sábado, 16 de mayo de 2015

Cine y Pediatría (279). La progeria de Benjamin Button y una sabia reflexión sobre la vida


“Algunos nacen para sentarse junto a un río. 
A algunos les cae un rayo. 
Algunos tienen oído para la música. 
Algunos son artistas. 
Algunos nadan. 
Algunos entienden de botones. 
Algunos saben de Shakespeare. 
Algunas son madres. 
Y otras personas... bailan.” 

Así termina una película muy especial. Y con un reloj cuyas manecillas van en dirección contraria. Porque así es esta historia, una historia que van en dirección contraria de las edades de un hombre: un hombre que nace anciano y muere niño

La historia fue un relato breve escrito en los años 20 del siglo pasado por F. Scott Fitzgerald quien, a su vez, se inspiró en una cita de Mark Twain: "La vida sería infinitamente más alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos gradualmente a los 18". El relato se tituló como “The Curious Case of Benjamin Button” y fue un capricho de Fitzgerald, una especie de fantasía, y su adaptación a la pantalla se consideró durante mucho tiempo como demasiado ambiciosa, demasiado fantástica. El proyecto permaneció en una especie de limbo durante cuatro décadas hasta que llegó a buen puerto (pero no fue fácil), tras la conjunción de tres nombres: Eric Roth (como guionista, quien ya nos regalara en Cine y Pediatría un guión de Oscar con Forrest Gump), David Fincher (como director, quien ya nos regalara en Cine y Pediatría una película de Oscar como La red social) y Brad Pitt (como intérprete, quien ya nos regalara en Cine y Pediatría una obra tan especial como El árbol de la vida). Y la película vio la luz en el año 2008 con un título homónimo a la obra literaria: El curioso caso de Benjamin Button… y con un personaje especial: la música de Alexander Desplat, una baza ganadora en cualquier banda sonora. Técnicamente es un prodigio de película (que le valieron tres Oscars por la dirección artística, maquillaje y efectos visuales), cinematográficamente es emocionante y hasta logra vencer el aparente hándicap de su largo metraje (167 minutos).

Con la frase "Nací en circunstancias inusuales" comienza la historia, que profundiza en los temas que más abordan al ser humano: el amor, la amistad, la vida y la muerte, y el paso del tiempo. El curioso caso de Benjamin Button se rodó en distintas localizaciones, incluido Montreal y el Caribe, y la ciudad natal del personaje es Nueva Orleans, que se estaba recuperando tras el devastador huracán Katrina cuando llegó el equipo de producción: de ahí el continuo homenaje de la película cuando Daisy, muy anciana y enferma, pide a su hija que le lea el diario de Benjamin.

Benjamin nace en Nueva Orleans en 1918, al final de la I Guerra Mundial. Cuando su madre fallece en el parto, su padre, horrorizado por su aspecto, lo abandona en la puerta de Nolan House, un asilo atendido por Queenie (Taraji P. Henson), quien le adopta y le cuida como un hijo, pese a su aspecto de anciano, no muy diferente a los que vivían en el asilo (con cataratas, sordera, artritis, etc.), quienes también le cuidan y le dan lecciones de vida. Y Queenie le dice a ese recién nacido el día que le acoge aquello de “Eres más feo que el hambre, pero eres hijo de Dios” y le recuerda durante toda su vida: "Nunca sabes lo que va a pasarte". Tizzy (Mahershalalhashbaz Ali), el amor de toda la vida de Queenie, es uno de los primeros "padres" de Benjamin, quien le enseña a leer y escribir y le habla de Shakespeare. Su capacidad de escuchar y de observar, como si de una persona de 80 años se tratara, junto al entorno en el crece, hacen que llegue a ser un joven sabio. Su sabiduría se potencia gracias a su capacidad de escuchar y aceptar y esto le convierte en un joven viejo lleno de paz y de luz interior.
Benjamin conoce a Daisy Fuller cuando ambos son niños y ella va a visitar a su abuela a Nolan House. Daisy ve más allá de la incapacidad que le produce su edad el niño que Benjamin lleva dentro. Porque aunque todos los que le rodean van haciéndose mayores, Benjamin va rejuveneciendo.
Pero Benjamin deja atrás a Queenie, a Tizzy, a Daisy, y a todos sus amigos del único hogar que haya conocido, el asilo donde “la muerte nos visitaba con frecuencia”. La persona que le hace esa invitación a la aventura es el Capitán Mike (Jared Harris) y la variopinta tripulación de su remolcador. Y el propio Capitán se convierte en otro "padre" para Benjamin, antes de descubrir a Thomas Button (Jason Flemyng), quien le revela un tiempo después que es su verdadero padre.
Benjamin cumple su mayoría de edad en una remota ciudad portuaria rusa donde conoce a Elizabeth Abbott (Tilda Swinton), quien sueña con poder cruzar a nado el Canal de la Mancha y es quien le da su primer beso. Y, mientras tanto, los caminos de Benjamin y Daisy se separan y convergen varias veces durante su vida, hasta que llegan a lo que Fincher denomina el "punto dulce", cuando convergen en la mitad de sus vidas, destinados a permanecer juntos durante un tiempo: “Amarte, hace que todo merezca la pena”, le declara Daisy. Una compleja y paradójica relación de pareja con la edad y la muerte como compañeros (como el último abrazo de Daisy a una anciano recién nacido) y esa reflexión entre ellos: “Cielo, todos acabamos con pañales”. Porque Benjamin es, al mismo tiempo, significado y significante, protagonista y observador pasivo, metáfora y parábola, contenido y continente, razón de ser y excusa narrativa, consciente de su paradójica existencia y confrontado a la vida y a la muerte.
La historia de Benjamin Button (un increíble y transformado Brad Pitt) es una historia de superación, amistad y, sobre todo, de amor imposible con Daisy (Cate Blanchett) y con la muerte como eterna compañera: baste recordar esa frase como leit motiv, la de ese anciano del asilo que repite durante toda la película aquello de “¿Te he contado que me ha caído un rayo siete veces?”.

Se ha relacionado los primeros años de vida de Benjamin Button con un enfermedad genética extraordinariamente rara (se dice que afecta a uno de cada 8 millones de recién nacidos vivos) denominada progeria (del griego pro, "hacia, a favor de" y geron, "viejo") y que se caracteriza por presentar envejecimiento brusco y prematuro en niños entre su primer y segundo año de vida. Los síntomas incluyen piel seca y arrugada, calvicie prematura, canas, crecimiento lento, extremidades muy delgadas y deterioro de las articulaciones, tempranos problemas cardíacos, de forma que su esperanza de vida se sitúa en los primeros años de la adolescencia.

Hay distintas formas de progeria, pero la más clásica se conoce como síndrome de Hutchinson-Gilford y fue descrita por estos autores a finales del siglo XIX en Inglaterra. La provoca una mutación en el gen LMNA encargado de producir una proteína estructural de las células, de forma que cuando esta proteína es defectuosa, se acelera el proceso de envejecimiento. Hay otras variedades de síndrome progeroides como el síndrome de Werner (que afecta a los adultos y acorta la vida a unos 40 a 50 años), el síndrome de Mulvill-Smith (en el cual existe retardo de crecimiento intrauterino, talla baja, microcefalia, hipodontia, entre otros) y el síndrome de Cockayne (presente en la segunda década de la vida, con fotosensibilidad cutánea y defectos oculares).

Es tal la relación que se ha hecho de esta enfermedad con esta película, que un paciente de Massachusetts recientemente fallecido con 17 años, Sam Berns, se le conocía como el “Benjamin Button de la vida real”. Por desgracia, los niños afectados de progeria no van descumpliendo años como Benjamin. Pero otras películas han tenido a la progeria como personaje clave, más que en ésta si cabe, y cabe recordar dos: una de Hollywood, Jack (Francis Ford Coppola, 1996) con Robin Williams, y otra de Bollywood, Paa (R Balki, 2009) con Amitabh Bachchan, dos estrellas de ambas filmografías en homenaje a esta enfermedad tan extraordinaria.

Pero finalizamos con algo más que nos regala El curioso caso de Benjamin Button, algo más allá de la anécdota de esta semejanza con la progeria, que es la sabia reflexión sobre la vida de una película que se fundamenta en la voz en off de su pesonaje:

“No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder. Espero que hagas lo mejor. Espero que veas cosas que te asombren. Espero que sientas cosas que nunca sentiste antes. Espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. Espero que vivas una vida de la que estés orgullosa. Y si te das cuenta de que no es así, espero que tengas el valor de empezar de cero”
“Oh Benjamin, debemos perder a las personas que amamos, ¿De qué otra manera podríamos saber que tan importante son para nosotros?”
“Estaba pensando que nada es para siempre, y lo triste que resulta”
“Las oportunidades definen nuestra vida. Incluso las que se nos van” 
“La vida no se mide en minutos, se mide en momentos” 
“No hay límite de tiempo, puedes empezar cuando quieras” 

Y es así como esta película comienza con el final y termina por el principio. Un curioso caso…para reflexionar sobre la vida.