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lunes, 21 de septiembre de 2026

Historia de las epidemias en España y sus colonias


El libro titulado “Historia de las epidemias en España y sus colonias” nos ofrece un recorrido exhaustivo por la historia de las epidemias en España y sus colonias, abarcando desde la devastadora peste megra de 1348 hasta principios del siglo XX. El autor, José Luis Betrán Moya, profesor titular de Historia Moderna, analiza en sus más de 300 páginas cómo estas crisis sanitarias transformaron la demografía, la economía y las estructuras sociales, provocando reacciones que oscilaban entre el fervor religioso y la búsqueda de culpables. Se detalla la evolución del conocimiento médico, destacando el paso de las explicaciones providencialistas y astrales hacia el descubrimiento científico de patógenos como la Yersinia pestis. Además, la obra examina el impacto de otras enfermedades como el tifus, el cólera y la viruela, subrayando la persistente desigualdad social ante la muerte. Finalmente, el relato conecta las plagas del pasado con los desafíos de la globalización moderna, advirtiendo sobre el resurgimiento de la intolerancia ante nuevas amenazas biológicas. 

De aconsejable lectura, resumimos algunos apartados de interés. 

a) La peste en la Península Ibérica (siglos XIV-XVII) 

La peste bubónica fue la enfermedad epidémica dominante en España desde su llegada en 1348 hasta finales del siglo XVII. Tras la Peste Negra inicial, que se propagó rápidamente por Italia y Francia antes de alcanzar la península, España experimentó brotes recurrentes durante los siglos XV, XVI y XVII. 

El siglo XVI transcurrió con la presencia casi permanente de la peste en las riberas del Mediterráneo. En 1507 murieron aproximadamente 30.000 personas, y entre 1521 y 1523 la enfermedad afectó Valencia, Sevilla y Córdoba. La segunda mitad del siglo XVI trajo nuevos brotes: en 1557 afectó a toda la costa catalana, extendiéndose posteriormente por Aragón y Castilla, coincidiendo además con epidemias de tifus exantemático (conocido como «tabardillo»). 

El periodo más catastrófico llegó entre 1596 y 1602, cuando una epidemia de peste afectó a casi toda la península y causó alrededor de medio millón de muertos. Esta fue la primera de las tres grandes pestes del siglo XVII, que en conjunto produjeron al menos 1.250.000 muertos en un Estado español de aproximadamente siete millones de habitantes. 

La segunda gran peste del XVII (1647-1652) tuvo especial virulencia en Valencia, donde fallecieron 16.000 personas, y en Sevilla, donde se estima que murió el 45% de la población. La tercera y última gran epidemia pestífera comenzó en 1676 en el puerto de Cartagena tras el desembarco de ropas procedentes de Inglaterra, afectando gravemente a ciudades andaluzas como Sevilla, Córdoba, Málaga, Cádiz y Jaén, además de Cartagena en el Reino de Murcia. 

A partir de las grandes epidemias de peste de finales del siglo XVII, esta enfermedad abandonó España. En el siglo XVIII solo hubo episodios menores, siendo los más importantes los de Cádiz (1730-1731) y Málaga (1741). 

b) Epidemias en las colonias americanas 

La llegada de los europeos a América desencadenó una catástrofe demográfica sin precedentes debido a las enfermedades infecciosas que los colonizadores trajeron consigo. Los indígenas americanos no tenían inmunidad previa a virus como la viruela, el sarampión o la influenza, lo que provocó mortalidades masivas. 

El primer brote documentado de viruela en América ocurrió en 1518 en La Española (Santo Domingo), matando «casi la tercera parte de los indios» de la isla según testimonios de frailes jerónimos. A lo largo de los siglos siguientes, las epidemias se sucedieron de forma casi continua. Se han identificado cerca de 2.000 epidemias ocurridas en América desde 1492 hasta 1898, con identificación del agente causal y sus efectos demográficos. 

La viruela fue la enfermedad más devastadora, aunque también causaron estragos el sarampión, la influenza, el tifus y otras infecciones. Estas epidemias, combinadas con otros factores como la explotación laboral y la desestructuración social, provocaron un colapso demográfico que algunos historiadores han utilizado para cuestionar la obra colonizadora española, aunque investigaciones recientes matizan esta interpretación. 

c) Filipinas: un patrón epidemiológico diferente 

El caso de Filipinas presenta un contraste notable con América. A diferencia de los indígenas americanos, los filipinos poseían inmunidad para virus como la influenza gracias a siglos de contacto previo con Asia continental. Esto, sumado a que Filipinas ya conocía enfermedades como la malaria y la viruela antes de la llegada de los españoles, resultó en una «colisión inmunológica» mucho menos devastadora. 

La población filipina, lejos de colapsar, experimentó un crecimiento demográfico sostenido durante el dominio español: pasó de aproximadamente 500.000 habitantes en 1521 a cerca de 7.500.000 en 1898, con una tasa de crecimiento anual cercana al 1%. No obstante, hubo brotes epidémicos periódicos: los años 1574, 1591 y 1595 fueron años de «peste» (viruelas), lo que indica que las circunstancias locales no permitían una inmunidad completamente eficiente. 

En el siglo XIX, los españoles residentes en el archipiélago enfrentaban sus propios desafíos sanitarios: hasta 1859, los recién llegados estaban expuestos al cólera, la disentería y otras enfermedades tropicales, además de la dificultad de adaptación al clima caluroso. Los brotes de cólera de 1882, 1883 y 1889, así como la malaria endémica, continuaron afectando la salud pública hasta el final del dominio español. 



d) El cólera y otras epidemias modernas (siglos XIX-XX) 

El cólera asiático llegó a España en 1831, marcando el inicio de una nueva era epidemiológica. De las seis pandemias de cólera conocidas entre 1817 y 1923, cuatro afectaron a la península. Entre 1833 y 1885, estas epidemias ocasionaron cerca de 800.000 muertes en una población de aproximadamente 15 millones de habitantes. 

La mortalidad del cólera no fue aún mayor gracias al trabajo de Jaime Ferrán i Clúa (1851-1929), quien desarrolló y ensayó una de las primeras vacunas contra esta enfermedad. Ferrán, médico catalán, aplicó su vacuna durante la epidemia de 1885, marcando un hito en la historia de la medicina preventiva española. 

Además del cólera, España enfrentó otras enfermedades infecciosas crónicas con impacto epidémico: la tuberculosis, el paludismo (especialmente en zonas costeras y del sur) y la gripe. La mal llamada gripe española de 1918-1919, aunque de origen incierto, causó una mortalidad extraordinaria en todo el mundo, incluida España. 

e) Impacto social y respuestas sanitarias 

Las epidemias transformaron profundamente la sociedad española y colonial. Durante el Antiguo Régimen, la respuesta ante la «pestilencia» combinaba medidas de huida («huir de la pestilencia es buena ciencia», aconsejaba en 1616 el médico Juan Sorapan de Rieros) con cuarentenas, cordones sanitarios y la creación de lazaretos. 

En las colonias americanas, el impacto demográfico de las epidemias fue tan profundo que reconfiguró completamente la estructura social, económica y política de los virreinatos. La despoblación indígena forzó la importación de mano de obra esclava africana y aceleró procesos de mestizaje y transformación cultural. 

En Filipinas, la menor virulencia de las epidemias permitió una continuidad demográfica y cultural más estable, aunque los españoles residentes enfrentaron constantemente el desafío de las enfermedades tropicales. 

Con estas cuestiones abordadas se intenta inducir a la lectura de este libro, de verdadero interés para los profesionales sanitarios como cultura e historia de la Medicina. 

En este blog ya hemos hablado de epidemias, tanto desde el punto de vista de la ciencia como del séptimo arte.  





sábado, 24 de diciembre de 2016

Cine y Pediatría (363). Los "22 ángeles" de la vacuna de la viruela


En la ciudad de Alicante, a muy pocos pasos de su Explanada de España, existe una coqueta plaza que se llama Plaza del Doctor Balmis. Asimismo, a la entrada de la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández, en el campus de San Juan, allí donde acudimos a dar clase a nuestros alumnos, podemos contemplar un busto que pertenece a Francisco Javier Balmis. Un gran personaje para la pediatría y para la vacunología, pero que solo en los últimos años una serie de novelas y películas intentan sacar del olvido su nombre y su epopeya. 

Porque Francisco Javier de Balmis y Berenguer nació en Alicante en el año 1753 y fue un médico militar español y cirujano honorario de la corte del rey Carlos IV. Su nombre ha quedado vinculado a la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (conocida como Expedición Balmis, en su honor) que realizó hacia las posesiones españolas de América y Filipinas para difundir la vacuna de la viruela, un hito en la historia de la medicina y que fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1814 (y se considera la primera expedición sanitaria internacional de la historia). 

Corría el año 1796 cuando, durante el momento de mayor extensión del virus de la viruela en Europa, un médico rural de Inglaterra, Edward Jenner, observó que las lecheras adquirían ocasionalmente una especie de "viruela de vaca" o "viruela vacuna". Tomó suero de esta viruela vacuna y consiguió inocular a James Philips, un niño de 8 años, que mostró una viruela mucho más leve cuando la padeció. Rápidamente el método de Jenner se difundió por Europa, y Francisco Javier de Balmis traduce al español el libro donde se detallaba el procedimiento para vacunar. Cinco años después de la publicación de este descubrimiento, en 1803, el rey de España Carlos IV, que había perdido a una de sus hijas por la viruela, María Teresa, aconsejado por su médico de corte Balmis, mandó organizar una expedición para extender la vacuna a todos los dominios de Ultramar (América y Filipinas). Uno de los principales problemas que se presentaron a la hora de idear la expedición fue cómo conseguir que la vacuna resistiese todo el trayecto en perfecto estado. La solución se le ocurrió al mismo Balmis: llevar en el viaje a un número de niños, e ir pasando cada cierto tiempo la vacuna de uno a otro, mediante el contacto de las heridas. 

Y aquí comienza nuestra historia, nuestras novelas y nuestra película: 22 ángeles (Miguel Bardem, 2016), una película de Televisión Española cuyo guión se basa en la novela "Los Ángeles Custodios" de Almudena de Arteaga (2010). Aunque existen otras cuatro novelas sobre este apasionante y apasionado tema: "Para salvar el mundo" de Julia Álvarez (2007), "Los hijos del cielo" de Luis Miguel Ariza (2010), "Los héroes olvidados" de Antonio Villanueva Edo (2011) y "A flor de piel" de Javier Moro (2015). Pero también la propia Asociación Española de Pediatría tienen una monografía al respecto de mis compañeros Emilio Balaguer y Rosa Ballester: "En el nombre de los Niños. Real Expedición Filantrópica de la Vacuna 1803-1806" (2003).

Y 22 ángeles nos cuenta cómo la operación partió desde La Coruña con el navío María Pita que llevaba a 22 niños huérfanos (de entre 8 y 10 años) que serían inoculados, brazo a brazo, con la vacuna que aún vivia en su cuerpo. Esos niños fueron los principales protagonistas del viaje (los "22 ángeles"), junto al Dr. Balmis (interpretado por Pedro Casablanc), el segundo cirujano, Dr. José Salvany (interpretado por Octavi Pujades) y la rectora del orfanato Casa de Expósitos de La Coruña (de donde procedían los niños huérfanos), Isabel Zendal (interpretada por María Castro).

"La viruela llegó de nuestros barcos y de nuestros barcos debe llegar la solución" se nos dice en la película. Y así fue como brazo a brazo se trasladó a principios del siglo XIX la vacuna de la viruela desde España a sus colonias. Y la travesía fue dura, pero todo acabó bien. Y, aunque ya no se cuenta en la película, Isabel Zendal acabó fundando una escuela de enfermería que todavía sigue en funcionamiento en México y el presidente de la República aún entrega cada año un premio que lleva el nombre de Isabel, una personalidad española mucho más reconocida allí que en España. Casi como le estaba ocurriendo a Balmis.

Cabe recordar que, a partir del siglo XVII, el aumento de la virulencia de la enfermedad variolosa supuso una preocupación sanitaria de primer orden, es decir se transformó en una auténtica "enfermedad social" en todo el continente Europeo y en el Americano. Y esta película nos cuenta un hecho histórico sin precedentes en la historia de la vacunación (algo que, sin embargo, causa tanta polémica hoy en día) y procede de esta enfermedad, la viruela, cuyo nombre proviene del latín "variŭs" (variado, variopinto), y se refiere a los abultamientos que se presentan en la cara y en el cuerpo de una persona infectada. Según la OMS, en 1980 la viruela fue completamente erradicada. Y así es como la viruela y la peste bovina son las dos únicas enfermedades que han sido totalmente erradicadas de la naturaleza por el ser humano. Y es posible que esta buena nueva comenzara con estos 22 ángeles...

Y es posible que esta sea una bonita historia de ángeles para un noche como hoy, Nochebuena.

lunes, 22 de junio de 2015

Una expedición a la eternidad, a flor de piel


Francisco Javier de Balmis y Berenguer fue un médico alicantino cirujano honorario de la corte del rey Carlos IV. Su nombre ha quedado vinculado a la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (conocida como Expedición Balmis, en su honor) que realizó hacia las colonias españolas de América y Filipinas para difundir la vacuna de la viruela, un hito en la historia de la medicina. 

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803. De allí viajó a San Juan de Puerto Rico, Puerto Cabello, Cartagena de Indicas, Caracas, La Habana, Mérida, Veracruz y la Ciudad de México. La vacuna llegó a lugares tan lejanos como a Texas en el norte y a Nueva Granada en el sur. Aunque no el propio Balmis, otros miembros de su expedición, entre ellos el doctor Josep Salvany (otra alma mater de esta expedición), llevaron la vacuna a América del Sur y al sur bajo dominio español en el Pacífico. 

Fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1814. Su objetivo era en principio que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del por entonces Imperio español, ya que la alta mortandad del virus estaba ocasionando la muerte de miles de niños. Para que la vacunación fuera posible y llegará a América, Balmis inoculaba el virus a dos niños cada ciertos días, niños que embarcaron en la expedición y que fueron perpetuando la llegada del virus en las lesione de su piel. La linfa vacunal se conservó mediante el paso directo de persona a persona durante el viaje, concretamente 22 niños que habían padecido la viruela. 
De esta forma, se hacía algo por paliar la acción de los conquistadores de haber extendido la enfermedad a América a principios del siglo XVI (se cree que las epidemias de la viruela, tuvieron un importante papel en la destrucción del imperio azteca), ya que la introducción de la vacuna fue una de las misiones sanitarias más importantes de la historia, el primer ejemplo de campaña de vacunación masiva en la historia. 

Es así como Balmis se constituye en un referente de la vacunología en España. Y por ello, la Asociación Española de Pediatría constituyó el Premio Balmis en el año 2004 y lo hizo durante varias ediciones. Y de similar manera, para difundir y glosar la figura y la gesta del médico alicantino Francisco Javier Balmis, el Rotary Club Alicante instauró el mismo un premio similar en el año 2008.

Este fin de semana ha tenido lugar la concesión del VII Premio Balmis en Alicante, y tuvo un hecho particular de interés: la proyección de "Una expedición a la eternidad", un documental con el guión, la producción y la dirección del cineasta valenciano Carlos Ibáñez que narra la vida del insigne facultativo, así como las peripecias de su expedición. En dicha película documental se entrevista a historiadores como María José Baguena, Pablo Pérez, José Tuells, Emilio Soler y mi buena amiga, Rosa Ballester, Catedrática de Historia de la Medicina de la Universidad Miguel Hernández. 
Lo peculiar de este acto es que alrededor de esta figura tan emblemática en la pediatría (y más en estos momentos de aguzados movimientos antivacunas) y en Alicante, la cena de gala se ofreciera con carácter benéfico a nuestro Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario de Alicante, y en concreto al proyecto de Arteterapia, “Viajes del corazón al corazón”. 

Y a este Quijote alicantino de la medicina también se le acaba de dedicar una novela, “A flor de piel”, del novelista madrileño Javier Moro (que mientras escribo este post veo que se publicita ya en televisión). Porque Balmis no descubrió la vacuna de la viruela (honor que se atribuye a Edward Jenner), pero si llevó a cabo la misión humanitaria "más grande de la historia".