejado crecer su cabello) y asume el papel del padre ausente, buscando la unidad del núcleo familiar, unidad que el mismo rompió en su etapa previa cuando su madre le decía a través del cristal de la cárcel aquello de "¿te crees que eres el único que cumple condena?, ¿te crees que no estoy dentro contigo?". Durante estos tres años, todos han estado esperándole con impaciencia pero su hermano pequeño, Danny, que le idealiza con pasión, a él y a la causa nazi (llega a decir "odio a todos los que nos sean blancos y protestantes"), ha sido el más afectado por su ausencia y espera con impaciencia su vuelta. Un vez en la calle, Derek intenta hacerle ver que el nazismo, el odio y la violencia racial son actitudes equivocadas. La prisión ha cambiado a Derek, ahora Derek tiene que cambiar a la gente a la que ama y que se ha perdido en el odio. Por ello hay un ejercicio de introspección entre ambos hermanos y, cuando todo parecía volver a la normalidad en la familia, ocurre la tragedia...

No podemos dejar de destacar todas y cada una de las escenas en blanco y negro, aquellas que intentan explicar esta historia X en flash-backs: 
- El simbólico partido de baloncesto entre blancos y negros por conseguir el dominio de la propia cancha. 
- La arenga a los amigos del barrio y al ataque al supermercado contra hispanos, negros y asiáticos. Una arenga escalofriante, pues aún hoy la oímos en algunos de nuestros políticos nacionalistas e independentistas, como justificación: "No os riáis, esto no tiene gracia. Afecta a vuestras vidas y a la mía. Afecta a los americanos decentes y trabajadores sin culpa y se llevan el palo porque a su gobierno le interesan más los derechos constitucionales de una gentuza que no son ciudadanos de este país. En la Estatua de la Libertad pone "Dadme a los cansados, hambrientos y pobres". Pues son los americanos los hambrientos, cansados y pobres. Que no puedan arreglar eso, que cierren el puto grifo. Porque estamos perdiendo, estamos perdiendo el derecho a buscar nuestro destino. Estamos perdiendo nuestra libertad para que una panda de putos extranjeros puedan venir a explotar nuestro país. Y no es algo que esté pasando lejos, no es algo que esté pasando en sitios donde no podamos hacer nada. Está pasando aquí mismo, en nuestro propio barrio..." 
- La conversación/discusión alrededor de la mesa familiar sobre el valor de las revueltas en el barrio. Una conversación que acaba con la violencia física que auguraba la violencia verbal, una de las escenas más duras que el cine ha dado y con ese final en que la madre le dice a su hijo: "Me da vergüenza de que hayas salido de mi cuerpo". Y cuando el novio judío de la madre le dice a ella: "No sabes en qué mundo viven tus hijos". 
- La recreación de la mítica escena de la detención por parte de la policía, con Dereck con la mano detrás de la cabeza, arrodillado en ropa interior y orgulloso por haber asesinado a un negro, mientras mira a su hermano pequeño con una mirada demoníaca de una expresividad desconcertante.
- Los recuerdos en la cárcel. Y, aunque se adhiere inicialmente al grupo neonazi del centro penitenciario, el desencanto le aparta (acompañado de una cruel escena en la ducha) e inicia una amistad con el joven negro que trabaja en la lavandería (quien en sus propias e irónicas palabras se describe como "Soy el tipo más peligroso de esta prisión. ¿Y sabes por qué? Porque controlo los calzoncillos"), quien acaba siendo como un ángel de la guarda para Derek y, junto con la visita y la conversación con Bob, el director del instituto (y su pregunta: "¿Algo de lo que has hecho ha mejorado tu vida?"), serán dos motivos para el cambio y para su reflexión final: "Los últimos seis meses en aquel antro fui como un fantasma".
- Hacia el final de su metraje conocemos al fallecido padre de la triste familia Vinyard, un bombero de ideas reaccionarias cuyos discursos xenófobos y llenos de odio van a calar muy profundo en la mente de sus hijos. En un breve diálogo conocemos las semillas del odio, el modo en que las ideas de los mayores pasan a la siguiente generación, manipulando su forma de pensar... y cómo suena esto, con gran resonancia, hoy en algunas regiones de España.

American History X es un crudo relato dirigido con ambición por Tony Kaye, un londinense procedente del mundo de la publicidad, y que ha trabajado en documentales de contenido social para distintas ONGs. Una película que fue considerada casi un obra maestra en su momento y que causó (y causa) gran impacto, gracias al guión, a la dirección de actores (Edward Norton musculó su cuerpo para la ocasión y fue candidato al Oscar y Edward Furlong, el que fuera el célebre chaval de Terminator 2: el juicio final) y a la cuidada fotografía en blanco y negro.

El cartel anunciador del film contiene un texto moralizante: "Si sigues el camino del odio, tarde o temprano pagarás su precio". Y en donde podemos recabar algunos claros objetivos pedagógicos: comprender el fenómeno del neonazismo, sus raíces históricas y su forma actual en nuestra sociedad; entender de qué manera las relaciones personales están condicionadas por el orden social y familiar en qué se inscriben; comprender el proceso de degradación moral a qué nos somete el discurso ideológico del odio y del sentirse mejor al otro; valorar los sentimientos o principios morales o ideológicos que mueven cada personaje (y que no son tan lejanos, y algunos están cerca de nosotros o salen en la prensa o en los noticiarios).

Una película necesaria para revisar, y sin duda hoy y aquí en España. Y con esta frase final, directa a la mente y al corazón: "Supongo que debo decir lo que he aprendido, mi conclusión. Mi conclusión es que el odio es un lastre. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreado. No vale la pena. Derek dice que siempre viene bien acabar un trabajo con una cita, dice que siempre hay alguien que lo ha hecho mejor que tú, y que si no puedes superarlo róbaselo y aprovéchate. Así que he escogido algo que creo que le gustará: ‹No somos enemigos sino amigos, no debemos ser enemigos. Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto, jamás debes romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelva a sentir el tacto del buen ángel que llevamos dentro›".