Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
La Unidad Central de Participación Ciudadana de la Policía Nacional ha unido su fuerza de difusión con la Web Familia y Salud de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), y con el apoyo de la Sociedad Española de Pediatría Social y la AEP, para ofrecer unos buenos consejos para un uso seguro y responsable de las nuevas tecnologías en la infancia. Y para ello han elaborado un documento, que podemos revisar en este enlace.
Los PROFESIONALES DE LA SALUD nos recuerdana los padres que el fomento de hábitos saludables y la educación en valores son los puntos de partida para un uso responsable de las nuevas tecnologías:
- Recuerda que eres el EJEMPLO a seguir para tus hijos.
- Fomenta hábitos de vida saludable.
- Respeta las horas de sueño.
- La igualdad de género empieza en el hogar.
- Fomenta actividades al aire libre y en familia.
- Fomenta la empatía, la igualdad y el respeto a los derechos de los demás.
Y la POLICÍA nos recomienda a los padres supervisar y educar a nuestros hijos en un uso seguro de las nuevas tecnologías:
- Pacta normas con tus hijos sobre el uso de las TIC.
- Supervisa lo que HACE tu hijo cada vez que se conecta a la RED.
- Comparte sus gustos y aficiones.
- Enséñale a navegar de forma responsable por internet.
- Sitúa los dispositivos electrónicos en un lugar de uso común.
Pero, también es muy importante que los ADOLESCENTES conozcan que...
- La seguridad empieza por usar contraseñas complejas.
- Lo que subes a la red, se queda en la red. No facilites información personal. Protege tu privacidad.
- No aceptes a personas desconocidas en tus redes sociales y aplicaciones.
- ¡Tapa tu Webcam! Podrían acceder a ella y conseguir imágenes tuyas.
- Respeta a los demás y no subas imágenes suyas sin permiso.
- Si tienes problemas pide ayuda y si eres víctima de un delito ¡DENUNCIA!
Son varias las películas que ya hemos comentado en Cine y Pediatría alrededor de la denuncia sobre los derechos de la mujer, principalmente en los países islámicos. En concreto varias ya las revisamos en la película turca Mustang (2015), una película que guarda un cierto parecido a nuestra película de hoy, la noruega El viaje de Nisha (2017).
Mustang es una película de Francia, dirigida por la directora de origen turco y nacionalizada francés Deniz Gamze Ergüven, y que tiene un carácter autobiográfico. Cuenta la historia de cinco hermanas huérfanas que viven en un pueblo del norte de Turquía, cinco hermosas jóvenes entre 13 y 19 años que vuelven a casa desde la escuela y juegan con los chicos de su colegio en la playa. Juegos tan simples como los que observamos crean la sombra de un libertinaje no admitido en esa sociedad, y lleva a que los tutores de estas hermanas (su abuela y un tío) conviertan poco a poco su hogar en una prisión con rejas en las ventanas, son retiradas del colegio y enclaustradas en su casa, convertidas en novias de futuros matrimonios de conveniencia, y todo por unos inocentes juegos con sus compañeros de escuela.
Por similitud hoy hablamos de una película tan impactante como la anterior: El viaje de Nisha, una película de Noruega, dirigida por la directora de origen paquistaní y nacionalizada noruega, Iram Haq, y que también tiene un carácter autobiográfico. Cuenta la historia de Nisha, una joven paquistaní que vive en Noruega entre sus amigos noruegos de una sociedad occidental y una familia paquistaní que mantienen la tradición de su país, una joven que, al igual que nuestra directora, sufrió el propio secuestro de su propia familia durante un par de años en Pakistán.
La primera imagen de la película, antes del título, nos presenta a Misha corriendo en la noche de Oslo, de regreso a casa, para intentar llegar a su cama a tiempo de que su padre apague las luces del hogar, mientras revisa el sueño de sus hijos. Y esa primera imagen nos marca quizás la angustia permanente de esta historia, que la visionamos con el corazón en un puño, quizás como se debió sentir su protagonista (y como quizás se sientan tantas mujeres alrededor de una tradición y un honor que gravita alrededor de la religión y cultura musulmana).
Porque a sus 16 años, la bella Nisha (sorprendente descubrimiento de Maria Mozhdah para el papel) vive en Oslo entre dos mundos: fuera de casa convive con sus amigos adolescentes en su Noruega natal, pero, de puertas para adentro, debe comportarse según los códigos culturales de su familia pakistaní. Su madre, Najma, es ama de casa, y su padre, Mirza, se gana la vida con una tienda de ultramarinos a las afueras de la capital, una de esas tiendas paquistanís que están abiertas a casi todas las horas del día, tan abiertas como cerradas sus mentes a la libertad de sus mujeres. Tiene dos hermanos, un varón mayor que ella al que se le permite una vida liberal y que desea ser doctor, y una hermana pequeña.
Ambos universos (el de fuera y dentro de casa) colisionarán en el momento en que su padre la sorprenda por la noche con un chico en su habitación y, además de pegarle una paliza a él, a ella se la lleva a su país de origen, según el consejo de toda su familia que le piden un castigo ejemplar: “Es importante acabar con este tipo de comportamiento de raíz”. La versión oficial y familiar, con la intención de evitar la investigación de Servicios Sociales, es que está en Pakistán para aprender la cultura de sus ancestros, pero, en realidad, la joven está retenida allí, a donde la lleva el padre tras recriminarle (“¿Te has dado cuenta de cuáles son las consecuencias de tus actos para nosotros…?”) y amenazarle (“Si vuelves a hacerlo, te mato yo mismo”). Desde el primer momento el supuesto amor del padre hacia su hija se transforma en toda una paradoja ante el peso de la tradición y el honor, y no es de extrañar la reacción cuando el padre se despide al dejarla junto a su familia: “¿No vas a darle un abrazo a tu padre? Solo quiero lo mejor para ti. Tú eres todo para mí”. El título original del filme, “Hva vil folk si (Qué dirá la gente)”, subraya la dimensión de aquella decisión del padre y la familia.
Misha tendrá que acostumbrarse a vivir en Pakistán, aunque intenta continuamente huir de allí. La angustia inicial se ve aliviada por la bondad y amistad de su prima, quien intenta animarla continuamente: “Has tenido un viaje muy largo… Eres mi mejor amiga”, “¿Qué estilo prefieres, el de Rihanna o el de Beyoncé?”, “Más vale que te tapes o los mosquitos del Dengue chuparán tu sangre extranjera”, “Vamos al tejado, hay muchas cometas en el aire”. Pese a todo, la adaptación inicial es complicada y su tía le recrimina, “¡Qué insolente, hablas demasiado!. ¿tus padres no te han enseñado valores?”, y su tío llega a quemarle el pasaporte y le dice “Ahora eres una de nuestras hijas”.
Lo cierto es que cuando lleva ya 8 meses allí sufre una especie de síndrome de Estocolmo (o por variación, de Islamabad), pues realmente no le queda más remedio, que adaptarse a las nuevas costumbres: a ir a la escuela de mujeres con el hijab, a rezar a las horas musulmanas, a comprar verduras en el mercado, a volar comentas en los tejados,… Incluso llega a enamorarse de su encantador primo, pero cuando son descubiertos por la policía besándose en la calle por la noche (una de las más crueles escenas), hace que también sea rechazada por esta familia y el padre debe volver a por ella, y en el regreso se provoca una escena aún más cruel que la anterior, porque somos testigos horripilados de cómo el mal entendido honor mancilla el nunca entendido amor.
Y una vez de vuelta a Oslo, los padres la vuelven a secuestrar, bajo amenazas a Nisha de que no diga nada a los Servicios Sociales que sospechan lo que ocurre: la cambian de colegio, la impiden ver a sus amigos y hablar por teléfono,… Y tiene que oír de su madre frases así: “Ahora ya nadie nos invita a sus bodas, ¿qué será lo siguiente?... Ojalá no hubieras nacido”. Y hasta que llega el pacto de su matrimonio con un desconocido y la pregunta: ¿Nisha, ¿tú también estás contenta?”… y su cara de angustia y sus lágrimas en silencio lo dicen todo.
Y todo ello nos lleva a un final antológico, pues mientras la hija huye por la ventana de noche, el padre – que lo estaba esperando – la observa desde la ventana de su habitación. Ella se aleja y desaparece, mientras la nieve sigue cayendo y nuestra sangre, como espectadores, se queda helada.
Porque El viaje de Nisha es una denuncia clara y contundente, donde su directora Iram Haq no tiene condescendencia ni con los personajes ni con el público, mostrando una dura realidad que al espectador le puede causar incomodidad, pero que forma parte de la realidad de muchos jóvenes europeos de origen musulmán. Porque Haq nos habla de su propia vida, de lo que padeció en su adolescencia, de ahí que la cineasta no tenga contemplación alguna en describir una realidad que conoce de primera mano. Eso le otorga al filme una dosis de realidad extra que, efectivamente, incomoda al ver a la protagonista ser obligada a entrar en un auténtico abismo, en una cárcel llamada honor familiar. Y es clave la magnífica interpretación de Maria Mozhdah, la actriz que rodó el filme con 17 años, y que nos transmite ese miedo constante, ese terror cotidiano, de forma idéntica a como lo hiciera el joven actor Thomas Gioria en Custodia compartida (Xavier Legrand, 2017).
Una película que conviene prescribir, pues ante tanto postureo político conviene como ciudadanos tomar conciencia de lo que es represión de verdad a la mujer de verdad, el maltrato sistematizado en virtud de la tradición y el supuesto honor. Y está ahí al lado... y a nuestro lado.
Podemos leer en Wikipedia la definición de prensa amarilla: “Es un tipo de periodismo que presenta noticias con titulares llamativos, escandalosos o exagerados para tratar de aumentar sus ventas, aunque por lo general estas noticias no cuenten con ninguna evidencia (o escasas) y sin una investigación bien definida”.
El término se originó durante la “batalla periodística” entre el diario New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearts y que ocurrió entre 1895 y 1898, tal como explicamos en el post previo. Fue el periódico New York Press el que acuño el término “amarillismo periodístico” para definir el trabajo de los personajes previos y a ello contribuyó el éxito del personaje The Yellow Kid en ambos diarios. Este mismo diario elaboró en 1989 el artículo “We called then Yellow because they are yellow” (el título es un juego de palabras, pues “yellow” en inglés significa tanto amarillo como cruel y cobarde).
Ejemplos de prensa amarilla existe en todos los países y en todos los entornos. Y se ha extendido a otros medios de comunicación, con la televisión como paradigma. En ocasiones hay una comunión entre los que emiten el mensaje y los que lo reciben, con sintonía en algunos factores como: 1) el gusto por el entretenimiento extremo por encima de la veracidad; 2) el gusto por los enfoques transgresores, sin reparar en aspectos éticos, morales o de valores; 3) la preferencia por las narrativas de acción en desmedro de una actitud más analítica.
Y así es como hasta los estudiantes de periodismo han estudiado, de forma simplista pero real, las dos categorías de periódicos: el serio y el amarillista (aunque hoy los límites hasta son más difíciles de determinar)
- El periodismo serio se caracteriza por la calidad de sus informaciones y de sus textos, que se publicaban cuando tenían detrás de sí al menos dos fuentes contrastadas, y que persiguen informar al lector a través de la razón. Ejemplos son The New York Times, The Washington Post, Frankfurter Allgemeine, Le Monde, El País, El Mundo, etc.
- El periodismo amarillista se caracteriza por buscar el sentimiento del lector, del que se busca una reacción inmediata, bien a través de los titulares o de los temas (las polémicas son un gran lugar de encuentro), sin que la constatación de que el rigor de la noticia sea clave. Ejemplos son The Sun, Der Bild, o extinta prensa de sucesos (El Caso) o revistas del corazón.
Lo que más molesta es que este tipo de dicotomía se plantee también entre el periodismo especializado y, en concreto, en el periodismo sanitario. He tenido la oportunidad de colaborar y formar parte de noticias de prestigiosos rotativos como Diario Médico, Gaceta Sanitaria, Diario Farmacéutico, por citar algunos. Pero una reciente experiencia con el rotativo Redacción Médica me lleva a expresar los hechos, los valores y los deberes de esta vivencia que, desgraciadamente, afecta a más profesionales que al que esto suscribe.
El 3 de noviembre aparece una noticia en Redacción Médica con este titular, “La AEP se disculpa tras 'meterse en un jardín' con la educación en Cataluña”, y en el que hay una mención expresa a mi persona (con nombre y apellidos), sin que en ningún momento el periodista contactara conmigo para contrastar los hechos en relación con un post personal publicado el día previo en el blog Pediatría basada en pruebas por título “El oxímoron de la educación en las escuelas en catalán”, un post, como todos los que realizo, basado en pruebas (cual es el título del blog, pues las evidencias me acompañan en mi carrera profesional y muchos otros matices, pero esa no es la cuestión), y que recibió algún insulto sectario -pocos y maleducados- de un pequeño número de pediatras desde Cataluña con una diferente visión de una realidad que conozco bien, pero que salvo los insultos no contrastaron con otras pruebas que desmintieran lo allí expresado.
Parece ser que la polémica en Twitter agudiza el sentido de algún periodista de este diario (luego comentaremos que hay toda una sección dedicada a ello), por lo que sacaron la noticia previa en busca de urgar en la herida (y si es posible remover la suciedad) y con una serie de errores como son:
- La AEP no tuvo nada que ver con el contenido, pues el contenido apareció en el blog Pediatría basada en pruebas y en su cabecera indica: "Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional". Hay muchos "retuits" y "compartir" que pueden aparecer en determinados foros y no tener nada que ver con ellos, salvo que alguien quiera sacar las cosas de quicio.
- En el final del artículo se indica "su autor es Javier González de Dios, especialista del Hospital General de Alicante y coeditor de la revista Evidencias en Pediatría. Hasta el momento, no se ha manifestado sobre la conveniencia o no de su polémico artículo" tiene un error craso, pues hace ya 5 años que no soy coeditor de la revista Evidencias en Pediatría (relación que, como explico adelante, no tiene ningún sentido).
- Y sobre la conveniencia de mi artículo, solo puedo reafirmarme, como lo hice en mi segundo post y como lo hago día a día ante los secesionistas y ante cualquier forma de maltrato infantil (también respecto a la educación programada): ellos, unos pocos pediatras -pocos, muy pocos y ruidosos - quisieron implicar a la AEP en esto y matar al mensajero. Aquí mi post aclaratorio bajo el título “La diferencia entre un blog personal y la opinión de un sociedad científica”.
Han pasado nueve meses de estos hechos y he podido analizar reposadamente la tendencia amarillista de este periódico sanitario en publicar los “zascas” que tanto gustan en los patios de vecinos y tan poco en la información de un medio científico. Los hay para todos los gustos, pero con una sistemática similar: les gusta los entrecomillados en el titular o texto con un lenguaje de andar por casa (en la noticia que me implica, lo de “meterse en un jardín” es muy poco respetable para mi persona y para la AEP), se fundamenta en las polémicas alrededor de Twitter y otras redes sociales (copiando frases y fotos en muchas ocasiones) y es posible que los aludidos nunca sean consultados sobre la conveniencia (o veracidad) de lo expuesto.
Y hay todas las que queráis, pues la mayoría de ellas vienen de una sección que llaman “Vírico” y que se puede seguir en Facebook o en Twitter, y si os dais una vuelta veréis que dejan a a la altura del betún a Pulitzer y Hearst (es lo que tienen las nuevas tecnologías…).
Reposado mi malestar en aquel noviembre de 2017 y revisado la trayectoria de este diario, me puse con contacto con ellos hace un mes, pues en el Código Deontológico de la revista indica (en su versión Ecuador, pues no he encontrado lo anterior en su versión España): “j) Cuando se hubiere cometido un error, SANITARIA2000 ECUADOR S.A. deberá reconocerlo y ofrecer a sus lectores la redacción adecuada y sus disculpas. Cuando se reciban solicitudes de aclaración, rectificación o réplica, se debe verificar si el reclamo tiene razón de ser y si la respuesta es positiva debe atenderse cuanto antes lo solicitado”.
Mi réplica tuvo lugar en junio de este año por correo electrónico a la revista y la respuesta de su Director de publicaciones fue que “nuevas formas de comunicación, como blogs, redes sociales y otros medios 'nuevos', que a nuestro juicio reflejan la realidad de manera tan fidedigna como otras vías tradicionales que conocíamos hasta ahora, y creemos que en muchas ocasiones no requieren de un 'recontacto' con la fuente para corroborar lo allí vertido por los propios protagonistas del sector sanitario”.
Estos son los hechos acaecidos contra mi persona (y otras) en este medio de comunicación sanitario.
Estos son sus valores del periodismo y mis valores como profesional y ciudadano: bien diferentes. Nadie pone en juicio la libertad de prensa, mientras no se vulnere el respeto a las personas. Recordemos que tradicionalmente se dice que "por la boca muere el pez" (uso ahora también el famoso entrecomillado), pero hoy podemos morir por el tweet mal digerido. Y si no, que se lo digan a algunos políticos o personajes públicos…
Y cada uno sabrá sus deberes. Los míos ya están en camino… y es denunciar este tipo de prensa, que a nadie beneficia. Porque además es cuestión de tiempo que tu nombre (amigo lector) también aparezca y sin tu permiso ni constatación de veracidad. Porque ya se definió hace 120 años: “We called then Yellow because they are yellow”.
Y no hay nada nuevo sobre la faz de la tierra: “Piensen en un buen titular que yo fabrico la noticia” Hearst/Pulitzer
Está claro que entre unos y otros me van a hacer coger manía a un color que estimaba: el amarillo.