sábado, 24 de noviembre de 2012

Cine y Pediatría (150). Ni desvinculación ni indiferencia en “El profesor”


Detachment es el título original de la última película de Tony Caye (2012) y la traducción al español incluye términos como separación, desvinculación o indiferencia. En nuestro país la película se ha titulado como El profesor y nos narra en tono de drama las desvinculaciones e indiferencias alrededor de la vida de alumnos y profesores de un instituto estadounidense, con la figura central Henry Bathes, un profesor sustituto interpretado con maestría por Adrian Brody. 

Una película que rezuma cine independiente desde los créditos iniciales (con esa pizarra con dibujos, utilizada de forma recurrente luego), y que lo atesora en el movimiento de cámara, los encuadres de imágenes, el uso de la luz, el color y la música. Pero resulta ser de ese cine independiente que no sólo pega fuerte, sino que gusta y podrá convertirse en una de las películas destacables del año (para mí ya lo es). Y nuevamente su éxito no vendrá de lo que cuenta, sino como lo cuenta…., aunque lo que cuente sea incómodo. 
Porque lo qué cuenta es casi un subgénero en el cine, del que ya hemos hablado en Cine y Pediatría con el esquema bien conocido de adolescentes (generalmente problemáticos y desmotivados, reflejo de familias y circunstancias difíciles), centros educativos (principalmente institutos de entornos sociales complicados o peculiares) y profesores (habitualmente algún profesor coraje que rompen el esquema habitual del resto de sus compañeros docentes, pero en esta ocasión nuestro protagonista está tan desencantado, sino más, que el resto). 

Pero el cómo lo cuenta es mérito de dos nombres: Tony Caye (director y fotografía) y Adrian Brody (protagonista y productor). Porque el británico Tony Caye y el estadounidense Adrian Brody son dos personajes con historias irregulares en el mundo del cine, capaces de brillar y desdibujarse. Adrian Brody ya consiguió emocionarnos (y obtuvo el Oscar gracias a su interpretación de un superviviente judío del gueto de Varsovia, el músico polaco de origen judío Władysław Szpilman) con El pianista (Roman Polanski, 2002), pero se perdió en obras menores como actor con El bosque (M. Night Shyamalan, 2004), King Kong (Peter Jackson, 2005) o Manolete (Menno Meyjes, 2007). Tony Caye nos es un director prolífico, pero brilló con luz propia en American History X (1998) y también nos impactó con la película documental Lake of fire (2006). Director y actor en estado de gracia para un buen guión, y acompañados por un buen elenco de secundarios: Marcia Gay Harden, Tim Blake Nelson, Lucy Liu, Blythe Danner y James Caan, entre otros. La película ya ha recibido el beneplácito del público y los premios de numerosos festivales. 

Si American History X era un crudo retrato de advertencia sobre los peligros de los movimientos neonazis en Estados Unidos y sus métodos de captar jóvenes descontentos de clase media blanca en su política de odio racial, en El profesor nos ofrece otro drama humano sobre el mundo de la enseñanza y la complicada relación existente entre maestro y alumno. Carl Lund se estrena en el guión cinematográfico, al que Tony Kaye le pone imágenes con inusitada pericia, con una cámara nerviosa, tambaleante, acorde con el estado de ánimo de sus personajes, abocados todos al abismo. 

Henry Bathes es un hombre completamente desengañado con el mundo que le rodea, que no encuentra sentido a su vida y que acostumbra a esconderse de sus propios problemas, a salir huyendo ante las primeras dificultades que se le presentan. Y ese desengaño tiene una causa que el director nos subraya continuamente con esas imágenes desdibujadas en fondo rojo en el que aparece él de niño y su madre. Pero Henry tiene profesionalmente un don, en su condición de maestro de instituto: sabe conectar emocionalmente con sus alumnos, si bien, el miedo a sentirse traicionado afectivamente le hace estar poco tiempo en el mismo puesto de trabajo. Sin embargo, todo cambia cuando llega a un nuevo instituto y se convierte en el referente de unos alumnos sin rumbo sobre los que logra dejar huella. Pero El profesor va más allá de la típica película de institutos, pues explora temas como la educación, la familia, la paternidad, el compromiso profesional y personal y la complejidad de asumir responsabilidades, a través de la disección del trabajo cotidiano de un profesional de la enseñanza. 
Y perduran sus imágenes y algunas escenas dignas de mención: la violencia de los alumnos frente a sus profesores y esa sensación inmensa de descontrol; ese abrazo entre Henry y la joven prostituta Erica (Sami Gayle), uno de los abrazos más emocionantes que recuerdo en el cine, al menos en los últimos años; y, cómo no, el poético final en el que se superponen imágenes de decrepitud con la lectura de “La caída de la casa Usher”, de manera que el mundo de Edgar Allan Poe se acerca al mundo de la docencia, con esa escuela vacía, destrozada y asolada que evoca el hundimiento de la casa Usher, en otros tiempos una lujosa y esplendorosa mansión, siempre brillante y reluciente, como una vez fue la vida en las escuelas. 

Dos emocionantes películas que hemos podido ver este año alrededor del tema de la educación y del enorme valor de un profesor, ambas de Norteamérica, pero de dos países bien distintos, incluso a la hora de abordar este tema: la canadiense Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011) y la estadounidense El Profesor. Sea como sea como lo contemos, un profesor es una figura fundamental para la sociedad y nunca debería sentir “detachment”, nunca debería sentir desvinculación ni indiferencia. Y es importante devolverle su respeto, por parte de todos.