sábado, 16 de junio de 2012

Cine y Pediatría (127). “Profesor Lazhar”, una hermosa declaración de amor a la enseñanza



En los últimos tiempos, el cine canadiense se ha convertido en sinónimo de cine de calidad. No hay más que echar la vista atrás y recordar títulos como El violín rojo (François Girard, 1998), Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003), La gran seducción (Jean-François Pouliot, 2003), C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005), La edad de la ignorancia (Denys Arcand, 2007), Amerrika (Cherien Dabis, 2009), Incendies (Denis Villeneuve, 2010) o toda la obra de Atom Egoyan. Para confirmar esta teoría y como buena representante de este tipo de cine, se acaba de estrenar Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011), adaptación a la gran pantalla de la obra de teatro “Bashir Lazhar” (Evelyne de la Chenelière, 2002) que era todo un monólogo. 

No es Profesor Lazhar una obra maestra, pero si una película que cautiva y que capta la atención del espectador desde su primera secuencia. El punto de partida es impactante (el suicidio no explicado de una profesora en el aula de un colegio de Montreal), suceso que sobrevuela el resto del metraje y condiciona el comportamiento de todos los personajes que protagonizan la película. Al mismo tiempo, y de una manera aparentemente casual, aparece Bachir Lazhar (el prestigioso actor cómico argelino Mohamed Fellag exiliado en Francia, aquí en un magnífico papel dramático), sustituto de la profesora fallecida, un inmigrante argelino de 55 años que intenta sobreponerse al reciente asesinato de su mujer e hijas en su país de origen. 

Pero este aparente trágico argumento es tratado con elegancia y con un trazado guión que nos dirige a la redención de sus personajes y, al final, lo que tenemos delante de nosotros es una gran obra de maestro y alumnos (una más que se suma a la serie de película ya comentadas sobre esta temática en Cine y Pediatría 61 y 62). Pero a diferencia de la mayoría de ellas, en donde los alumnos son complejos, problemáticos y desarraigados, aquí son alumnos dignos, inteligentes y entrañables (casi idílicos). Niños y niñas de alrededor de 10 años, guapos, educados y bien avenidos (en un crisol de culturas, reflejo de una siempre amable cultura canadiense) y nos encontramos a un profesor (que se hace pasar por tal, pero que no lo es en realidad) dotado de una gran ternura y sensibilidad, cuyo rostro desprende una tristeza que inspira confianza y una dignidad que transmite respeto. El carisma del profesor Lazhar resultará clave para sacar adelante el curso (pese al problema vivido en el colegio) y cambiará la vida de sus alumnos. 

Profesor Lazhar fue la candidata a los Oscar a la mejor película extranjera por Canadá (ganada este año por la iraní Nader y Simin, una separación de Asghar Farhadi, 2011), donde ha sido considerada como la película del año. Compone, con honestidad y con admirable economía narrativa, un drama en el que cuestiona los dogmas del sistema educativo occidental; y, para ello, compone un magnífico triángulo entre el profesor y los dos únicos alumnos que han contemplado el cuerpo de su profesora ahorcada en el aula: la niña (Sophie Nelisse) y el niño (Emilen Neron), en dos grandes interpretaciones de otros dos nuevos niños-actores. Mención especial a esa economía narrativa es cómo se nos presenta el pasado de Lazhar, solucionado de manera eficaz en tan sólo tres secuencias: la cita con el abogado, la declaración ante al tribunal y la apertura de la caja de cartón. 

Profesor Lazhar aborda el sentimiento de pérdida (y, más aún, la recuperación de esa pérdida) sin dramatizar más de lo necesario, tanto desde la perspectiva adulta (Lazhar ha perdido a su querida familia) como de los niños (la pérdida de la querida profesora) y también con el contraste entre el mundo oriental y occidental. Y también permite reflexionar sobre la educación y de cómo ha cambiado, pero en donde se ensalza la libertad por encima de todas las cosas: la exaltación de la labor del docente acaba resultando extraordinaria, y contrasta con las pegas impuestas por la burocracia y por los propios padres de los chicos ("Preferimos que se limite a enseñar, no a educar a nuestra hija"). En este punto es importante como se destaca el miedo de los profesores a salirse de las normas en el trato con los alumnos, ese miedo a la denuncia por malos tratos o abusos, expresado por el profesor de gimnasia: "Hoy se trabaja con los niños igual que con los residuos radiactivos. Manos fuera o te vas a quemar (…) Intenta enseñarles en el caballo con arcos sin tocarlos". Finalmente, la película da una lección magistral sobre lo que es o debe ser un aula (cualquier aula, de cualquier país), sin importar la materia que se imparta en la misma, ni la edad o procedencia de los que allí estudian. Lazhar les dice a sus alumnos unas palabras que debieran estar marcada en oro en nuestra mente y corazón, pero especialmente en la de los profesores, alumnos y familias: "Un aula es un lugar para la amistad, el trabajo y la cortesía. Un lugar lleno de vida al que le dedicas tu vida y en el que te dan su vida". ¿Se entienden hoy así las aulas de nuestros colegios e institutos?, ¿lo sientes así los profesores, los alumnos, las familias, la administración…?. Sólo por esta frase esta película merece un lugar muy especial en Cine y Pediatría, porque se nos antoja una de las pocas películas que nos devuelve mensajes positivos en el subgénero de profesor y alumnos. Mensajes positivos en los que uno siente el amor a las aulas y el deseo de ser maestro, una de las más nobles profesiones. 

Una película emotiva, emocionante, conmovedora, bien dirigida y mejor interpretada, que invita a una profunda reflexión sobre el papel de la escuela en la formación y el desarrollo de los niños. Una reflexión en la que los profesores aprenden tanto de los alumnos como les gustaría pensar que los alumnos aprenden de ellos. Una reflexión muy actual y pertinente en base al actual estado de descrédito y desmantelamiento del sistema educativo. Una reflexión que invita a volver a las aulas y a devolver el crédito de los maestros, y todo ello bajo la deliciosa banda sonora de Martin Leon. Profesor Lazhar es una hermosa declaración de amor a la enseñanza con una música que enamora.

 

1 comentario:

Mercè dijo...

La vi hace 2 dias y me pareció excelente. Me parece muy interesante la reflexión sobre la expresión de las emociones.