lunes, 21 de julio de 2014

Prevención cuaternaria en Pediatría (1): Prevención cuaternaria en los cribados neonatales


La creciente capacidad de la medicina para producir más iatrogenia que nunca y el riesgo de insostenibilidad de los sistemas sanitarios, han generado en los países desarrollados un nuevo concepto de prevención: la prevención cuaternaria, cuyo objetivo es contener la medicalización. La prevención cuaternaria es imprescindible en el fenómeno llamado disease mongering que podría traducirse por mercantilización de las enfermedades. 

Un tema de tanto interés y tanta actualidad fue tratado en el pasado CONGRESO EXTRAORDINARIO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PEDIATRÍA (Centenario del Primer Congreso Español de Pediatría y II Congreso Extraordinario Latinoamericano de Pediatría), celebrado en Madrid, 5-7 Junio 2.014, en una Mesa redonda y bajo este título: “Prevención cuaternaria en Pediatría: primum non nocere”
Se realizaron tres ponencias, cuya presentación publicaremos consecutivamente en el blog, con el visto bueno y colaboración de sus autores. Porque la Mesa redonda tuvo una buena acogida y un buen debate, pero consideramos que ese debate debe ser visible y continuo. 

La primera ponencia llevó por título "Aspectos éticos del programa de cribado neonatal" y su autora es la Dra Isolina Riaño, jefe de servicio de Pediatría del Hospital de San Agustín (Avilés, Asturia) y Magister en Bioética. 

Las pruebas de cribado neonatal y su expansión son un reflejo de los avances de la medicina. En los últimos años, con el desarrollo de la espectrometría de masas en tándem, se ha producido un salto cualitativo y cuantitativo en los programas de cribado neonatal. Las plataformas de "alto rendimiento" permiten detectar en un solo análisis más de 50 enfermedades genéticas distintas en una única muestra de sangre: un avance tecnológico que hace que las posibilidades para identificar cualquier alteración genética sean prácticamente ilimitadas. 
La incorporación de los cribados ampliados se ha producido de forma desigual (algunas comunidades autónomas realizan cribado para dos enfermedades mientras otras lo hacen en torno a 20, hecho que supone una enorme inequidad) y en ocasiones sin evidencia de su eficacia. Los entusiastas de ampliar al máximo el cribado neonatal argumentan que dado que la tecnología está disponible, debe ser utilizada (alabado sea el imperativo tecnológico: una muestra, un análisis, múltiples diagnósticos), sin reflexionar sobre los aspectos más controvertidos y no exentos de polémica , en primer lugar la pertinencia del propio programa del cribado. 

Sobre esto versa la ponencia adjunta. Porque en definitiva, desde una ética de la responsabilidad, nuestra obligación es tomar decisiones basadas en la evidencia disponible, considerando el coste oportunidad y la distribución justa de costes y beneficios-riesgos. La oferta de intervenciones de cribado cuya eficacia no esté demostrada puede ser maleficente e injusta. La avalancha de información obtenida en primeras etapas de la vida (incluso prenatal) no está exenta de conflictos éticos y sociales. 

En una sociedad plural, la toma de decisiones sobre el uso de las tecnologías sanitarias debe conjugar factores como los valores para mejorar el bienestar de los ciudadanos, apoyándose en las evidencias científicas, los principios éticos y en la oportunidad de los costes. Y un ejemplo paradigmático son los cribados neonatales y su progresiva ampliación.