Cine y Pediatría 8

sábado, 4 de julio de 2020

Cine y Pediatría (547). “El indomable Will Hunting”, redimido por el perdón y el amor




Cuatro nombres habituales en Cine y Pediatría se reunieron en el año 1997 para regalarnos una película icónica: el director Gus Van Sant y los actores Robin Williams, Matt Damon y Ben Affleck. Hablamos de una de esas películas que te enseñan a vivir y en las que permanecen sus diálogos y enseñanzas: El indomable Will Hunting

Gus Van Sant es uno de esos “enfants malades” del séptimo arte estadounidense, al que ya dedicamos hace mucho tiempo una entrada por su especial dedicación a la adolescencia en su cine:  desde Mi Idaho privado (1991), esa peculiar road movie en busca de la identidad (personal, sexual y familiar) de dos adolescentes hasta Paranoid Park (2007), pasando por El indomable Will Hunting (1997) y Descubriendo a Forrester (2000), con una hechura similar ambas, y la rompedora Elephant (2003), sobre la tragedia del instituto Columbine. Robin Williams ya es un habitual en Cine y Pediatría con icónicos personajes como el profesor John Keating en El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989), el crecidito Peter Pan de Hook (Steven Spielbert, 1991),  el famoso Dr. Hunter “Patch” Adams, promotor de la risoterapia, en Patch Adams (Tom Shadyac, 1998), o  el dickesiano Wizard de El triunfo de un sueño (Kirsten Sheridan, 2007).  Y también será en nuestra película de hoy Sean McGuire, ese profesor que le hizo cambiar la vida a nuestro protagonista de hoy (y posiblemente también a los espectadores). Y luego tenemos a la pareja de amigos conformada por Matt Damon y Ben Aflleck, quienes además de actores de esta película, son coguionistas (junto a William Goldman): Matt Damon ya fue el emprendedor Benjamin Mee de Un lugar para soñar (Cameron Crowe, 2011)  y Ben Affleck nos regaló su ópera prima en la dirección en el año 2007 con Adiós pequeña, adiós.  

En su momento, El increíble Will Hunting, obtuvo numerosos premios, entre ellos el Globo de Oro al mejor guión original, dos Oscar (guión original y actor secundario a Robin Williams) y Oso de Plata en el Festival de Berlín por la interpretación de Matt Damon. Y todo ello por una sencilla historia llena de sentido y sensibilidad, cuyos mensajes permanecen un cuarto de siglo después. Y varios son los motivos para revisar de nuevo esta película: 
- Por una historia que llega al alma desde el principio hasta el final, donde acompañaremos al joven Will Hunting (Matt Damon), de 20 años, durante una etapa de cambios en su vida, en la que tiene que luchar entre su rebeldía natural y su gran intelecto. 
- Por la relación entre sus personajes, todos aquellos con los que Will se encuentran en su camino, como su amigo Chukie (Ben Affleck), su novia Skylar (Minnie Driver), el profesor Gerard Lambeau (Stellan Skarsgard) y, especialmente, con el profesor Sean McGuire (Robin Williams). 
- Por las actuaciones totalmente creíbles, la de todos, pero especialmente el dúo Will/Matt Damon y Sean/Robin Williams, sendos ganadores de premios. 
- Por los profundos diálogos, de esos que te atrapan y que no puedes olvidar fácilmente, frases que se quedan en nuestra memoria y que nos llegan a algún lugar entre el cerebro y el corazón. 

Y destaco dos diálogos, tan largos como profundas. Frases inolvidables… 
- La conversación de Sean y Will en el parque: “Si te preguntara sobre arte, me darías una lista de libros. Miguel Angel, sabes mucho sobre él. Su trabajo, sus aspiraciones políticas, él y el Papa, sus preferencias sexuales, todo. Pero no puedes decirme a qué huele la Capilla Sixtina, nunca has estado ahí ni has visto ese hermoso techo, no lo has visto. Si te preguntara sobre mujeres me darías un compendio de tus favoritas. Quizá hasta te hayas acostado algunas veces, pero no puedes decirme lo que es despertar con una mujer y ser realmente feliz. Eres un chico rudo. Si preguntara sobre la guerra, me hablarías de Shakespeare "Una vez más a la brecha, queridos amigos..." Pero nunca has estado cerca de una, nunca has tenido la cabeza de tu mejor amigo en tu regazo agonizando y pidiéndote ayuda. Si te preguntara sobre el amor, citarías un soneto, pero nunca miraste a una mujer y te sentiste vulnerable. Ni has conocido a alguien que te absorbiera con los ojos. Como si Dios hubiera bajado un ángel sólo para ti, que pudiera rescatarte del infierno. Ni sabes qué se siente ser un ángel para ella. Tener ese amor por ella para siempre pasando por todo, pasando por el cáncer. No sabes qué es dormir en un hospital por dos meses sosteniendo su mano, y que los doctores sepan que no respetarás las horas de visita. No sabes lo que es una pérdida. Eso sólo pasa cuando amas algo más que a ti mismo. Dudo que hayas osado amar tanto a alguien. Te veo y no veo a un hombre inteligente y confiado. Veo a un chico arrogante y muerto de miedo. Pero eres un genio, Will; es indudable. Nadie podría entender tu complejidad. Pero crees saber todo sobre mí por ver mi pintura. Hiciste pedazos mi puta vida. Eres huérfano, ¿verdad? ¿Crees que sé lo dura que ha sido tu vida, cómo te sientes y quién eres, porque leí "Oliver Twist"? ¿Eso te define? Personalmente no, me importa una mierda, porque no hay nada que no pueda saber sobre ti que no pueda leer en un puto libro. A menos que quieras hablar sobre ti mismo sobre quién eres. Entonces estaré fascinado, lo aceptaré. Pero no quieres hacer eso, ¿verdad? Te aterra lo que puedas decir. Te toca, jefe”. 

- O la conversación de Will al rechazar el trabajo en la Agencia de Seguridad Nacional: "¿Por qué no debería trabajar para ustedes? Pregunta difícil, pero intentaré responderla... Imaginemos que empiezo a trabajar y me ponen un código sobre la mesa, uno con el que nadie puede. Yo intento descifrarlo y lo consigo, y me siento satisfecho porque he hecho bien mi trabajo, pero a lo mejor ese código era la situación de un ejército rebelde en el Norte de África y en cuanto han localizado su escondite bombardean el pueblo donde se esconden los rebeldes; mueren 500 personas a las que no conocía y con las que no tenía ningún problema. Luego los políticos dicen: "enviemos a los marines para asegurar el área", aunque les importa una mierda, no serán sus hijos los que vayan a morir, los suyos tienen recomendación y se pegan la vida padre en la Guardia Nacional. Será un chico de Southie al que le llenaran el culo de metralla, y cuando vuelva descubrirá que la planta en la que trabajaba ha sido trasladada al país del que acaba de volver, y el tipo que le llenó el culo de metralla le ha quitado el trabajo porque lo hará por 15 centavos al día y sin pausas para mear. Luego el chico comprende que el único motivo por el que le enviaron allí fue para instaurar un gobierno que nos vendería el petróleo a buen precio. Y las compañías petrolíferas han aprovechado el conflicto para disparar los precios de la gasolina, lo que supone un hermoso beneficio para ellas, de modo que a mi colega no le ha servido de nada, así que se toman su tiempo para traer el petróleo nuevo y se toman la libertad de contratar a un capitán mercante borracho al que les gusta darle al Martini y hacer eslalon entre icebergs. A medio camino choca con uno, derrama el petróleo y se carga la fauna del Atlántico Norte. Mi colega está en el paro, no puede pagar la gasolina, va andando a buscar empleo y eso le putea, porque la metralla del culo le ha provocado hemorroides y está muerto de hambre, porque cuando va a comer el único plato del día que sirven es pescado del Atlántico Norte al aceite de motor. ¿Que qué me parece? Creo que puedo montármelo mejor. Pienso, ¡qué coño!, ya puestos, ¿por qué no me cargo a mi colega? Le quito su trabajo, se lo doy a su enemigo, subo la gasolina, bombardeo un pueblo, mato a una foca a golpes, fumo maría y me apunto a la Guardia Nacional. Podría llegar a presidente...". 

Está claro que si has visto la película, recordarás estos momentos. Y está claro que si no la has visto, harás lo posible por buscarla y disfrutar de ella y sus enseñanzas. Porque esta es la historia de Will, un chico superdotado desadaptado a la sociedad. Un mago de las matemáticas, que conoce casi todos los datos de la historia, el derecho y el arte, pero que tiene la arrogancia indomable de quien comienza a vivir. Y se encuentra con otro genio, Sean, quien ya lo ha vivido (y sufrido) casi todo. Y este tour de forcé interpretativo de dos personajes inolvidables en el cine es lo que hace de El indomable Will Hunting una película para prescribir en la educación en valores a nuestro hijos, nuestros alumnos, nuestros pacientes. 

Porque Will, cuando descubren su talento por parte de los académicos, tendrá la aparente obligación de elegir entre seguir con su vida de siempre - un trabajo fácil, buenos amigos, muchas cervezas y alguna bronca- o aprovechar sus grandes cualidades intelectuales en alguna universidad de prestigio (Harvard, MIT). Y solo los consejos de un solitario y bohemio profesor lo ayudarán a decidirse, a superar su pasado (un chico huérfano que pasó por diversas casas de acogida y que fu maltratado por algún padre adoptivo) y que estudia (y sabe de todo) por diversión, sin fin para mejorar su status. Indomable y autodestructivo por su aparente libertad, quien le llega a confesar a Skylar: “No sé cómo te funciona la mente”

Indomable frente a su mentor, el profesor Gerald Lambeau, frente a su consejero, el profesor Sean McGuire,  su amiga y novia Skylar, y frente a su panda de amigos. Es su mecanismo de defensa contra todo y contra todos. Hasta que Sean le repite varias veces: “No es culpa tuya” y entonces Will logra llorar y abrazarle: “¡Dios mío, lo siento mucho! ¡Dios mío!”, francamente emotivo y sanador. Y la despedida de Sean: “Buena suerte, hijo”

Y ese final con Will en coche rumbo a esa carretera con rumbo a su corazón, al que ha logrado domar y con ello redirigir su vida a través de su perdón y el amor.


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