sábado, 20 de diciembre de 2014

Cine y Pediatría (258). “Hombres, mujeres y niños”… internet y las nuevas tecnologías


Internet y las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) se han convertido en uno de los pilares de nuestras vidas. Ya casi nada se entiende sin la Red en nuestro siglo XXI. Y nada mejor que conocer algunos datos para darse cuenta de la realidad en la que nos toca vivir: 
- En el mundo un tercio de la población mundial es internauta (2.500 millones de personas, pero que crece tan rápido que cualquier cifra que demos queda automáticamente desactualizada); de media, un internauta pasa 23 horas al mes conectado; los sectores que más crecen en Internet son los medios sociales y el comercio electrónico 
- En España el 65% de los españoles son internautas (más de 30 millones) y un tercio de ellos se conectan a diario; la mayoría de los españoles tienen más de un dispositivo para conectarse a Internet (la media es 2). 

Con ello está apareciendo toda una generación que cree que la pantalla es lo real y nosotros somos virtuales (son los llamados “screenagers”); el 65% de los jóvenes entre 18 y 24 años (máximos usuarios) declaran que internet es un medio ideal y preferente para la información e, incluso, la formación. Pero internet, las nuevas TIC y redes sociales tienen sus luces y sus sombras en nuestras vidas, y está cambiando incluso nuestra manera de interrelación con la familia y los amigos, en el trabajo y en la sociedad. Y a este tema nos acerca la película Hombres, Mujeres y Niños (Jason Reitman, 2014), que ya en su cartel de promoción indica alguna clave y algún mensaje que atesora: “Descubre lo poco que conoces de la gente que conoces”

El irregular director canadiense Jason Reitman, quien alcanzó sus mayores cotas de popularidad en la industria hollywoodiense gracias a títulos con la importancia de Gracias por fumar (2005), Juno (una nominación al Oscar, pero el recuerdo de una película mítica gracias al guión de Diablo Cody y la magnética interpretación de Ellen Page) y Up in the Air (tres nominaciones más al Oscar), regresa a la gran pantalla con Hombres, mujeres y niños, una sólida reflexión sobre el mundo de Internet y cómo influye en nuestras vidas, en la educación de nuestros hijos, en la forma de integrarse en la sociedad, incidiendo en los peligros que emergen desde este foro de mayestáticas proporciones donde no hay censura de ningún tipo en su uso. 

Hombres, mujeres y niños narra la historia de un grupo de adolescentes de instituto y de sus padres intentando comprender las muchas maneras en que Internet ha cambiado sus relaciones, su comunicación, la imagen que tienen de sí mismos y de los demás, sus vidas amorosas y su forma de entender la vida. La película, que maneja la peligrosa voz en off sin cansarnos (quizás por contar con una inestimable voz, la de Emma Thompson) intenta analizar muy diversos temas de esta sociedad actual que amamos y odiamos a partes iguales: la cultura actual de la inmediatez de las redes sociales, la comunicación por y para el Washapp, los videojuegos como alternativa de vida, la anorexia infanto-juvenil como ideal de belleza, el sexo como lugar y meta de los adolescentes, la infidelidad de las parejas como destino fatuo, la búsqueda desesperada de la fama, la proliferación de materiales ilícitos en internet y el nuevo “lobo feroz” virtual, y más. En el fondo, una sociedad en el que las redes sociales han cambiado la concepción de la comunicación entre los más jóvenes y, quizás cada vez más, también de los no tan jóvenes. Una película que hace bueno el aforismo de “las redes sociales te acercan de los que están lejos y te alejan de los que están cerca”

Jasón Reitman adapta la novela homónima “Men, Women, and Children”, obra escrita por Chad Kultgen en el año 2011, aunque inédita en España. Y la adapta en el formato de una comedia dramática coral con padres e hijos de protagonistas, con hombres y mujeres en la era de internet y de las redes sociales, de los teléfonos inteligentes, de las tablets y ordenadores, de emoticones y de un lenguaje desestructurado y en clave, de Facebook, Twitter o Instagram, de blogs, posts y tweets, de esa caja de Pandora que son las TIC. Dos recursos nos ponen enseguida en situación: ese comienzo (recurrente durante el metraje) de la sonda espacial Voyager navegando en algún punto de nuestro Sistema Solar y la presencia de imágenes superpuestas de conversaciones de los distintos formatos de chats entre los protagonistas. 

Hombres, mujeres y niños es un mosaico de historias que revela cuanto ha influido internet en el día a día de las personas y de las familias. Don Truby (Adam Sandler) y su esposa Helen (Rosemarie DeWitt) se nos presentan como una pareja de edad media con una relación sexual bastante agotada, y donde él encuentra un lugar de escape inmediato en las páginas pornográficas de internet (casi de forma simultánea a su hijo adolescente) y ella en posibles citas clandestinas desde páginas webs de contactos. Hannah Clint (Olivia Crocicchia) es una adolescente que aspira a ser actriz y se promociona en una página de internet con fotos subidas de tono, fotos que realiza su propia madre Joan (Judy Greer). Su amiga, y también animadora del equipo de rugby, Allison Doss (Elena Kampouris) tiene en la anorexia su meta, así como en el amor idílico por un guaperas del equipo que la deja embarazada, aunque sufre un aborto espontáneo, todo ante la mirada atónita de su padre (J.K. Simmons) por todo lo ocurrido. Tim Mooney (Ansel Elgort) es un adolescente apesadumbrado por el divorcio de sus padres, vive con su padre Kent (Dean Norris), pero se esconde de la realidad con un videojuego llamado Guild Wars. Tim encuentra en Brandy Beltmeyer (Kaitlyn Dever), una compañera del instituto, el reposo necesario a su desencanto y su padre lo parece encontrar en Joan Clint, la madre que manipula la imagen de su hija sin valorar los riesgos que corre. Y en este entorno de vidas alrededor de esa tela de araña que es internet aparece Patricia (Jennifer Garner), la madre de Brandy, quien ve peligros en cada hilo de la red y por ello somete a un control estricto de todos los mensajes de los correos y redes sociales que recibe su hija, para intentar evitar que caiga en cualquier problema. Y esta es la red de personajes alrededor de la red de internet. 

Una película que en algún caso se ha descrito, no sin cierta dosis de razón, como un cruce entre el retrato catastrófico de la clase media americana desde la óptica de un modelo de familia al borde de un ataque de nervios que Sam Mendes nos regaló en American Beauty (1999) y el almibarado desorden cósmico polifónico del Paul Haggis de Crash (20014), pero en torno a una disección cibernética, con un universo de encuentros en el mundo virtual y desencuentros en el mundo real. 
No es la primera vez que internet se convierte en un “personaje” de Cine y Pediatría. Ya David Fincher nos mostró las luces y las sombras del nacimiento de Facebook en La red social (2010) y David Slade se atrevió a intuir los riesgos del ciberacoso en Hard Candy (2005). Ahora le toca el turno a Jason Reitman, quien parece querer decirnos (con mayor o menor éxito, según gustos) que vivir alrededor de internet y de las nuevas TIC es ya inevitable, pero que debiera ser obligación tomar conciencia de que padres y profesionales (educadores, sanitarios) tenemos la intrínseca obligación de educar sobre el buen uso de internet, evitar el mal uso y el abuso. Abuso que, en caso de la infancia, incita al sedentarismo, falta de atención, intoxicación de información peligrosa y no digerida, riesgos de patologías asociadas a la web (como el ciberacoso, entre otros), etc.

“Creo que si desapareciera mañana, el universo no se enteraría para nada” declara Tim y como en su juego Guild Wars nos aproxima a ese pequeño punto azul pálido del que nos habló Carl Sagan. Y Jason Reitma lo hace, como ya nos demostró en Juno, cuidando de una banda sonora espectacular. Y nos deja un buen número de reflexiones que es aconsejable meditar (reflexiones que conocemos pero, no siempre, reconocemos).