Se cifra en 1.057.816 billones de euros la inversión realizada en salud por los 28 países de la Unión Europea (UE) en 2015, lo que significa un incremento del 4,3% con respecto al año anterior. Esta cifra supone un 7,2% del Producto Interior Bruto (PIB), una cifra que se ha venido manteniendo en los últimos 4 años. Este porcentaje se desgrana como un 3,4% del PIB en servicios hospitalarios, 2,2% en primaria y alrededor del 1% para adquisición de medicamentos y tecnologías.
La situación de España nos sitúa un punto por debajo de la media, con un gasto de España en salud del 6,2% del PIB. En este ránking, Dinamarca lo encabeza con una inversión en salud del 8,6% del PIB, seguido de Francias (8,2%), Holanda y Austria (8,0%), Bélgica (7,75), República Checa y Reino Unido (7,6%). Con un 6,2%, España se sitúa casi en la mitad de la tabla, en la posición 15 de los 28 países de la UE, posición compartida con Portugal.
Y en relación con el gasto por habitantes, Luxemburgo lidera esta clasificación, con 4.112 euros destinados a salud por persona, seguidos de Dinamarca (4.094), Países Bajos (3.194), Suecia (3.170), Austria (3.149), Irlanda (3.138) y Reino Unido (3.020). En España el gasto público en sanidad se situó en 1.464 euros por habitante. Por debajo de la media también se sitúan los siguientes países: Italia (1.839 euros), Malta (1.275), Eslovenia (1.128), Portugal (1.011), Eslovaquia (811), Grecia (805), Estonia (742) y Chipre (676).
Este el panorama. Un panorama francamente mejorable y la ecuación es fácil: más entradas (con una mejor economía y más PIB aplicado a sanidad) y menos salidas (mejor control del gasto, pura gestión y un principio bioético claro: "el coste oportunidad"). Muchas cosas a mejorar en sanidad y, por ende, en nuestra economía. Tiempos de esfuerzo colectivo, no momentos de experimentos que pongan en peligro nuestro sistema económico. Porque en las decisiones políticas y económicas nos jugamos mucho: también la salud.
