sábado, 22 de julio de 2017

Cine y Pediatría (393). Cómo conseguir ser feliz en la infancia con "Un don excepcional"


Se denomina como niño prodigio a todo niño menor de 10 años que domina uno o más campos científicos o artísticos, siendo las matemáticas, el ajedrez y la música las áreas más habituales. También, de forma habitual, se utiliza ese término para las pequeñas estrellas musicales o del cine que alcanzan el éxito en la niñez, pero no llegan a la esencia de los primeros. 

La historia sitúa a Wolfgang Amadeus Mozart como el niño prodigio por antonomasia, pues se dice que con tan solo 5 años mostró una capacidad prodigiosa en el dominio de instrumentos de teclado y del violín y ya componía obras musicales, constatándose a los 8 años su primera sinfonía y a los 12 su primera ópera. A partir de ahí, otros niños extraordinarios más actuales, la mayoría de nombres poco conocidos. Por ejemplo, los estadounidenses William James Sidis alrededor de las matemáticas y lenguas, Jacob Barnett conocido como el Albert Einstein con autismo, y Gregory Smith en el mundo de las matemáticas; los indios Shakuntala Devi, conocida como la mujer computadora, y Akrit Jaswal, alrededor de la medicina y cirugía; el coreano Kim Ung-Yong en la física e ingeniería civil; etc. También Akiane Kramarik, joven artista que manifestó haber visitado el Cielo donde Jesús la ayudaría con un don para transmitir su mensaje a la humanidad, y que formaba parte de la historia de la película El cielo es real (Randall Wallace, 2014). 

Porque además de El cielo es real, otras películas de Cine y Pediatría han abordado este tema tan especial y sensible como son los niños prodigio: Spellbound, al pie de la letra (Jeffrey Blitz, 2002), Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2007), El último bailarín de Mao (Bruce Beresford, 2009) o El extraordinario viaje de T.S. Spivet (Jean-Pierre Jeunet, 2013). U otras películas emblemáticas como El pequeño Tate (Jodi Foster, 1991), En busca de Bobby Fischer (Steven Zaillian, 1993) o Vitus (Fredi M. Murer, 2006). Todas ellas se plantean cómo educar a un niño superdotado para conseguir que sea feliz con su don, un don que en no pocas ocasiones se transforma en una desdicha. 

Y hoy revisamos una película en cartel, bajo el título de Un don excepcional (Marc Webb, 2017), toda una aventura emocional de un pequeña heroína con poderes extraordinarios. Y para ello la obra cuenta con dos nombres avezados en el mundo de los héroes con poderes: su director, Marc Webb, quien, tras su aplaudida ópera prima, (500) Días juntos (2009), ha firmado las últimas obras de la saga del hombre araña, The Amazing Spider-Man (2012) y The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014); y su protagonista principal, Chris Evans, quien no solo ha sido la Antorcha Humana en Los 4 Fantásticos, sino también El Capitán América de Los Vengadores. Pero ahora se reúne para hablar de una superheroína especial, una niña con un don excepcional, una superdotada de las matemáticas y que le viene de familia. 

Frank Adler (Chris Evans) es un hombre soltero que está criando a su sobrina Mary (Mckenna Grace, extraordinaria en su papel), una niña de siete años con unas extraordinarias habilidades para las matemáticas. Algo que causa la admiración de sus profesoras ("Creo que su sobrina es superdotada") y quienes quieren dirigir la enseñanza de la niña en colegios especiales. Frank intenta que su sobrina lleve una vida normal, como cualquier niño de su edad, y que disfrute de su infancia, algo que no le ocurrió a su madre Diane, la hermana de Frank: "Le prometí a mi hermana que Mary tendría una vida normal. Estará mejor aquí".  Un niña desdentada que vive con un gato tuerto de nombre Fred, que oye los consejos de su tío ("Tú solo intenta ser una niña") mientras practica casi sin querer el método Trachtenberg de cálculo mental y combinarlo con lo que sería normal para su edad: "No veo la tele, pero me enganché a Bob Esponja".
Pero estos deseos del tío, no son los de la abuela Evelyn (Lindsay Duncan) quien tiene otros planes para la niña y pretende potenciar sus habilidades para conseguir lo que su hija, y madre de Mary, no llegó a lograr (o quizás sí): desvelar uno de los 7 Problemas del Milenio, concretamente la resolución del problema de Navier-Stokes. Como consecuencia, Frank y Evelyn luchan en los juzgados por su custodia, pero que en el fondo es una disputa por el futuro de la niña y la orientación de su vida, donde hay que decidir por integrarse o destacar, apostar por adaptarse a una vida normal (¿qué es "normal"?) o convivir con los anormal de su don excepcional: "Fran dice que no debo corregir a los mayores. A nadie le gustan las empollonas...".

Un don excepcional se ve muy bien, y se recomienda mejor, con escenas divertidas y otras emotivas: muy aconsejable para pediatras - y para todos - la de la la sala de espera de un hospital en espera de la reacción de los familiares ante un nuevo recién nacido en la familia. Y, además, la película nos acerca al menos a dos temas a destacar: aborda los Problemas del Milenio, algo desconocido para la mayoría que no nos movemos en el fascinante mundo de las matemáticas; y vuelve a plantearnos la pregunta sobre cómo actuar ante un niño superdotado. 

Los Problemas del Milenio son siete problemas matemáticos considerados por los asesores del Clay Mathematics Institute (CMI) como los más decisivos de las matemáticas del siglo XX: P versus NP, la conjetura de Hodge, la conjetura de Poincaré, la hipótesis de Riemann, existencia de Yang-Mills y del salto de masa, las ecuaciones de Navier-Stokes y la conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer. A principios de 2017, únicamente uno de estos problemas ha sido resuelto, la hipótesis de Poincaré y lo fue por el matemático ruso Grigori Perelmán. La resolución de la hipótesis de Poincaré hizo que se le concediera la Medalla Fields, considerada el mayor honor al que puede aspirar un matemático, premio que rechazó. Los Problemas del Milenio salieron a la luz de una manera espectacular y llamativa, pero la principal intención del CMI al proponer un premio de un millón de dólares a quien resolviera cada uno de los 7 problemas no era hacer de las matemáticas un espectáculo, sino elevar a la conciencia del público general el hecho de que en esta ciencia la frontera aun está abierta y llena de importantes problemas por resolver, problemas dignos de ser pensados por todos aquellos que aman el saber y la razón. 

Curiosamente en Un don excepcional se nos acerca a este tema y a la posible resolución del problema de Navier-Stokes, algo que resultaba vital para una abuela amante de las matemáticas que había tenido una hija y una nieta con ese don excepcional. Pero quizás el problema el milenio no sea ese, sino cómo manejar la educación y crianza de los niños superdotados, pues son personas a tener muy en cuenta y que merecen nuestra atención y cuidado respecto a su integración social, familiar y personal, respecto a su estima y su autoestima.  Y así lo resume Frank al final de la película: "Diane quería que Mary fuera una niña, que jugara y tuviera una vida feliz".

Porque al final, el verdadero problema del milenio para esta familia es qué hacer con Mary, qué hacer con los niños superdotados. Ya vimos hace tiempo una película similar (pero distinta), con otra protagonista infantil que nos encandiló y bajo el título de ¿Qué hacemos con Maisie? (Scott McGehee y David Siegel, 2013). Esta película pregunta ¿qué hacemos con Mary? y nos ayuda a reflexionar sobre ello, sobre cómo conseguir ser feliz en la infancia con un don excepcional.

 

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