sábado, 3 de enero de 2015

Cine y Pediatría (260). “Electrick Children”, el embarazo como metáfora de libertad y misticismo


El embarazo, el parto y la maternidad son temas recurrentes en el séptimo arte. Y lo son desde un punto de vista trágico, cómico y tragicómico, desde largometrajes clásicos a películas documentales, desde películas de ficción a obras con valores, emociones y reflexiones. En Cine y Pediatría, además, estos temas han ocupado un lugar preferente alrededor de la adolescencia. Pero la película de hoy, con el embarazo de un adolescente como protagonista, adquiere una nueva dimensión, entre el misticismo religioso y la libertad del individuo, una película con esencia de cine indie, cine de autor con todas sus peculiaridades, abierto a diferentes interpretaciones, pero no inapropiada en una época mística como es la Navidad que nos rodea. Una película en la que hay que seguir a ciegas los consejos de los niños protagonistas de Un puente hacia Terabithia: “Tú cierra los ojos y abre bien la mente”

Hablamos de la ópera prima de la directora Rebecca Thomas, Electrick Children, una película del año 2012, pero que ha sido estrenada en España hace un mes. Un drama adolescente que fusiona géneros como el romántico o el religioso, como un metáfora en la que salen a la palestra diversas confrontaciones ideológicas y conceptuales como la libertad individual (representada aquí por el embarazo) frente a la religión con sus correspondientes restricciones y mandamientos de obligado cumplimiento (representada aquí por la comunidad mormona) o la tradición (con el matrimonio concertado por la familia para acallar la vergüenza de tener una hija embarazada) frente a la felicidad que supone el amor verdadero (de la protagonista con un skater). Realmente, la joven directora Rebecca Thomas recoge en esta película algunas de sus experiencias de niñez en una comunidad mormona con el fin de cuestionar la perversidad inherente a las religiones institucionalizadas, apostando por la experiencia mística como vivencia necesariamente personal e intransferible.

Electrick Children nos presenta a Rachel (Julia Garner), de 15 años, quien pertenece a una ortodoxa comunidad mormona de Utah que la ha mantenido apartada siempre de cualquier contacto maligno con el exterior, una vida fundamentada en el hermetismo religioso. Sin embargo, una noche, la curiosidad (alimentada por una enigmática historia que su madre suele contarle antes de dormir a ella y sus hermanos) la lleva al éxtasis cuando descubre y escucha una vieja canción de rock and roll en una olvidada cinta de cassette. Sin noticias de la menstruación a los tres meses, Rachel intenta convencer a su familia de que la voz del desconocido cantante la dejó embarazada. Ella lo achaca al milagro de la Inmaculada Concepción, pero su familia, avergonzada, le niega este hecho milagroso y le concierta un matrimonio. Pero ella se escapa en busca de respuestas, en un viaje iniciático para comprender el milagro de la concepción y para descubrir sus verdaderas raíces familiares mientras experimenta su primer amor. 

La expresiva cámara de Thomas logra imbuir de una rara magia a la búsqueda de la protagonista, a medio camino entre una fábula orgullosamente naif y el naturalismo costumbrista. Una apuesta difícil, si bien cabe reconocer el arrojo de la directora al atreverse con un tema así, al realizar un demoledor retrato del auge del fundamentalismo cristiano en Estados Unidos: instituciones moralmente restrictivas, pero regidas por un escepticismo ante lo milagroso que revela pronto que no es oro todo lo que reluce, mientras que personajes tan poco religiosos como la pandilla de skaters y, en concreto, el aspirante a novio, Clyde (Rory Culkin), será quien paradójicamente termine por defender la inmaculada concepción de Rachel, movido por el amor. 

Uno de los éxitos de la película es la elección de Julia Garner como actriz principal, pues ella ya había adquirido caché en el mercado indie cinematográfico gracias a su participación en algunos títulos referentes del género como Martha Marcy May Marlene (Sean Durkin, 2011) o Las ventajas de ser un marginado (Stephen Schbosky, 2012). Aquí consigue, con su personaje de Rachel, un equilibrio casi imposible entre lo adorable y lo perturbador, con una imagen entre una modelo de Boticelli y una madonna de Rafael. Y lo hace en esta película que, para algún crítico, bien podría definirse como un cruce antinatura entre Yo te saludo, María (Jean Luc Godard, 1984) y la propia Martha Marcy May Marlene

La proximidad del estreno en España de tres películas como son la estadounidense Orígenes (Mike Cahill, 2014), la alemana Camino de la cruz (Dietrich Brüggemann, 2014), también interpretada por una adolescente sometida a los dictámenes del catolicismo, y nuestra Electrick Children viene a hablarnos de cómo, en medio de una crisis que es mucho más que una crisis económica, el escepticismo materialista predominante empieza a resquebrajarse para dejar paso a productos culturales que, con mayor o menor fortuna, proponen una revisión de los valores espirituales. No debería extrañarnos, por otra parte, que el interés por lo religioso resurja en tiempos de carencias e incertidumbres. Siempre es así… 

Quizá esta película, con el embarazo como metáfora de libertad y misticismo, sirva para reflexionar que vale la pena no esperar a tiempos de crisis para pensar que hay algo más allá de nuestras narices. Y no lo digo yo, también lo dice León Tolstói, y lo hizo mucho antes que su guerra y su paz: “No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo”.