sábado, 25 de junio de 2016

Cine y Pediatría (337) "Réquiem por un sueño" y por el mundo de las adicciones


Se han filmado muchas películas sobre drogas y adicciones, pero hay algunas que destacan. Este podría ser un intento de top 15, donde no están todas las que son, pero seguro que sí son las que están (por orden cronológico): Locura de la marihuana (Louis J. Gasnier, 1936), Yo, Cristina F (Uli Edel, 1981), El precio del poder (Brian de Palma, 1983), Drugstore Cowboy (Gus Van Sant, 1989), Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994), Trainspotting (Danny Boyle, 1996), Miedo y asco en Las Vegas (Terry Gilliam, 1998), Traffic (Steven Soderbergh, 2000), Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000), Blow (Ted Demme, 2001), Training Day (Antoine Fuqua, 2001), Spun (Jonas Åkerlund, 2002), María llena eres de gracia (Joshua Marston, 2004), Candy (Neil Armfield, 2006), Half Nelson (Ryan Fleck, 2006).

De todas ellas, es Réquiem por un sueño la elegida por muchos como la mejor, basada en la novela homónima de Hubert Selby Jr, y que se transforma en pantalla en lo que fuera todo un experimento visual con un leitmotiv musical digno de recordar y cuya combinación (visual y sonora) aún nos deja cicatrices mentales. Una película que alguien ha asimilado al Días de vino y rosas (Blake Edwards, 1962) en versión moderna del siglo XXI, y que sustituye el alcohol por las drogas. Su director, Darren Aronofsky desata tantas pasiones como odios enconados, pues consigue que sus imágenes sean un prodigio visual, pero también nos regala paranoicos argumentos, tan extravagantes como crípticos. Su especialidad es retratar personajes en caída libre, cuya vida se derrumba ya sea por culpa de la fórmula que explique el caos (Pi, fe en el caos, 1998, su elogiada ópera prima), por la obsesión por investigar la grave enfermedad que padece su esposa (La fuente de la vida, 2006, su proyecto más ambicioso y no siempre entendido), por su incapacidad para librarse de los efectos negativos de la fama del pasado (El luchador, 2008, que le valió el León de Oro de Venecia y el resurgir de su protagonista, Mickey Rourke), por la obsesión por la perfección y el triunfo (Cisne negro, 2010, que encumbró a Natalie Portman con el Oscar a Mejor actriz) o, como en Réquiem por un sueño, por causa de la adicción a las drogas. 

Para mostrar el descenso progresivo de los personajes por el pozo oscuro y profundo de las adicciones, Aronofsky dividió el filme Réquiem por un sueño de acuerdo a tres estaciones del año. 

- La historia comienza en la época de verano, tiempo en el que los sueños de Harry Goldfarb (Jared Leto), su madre Sarah (inconmensurable Ellen Burstyn, nominada al Oscar por este papel), su novia Marion (Jennifer Connelly) y su amigo Tyrone (Marlon Wayans), parecen empezar a hacerse realidad. Sara es una viuda que vive en un apartamento en Brooklyn y que pasa la mayor parte del tiempo sentada frente al televisor viendo anuncios y un programa de concursos. Su otro entretenimiento es la comida, la cual la ha dejado (según ella) con sobrepeso. Su hijo Harry sólo va a su apartamento para empeñar el televisor, y de esta manera financiar su adicción a la heroína. y ella se refugia agobiada detrás de una puerta: "Esto no puede ser verdad. Pero si lo fuera, si lo fuera, no pasaría nada. Así que no te preocupes. Todo se arreglará. Ya lo verás. Al final todo se arreglará". Y luego cae como una trapa metálica el título de la película, mientras suena la música de esta película, verdadero leitmotiv. 
Harry y Tyrone inician su negocio de venta de estupefacientes y con ese dinero Harry le promete a Marion abrir una tienda de ropa en la que pueda vender sus diseños. Sarah, mientras tanto, recibe un formulario para concursar en su show de televisión favorito, Malin & Block; e ilusionada con la posibilidad de cumplir este sueño, inicia una dieta para adelgazar rápidamente, tomando pastillas que resultan ser anfetaminas. "Oye mamá, ¿tomas anfetas para adelgazar...?", le dice su hijo. Y ella le dice: "Me gusta mucho estar pensando en el vestido rojo y en la televisión, en ti y en tu padre. Ahora siento el sol y sonrío"

- Con la llegada del otoño, los sueños de los personajes empiezan a alejarse poco a poco. El negocio de Harry y Tyrone fracasa, Marion se hunde en su adicción a las drogas y Sarah se convierte en una adicta a las anfetaminas, cada vez más incapaz de distinguir entre lo real y las alucinaciones, entre los programas de televisión y su solitaria vida. Tyrone es arrestado y Harry y Marion utilizan el dinero ahorrado para sacar a Tyrone de la cárcel. Y todo se complica, y el sueño comienza su réquiem hacia la pesadilla. 

- Finalmente, en invierno, todos los personajes caen en un espiral de autodestrucción, atormentados por los recuerdos de una vida mejor y por los sueños que nunca se hicieron realidad. Harry tiene que acudir de urgencia con una gangrena del brazo como complicación de las drogas intravenosas, brazo que le deben amputar. Sara es hospitalizada en un psiquiátrico y recibe una terapia de electroshock que termina alejándola de la realidad. Marion vende su cuerpo a cambio de drogas, sometida a juegos vejatorios que no hubiera imaginado. Tyrone permanece en la cárcel, donde debe trabajar y recibir los insultos de los guardias: "Puede verme, puedo oirme. Apto para trabajar". 

Y mientras suena el leitmotiv musical de la música de Clint Mansell, cada uno de nuestros cuatro personajes, perdido en la miseria, se pone en posición fetal derecha, como si buscaran el útero materno protector tras el descenso a los infiernos de los protagonistas bajo los acordes de Lux Aeterna. Y el abrazo final onírico de madre e hijo, en la televisión, donde ella le dice "Te quiro mucho Harry", y él responde "Yo también te quiero mamá"

Porque Réquiem por un sueño es una película sobre la adicción y que provoca adicción con su hora y media de lenguaje fílmico nervioso, con un gran número de efectos visuales reiterativos (la doble pantalla, la secuencia de imágenes sobre los efectos de la heroína, etc.), que pueden no contentar a todos por el exceso visual (que el director llamó como “montaje hip-hop” y que hace que mientras una cinta normal tiene entre 600 y 700 cortes, esta cinta tiene más de 2000), pero que no deja indiferente: para unos es arte, para otros postureo, pero que es un recurso para entrar en la mente de los personajes. 

Pero también es una trágica historia de amor entre dos jóvenes, Marion y Harry, amor entre sí y amor con las drogas, donde vemos las distintas fases del amor: enamoramiento, luna de miel, traición, ruina y aprisionamiento. Una historia trágica de amor con verano, otoño, invierno... pero sin primavera. Y es que el director quería mostrar la adicción a todo, no sólo a drogas ilegales; también a las legales, como la televisión, al amor e incluso la esperanza. 

Dos detalles finales para esta película tan especial y poliédrica: los cameos y la música. 

- Hay tres cameos que son realmente importantes para el director: su padre en el tren, su madre como una de las compañeras de edificio de Sara que se apostan en la calle con sus sillas, y Hybert Selby Jr., escritor de la novela, como un policía de la cárcel. 

- Hay muchas uniones paradigmáticas de música y cine, pero ese principio de buena amistad tiene su máxima en dos nombres propios: el británico Clint Mansell y el estadounidense Darren Aronofsky. Todo empezó entre estos dos amigos cuando Clint aceptó poner la B.S.O. de la ópera prima de este director tan peculiar que es Aronofsky y, a partir de ahí, ha puesto la música de sus cinco películas posteriores, incluida la última, Noé (2014). En Réquiem por un sueño la música es interpretada por el cuarteto de cuerdas Kronos de San Francisco, y desde el principio se convirtió en una especie de música de culto debido a la enorme carga dramática que le otorga a la película. Mediante el empleo de instrumentos de cuerda sin el vibrato que produce el músico que los ejecuta, Clint Mansell y el cuarteto Kronos crearon sonidos fríos y disonantes con instrumentos normalmente conocidos por su calidez y suavidad en cuanto al sonido que producen. Este efecto ya había sido utilizado anteriormente por Bernard Hermann, compositor de bandas sonoras famoso por su colaboración en la musicalización de las películas de Alfred Hitchcock. El tema principal es Lux Aeterna, pero la melodia se repite a lo largo de la historia y aparecen otros temas como Summer Overture, Hope Overture o Winter Overture. 

 Por tanto, la película es un réquiem no solamente por el sueño americano, sino también por cualquier ideal que muere cuando el individuo se enfrenta a la crudeza de la realidad y prefiere evadirla antes que enfrentarla. Y es aquí donde resuena más esta frase de la película: "Convierte el mañana en algo positivo". 

Y nos queda ese final con las palabras del propio Hurbert Selby Jr.: "Se abrazaron y se besaron. Y el uno arrinconó la oscuridad del otro, creyendo en la luz del otro, creyendo en el sueño del otro". Y nos queda este final de la película con su Lux Aeterna.