miércoles, 1 de abril de 2015

Cine y Pediatría: ¿Te atreves a prescribir películas?


Ahora que estamos en la fase final de maquetación del libro "Cine y Pediatría 4" parece un buen momento para recordar una gran experiencia vivida hace casi 4 meses. El pasado 15 de diciembre en la Organización Médica Colegial de Madrid y rodeado de colegas, amigos y familiares, tuvo lugar la lectura del discurso de ingreso de "Cine y Pediatría" en la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (ASEMEYA), evento que ya compartimos

El discurso de ingreso, bajo el título "¿Te atreves a prescribir películas en Pediatría?", fue expuesto durante 45 minutos en los siguientes apartados (y que podéis revisar en el archivo adjunto):
1) El STORYBOARD… hasta llegar aquí 
2) El GUIÓN… de nuestro por qué, para qué y para quién 
3) Los ACTORES (principales y secundarios)… dentro y fuera de la pantalla 
4) Los EFECTOS ESPECIALES… cuando es posible (y bueno) “prescribir” películas 
5) THE END… “Cine y Pediatría”, una nueva trilogía. 

En Pediatría (como en casi todas las ramas y especialidades de la medicina) nos encontramos con patologías y entornos socio-sanitarios muy sensibles para pacientes, familiares y para profesionales sanitarios. Es en estos entornos médicos donde no sólo hay que prescribir sofisticadas pruebas diagnósticas y modernos tratamientos, sino también películas (antiguas y modernas), que ayudan a comprender la enfermedad y los enfermos, a humanizar la atención, a mejorar el duelo y a profundizar en la relación entre profesionales sanitarios y pacientes. 
La prescripción de películas puede orientarse a muy diversos receptores: a estudiantes de medicina, a residentes de pediatría (y otras especialidades), a los propios especialistas médicos y a otros profesionales sanitarios. También podrían “prescribirse” a familiares de los niños enfermos e, incluso, a los propios niños y/o adolescentes (sanos o enfermos), estudiando muy bien el objetivo que se pretende en cada receptor, para que el mensaje positivo llegue correctamente

Porque, al igual que cualquier medicamento tiene indicaciones y contraindicaciones, condiciones de uso, interacciones y efectos adversos, asimismo, una película debe mirarse con los mismos ojos. No consiste en prescribir, sino en prescribir bien. No consiste en recetar, sino en hacer un buen uso de aquellas películas con alto valor humano, afectivo y emocional, por sus enseñanzas: en este caso hablamos de las que hemos denominado como películas “argumentales”. 
No todas las películas serán válidas para todos los potenciales espectadores y debe ser un tema que se maneje con la prudencia, ciencia y conciencia que se merece, teniendo muy presente (en el caso de que nos dirijamos a familias y pacientes) la fase de la enfermedad y el estado de ánimo. 

Pero no debemos despreciar el valor que tiene el cine como arma educativa y como herramienta de reflexión, y el impacto que puede tener como estrategia de afrontamiento, cuando se pasa de un mero espectador a un auténtico protagonista en la vida real. Ahora bien, siempre que prescribamos una película estudiemos muy bien su “ficha técnica” con cada una de los pasos a seguir: 
1.Nombre de la película. 
2.Composición y forma cinematográfica (la propia ficha cinematográfica de la película).
3.Datos clínicos: 3.1 Indicaciones terapéuticas. 3.2. Posología y forma de administración. 3.3 Contraindicaciones. 3.4 Advertencias y precauciones especiales de empleo. 3.5 Interacción con otras películas y otras formas de administración. 3.6 Reacciones adversas. 3.7 Sobredosis. 3.8 Incompatibilidades. 3.9 Período de validez. 

La prescripción de películas tiene especial interés en las denominadas como consultas “sagradas”, entendiendo como tal aquellos pacientes con problemas que exigen un respeto exquisito, y el tiempo necesario, un tiempo sin prisas para crear una atmósfera de serenidad espiritual y científica, de dignidad con lo que allí se debate entre médico, paciente y familia. Y, aunque toda consulta tiene algo de sagrado, de cruce de límites entre piel y espíritu, al que se puede aportar dignidad y humanidad, hay consultas más sagradas que otras, hay encuentros dignos del máximo respeto, donde no sólo mejoran para siempre la relación médico-paciente y obtienen un impacto en salud proporcional, sino que compensan al médico del diario apresuramiento tormentoso. Pongamos como ejemplo dos consultas “sagradas” en Pediatría (el cáncer infantil y el embarazo en adolescentes) y, a través de estos ejemplos, nos atreveremos a prescribir películas “argumentales”.

Sobre ello y más hablamos en ASEMEYA. Y en un tiempo publicaremos el discurso completo en Revista de Pediatría de Atención Primaria.