sábado, 16 de julio de 2022

Cine y Pediatría (653). El primer amor de juventud… desde el séptimo arte

 

Dicen que el primer amor de nuestra infancia y adolescencia es al que más queremos, aunque casi nunca es el definitivo y cierto es que, con los años, aprendemos a querer mejor (o distinto). Inolvidables y tiernos recuerdos de un tiempo que no volverá, pero que el cine se obstina en recordarnos con películas que transitan con esos anglicismos llamados “coming of age” y “feel good movies”

En este sentido, la semana pasada hablamos de la película Melody (Waris Hussein, 1971), icónica película británica bajo la música de The Bee Gees, con los niños actores Mark Lester y Tracy Hyde  Pero han sido muchas las películas que ya han transitado por Cine y Pediatría con el lema de ese primer amor.  Este es el recuerdo de algunas de ellas: Del rosa...al amarillo (Manuel Summers, 1963), esa historia española de amor infantil entre Pedro Díez del Corral y Cristina Galbó;  Verano del 42 (Robert Mulligan, 1971), ese primer amor imposible entre el adolescente Gary Grimes y la bella Jennifer O'Neill; Mi chica (Howard Zieff, 1991), con Anna Chlumsky y Macaulay Culkin (y que tuvo una segunda parte en el año 1994 con el mismo director y actriz);  Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), ese primer amor que acompañó siempre a Forrest (Tom Hanks, de niño Michael Conner) por Jenny (Robin Wright, de niña Hanna Hall);  Juno (Jason Reitman, 2007), la peculiar historia con Ellen Page y Michael Cera bajo el guion de Diablo Cody; Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012), con esos dos adolescentes frikis – como la obra de su propio director - que eran Jared Gilman y Kara Hayward;  Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012) con Logan Lerman y Emma Watson, junto con Ezra Miller; La vida de Adéle (Abdallatif Kechiche, 2013), con ese primer amor lésbico desgarrador que nos regalan Adéle Exarchopoulos y Léa Seydoux;  Bajo la misma estrella (Josh Boone, 2014), ese love story adolescente bajo los efectos de la quimioterapia interpretados por Shailene Woodley y Ansel Elgort;  Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017), con ese primer amor homosexual sensual como una tarde de verano entre Timothée Chalamet y Armie Hammer; A dos metros de ti (Justin Baldoni, 2019), ese love story adolescente alrededor de la fibrosis quística de Haley Lu Richardson y Cole Sprouse;  etc. Pero  también se pueden recordar otras muchas películas como Esplendor en la hierba (Elia Kazan, 1961) con Natalie Wood y Warren Beatty, La fiesta (Claude Pinoteau, 1980) con Sophie Marceau, La princesa prometida (Rob Reiner, 1987) con Robin Wright y Cary Elwes, Un gran amor (Cameron Crowe, 1989) con John Cusack e Ione Skye, El diario de Noa (Nick Casavettes, 2004) con Ryan Gosling y Rachel McAdams, Pequeño Manhattan (Mark Levin, 2005) con Josh Hutcherson y Charlie Ray, Flipped (Rob Reiner, 2010) con Madeline Carroll y Callan McAuliffe, Un amour de jeunesse (Primer amor) (Mia Hansen-Løve, 2011) con Lola Créton y Sebastian Urzendowky, Como locos (Drake Doremus, 2011) con Felicity Jones y Anton Yelchin, Aquí y ahora (James Ponsoldt, 2013) con Shailene Woodley y Miles Teller; etc. 

Y en esta época de verano, hoy recordamos una icónica película de este director clásico de Hollywood llamado Robert Mulligan, quien tuvo una especial sensibilidad para contar historias alrededor de la infancia y adolescencia. Además de ese primer amor estival de Verano del 42 al que ya hemos hecho referencia, hoy nos detenemos en la que fue su última película, la cual pasó bastante desapercibida en las pantallas, pero que se sitúa entre sus mejores obras: Verano en Louisiana (1991), una icónica película sobre el primer amor de juventud en la que nos enamoramos con el conmovedor debut de una joven actriz de 14 años llamada Reese Witherspoon. 

Todo comienza con la canción “Loving You” de Elvis Presley que nos acompaña en los créditos iniciales, allí donde dos hermanas se acuestan en el porche de esas típicas casas sureñas de Estados Unidos y realizan confesiones sobre su sueños de juventud, mientras las chicharras suenan y la luna llena (en homenaje al título original de la película The Man in the Moon) ilumina esas eternas noches de verano. Ellas son Dani (Reese Witherspoon), esa preciosa niña rubia tomboy de 14 años (cuyo nombre real es Danielle), y su hermana de 17, Maureen (Emily Warfield), miembros de la feliz familia Trant, con una hermana menor, una madre en estado muy avanzado de gestación y un padre controlador, al que su esposa le dice sobre Dani: “Antes era muy pequeña. Ahora resulta que es mayor. Supongo que se le pasó la edad justa sin darnos cuenta”

Esta película, basada en hechos reales y contada con sensibilidad y el buen gusto del cine clásico, nos devuelve ese largo verano donde Dani reconocerá la felicidad (y el dolor) del primer amor, así como el valor de la familia y el significado de la pérdida. Porque un día de ese verano, junto a la granja de los Trant se instala la viuda Marie Foster y su introvertido hijo Court (Jason London), de la misma edad de Maureen. Entre Court y Dani surge una simpática amistad junto al río y su trampolín, de forma que con el paso de los días esta es capaz de olvidar su amor por Elvis Presley por el de este chico, mientras suena el “That´s Allright Mama” y alrededor de la bella banda sonora original de James Newton Howard. Y es así que Dani confiesa a su hermana “¿Te ha gustado alguien tanto como para sentirte enfermo?” y le dice a Court: “Quiero que seas el primero en besarme”

Pero ese especial triángulo de amistad y enamoramiento entre Court y las dos hermanas se rompe en un dolor que no podían compartir, por lo que el padre le aconseja: “Tienes derecho a llorar, Dani. Tienes derecho a sentirte herida. Pero si te encierran tanto en tu dolor, que no ves el de los demás, entonces más vale que caves un hoyo y te entierres en él. Porque no serías útil a ti misma ni a los demás”. Y es así como esta inolvidable historia – que seguimos recordando tres décadas después – finaliza en esa noche en el porche de la casa sureña de los Trant mientras suenan los grillos y nuestras dos hermanas seguirán pidiendo deseos al hombre de la luna. 

Quien iba a decir que ese primer papel conseguido por casualidad por Reese Witherspoon en Verano en Louisiana, y por el que fue nominada para el premio Young Artist Award, le proporcionaría una larga carrera como actriz (y ahora productora), que incluye su Óscar a Mejor actriz por En la cuerda floja (James Mangold, 2005). En Cine y Pediatría ya se convierte en habitual, pues la hemos visto en Condenados (Atom Egoyan, 2013), La buena mentira (Philippe Falardeau, 2014) y Alma salvaje (Jean-Marc Vallée, 2014), esta última con su segunda nominación al Óscar a Mejor actriz (pero que consiguiera ese año Julianne Moore por Siempre Alice de los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland).   

Un buen tiempo el verano para recordar nuestro primer amor de infancia y juventud. Sea en Louisiana o en cualquier otro lugar.

 

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