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lunes, 7 de noviembre de 2022

Cómo detectar, evitar y combatir los bulos en redes sociales y otros medios de comunicación

 

Vivimos en un entorno internético, en donde cualquiera puede publicar lo que desee. Y no siempre se publica para formar e informar, sino que los motivos pueden ser, intencionadamente, los opuestos: deformar y desinformar. En este contexto los bulos digitales (también conocidos con el anglicismo fake news) son cada vez más comunes y, ante esta peligrosa invasión, cabe saber detectar, evitar y combatir los bulos en todos los medios de comunicación, con las redes sociales en el primer foco (pues en este entorno se viralizan como una pandemia). 

Los bulos son noticias falsas con aspecto seudoperiodistíco a través de formatos informativos como son periódicos, agencias de noticias, radios, redes sociales o televisión. Y esta información falsa se divulga en forma de artículos, imágenes, vídeos o simplemente como tweets, que se presentan como reales y cuyo objetivo es manipular la opinión pública. 

¿Cómo detectar los bulos o fake news? 

Muchas organizaciones se han hecho eco para responder a esta pregunta, por lo que no es nada nuevo. Os dejamos estos siete puntos referidos por Cibervoluntarios.org y abajo os dejamos el vídeo publicado por Maldita.es, muy similares en lo aconsejado. 

1. Analiza el origen. Es imprescindible fijarse en la agencia, medio de comunicación, perfil, empresa o entidad que difunde la información y la web. Y, a partir de ahí, plantearse su fiabilidad e información sobre esa web donde se ha publicado. 
2. Lee la noticia entera. No te quedes solo con la información del primer párrafo, no te limites a leer el titular o las primeras líneas, continúa hasta el final. Completa la lectura para verificar que realmente se trata de lo que dice. 
3. Busca el título en el buscador. Si es una noticia verdadera, se habrán hecho eco varios medios fiables. No te quedes solo con una única versión, amplía la búsqueda y observa si más medios han publicado contenido similar. Si no hay nada más, comienza a sospechar. 
4. Verifica la fuente. Investiga la autoría, busca el nombre del medio o del autor en el buscador. Al igual que debes investigar qué medio lo publica también quién es la persona concreta que lo firma y a quien se le atribuye la autoría. Si no aparece ningún nombre concreto puede ser sospechoso. 
5. Fíjate en la fecha de publicación. La actualización es esencial en estos tiempos. Es una práctica muy común hacer pasar por actuales noticias antiguas descontextualizadas o reutilizar recursos audiovisuales como desinformación. 
6. Comprueba los recursos audiovisuales. Si la noticia incluye una fotografía, video o recurso de algún tipo, búscalo aparte en el buscador para comprobar si se ha usado en otros contextos. Muchas veces la procedencia puede ser sospechosa o haberse retocado. 
7. Analiza la calidad del contenido. Comprueba si ese texto está bien redactado, si contiene faltas de ortografía, cómo es el diseño, si se incluye a algún experto o fuente y si los datos que aparecen están referenciados. 

¿Cómo combatir los bulos y fake news? 

Hay ya herramientas, plataformas y medios de comunicación que trabajan en ello. Dos ejemplos en España son Newtral y Maldita.es.  De esta última hemos hablado recientemente de forma extensa, al comenzar a colaborar con ellos desde la universidad.  

Pero también es posible verificar una imagen con Google Images o con TinyEye.   Y podemos verificar un video con Invid Video o con Web Archive,  

Detectar y combatir los bulos es prioritario, así como evitar difundirlos por redes sociales (WhatsApp, Twitter, Facebook, Instagram,…) para hacer del inevitable mundo internético un lugar mejor.

miércoles, 6 de julio de 2022

Los superpoderes de Maldita.es ante la desinformación y los bulos

 

El problema de la desinformación y los bulos no es un tema nuevo, pero ante las nuevas tecnologías de información y comunicación y el auge de las redes sociales, es un tema más en auge y con poca capacidad de control por la viralización. A las tradicionales redes sociales (con Twitter o Facebook a la cabeza), se ha sumado hace tiempo el agujero negro de Whatsapp, donde hasta un tercio de los españoles lo usan para informarse (siendo España el país europeo que más lo hace). 

Porque se conoce bien que hay personas y grupos que crean desinformación y muchas de ellas utilizan espacios anónimos en internet para publicar sus bulos y contenido fabricado, pasan a redes cerradas o semicerradas, que se retroalimentan en grupos organizados conspiranoicos y esperan que lleguen a redes sociales y medios de comunicación. Y así es como se amplifica la desinformación que consumimos. 

Ante este panorama preocupante, en el año 2018 nació Maldita.es (aunque ya tenía desde 2014 su germen en redes sociales). Y la semana pasada pude asistir a un taller organizado por la Universidad Miguel Hernández y que liderado por Beatriz Lara, responsable de la Comunidad Maldita. Fue una jornada para darnos a conocer mejor este recurso y pedirnos nuestros la colaboración con nuestros “superpoderes”, que luego analizaré. 

Pero, ¿qué es Maldita.es? Maldita.es una fundación y medio de comunicación español sin ánimo de lucro que lucha contra la desinformación y promueve la transparencia a partir del fact checking (o comprobación de hechos) y periodismo de datos. Su misión principal es dotar a los ciudadanos de herramientas, tecnologías e información para que puedan tomar decisiones informadas y “que no te la cuelen”. Cuenta con diferentes ramas dedicadas a la monitorización del discurso político y toda aquella información que circula por la red. El impacto de Maldita.es es muy grande en tan poco tiempo con más de 6 millones de páginas vistas al mes y cientos de miles de seguidores en todas las redes sociales. 

¿Cómo se organiza Maldita.es? Lo hace en diferentes secciones dirigidas a actos o audiencias específicas. Son las siguientes. 

- Maldita Hemeroteca (MH). Fue el germen inicial, que nació alrededor del programa “El Objetivo” de La Sexta y cuyo objetivo era poner a los políticos frente a sus contradicciones, y a través de los publicado en la hemeroteca con sus declaraciones dejar claro aquello de “donde dijo digo, digo Diego”. 

- Maldito Bulo (MB). Para combatir y verificar los bulos y las mentiras, y donde se selecciona lo qué verificar en base a la viralidad y peligrosidad de los contenidos. 

- Maldita Ciencia (MC). Para desmentir bulos sobre salud y luchar contra las pseudociencias y desinformación científica, así como intentar resolver dudas científicas de la comunidad. 

- Maldito Dato (MD). Para verificar el discurso de los políticos, luchar por la transparencia de la Administración y hacer análisis de los datos para explicar la actualidad. 

- Maldita Tecnología (MT). Para ayudar a tomar conciencia de cómo nos afecta la tecnología, buscar ser un traductor entre vida on line y vida real, así como enseñarnos a cómo cuidar nuestros datos online y cómo protegerlos. 

- Otros proyectos como: a) Maldita Migración (MM), frente a los bulos contra emigrantes, refugiados y minorías religiosas; b) Maldito Feminismo (MF), frente a los falsos datos que buscan desacreditar la igualdad entre hombres y mujeres; c) Maldita Alimentación (MA), en relación con la seguridad alimentaria y frente a las dietas y datos milagros en alimentación; d) Maldito Clima (MC), para combatir la desinformación climática y medioambiental; e) Maldito Timo (MT), para detectar y alertar frente a fraudes, estafas y engaños en internet; f) Maldita Educación (ME), para promover la educación y alfabetización digital. 

Además de estas secciones, en Maldita.es se desarrollan herramientas tecnológicas propias como chatbosts de Whatsapp, buscadores de bulos, sistemas de alerta que ayudan a los ciudadanos a identificar la desinformación, etc. 

¿Y qué son los Superpoderes de Maldita.es? 
Son conocimientos expertos de profesionales desde distintos campos de conocimiento. Y ello porque los responsables de Maldita.es son periodistas y precisan el apoyo de otros miembros de la comunidad, y con ello se amplía la diversidad de colaboradores desde otras profesiones, también desde la universidad, entorno en el que se vino a pedir nuestra colaboración. Porque usar los conocimientos expertos suma para combatir la desinformación y los bulos entre todos. 

Porque actualmente son ya más de 2.900 “malditos” que han realizado más de 1.000 colaboraciones con esta plataforma. Y todos podemos ser uno más. Porque es responsabilidad de todos combatir la desinformación y los bulos. También las universidades, un lugar lleno de conocimiento. Y en ello estamos…

lunes, 20 de diciembre de 2021

Vacunación frente a la COVID-19 en la población de 5 a 11 años: hechos científicos y no bulos mediáticos

 

La semana pasada, justo en el momento en que en España comenzó la vacunación frente a la COVID en la franja de edad de 5 a 11 años, se difundió un vídeo del virólogo Robert Malone con una información apocalíptica en el que afirmaba - sin pruebas - que las vacunas con tecnología de ARNm son “tóxicas” para la infancia. 

Las sociedades científicas han desmentido cada una de sus afirmaciones con rapidez, y cabe destacar esta nota desde el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP) en donde se da a conocer el perfil de Robert Malone, su trayectoria y motivos, así como la historia de las vacunas ARNm.  Las afirmaciones falsas o sin evidencias de Robert Malone sobre la vacunación frente a la COVID-19 en niños son expuestas ya en los medios de comunicación.  

Animamos a las familias a recurrir a fuentes de información contrastadas y fiables, para no contribuir a la desinformación y a sus efectos. Y en este sentido, hace una semana publicamos algunos de estos documentos en el post titulado “Vacunación frente a la COVID-19 en la población de 5 a 11 años: preguntas y respuestas” .

Y siguen apareciendo documentos de interés, tanto de sociedades científicas (con la AEP a la cabeza), consejerías de sanidad o el propio Ministerio de Sanidad. Y ello porque la infección por SARS-CoV-2 ha supuesto un problema de salud a nivel global de dimensiones extraordinarias. Y vale la pena destacar los argumentos que se derivan del documento previamente referido por la AEP con la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP).  

El desarrollo de la investigación para tener disponibles vacunas con el fin de proteger a la población ha tenido un curso acelerado en el que el desarrollo de compuestos adaptados a la población infantil no ha sido prioritario dado el impacto menor que la infección tiene en el niño a nivel general. La infección en el niño tiene unas características distintas a las del adulto y, si bien, en la mayoría de los casos se presenta en formas más leves, se dan casos graves en niños sin factores de riesgo, como es el síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (SIMP) relacionado con COVID-19, y también cuadros poscovid, como es la covid persistente. Otro factor a tener también en cuenta es que la población infantil supone parte de la cadena epidemiológica de esta infección que tiene contagio respiratorio. 

Estas son algunas de las afirmaciones que se recogen en el documento Vacunación Pediátrica frente a la COVID-19 en España que acaban de publicar el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) y la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP), una exhaustiva revisión basada en las mejores pruebas científicas. 

1. La vacunación es la medida más efectiva para combatir la pandemia actual.  Las medidas no farmacológicas (como son el distanciamiento físico y las medidas de higiene respiratoria y de contacto) contribuyen al control de la diseminación de la infección, pero algunas de ellas no se pueden mantener de forma indefinida sin que se afecte la normalidad deseada. 

2. Los ensayos clínicos de las vacunas frente a la COVID-19 en la edad pediátrica (5-11 años de edad) han demostrado que la vacunación es eficaz, lo que asegura la primera condición para que ésta pueda administrarse en la infancia. Tanto la amplia experiencia acumulada con la vacunación de adolescentes y adultos, como los ensayos clínicos disponibles muestran que la vacunación pediátrica cuenta con un perfil de seguridad favorable, lo que constituye, también, una condición imprescindible. 

3. Entre las razones que apoyarían la recomendación de la vacunación en los niños se encuentra la de disminuir la carga de enfermedad que supone la COVID-19 en este grupo de edad, actualmente muy superior a la de cualquier otra franja de edad. Aunque lo más frecuente es que la infección por SARS-CoV-2 curse de forma asintomática o con síntomas leves, existen formas graves como el SIMP asociado a SARS-CoV-2, la covid prolongada y las neumonías. Además, hay que considerar los efectos colaterales que la pandemia ha tenido en los niños y adolescentes, entre los que se encuentran la falta de normalidad en la escolarización, derecho fundamental de la infancia y base imprescindible para el bienestar y desarrollo personal de cada niño, y los trastornos de salud mental que se han evidenciado como consecuencia de la pandemia. 

4. Debe tenerse en cuenta también que la circulación del virus facilitada por las cohortes de población sin vacunar, como son los niños, podría facilitar la selección de variantes para las que las actuales vacunas pudieran ser menos eficaces. Y, además, no sería justo privar a la población infantil del beneficio que aporta la vacunación, del que ya gozan los mayores de 12 años (aunque los objetivos en términos de salud sean diferentes). 

5. La vacunación de la COVID-19 debe priorizarse siempre en los adultos y en las poblaciones de mayor riesgo. La vacunación de los niños debe balancearse en función de la situación epidemiológica y también buscando contribuir al control de la infección en la comunidad. La vacunación infantil puede servir como protección no solo individual, sino, también, de las personas vulnerables del entorno de los niños. 

6. La decisión de vacunar a los niños debería adaptarse a la situación epidemiológica, pudiendo llevarse a cabo vacunando a todas las cohortes o de forma secuencial priorizando a los grupos de niños de mayor riesgo y edad, decisión que deberán tomar el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, haciendo en cualquier caso un estrecho seguimiento del impacto que esta medida vaya teniendo tanto en los vacunados como en la comunidad en su conjunto. 

Y la información veraz y transparente debe ser continua, para que los padres conozcan que la organización de este proceso es algo muy riguroso. Y baste revisar dos documentos más en estos días, redactados por la Comisión de Salud Pública: 


Porque los bulos no deben combatirse con la descalificación, sino con la constatación de hechos de forma transparente y educada. Y los padres y la sociedad deben conocer que no es un enfrentamiento proporcionado, pues los bulos en contra de las vacunas son escasos (pero ruidosos) y los hechos a favor de las vacunas son muchos. Y solo debemos aprender a que los hechos lleguen a la sociedad de forma mejor y mayor, y probablemente tengamos que aprender a traducir en lenguaje entendible estos hechos a los medios de comunicación y también en las redes sociales.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Las vacunas cumplen y cabe evitar bulos

 

"Las vacunas cumplen" es una campaña divulgativa impulsada por la Asociación Española de Pediatría (AEP) con el fin de aportar información fiable sobre la necesidad de mantener las coberturas vacunales en la población infantil como primera línea de defensa frente a las enfermedades infecciosas.

Desde abril de 2021 son varias las estrategias y canales que ha llevado a cabo la AEP para el objetivo de demostrar la bondad de las vacunas, el producto sanitario más importante creado nunca, destacando los siguientes aspectos: 
- Protección. Las vacunas nos protegen de enfermedades peligrosas. Muchas de ellas son ahora poco frecuentes gracias al mantenimiento de las vacunaciones en toda la población. 
- Seguridad. Son medicamentos muy seguros, sometidos a estudios estrictos antes de comercializarse y siendo vigilados después de su comercialización para detectar posibles efectos adversos. Se administran por profesionales sanitarios y los efectos secundarios son leves. 
- Solidaridad. Cuando nos vacunamos nos protegemos a nosotros mismos y a aquellos que no pueden y están más expuestos. De esta manera, creamos una barrera de personas inmunes que impide la circulación de los agentes infecciosos. 
- Responsabilidad. Preservar la salud pública es una tarea colectiva. Evitar la emergencia de brotes o epidemias de patologías hasta ahora controladas es labor de todos. 

Para combatir los bulos se ha colaborado con la entidad Maldita Ciencia, de la que hemos hablado recientemente en el blog, y se ha creado un decálogo para ello, destacando lo siguiente: 
- Infórmate bien. En caso de que tengas dudas, busca información, pero asegúrate de acudir a fuentes fiables. 
- Corre la voz. Mantener la salud pública significa mantener los niveles de vacunación. Corre la voz recomendando información fiable sobre las vacunas. 
- Frena los bulos. La desinformación se comporta como un virus y podemos colaborar en su extensión difundiendo mensajes falsos: si detectas uno, no lo compartas y, en caso de duda, envíalo a una organización de verificación maldita.es o al Comité Asesor de Vacunas de la AEP. ¡Te vamos a responder! 
- Sé responsable. Si dejamos de vacunarnos, estaremos indefensos frente a enfermedades graves, pudiendo aparecer brotes o epidemias de patologías hasta ahora controladas. 

Os dejamos abajo la infografía de este decálogo de 10 claves para que no te la cuelen con bulos sobre las vacunas. 

Y en las últimas semanas la AEP ha difundido los grandes "hits" de bulos sobre las vacunas: 
- En el número 1. Las vacunas causan autismo. Por supuesto, es falso, ninguna vacuna puede provocar esta entidad. Se demostró que el autor que provocó esta situación falseó datos y recibió dinero por difundirlo. 
- En el número 2. Las vacunas provocan efectos adversos muy graves, algo que solo ocurre en ocasiones extremadamente raras. Los efectos secundarios más frecuentes de las vacunas son dolor local, hinchazón, enrojecimiento de la piel y, ocasionalmente, fiebre. 
- En el número 3. Las vacunas causan otras enfermedades, ¡algo que nunca se ha demostrado! Tras múltiples estudios no se ha demostrado ninguna relación entre vacunas y otras enfermedades. 
- En el número 4. Las vacunas son innecesarias para enfermedades ya erradicadas. Es verdad que muchas están casi desaparecidas gracias a la vacunación, ¡pero no podemos bajar la guardia! 
- En el número 5. Las vacunas son demasiadas para los niños tan pequeños. Lo cierto es que se les ponen con esas edades porque su sistema inmunitario aún está inmaduro y el riesgo de enfermar es mayor. 
- En el número 6. Las vacunas llevan ingredientes perjudiciales para la salud, algo que nunca se ha demostrado ni con el timerosal, formaldehído o aluminio. 
- En el número 7. Mensaje final para recelosos: el pero "efecto adverso" de las vacunas es no recibirlas. Salvan 3 millones de vidas cada año.

Lo cierto es que los bulos no ayudan a nadie, ni en este campo ni en cualquier otro. Sin embargo los bulos sobre vacunas se han difundido durante años por redes sociales y por el boca a boca, y se reactivan cada vez que aparece una nueva vacuna. Siempre es así. Por ello es momento que las sociedades científicas bajen del atril y hagan campañas con ciencia, conciencia y responsabilidad también en redes sociales, allí donde más se informa la población general. Y por ello esta campaña de la AEP me parece apropiada.

miércoles, 11 de agosto de 2021

The Conversation y Maldita Ciencia


Entre las instituciones presentes en la pasada XV Jornada MEDES (MEDicina en ESpañol), bajo el título de “La circulación del conocimiento en español”, se encontraban representantes de dos instituciones relativamente nuevas y de interés en el panorama actual de la información científica: The Conversation y Maldita Ciencia. Y vale la pena conocer su función. 

The Conversation 

The Conversation es una plataforma de divulgación del conocimiento académico y científico creada en Australia en 2011, y que cuenta ya con ediciones en Reino Unido, EE.UU., África, Francia, Canadá e Indonesia y, desde hace dos años, también en España. Su misión es promover una conversación permanente entre los que saben y los que quieren saber, entre expertos que solo escriben sobre temas relacionados con su especialidad y una comunidad de lectores que reclama contenidos de calidad en muy diversos temas, principalmente científicos. Un proyecto para mejorar la conversación ciudadana en España y el mundo, una exigencia moral para los periodistas, un tanto descuidada en los últimos años, tal vez por contagio del ruido ensordecedor de las redes sociales y con una ciencia maltratada por las fake news y el amarillismo periodístico, dos cánceres que asolan la formación, la información y la convivencia. 

Porque el objetivo de The Conversation es promover un diálogo entre quienes saben y quienes quieren saber, alejados de las falsas noticias y del ruido generado por las redes sociales, y que pretende adaptar el lenguaje académico al estilo divulgativo de la publicación. Su misión es ayudar a entender la actualidad nacional y global a través de artículos firmados por los mejores divulgadores, que se incorporarán a una red de autores que cuenta ya con 68.000 expertos pertenecientes a 2.100 instituciones académicas y científicas de todo el mundo como las universidades de Oxford, Cambridge, California, Boston, Michigan, Sorbona. Y en el caso de España, de las mejores instituciones científicas y académicas españolas. 

En las ediciones ya disponibles más de 10 millones de personas se informan habitualmente a través de theconversation.com y otros 35 millones leen sus contenidos en medios como Le Monde, The Washington Post, The Guardian, Newsweek, Slate, Time o El País, que publican habitualmente sus artículos, cuyo acceso es libre y gratuito. Para difundirlos sólo es preciso, además de respetar la integridad del contenido y citar a la plataforma, al autor y a la institución a la que está vinculado, un modelo abierto, transparente y responsable. 

Maldita Ciencia

Maldita Ciencia es un proyecto que habla de un sinfín más de temas desde una perspectiva científica e informada, evitando que nos cuelen bulos y errores, contando el origen y la profundidad de los temas que tratan con un enfoque sencillo y diferente. Y con argumentos científicos intentan convencer de que la homeopatía, las terapias alternativas o el reiki (tres ejemplos de una larga lista) no tienen una base científica, y lo realiza desde el rigor, basándonos en la evidencia científica. Desde Maldita ciencia creen que hay muchas cosas opinables, pero la ciencia sólo es discutible con argumentos científicamente probados.  

Por tanto, el objetivo de Maldita Ciencia, nacido en el año 2019, es intentar verificar y desmontar cualquier tipo de desinformación y propone una tipología de análisis para los bulos. 

Dos recursos informativos de interés para intentar preservar a la ciencia de la desinformación y peligros que provoca el periodismo científico, el amarillismo periodístico, los bulos y las falsa noticias (fake news). Muy importantes recursos, junto con muchos otros.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Reivindicación del pensamiento científico: lecciones de una pandemia

En el mes de diciembre de 2020 la decana Revista de Occidente publicó un número monográfico bajo el título de “El año de la pandemia. Ciencia, medicina y humanismo”. Un número patrocinado por Fundación Lilly, una fundación muy vinculada hacia la humanización de la medicina y la ciencia en español. Como miembro del Comité Técnico de Fundación Lilly recibí un ejemplar de este monográfico de 11 artículos que analizan la pandemia COVID-19 desde perspectivas muy singulares, todos ellos firmados por relevantes autores en la materia.

Pero llamó mi especial atención el artículo firmado por mi buen amigo, José Antonio Sacristán, director de Fundación Lilly: “Reivindicación del pensamiento científico”. Un artículo que conviene disfrutar de principio a fin en este enlace de ResearchGate, pero que me he tomado la libertad de sintetizar algunas de sus ideas clave. 

La pandemia COVID-19 nos cogió por sorpresas y ha cambiado el mundo. Y esta pandemia ha evidenciado que nuestra época está viviendo un avance espectacular de la ciencia, pero un claro retroceso del pensamiento científico. Esto puede parecer una contradicción, pero se trata de dos conceptos diferentes: la ciencia es aquello a lo que se dedican los científicos, mientras el pensamiento científico es una cualidad que, aunque necesaria para el avance de la ciencia y presente en los científicos, también impregna, en mayor o menor medida, a la sociedad. 

Y así es como la CIENCIA ha avanzado como nunca, dada la emergencia de la pandemia. En pocos meses se iniciaron cientos de ensayos clínicos con decenas de nuevos fármacos y en un tiempo récord se han desarrollado las fases de desarrollo de diversas vacunas frente al SARS-CoV-2 y actualmente aplicando en el buscador de PubMed el término “COVID-19” aparecen cerca de 120.000 artículos. 

Pero nuestro PENSAMIENTO CIENTÍFICO no ha estado a la altura. Hemos asistido a un exceso e intoxicación de información (denominado como “infodemia”), a la publicación continua de noticias falsas (“fake news”), de exageraciones absurdas, de teorías conspiranoicas, de informaciones sesgadas, que, sorprendentemente se han asumido con total credulidad por muchos ciudadanos. Y detrás de estas falsas noticias, que se propagan por las redes sociales, casi siempre hay intereses de algún tipo (políticos, económicos, etc.). 

La credulidad frente a lo irracional y la asombrosa rapidez con que se han extendido los bulos son los indicios de nuestra exposición (recurrente) al pensamiento mágico. Pues, aunque el paso del mito al logos se inició con los filósofos presocráticos (Tales, Pitágoras, Heráclito o Parménides), llevamos más de 25 siglos transitando por ese estrecho camino que separa la razón del mito, el pensamiento científico del pensamiento mágico. Porque el camino del mito a la razón es de doble sentido. La historia demuestra que, de cuando en cuando, retorna el pensamiento mágico y destruye una parte del edificio que tanto tiempo se tardó en construir. 

Es inevitable que el resurgimiento del pensamiento mágico que ha ocurrido durante esta pandemia nos haga pensar en la vulnerabilidad de nuestra sociedad ante otros virus potencialmente más dañinos que el SARS-CoV-2: porque los totalitarismos, fundamentalismos o populismos, son virus que comparten características con el coronavirus. Tienen alta capacidad de contagio, dejan múltiples secuelas, las personas asintomáticas los transmiten con facilidad, la respuesta inmune es limitada, y contamos con escasas intervenciones eficaces para prevenirlos o tratarlos. Se trata de virus muy difíciles de vencer. 

La estructura del relato mítico siempre es la misma: a) en una etapa anterior, el hombre vivía feliz en un paraíso imaginario; b) hubo alguien (un culpable) que sacó al colectivo de su paraíso, lo que le obliga a vivir actualmente en unas condiciones miserables y; c) hay un salvador que promete eliminar al culpable y el retorno al edén. Las características del paraíso perdido y del culpable varían en función de la ideología de los constructores del mito. 

A partir de esa estructura de relato, no resulta difícil identificar las estrategias que se utilizan. Y el catastrofismo es su estrategia habitual para ganar adeptos: tras los mensajes apocalípticos y el anuncio de la ruina del sistema, siempre hay líderes visionarios y autoritarios que se creen en posesión de la verdad, de la única verdad posible. La mentalidad anticientífica se refleja también en su intolerancia y falta de pluralismo. En su lógica no hay cabida para la discrepancia. 

Y de ahí la importancia de cuidar el pensamiento científico. Porque a diferencia del mesiánico rígido, seguro de su verdad, el hombre de ciencia ansía a conocer el mundo, acercarse a la verdad. Porque para el científico, los errores son oportunidades de aprendizaje: por ello, convive bien con la duda y cultiva un sano escepticismo. Por ello, conviene cultivar un sano pensamiento científico. Y de todas las posibles medidas que pueden ayudar a fortalecer el pensamiento científico, hay tres que quizás sean más efectivas: la existencia de referentes, el fenómeno de la cultura científica y la educación de los más jóvenes. 

Por tanto, concluye el autor, que es preciso reivindicar el pensamiento científico porque fomenta la honestidad, la humildad, la libertad, el esfuerzo, la tolerancia y la duda, algunos de los mejores antídotos contra el mito. 

Y yo concluyo, que de todos estos valores vamos a necesitar con intensidad para superar lo que resta por superar de esta cruel pandemia. Porque vamos a vivir momentos sanitarios, políticos, económicos y sociales muy complicados. Y más vale desterrar mitos, bulos y teorías conspiranoicas, arrimar el hombro y salir adelante con ciencia y con conciencia. 

lunes, 9 de julio de 2018

Los 10 bulos alimentarios más extendidos


Desde hace unos meses hemos abierto en nuestro Servicio de Pediatría un programa de formación que hemos denominado como "10(pequeñas) Historias de Pediatría", idea liderada por nuestro compañero el Dr. Carlos Loeda, quien vive con júbilo su libertad laboral y mental, y nos deleita con su experiencia y sus reflexiones. Curiosamente su última charla se tituló como "Alimentación infantil: dogmas, sectas y tradiciones" y que intentaba poner las bases de una conducta alimentaria realista, un ámbito en que la formación del pediatra hacia los padres se nos ha sido enajenado (con la complicidad de algunas figuras públicas), hasta el extremo de convertirnos en testigos pasivos de recomendaciones “urbi et orbe” como el consabido “baby led weaning” y otras modas. 

Y es que el mundo de la alimentación es muy dado a los dimes y diretes... y no solo en la infancia, claro está. En el mundo de la alimentación circulan infinidad de mitos y el científico J. M. Mulet, autor del libro "¿Qué es comer sano?", pretende desterrarlos todos. Los hemos oído en tantas ocasiones que han conseguido hacerse un hueco en el imaginario colectivo como verdades absolutas, tanto que incluso condicionan nuestros hábitos nutricionales y, por lo tanto, nuestra salud. Estos son algunos de ellos (que nos recordaba El Mundo hace unos días): 

1. Hay que beber ocho vasos de agua al día. 
Nadie puede afirmar que hay que beber una cantidad determinada, pues tenemos que beber lo que necesitemos. Aunque nadie pondrá en duda de el agua es mejor que la mayoría de las bebidas. Ah, y beber agua en las comidas no engorda, pues como tiene cero calorías el orden de antes o después no afecta al resultado. 

2. El azúcar moreno es mejor que el blanco. 
Quizás tiene más minerales y nutrientes, pero es poco significativo, porque mayoritariamente es azúcar y, por tanto, son calorías vacías. Porque ni el azúcar moreno es un santo ni la sacarina, edulcorante sintético, un veneno. Y lo que sí recomienda la OMS es que se limite el consumo de los azúcares libres a un máximo del 5% de la ingesta calórica total (25 gr. de azúcar al día). 

3. El aceite de palma es tóxico. 
En muchos medios se recogió la noticia hace tiempo de que era cancerígeno y no es cierto. No es aconsejable, pero no es el demonio.  Y en este blog ya tratamos hace tiempo este tema con el Comunicado sobre el aceite de palma y ácido palmítico en la alimentación infantil 

4. Una dieta sin gluten es mejor para la salud. 
Y es que hay libros que dicen que comer trigo es un veneno. Lanzar el mensaje de que una dieta sin gluten es más sana genera confusión... y nunca más salud. La dieta sin gluten, eso sí, es esencial para el paciente celíaco: y aquí si que conviene que no haya transgresiones.

5. Productos lácteos que activan el sistema inmune. 
La realidad es que ninguno tiene efecto en el sistema inmune, por mucho que lleve bacterias con nombre en latín (que queda más fino y científico, pero no más inmune...)

6. El pollo anaranjado indica que es de campo. 
Tradicionalmente asociamos el color anaranjado con la libertad del pollo, pero la carne se puede maquillar por métodos naturales. Así que fíese del color del pollo y no corras...

7. El pescado de piscifactoría es peor.
Sorprende la manía que tiene la gente respecto al pescado de crianza. Cuando nos comemos un filete nadie repara en ello, o al menos no se equipara el mero a la vaca. Y sí, no hay duda: ojalá pudiéramos comprar siempre el pescado de una lonja (y yo tengo dos cerca, la de El Campello y la de Santa Pola).

8. La vitamina C previene resfriados. 
Lo cierto es que coma las naranjas que quiera - sobre todo si son dulces y jugosas -, pero para prevenir los resfriados mejor comencemos por lavarnos las manos y huir de aglomeraciones donde circulan los virus. Y una cosa más, que siempre nos dicen las madres (lo de beber rápido el zumo que pierde las vitaminas), y que no es así, pues las vitaminas se mantienen unas 12 hs tras exprimir la naranja... aunque también es cierto que con lo bueno que está, para qué esperar...

9. Las bayas de goji sirven para todo.
Son un alimento normalito con una historia fabulosa. Sus propiedades son similares a las de cualquier otra fruta del bosque, pero con mejor marketing.

10. Comer ecológico es más sano.
Su consumo sólo se puede justificar por motivos filosóficos o políticos. Por beneficios para la salud, la ciencia dice que nada. Y lo único demostrado es que comer ecológico es un 65% más caro (alguien lo ha estudiado... y es que hay gente pa tooo). Y con este último punto tendríamos para hablar en otro post... o hasta para escribir un libro.