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jueves, 26 de mayo de 2011

¿Cuál es el mejor tratamiento de la parálisis facial de Bell?


La parálisis facial periférica idiopática o parálisis de Bell (o primaria o a frigore) es aquella que se presenta de comienzo agudo y su causa no es claramente conocida; se ha asociado con el enfriamiento brusco del rostro (parálisis a frigore), aunque actualmente la etiología se atribuye a un proceso inflamatorio en el nervio debido a una infección viral (particularmente de la familia herpes virus).

En la serie "Preguntas y respuestas en farmacología clínica" (de la que ya hemos hablado en el blog), Pallavicini y cols han contestado a la pregunta sobre la eficacia de los glucocorticoides y antivirales en el tratamiento de la parálisis de Bell.

Las conclusiones se fundamentan, principalmente, en 2 ensayos clínicos (Sulllivan y cols, 2009 y Engström y cols, 2008) y en 2 revisiones sistemáticas de la Colaboración Cochrane (Lochart y cols, 2009 y Salinas y cols, 2010):

-La mayor parte de los pacientes con parálisis de Bell se recupera de forma espontánea, pero hasta un 30% presenta algún tipo de secuela sin tratamiento.
-Se ha demostrado que el tratamiento con glucocorticoides iniciado en las primeras 72 hs del inicio de los síntomas reduce el riesgo de presentar secuelas, y que por cada 11 pacientes tratados con glucocorticoides se consigue que uno más se recupere.
-No se han documentado efectos beneficiosos con el tratamiento antiviral, solo o añadido a glucocorticoides. Es posible que, si el virus del herpes tiene un papel etiológico, ya no esté en plena replicación cuando se manifiesta clínicamente la lesión que pueda haber sufrido el nervio facial como respuesta a la infección.
-Por tanto, con los datos actualmente disponibles, el tratamiento se debería basar en medidas de protección física ocular y glucocorticoides. La pauta de estos ha variado en los distintos ensayos clínicos, pero es de destacar que su eficacia se apoya sobre todo en los dos ensayos publicados más recientemente, en que se ha utilizado prednisolona por vía oral durante 10 días, ya sea 25 mg cada 12 h o bien 60 mg al día los primeros 5 días, con un descenso progresivo en los días siguientes (o su equivalente en Pediatría, normalmente 1-2 mg/Kg/día).

Las pruebas son sólidas; la pregunta siguiente es clara: ¿aplicamos la evidencia a la práctica clínica?. Un reciente artículo publicado en Anales de Pediatría por Monge Galindo y cols realiza un audit del protocolo de manejo de la parálisis de Bell en pediatría. El trabajo mediante protocolos basados en pruebas científicas actualizadas y su autoevaluación constituyen un instrumento para disminuir la variabilidad y optimizar la práctica asistencial, representando un método de primer orden en la formación médica

martes, 28 de julio de 2009

Asma: ¿Son seguros los beta-2 de larga duración?

En la última actualización de la base de datos de revisiones sistemáticas de la Colaboración Cochrane (la tercera de este año) se ha incluido una interesantísima revisión sistemática que evalúa los posibles efectos adversos de la combinación corticoides inhalados más beta-2 de larga duración frente a sólo corticoides inhalados (misma dosis o doble dosis).

El tema es interesante, por cuanto en 2006 se publicó un meta-análisis en la revista Annals of Internal Medicine, que levantó una importante polémica. Los autores de aquel meta-análisis concluían que el uso de beta-2 de larga duración podía producir un incremento de las reagudizaciones de la enfermedad, graves e incluso mortales. Este estudio fue objeto de valoración crítica en su día en la revista "Evidencias en Pediatría", siendo también objeto de una editorial de recomendable lectura. En este estudio, los autores incluyeron algunos ensayos en los que un porcentaje no pequeño de pacientes recibieron tratamiento de mantenimiento de la enfermedad con sólo beta-2 (sin corticoides asociados). La lectura crítica de este estudio recomendaba no emplear nunca los beta-2 de larga duración como única opción terapéutica para controlar la sintomatología del asma. Cuando están indicados siempre han de asociarse a corticoides inhalados.

La revisión sistemática de la Colaboración Cochrane apunta en esta dirección. La revisión incluye tanto a adultos como a niños, realiza un análisis separado para ambos grupos de edad y no incluye a pacientes con tratamiento de mantenimiento sólo con beta-2 de larga duración, opción terapéutica, por otra parte, no recomendada en ninguna de las guías de práctica clínica sobre el tratamiento del asma. No existieron diferencias entre los tres grupos de comparación en cuanto a fallecimientos o efectos adversos graves relacionados con la enfermedad.

Así que, como indicaba acertadamente el Dr. Luis García-Marcos en su editorial de "Evidencias en Pediaría", "la lección a extraer de esta polémica es que no debe administrarse un agonista beta 2 de acción prolongada sin un corticoide inhalado, y que esta combinación debe reservarse para el asma persistente (moderada o grave). Me temo que esta afirmación tiene todos los aires de un “déjà vu” colectivo, porque muchos creemos haber experimentado previamente la situación. Los datos de que disponemos hasta ahora nos inclinan a afirmar que no hay que proscribir los ABAP: hay que prescribirlos… correctamente."

Por cierto: la tercera actualización de la base de datos de revisiones sistemáticas de la Colaboración Cochrane viene repleta de estudios muy interesantes, tanto nuevos como actualizados. Se puede acceder al resumen de todos ellos a través de la web NHS e Evidenc- child health, un recurso, por cierto, muy recomendable para todos los pediatras.