sábado, 27 de diciembre de 2014

Cine y Pediatría (259). “Los chicos del coro” y el valor de la música en la educación de los niños


El cine en francés (de Francia y de Canadá, principalmente) es uno de los que mejor han tratado la educación en el séptimo arte. Películas con una sensibilidad especial para abordar un tema tan importante como es la interacción de profesores, alumnos y sociedad. Varias entradas de Cine y Pediatría así lo atesoran, pero hoy recordamos una película mágica por su guión, sus personajes y, especialmente, por su música: Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004). Y lo recordamos hoy, por dos motivos: porque este año se han cumplido 10 años de su estreno (y sigue emocionando como el primer día) y porque es de esas películas que inspiran buenos sentimientos, como la propia Navidad en la que nos encontramos. 

Para dirigir su primer largometraje, el francés Christophe Barratier se ha inspirado en La cage aux rossignols (Jean Dréville, 1945), una película que marcó su infancia. Y surge así Los chicos del coro, una película inspiradora que se fundamenta en tres personajes y en tres temas. Los tres personajes son su director (Christophe Barratier, quien se basó en su propia infancia -sufrió el divorcio de sus padres y fue enviado a un internado- y en su preparación musical -guitarrista de formación clásica-), su actor principal (Gérard Jugnot en el mítico papel del educador Clément Mathieu) y todos los chicos del internado (niños no actores de los mismos lugares de rodaje de Auvernia y entre los que destaca el joven Jean-Baptiste Maunier, solista de los Petits Chanteurs de Saint Marc en Lyón). Y los tres temas son la infancia (un tema universal, en este caso a través del abandono de niños de internado cuyos padres están ausentes o han desaparecido), la música (Bruno Coulais convierte las música y las canciones en un personaje principal de la obra, una creación sonora que juega con la emoción) y la enseñanza (la experiencia artística como elemento educativo). 

Muchas películas han utilizado como leit motiv la importancia de la experiencia artística en la transformación de un niño a adolescente y de adolescente a adulto: en Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988) con el cine, en El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989) ocurría con la poesía, y en Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000) con la danza. En Los chicos del coro se trata del valor educativo de la música… y qué música. Como declaraba el propio Barratier: "Esto es lo que más me gusta del cine, y lo que tienen en común mis películas preferidas: ¿cómo puede contribuir un individuo a mejorar el mundo? Sé que el cine no puede cambiar las cosas, pero puede despertar las ganas de intentarlo. Me gusta salir de ver una película con ganas de identificarme con el personaje principal". 

Un internado en 1949 tras la guerra mundial, en una Francia llena de conflictos sociales y de pobreza, en que muchos niños eran huérfanos de guerra, y otros de familias de precaria economía. Situar la película en esa fecha no es casual, pues después de la guerra se constituyeron los famosos centros de reinserción llamados comúnmente correccionales, se acababa de salir de la guerra y, como en todos los períodos de crisis, los padres tenían otras prioridades que la educación de los hijos. En esa misma época se creó en Francia la Protección Judicial de la Juventud, que confirió a los niños de un estatuto jurídico distinto del de los adultos. Otra gran película francesa también ocurre entre las paredes de un internado y por la misma época, una película que rememoraba también mi etapa adolescente entre las paredes de un internado: Adiós, muchachos (Louis Malle, 1987). 

En Los chicos del coro nos muestran el siguiente entorno. Centro educativo: internado de reeducación de menores en plena postguerra mundial. Alumnado: escolares hijos de mineros. Profesor: Clément Mathieu, profesor de música en paro, empieza a trabajar como vigilante en un internado de reeducación de menores ("Me llamo Clément Mathieu, músico fracasado, vigilante en paro"); descubre que la música atrae poderosamente el interés de los alumnos y se entrega a la tarea de familiarizarlos con la magia del canto, al tiempo que va transformando sus vidas para siempre ("Yo, que juré olvidarme de la música para siempre jamás...Jamás digas jamás. Siempre hay cosas que intentar, nunca nada está realmente perdido"). Valores añadidos: música, docencia, buenos sentimientos y valores humanos; el profesor Mathieu da lecciones de música que son lecciones de vida. Características de la película: la primera infancia, la música y la enseñanza son los sus temas circulares en esta película que logró un gran éxito de público y crítica, incluyendo la nominación al Oscar a la mejor película extranjera (que le arrebató Mar adentro de nuestro Alejandro Amenábar). Uno de los mayores éxitos fue la banda sonora de la película, obra de Bruno Coulais (y que contiene dos temas corales compuestos por el propio director); especial cuidado se puso en la elección de los niños coristas de la película. 

La película nos presenta dos antagónicos modos de ver la realidad, y por lo tanto dos visiones de la enseñanza: el método represivo implantado por el director Rachin, quien apenas logra mantener la autoridad sobre los alumnos difíciles; y el método del diálogo educativo de Mathieu, paradigma del educador que intenta llegar a las personas sin castigo y, desde ahí, sacar lo mejor de ellas mismas. Procurará inculcarles lecciones de humanidad y lealtad que, poco a poco, irán calando en ellos. Y es aquí donde la música se convierte en un medio privilegiado para cambiar a las personas y transformar el mundo, con su empeño por formar un coro, lo que a los chicos les hará descubrir la belleza de la música, y por extensión, la del mundo que les aguarda más allá de los muros de su escuela. Algunas frases expresan este valor de la música en la educación de la infancia: "Están cantando….no cantan bien, pero cantan" "La música cambia a las personas”

Comienza la película con una especie de prólogo en el que dos personajes se reencuentran después de más de cincuenta años: son dos de aquellos niños del internado (Pierre Morhange, ahora un prestigioso director de música, y Pépinot) a los que un educador un día les dio una oportunidad que cambiaría sus vidas. Y la película se transforma en un largo flash-back lleno de sentimiento y sensibilidad, donde recordarán aquellos tiempos del internado, con una mirada llena de cariño al maestro Mathieu y a los tiempos del coro. Un comienzo y un desarrollo que nos transporta, sin duda, al comienzo y desarrollo de Cinema Paradiso, cuando Totó (no es casualidad que ambos papeles de recuerdo, tanto en Cinema Paradiso como en Los chicos del coro, los interprete Jacques Perrin) rememora a su amigo Alfredo el proyeccionista. Y en ambas míticas películas juega un papel estelar la música, en la película italiana con el gran Ennio Morricone y en esta película francesa con una banda sonora fascinante a cargo de Bruno Coulais, con canciones grabadas con los Petits Chanteurs de Saint Marc en Lyon. Una de las canciones, "Vois sur ton chemin", logró estar nominada al Oscar (y que ese año iría a parar a Jorge Drexler por su canción “Al otro lado del río” de la película Diarios de motocicleta). 

Quizás el enorme éxito de esta película haya que atribuirlo a una trilogía de hechos coincidentes: la música, el casting y el personaje del profesor Mathieu. Porque nuestra sociedad necesitaría muchos Mathieu, al igual que necesitaría muchos Atticus Finch de Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962), muchos profesores Keating de El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989) o muchos Forrest de Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994). 

Una película llena de valores para una época llena de valores como es la Navidad. Una película donde la música es puro sentimiento y los pensamientos del profesor Mathieu nos ofrecen reflexiones con esta carga de nostalgia: "Siento en sus miradas deseos de aire libre, de construir cabañas junto al cielo. El buen tiempo les pone tristes". Que la música nos acompañe, desde la infancia a la vejez, y que nos dé alegría. Que nos eleve en Navidad y en cualquier día del año, porque "la música es una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía" (Ludwig van Beethoven).

 

1 comentario:

Marta Máster dijo...

Hola. es una película muy bonita con un argumento que no deja indiferente a nadie. Seguimos en contacto