sábado, 28 de diciembre de 2013

Cine y Pediatría (207). “Un Cuento de Navidad”… o no: poderosa radiografía de fantasmas familiares


Hace ya tres años que en “Cine y Pediatría” dedicamos una entrada navideña especial a las distintas películas que versionaron la novela de Charles Dickens "A Christmas Carol", escrita en 1843: desde la primera versión, realizada por Walter R. Booth en 1901 bajo el título de Scrooge; or Marley’s ghost, hasta Un cuento de Navidad adaptación escrita y dirigida por Robert Zemeckis en el año 2009.

Sin embrago, esta película de hoy, con título homónimo, no trata sobre Scrooge, ese hombre avaro y tacaño que no celebra la fiesta de Navidad a causa de su solitaria vida y su adicción al trabajo. Hoy hablamos sobre la película francesa Un cuento de Navidad (Arnaud Desplechin, 2008), sugestivo e irónico título que nos muestra en 150 minutos (y con un elenco de actores de lujo) todo un carrusel de personajes de una familia y la realidad incómoda que significa encontrarse en Navidad con tantos conflictos por resolver, un ácido y coral retrato de la burguesía disfuncional a través de 12 personajes. 

La película nos adentra en la familia Vuillard que se reúne a celebrar esta importante fecha de la Navidad, una familia (como casi todas) con heridas y rencores sin resolver entre padres, hijos y hermanos, pero cuya excusa para reunirse es el cáncer que acaban de diagnosticar a Junon (Catherine Deneuve), la matriarca de esta familia. Ya la película comienza sin concesiones. El abuelo Abel (Jean-Paul Roussillon) habla en un cementerio a los asistentes a un funeral, en un día gris y húmedo: “Mi hijo está muerto. He mirado en mi interior y me he dado cuenta de que no sentía dolor. El sufrimiento es un lienzo pintado. Las lágrimas no me acercan más al mundo. Mi hijo se desprendió de mi como la hoja de un árbol y no he perdido nada…”. Y continúa con una pequeña historia de marionetas: “En 1965, Abel y Junon tuvieron un hijo, Joseph, el primogénito. Dos años después, nació una niña: Elisabeth. En el parvulario, al niño se le declaró un cáncer en la sangre llamado linfoma de Burkitt. Sólo un trasplante de médula habría podido salvarle. Pero ni sus padres ni su hermana eran compatibles. Junon concibió entonces un tercer bebé, pero la amniocentesis demostró que su placenta tampoco le curaría. Abel se trasladó al hospital, a París, con su hijo, que empeoraba. Junon dio a luz en la maternidad de Roubaix y el pequeño Henri nació. Inútil. Joseph murió 18 meses después. Tenía 6 años. Los padres no llevaron a Herni al funeral, le dolía el estómago. Elisabeth se convirtió en la primogénita. Seis años después, Junon tuvo un último hijo, Iván. El recuerdo de Joseph se fue borrando.” 

Y a continuación, bajo la declaración del cáncer de Junon (el mismo que acabó con la vida de su primer hijo), se nos presenta a los tres hijos en la actualidad: Elisabeth (Anne Consigny), la mayor; Henri (Mathieu Amalric), el mediano; e Iván (Melvil Poupad), el benjamín. Y la familia se volverá a reunir gracias a la enfermedad de la madre, en lo que se convierte casi en la búsqueda de una médula compatible para el trasplante de la mielodisplasia de la madre…Y así se nos va presentando la película, en las tres partes iniciales de presentación de los hermanos y en otros episodios posteriores, que se inician con una imagen de ojo de buey sobre uno de los personajes y que se agranda hasta llenar la pantalla: La carta, Reunidos, El aparecido, Drama: el príncipe Zono, Júbilos, Por la tarde las despedidas. 
Tragicomedia en el entorno de una cena navideña que, alejada de sentimentalismos, ofrece una visión vital de las relaciones de poder en el seno de una particular familia. Pasan los años y Elizabeth se convierte en autora teatral en París. Henri va de negocios de éxito a quiebras fraudulentas, acompañándolo de su tendencia al alcoholismo y al histrionismo; se convierte en el hijo desterrado por su hermana Elizabeth, por haber llevado la economía familiar a la quiebra en fraudulentos negocios. E Iván, con una adolescencia muy problemática, se ha convertido en el padre casi razonable de dos niños, casado con Sylvi a (Chiara Mastroianni, a la postre hija en la realidad de Catherine Deneuve) que sigue medio enamorada de un primo. Esta película, sin concesión alguna, nos presenta la compleja faceta humana en la que, con tal de no vivir en soledad, es capaz de someterse a la incomodidad de fingir. 

Junon, la matriarca, necesita para salvarse un trasplante de médula ósea y sólo su detestado hijo pródigo Henri puede proporcionárselo o bien su adolescente nieto Paul, quien acaba de tener un intento de autolisis: y es entonces como los casi apestados de la familia se convierten en los potenciales salvadores. Y así el reencuentro de Navidad de toda la familia durante tres días es un regreso a las viejas heridas que se abren, y las que podrían ser las últimas vacaciones en común para toda la familia se convierten entonces en un absurdo ajuste de cuentas. 
Y el pavo, el ponche y los turrones son reemplazados por el flujo de veneno que destila el ajuste de cuentas mal solucionado. Y una ardua reflexión: “Desde la hospitalización de Paul y la enfermedad de Junon, no he parado de calcular. Riesgo de mortalidad del trasplante: del 5% al 20%; riesgo de recaída: del 15% al 30%; probabilidad de curación de un 40% a un 50%, pero riesgo de enfermedad injerto contra huésped aguda, 50%”. Y, en algún momento, vemos a Junon como lee en un texto las características del síndrome de Lyell o necrolisis epidérmica tóxica, como efecto potencial del de la enfermedad injerto contra huésped… 

El de las familias disfuncionales es un género claramente en boga, no sólo en el cine estadounidense de apariencia más indie, sino en otras filmografías. Algunos ejemplos, muchos ya tratados en “Cine y Pediatría”, son: American Beauty (Sam Mendes, 1999), Una historia de Brooklyn (Noah Baumbach, 2005), Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006), La familia Savage (Tamara Jenkins, 2007), La boda de Rachel (Jonathan Demme, 2008), Margot y la boda (Noah Baumbach, 2009), El primer día del resto de tu vida (Rémi Bezançon, 2008), Canino (Giorgos Lanthimos, 2009), Madres e hijas (Rodrigo García, 2009), Precious (Lee Daniels, 2009), En un mundo mejor (Susanne Bier, 2010), Los chicos están bien (Lisa Cholodenko, 2010), Abel (Diego Luna, 2010), Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011), Kiseki (Hirokazu Kore-eda, 2011), Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012), El camino de vuelta (Nat Faxon y Jim Rash, 2013), son algunos de sus ejemplos más recientes, muchos tratados ya en “Cine y Pediatría”. 
Además, Un cuento de Navidad pertenece a un subgénero muy de moda en el cine estadounidense, el "Thanksgiving". En él, todos los miembros de una familia se reúnen en el día de Acción de Gracias, hablan de sus cosas y se enfrentan a sus problemas y fantasmas. Pero el mayor encanto de esta película está en la contención y en la sutil hilaridad con que se trata algo que se podría llevar hasta el extremo de lo grotesco, en su poética puesta en escena y en la magnífica dirección de actores, para una película de largo metraje. 

A todos los personajes de Un cuento de Navidad les une una misma sangre por la cual fluye la unión y el odio, pero también la vida y la muerte. Unos burgueses ricos que viven más del pasado que del presente, con unos diálogos francos, directos y, a menudo, brutales. Un cuento de Navidad es el octavo trabajo de Desplechin, y el primero que se ha estrenado en nuestras salas de circuito comercial mayoritario. Desplechin es heredero directo de la Nouvelle Vague, aunque él mismo se declara amante del cine americano, y, como nos explica él mismo, en Un cuento de Navidad hay referencias cinematográficas evidentes, pero tres muy obvias: La regla del juego (Jean Renoir, 1939), Fanny y Alexander (Ingmar Bergman, 1982) y Hanna y sus hermanas (Woody Allen, 1986). Y se acompaña, además, de una banda sonora apabullante: de Mendelssohn a Otis Redding, de Scarlatti a Blackalicious o Duke Ellington.

Y el pensamiento final de Elisabeth: “No temo a la muerte. Ahora vivo en el país inventado por mi hijo. Si las sombras os hemos ofendido, pensad lo siguiente: que habéis estado dormidos y todo se arreglará”. Porque es la Navidad un momento de reencuentros familiares, de lo mejor y, a veces, de lo peor. Y, sin duda, esta película es un espejo de bastantes realidades..., pues como ya decía Charles Dickens, prototipo de autor navideño: "El recuerdo, como un vela, brilla más en Navidad".