lunes, 29 de noviembre de 2021

Los avances que el siglo XXI nos ha aportado al abordaje de la salud desde el inicio de la vida en Pediatría

 

El Congreso Nacional de Estudiantes de Medicina (CNEM) que organiza todos los años los alumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández se ha convertido, por su calidad y pervivencia, en el congreso más sólido y conocido de estas características en España. Y da buena muestra de ello el que este año se haya celebrado ya la XXXIX edición nacional y la XVII internacional, con una gran acogida. 

He tenido la ocasión de ser invitado como ponente en varias ocasiones, la última hace 5 años con el tema “Transexualidad, un abordaje entre la ciencia y la conciencia”. Y en este año con el tema “Los avances que el siglo XXI nos ha aportado al abordaje de la salud desde el inicio de la vida” y que ha supuesto un acto de reflexión no fácil para intentar sintetizar los avances principales en la Pediatría en las dos últimas décadas. 

Para ello dividí la exposición en cuatro apartados, los dos primeros introductorios y los dos últimos nucleares (estos últimos fundamentados en nuestra experiencia). 

I. Las diferentes “pediatrías” y los diferentes tiempos 
Porque nuestra profesión es mucho más que una Medicina interna con chupete, y tal es así que la Asociación Española de Pediatría tiene reconocida 24 especialidades pediátricas, lo que hace entender que nuestra profesión venga definida como Pediatría y sus Áreas específicas. Y los pediatras, como cualquier otro profesional de la sanidad, estamos inmersos en los cambios de paradigma en el paso del siglo XX al siglo XXI. 

II. Gestionar en busca de la (H)excelencia 
Una excelencia con “h” de hospital y de humanización. Y la humanización en el siglo XXI es epicentro, con el conocimiento y el compromiso, en los cimientos de un hospital global que avanza hacia una pediatría centrada en el paciente (y su familia). Y se proponen seis claves (que suman y se complementan) para gestionar la (H)excelencia. 

III. Los avances en CIENCIA pediátrica 
Un recorrido reflexivo sobre 12(+1) especialidades pediátricas y los principales avances que se han considerado más relevantes en las dos últimas décadas, según sus propios especialistas. De ellas, 12 están comprendidas en nuestro Servicio de Pediatría, y la última corresponde a otro servicio, el de Cirugía Pediátrica, muy vinculado al nuestro. 

IV. Los avances en CONCIENCIA pediátrica 
Porque si la ciencia (y la tecnología) hizo avanzar la Medicina en el siglo XX, la conciencia (y la humanización) cimentará la Medicina en el siglo XXI. Porque debe ser un objetivo primordial de nuestros días crear hospitales pediátricos con programas específicos para hacer más agradable su estancia y con ambientes adaptados a su edad y a su imaginación. Y es por ello que exponemos nuestros 12(+1) en busca de la (H)excelencia, la humanización y arteterapia en nuestro Servicio de Pediatría que se han desarrollado en los últimos siete años. 
Y, en este sentido, también exponemos algunas experiencias personales de ese viaje de la Pediatría “líquida” con profesionales “sólidos” con ese valor que da el buen uso (evitando el mal uso y abuso) de las tecnologías de información y comunicación (con el poder de internet y las redes sociales). 

Una ponencia (y reflexión) para dar la bienvenida a la Pediatría, entre la ciencia y la conciencia. Porque en el siglo XXI se debe demandar un avance conjunto en ambos campos.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Cine y Pediatría (620): “Amarcord”, yo me acuerdo, nosotros nos acordamos

 

Pocos protagonistas del séptimo arte pueden presumir de atesorar un adjetivo. En concreto un adjetivo que describe un universo estético, social y político que ha impregnado a toda una nación desde hace seis décadas, un adjetivo que marca la tensión entre el hombre moderno y los rudimentos del pasado, y que incluye los sueños eróticos y el machismo caricaturesco. El adjetivo es “felliniano” y está claro que se deriva del apellido del Mago de Rímini, Federico Fellini. 

Fellini nació en 1920 - acabamos de celebrar su primer centenario - en esta pequeña ciudad de la costa adriática de tejados rojos y estanqueras voluptuosas, la que fuera un enjambre de recuerdos mágicos e inconexos que logró recopilar en algunas de sus películas, recuerdos de su Rímini del alma: desde Amarcord (1973) a La Strada (1954), pasando por Los inútiles (1953). Pero cierto es que Roma fue el lugar que esculpió a un chico que llegó con 18 años buscando fortuna como viñetista y dibujante. Y, aunque la verdadera patria de Fellini jamás tuvo fronteras, tuvo entre las paredes de Cinecittà - ese melancólico Hollywood italiano levantado por Mussolini - su epicentro, allí donde construyó la mayoría de sus ensoñaciones y obsesiones y hasta donde se instaló su capilla ardiente. Toda su vida giró en torno a esos estudios donde el director que retrató como nadie la Italia de la posguerra y fue responsable del arte de lo grotesco en el Neorrealismo italiano. Y allí se rodaron Las noches de Cabiria (1958), La Dolce Vita (1960), Ocho y medio (1963), pero también algunos de los últimos filmes, como Y la nave va (1983) y Ginger y Fred (1986). 

Ganó cinco Óscares: en 1993 fue galardonado con un Óscar honorífico por su carrera, pero previamente recibió otros cuatro a la mejor película extranjera - de hecho, un hito que solo ha conseguido otro director italiano como Vittorio De Sica -: La Strada, Las noches de Cabiria, Ocho y medio y Amarcord. Y precisamente esta última es la película que nos convoca en Cine y Pediatría, su particular manera de recrear los recuerdos de su infancia y así recordar su big bang estético que revientan las costuras del diccionario con su adjetivo “felliniano”. 

Amarcord, una de sus películas más queridas y recordadas, quizás la más personal, aunque a Fellini le incomodara que se dijera que es autobiográfica. En realidad, el material original de Amarcord procede de un texto que Fellini escribió en 1966, durante una larga convalecencia: “La mia Rimini”. Son, por tanto, recuerdos de la infancia y adolescencia de Fellini, mitificados o transfigurados por la memoria. Lo cierto es que el guion, escrito por el propio Fellini y Tonino Guerra, es una sucesión de episodios que ocurren en un pequeño pueblo costero del norte de Italia a lo largo de un año entero, desde que llegan los vilanos en primavera hasta que se repite ese mismo fenómeno un año después. Un microcosmos que podría haber sido el de cualquier pueblo del norte de la Italia fascista de los años treinta. 

Y la música de Nino Rota (cuya partitura quedará para siempre en la memoria) nos introduce a ese especial microcosmos, el que nos regala Federico Fellini. Suenan las campanas y lo niños cantan “La primavera ha aparecido, el invierno ya se ha ido”. Y a partir de ahí van apareciendo el cortejo recurrente de personajes: la familia de sainete del matrimonio Aurelio (Armando Brancia) y Miranda (Pupella Maggio), con sus dos hijos (entre ellos Titta), el abuelo libidinoso (Giuseppe Ianigro) y el tío fascista que vive del cuento (Nando Orfei); pero también la Gradisca, la peluquera de cuyo trasero andan enamorados todos los adolescentes, la prostituta demente Volpina (Josiane Tanzilli), la voluptuosa estanquera (Maria Antonietta Beluzzi), la monja enana, el cura, el espontáneo narrador o esos cinco adolescentes que nos acompañan durante toda la historia. Entre todos ellos, especial atención pone el director en el adolescente Titta Biondi (Bruno Zanin) y la Gradisca (Magali Noël). Y, aunque se rodaron algunos exteriores en Anzio y en la propia Rímini, casi todo lo que se ve en escena fue construido en un enorme decorado, en el Estudio 5 de Cinecittà. 

Y a lo largo de un año transcurren las estaciones y las escenas míticas, que parten con esa fiesta nocturna de la primavera y que continúan con otras que, de solo recordarlas, se nos dibuja una sonrisa. Porque hay muchas imágenes de esta película que forman ya parte de la memoria colectiva: 
- Las escenas de las escuela y la presentación de los diferentes maestros (de religión, de lengua, de matemáticas, de historia o de literatura, a cada cual más peculiar) y también los alumnos, que no le van a la zaga a los anteriores en rareza. 
- Las escenas de la familia de Titta alrededor de la mesa, donde el padre enfurruñado grita: “Por la virgen santa. Se levanta uno a las cuatro de la mañana, trabaja todo el día como un burro y viene uno a casa a comerse un pedazo de pan, y no se encuentra uno más que caras largas”. 
- La confesión de los adolescentes, y la pregunta del cura: “¿Cometes actos impuros, te tocas? Sabes que San Luis llora cuando te tocas”. 
- La llegada del Duche y el saludo fascista de todo el pueblo que le vitorea a toda marcha. Y esa “Internacional” que suena en la torre de la iglesia. 
- Las escenas del Gran Hotel y esos recuerdos de las Mil y una noches, al son de “La cucaracha”. 
- La salida al campo de la familia con el tío Teo, al que buscan en el psiquiátrico para pasar el domingo con él, y con el que se suceden las anécdotas, como cuando se orina encima (y el abuelo dice: ”El padre de mi padre solía decir: para conservarse sano hay que mear más que los perros. Era un filósofo. Gracias a eso vivió 108 años”), o cuando se sube al árbol y grita durante horas esa frase inolvidable: “¡Quiero una mujer!”. Y cuando la monja enana logra convencerle para bajar del árbol, uno de los enfermeros dice esa máxima: ”Qué le vamos a hacer. Unos días está normal y otros no, como todos nosotros”
- La escena en la playa y esos barcos y barcas que parten a altamar para esperar allí la noche y ver surcar el mar al Gran Rex, el buque trasatlántico más grande del régimen fascista. 
- La mítica escena del adolescente Titta (posible alter ego del director) con la voluptuosa estanquera, de lo que le queda un cigarrillo de regalo y casi una enfermedad. 
- Y muchas más (la escena de la niebla, las carreras de coches de las Mil Millas, la gran nevada o la muerte de Miranda, la madre de Titta), hasta llegar a la boda de Grandisca (“Nuestra Grandisca se va. Y se va porque ha encontrado a su Gary Cooper”). Y a medida que todos se van del convite de boda en medio del campo, sobrevuelan de nuevo los vilanos. 

El título ha sido uno de los aspectos más debatidos de esta película: ¿qué significa Amarcord? Al parecer, es un neologismo del propio Fellini, pero que procede de la contracción de “A m’acord”, que es la forma en que se pronuncia “Io mi ricordo” (“me acuerdo”) en la región de Emilia‑Romagna. Y es así que durante dos horas de metraje acompañamos a este sueño peculiar de Feliini en el que todos recordamos… esos momentos inolvidables de nuestra infancia. 

Y para ello, Fellini colabora con alguno de los más prestigiosos profesionales del cine italiano, colaboradores habituales como Tonino Guerra, poeta y uno de los grandes guionistas del cine italiano, Giuseppe Rotunno, como director de fotografía, Danilo Donati, como diseñador de vestuario, y con el compositor Nino Rota, cuya música es puro leitmotiv.  

La colaboración Nino Rota–Federico Fellini precisa un especial apartado, pues supuso una de las más notables entre compositor y director recordadas en el séptimo arte. Porque la banda sonora de Amarcord supone la colaboración número 14 de Nino Rota, de las 16 que compuso para Federico Fellini. Se trata tal vez de su obra más conocida y más inspirada, donde fluye bajo las notas de una música popular, nostálgica, pero a la vez grotesca, ingeniosamente compuesta y con ese particular sello Rota que, tras su muerte nadie supo imprimir. Y es que el tema principal de esta banda sonora se repita hasta una docena de veces en el filme, no apoyando ni subrayando las imágenes de Fellini, sino dándoles vida, calor y esa fuerza, sin la cual Amarcord no sería esa gran película que es. La perfecta comunión de imágenes y sonido, de cine y música. 

Porque, al final, Amarcord es una película sobre la memoria, sobre lo que hay de universal en lo particular, sobre cómo los recuerdos personales de un solo individuo pueden convertirse en universales y cómo la infancia nos acompaña toda la vida. Se trata, al cabo, de un ciclo, de la vida de un lugar a lo largo de cuatro estaciones. Nada más y nada menos que una gran película de Fellini y una magnífica partitura de Rota para la vida.

 

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Epidemias y pandemias, una historia de cine

 

El Mundo está viviendo una situación insólita con la pandemia por COVID-19, que se desarrolla en tiempo real en cada ciudad y en cada país: algo insólito cuando la “infodemia” se suma a la epidemia. Países sometidos a cuarentenas y confinamientos durante el año 2020 por las escalofriantes cifras sobre contagiados, enfermos y fallecidos, y desde el inicio de este año 2021 inmersos en una carrera sin precedentes por la vacunación frente al SARS-CoV-2. Unas cifras que quedan desactualizadas desde el momento que se publican, pero que en noviembre de 2021 alcanzan un total de 248 millones de infectados en el mundo (de los que quedan activos más de 18 millones) y que han provocado más de 5 millones de fallecimientos (un 2% del total). Y en estos momentos ya se han vacunado más de 3.900 millones de personas en el mundo, es decir, la mitad de la población (si bien con una gran desigualdad entre países y continentes). Una pandemia sin precedentes donde los grandes avances de la ciencia y la organización de los sistemas sanitarios y la sociedad han vencido a las “fake news” y a las teorías conspiranoicas. 

En estas circunstancias, conocer las epidemias y pandemias a lo largo de la historia de la humanidad nos dejará algunas lecciones. Así como revisar las diferencias entre la realidad y la ficción, y la visión que el séptimo arte nos ha devuelto sobre este tema. Una mirada desde la Historia, Medicina y Ciencia por una lado, y una mirada desde el Cine por otro. Y es así, que con este contexto y durante los años 2020 y 2021, he podido desarrollar tres ponencias alrededor de este tema en diferentes congresos internacionales con la Sociedad Chilena de Pediatría, con la Sociedad de Pediatría Dominicana y con la Sociedad de Pediatría de Nuevo León (México). Os dejamos esta presentación y sus principales lecciones aprendidas. 

a) Lecciones aprendidas desde la Historia 

• Tras revisar el “top ten” de pandemias en la Historia antes de llegar a la COVID-19, comprobamos que es un hecho que se repite en el tiempo, con cuatro claros protagonistas: al principio Yersinia pestis, y luego tres virus (viruela, gripe y coronavirus, el nuevo, el anterior y los que puedan surgir). 

• En resumen, la Historia y las historias deben servir para aprender algo y no cometer los mismos errores en estos momentos tan complicados que vivimos. Dejemos que la ciencia, la medicina y la historia sean las que guíen los pasos a seguir, y que sean los científicos, médicos e historiadores los que marquen la adopción de las pautas a seguir, basadas en los datos y no en las ideologías, en la prudencia pero no el miedo. Y los que se autoproclamen como científicos, médicos e historiadores sin serlo, absténgase de opinar dogmáticamente para evitar más confusión. 

b) Lecciones aprendidas desde el Cine: 

• La infectología, las epidemias y pandemias son un tema recurrente en el séptimo arte. Y a la mayoría de las películas les precede una novela de éxito. 

• La mayoría de las pandemias son víricas (virus de la rabia, de la gripe, varicela o no filiado) y se sitúan muchas en el primer cuarto del siglo XXI, casi como una premonición de nuestra situación actual y principalmente en tres países (Estados Unidos, Reino Unido y Corea del Sur). 

• Las pandemias asolan las ciudades y, en ocasiones, transforman a las personas en zombis, vampiros o con funciones sensoriales y mentales alteradas. 

• Casi todas las películas plantean un futuro desolador, caótico y con escasos motivos para la esperanza. 

De las películas analizadas, considero que seis de ellas son películas argumentales en este tema por su valor y enseñanzas alrededor de las epidemias y pandemias: 
- El doctor Arrowsmith (1931) 
- Philadelphia (1993) 
- Estallido (1995) 
- 22 ángeles (2016) 
- 93 días (2016) 
- … y especialmente Contagio (2011)

La película Contagio debe prescribirse a estudiantes, sanitarios y también a la población, porque plantea los siguientes debates: 
- El proceso científico para caracterizar un nuevo patógeno. 
- Los mecanismos de transmisión de una pandemia. 
- La ética personal y profesional ante una amenaza existencial. 
- Las fortalezas y limitaciones de las respuesta de la salud pública. 
- Los factores que llevan al pánico de masas y al colapso de orden social. 

• La ficción del séptimo arte es como un entrenamiento sentimental en bajas dosis. Quizás un lugar para tomar conciencia, aunque no siempre el enfoque sea el adecuado. 

En este viaje de Hipócrates a Hollywood (de la ciencia al arte) en el entorno de las epidemias y las pandemias, es posible adquirir algunas enseñanzas: 1) la Historia nos demuestra dos realidades pasadas de las epidemias y pandemias: su gravedad y su recurrencia en el tiempo; 2) el Cine nos revela dos supuestos futuros de las epidemias y las pandemias: su visión apocalíptica y su limitada positividad al ser reflejadas en la gran pantalla. De este modo, el cine actúa como una vacuna, pues nos expone en pequeñas dosis repetidas frente a las emociones y reflexiones que nos provocan las epidemias y pandemias; y ello con el fin de ganar en conocimiento, prudencia y resiliencia frente a esas entidades.