sábado, 5 de junio de 2021

Cine y Pediatría (595) “Yo, adolescente”… la depresión y mis consecuencias


La semana pasada clausuré el XXV Congreso de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA), celebrado en Pamplona. Y lo hice con el tema “El cine y la adolescencia”, desde la reivindicación a la oportunidad. Porque reivindicamos la adolescencia como género cinematográfico, pues son centenares las películas al respecto que se pueden prescribir en la familia, centros educativos, pediatras y al propio adolescente como una oportunidad para mejorar la comunicación y educación. Son varios los artículos que hemos publicado al respecto, tanto en Revista de Pediatría de Atención Primaria como en Making Of (parte 1 y parte 2).   

Películas de todas las épocas y todos los países. Y hoy acude un título más, la reciente película argentina Yo, adolescente (Lucas Santa Ana, 2019), un título bien significativo. Una película basada en un diario fotolog donde Nicolás Zamorano “Zabo” narraba sus historias de adolescente; más tarde, este blog se convirtió en libro, para acabar llegando a la pantalla de la mano de Netflix. Una historia que abarca en sucesivas fechas desde el 30 de diciembre de 2004, cuando Zabo aún tiene 15 años, y hasta que cumple los 17 años. Una historia que tiene lugar en el Parque Chacabuco de la ciudad de Buenos Aires en el periodo conocido como post-Cromañón. Y está claro que no estamos hablando de una etapa prehistórica…, porque a buen seguro que Buenos Aires y Argentina no olvidan esa fecha.

Porque la tragedia de Cromañón fue un incendio producido la noche del 30 de diciembre de 2004 en República Cromañón, establecimiento ubicado en el barrio de Once de la ciudad de Buenos Aires, durante un recital de la banda de rock Callejeros. Este incendio provocó la peor tragedia mundial en la historia de la música de rock y una de las mayores tragedias no naturales en Argentina, dejando un saldo de 194 muertos y al menos 1432 heridos. Esta tragedia causó importantes cambios políticos y culturales en el periodo post-Cromañón: en lo político, hubo destituciones desde distintos estamentos, y desde lo cultural se revisaron el estado de las discotecas y otros locales, lo que resultó en la clausura de una gran cantidad de ellos. 

Nuestra película empieza la noche de esa tragedia. “Zabo” (interpretado por Renato Quattordio) ha acudido con un amigo a un concierto en otra sala de fiestas y se entera del suceso por una llamada de su madre que, angustiada, le pregunta dónde está. Una semana más tarde “Zabo” se entera de que su mejor amigo Pol se suicidó el día después de la tragedia de Cromañón. Ese fue el peor comienzo de un año para él (y para muchos argentinos) y Zabo decide descargar sus problemas de típico adolescente, su despertar sexual (con un peculiar bisexualidad) y el trauma provocado por la muerte de Pol en un fotolog llamado “Yo, adolescente“. Y así comienza: “Quiero documentar todo lo que pienso, siento y observo. Voy a escribir por si alguien se siente identificado con lo que digo, sepa que no está solo en esto. Aunque debiera aceptar que el que busca no sentirse tan solo soy yo”

Y a lo largo de un año y medio, marcado por fechas concretas (5 de febrero del 2005, 22 de julio del 2005, 31 de diciembre de 2005, 30 de enero del 2006… y seis meses después), vamos conociendo a sus amigos (Pol, Lucho, Camila, Checho, Tomás, María, Ramiro, Tina), esos adolescentes que él se autodefine como “somos la urgencia en carne viva, no pensamos demasiado en el mañana”. Y debido al cierre de las discotecas por las autoridades, crean un lugar alternativo para sus fiestas en un solar abandonado, donde el alcohol, el tabaco y otras drogas se mezclan con sus iniciales relaciones de pareja. Zabo realiza un listado de su chica ideal, pero a todas les falta algo y es cuando se dice a sí mismo “mi chica ideal no puede ser un chico”. Y se debate con sus sucesivos fracasos amorosos con Pol, con María, con Tomás, con Ramiro y con Tina, incluyendo el embarazo de esta última. 

Y Zabo les expresa en ocasiones que va a morir pronto, mientras sigue escribiendo su blog. Y en el primer aniversario del Cromañón escribe: “Se cumple un año de la muerte de Pol. Todos estábamos más grandes, más fuertes, con menos inocencia”. Y un amigo le dice preocupado: “¿Estás enfadado con la vida?...Ten cuidado entonces. Si te metes con la vida, te haces amigo de la muerte”. Y es en el día de su 17 cumpleaños cuando brindan con el “celebramos el estar vivos, el ser jóvenes”; pero recibe mensajes de todos, menos de sus amigos amantes, y por ello escribe en su bitácora: “Posdata. Váyanse todos a la reconcha de su madre”. Y en ese momento desempolva los recuerdos de Pol y lee sus consejos escritos, mientras aparecen las lágrimas: “Tenés mucha gente que te quiere, a la que le importás aunque vos crea que no. A veces la tristeza es tan profunda que eso no se llega a valorar”

Y al final – quizás un final que nos estalla en la cara -, un gran lapsus de seis meses después descubrimos que no superó la tristeza de su depresión. Y su suicido hizo que los padres descubrieran a su hijo en los pensamientos de su blog, y con ello comprenden que otros adolescentes pueden estar pasando lo que su hijo. Y esa imagen del ordenador con el texto: “Y ahora le pregunto yo a vos, que estás al otro lado: ¿cómo estás?”. Porque aunque no se menciona hasta muy el final, el tema principal con el que lidia nuestro adolescente es la depresión. Un mal que asola nuestro mundo y que puede ser más grave de lo que pensamos en un adolescente, pues se puede dar un cóctel del que no todos logran salir (baja autoestima, falta de comunicación, frustración, apatía, no aceptación por sus iguales, desorientación sexual, etc.). 

Porque a medida que se atraviesan las turbulentas transiciones de la adolescencia (físicas, psicológicas, emocionales, hormonales, sexuales, sociales, intelectuales), la presión y los problemas que enfrentan pueden ser abrumadores, y pueden aflorar distintos problemas. También la depresión. Y hay que estar atento a los signos de alarma, siendo clave que los padres (y también profesores) estén atentos a los cambios de conducta de sus hijos e hijas adolescentes, donde es fundamental una comunicación constantes, abierta y honesta

Y de ello nos hace reflexionar Yo, adolescente. Una película que comienza con una tragedia colectiva y finaliza con una tragedia particular.

 

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