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lunes, 22 de junio de 2026

Ética y moral en la profesión médica: la reflexión que arropa a la acción

 

La ética y la moral en la profesión médica son fundamentales para guiar la conducta del médico: la moral es el conjunto de principios, normas y valores que dirigen el comportamiento (lo que «debemos hacer»), mientras que la ética es la reflexión racional sobre esa moral, discutiendo y fundamentando esos principios. En Medicina, ambas se integran en la deontología médica (los deberes profesionales) y en la bioética, que compara lo que «debe ser» con lo que «es» en la práctica clínica. 

Porque los términos ética y moral suelen utilizarse indistintamente, pero poseen funciones distintas en el ámbito académico y práctico. La filosofía establece una distinción fundamental que nos ayuda a entender no solo cómo nos comportamos, sino por qué lo hacemos. La clave reside en una premisa sencilla: la moral se vive y la ética se piensa. 

a) El origen de la confusión: una raíz compartida 

La tendencia a usar ambos conceptos indistintamente no es un error moderno, sino que está arraigada en su etimología. La palabra ética proviene del griego ethos, mientras que moral proviene del latín moralis, que es simplemente la traducción del término griego

Lo interesante es que ethos posee una doble dimensión que actúa como una moneda de dos caras: 1) las costumbres: representa el plano social, las normas y prácticas compartidas por una comunidad; 2) el carácter: representa el plano personal, los hábitos y actitudes que cada individuo forma a lo largo de su vida. 

b) La distinción académica 

Aunque compartan origen, en el plano teórico cumplen funciones distintas pero complementarias: 

• La Moral. Es el conjunto de reglas, valores y costumbres que ya existen en una sociedad. Son normas prácticas que regulan nuestra conducta diaria y nos indican qué está bien o mal dentro de un grupo específico. Por ello, se dice que la moral es variable, ya que depende de la cultura y el tiempo. Es un concepto práctico y social que regula la conducta cotidiana. 

• La Ética. No es una lista de reglas, sino una disciplina filosófica que realiza una reflexión crítica sobre la moral. Su función es analizar, cuestionar y buscar el fundamento de las normas. Mientras la moral nos dice "no copies en el examen", la ética se pregunta "¿por qué está mal copiar?" o "¿qué valor protege esa norma?". Es un concepto teórico y reflexivo que analiza, justifica y cuestiona la moral. 

Por tanto, la ética y la moral no compiten entre sí; se necesitan mutuamente. Sin la moral vivida, la ética no tendría nada que analizar. Los derechos humanos son el mejor ejemplo de esta unión: son principios éticos universales que formulan valores para orientar las prácticas morales en todo el mundo, más allá de las fronteras locales. 

c) ¿Qué es la ética aplicada y cómo se usa hoy? 

La ética aplicada es la reflexión consciente sobre valores (como la verdad y la responsabilidad) en ámbitos específicos de la sociedad. A diferencia de la moral, que se basa en seguir normas aprendidas o costumbres, la ética aplicada implica un proceso de análisis crítico para fundamentar las acciones. En la actualidad, se utiliza principalmente en los siguientes niveles: 

• Ámbito profesional: se manifiesta a través de los códigos de ética de diversas profesiones, como los de periodistas o médicos. En estos casos, ya no se trata solo de seguir costumbres sociales, sino de actuar bajo una reflexión consciente sobre los valores que rigen su labor. 
• Ámbito global y universal: se usa para establecer principios que trascienden las culturas y países, siendo el ejemplo más claro los derechos humanos. Estos no se consideran reglas locales, sino principios éticos universales pensados para todas las personas. 
• Guía para la práctica: su función hoy es formular principios generales que orienten las prácticas cotidianas. Mientras la moral nos dice qué hacer en el día a día (como devolver una billetera), la ética aplicada nos ayuda a entender el porqué detrás de esas normas y a cuestionar si son justas o qué valores protegen, como la honestidad o la justicia. 

En resumen, la ética aplicada es la herramienta que permite pasar del "vivir" la moral de forma automática al "pensar" y fundamentar nuestras decisiones en marcos profesionales y universales. 

d) Ejemplos de conflictos entre la ética y la moral 

E identificar situaciones donde la moral (las reglas sociales vigentes) y la ética (la reflexión crítica y universal) pueden entrar en conflicto. Algunos ejemplos: 

• La mentira por compasión: surge el dilema de si mentir para no herir los sentimientos de alguien es inmoral o poco ético. Aquí surge un conflicto: la moral social suele dictar que se debe decir la verdad como norma práctica, pero la reflexión ética podría cuestionar si, en un caso específico, el valor de no causar daño es superior a la norma de la honestidad absoluta. 
• Leyes o reglas sociales injustas: utilizando la analogía del juego, la moral son las reglas establecidas, pero la ética es preguntarse si el juego es justo. Un conflicto ocurre cuando una persona sigue una norma moral de su comunidad (lo que se considera "correcto" en ese grupo) pero, al reflexionar éticamente, se da cuenta de que esa norma es injusta o perjudica a otros. 
• Normas locales frente a Derechos Humanos: la moral es variable según la cultura y el tiempo. Un conflicto común ocurre cuando una costumbre o práctica local (moral) choca con los Derechos Humanos, que son principios éticos universales pensados para todas las personas más allá de sus fronteras. Por ejemplo, una práctica tradicional aceptada en una comunidad puede ser rechazada éticamente si vulnera un derecho fundamental universal. 
• Ética profesional frente a presión social: un periodista o un médico pueden enfrentarse a situaciones donde la costumbre social o la presión del grupo (moral) les impulsa a actuar de cierta forma, pero su código de ética profesional —que es una reflexión consciente sobre valores como la verdad y la responsabilidad— les obliga a actuar de manera distinta. 

En conclusión, el conflicto surge porque la moral es el "manual" de conducta social que se vive automáticamente, mientras que la ética es la "vocecita" crítica que nos invita a cuestionar si esas acciones son realmente correctas desde un punto de vista más amplio y racional. 

e) ¿Cómo se relacionan los derechos humanos con la ética? 

Los derechos humanos se relacionan con la ética al ser considerados principios éticos universales que trascienden las fronteras locales y culturales. Y esta relación se define a través de los siguientes puntos clave: 

• Nivel de alcance: mientras que la moral se compone de reglas y costumbres locales que varían según la cultura y el tiempo, los derechos humanos se sitúan en un nivel más amplio como principios pensados para todas las personas, independientemente de su país de origen. 
• Fundamento reflexivo: los derechos humanos no son simplemente normas prácticas que se siguen por costumbre, sino que son el resultado de una reflexión ética. Como la ética es la disciplina que busca principios generales para orientar la conducta, los derechos humanos actúan como ese marco global que guía las prácticas del día a día. 
• Función orientadora: en el esquema donde la moral se vive y la ética se piensa, los derechos humanos representan la capacidad de la ética para formular principios universales que sirven para analizar, cuestionar y justificar las normas morales de diferentes sociedades. 

En resumen, los derechos humanos son la expresión máxima de la ética en su búsqueda de principios generales y universales que aseguren la justicia y la dignidad humana más allá de las costumbres particulares de cada grupo. 

f) ¿Cómo influye el carácter personal en la distinción entre ética y moral? 

El carácter personal influye en esta distinción al representar una de las dos "caras" fundamentales del término griego ethos, que es la raíz común tanto de la ética como de la moral. Y el carácter personal se relaciona con la distinción de la siguiente manera: 

• La dimensión personal frente a la social: el concepto de ethos tiene un doble significado. Por un lado, se refiere a las costumbres (el nivel social/moral), que son las normas compartidas por una comunidad. Por otro lado, significa carácter, que son los hábitos y actitudes que cada individuo desarrolla a lo largo de su vida. 
• La formación de la identidad: mientras que la moral se enfoca en lo que un grupo considera correcto, el carácter personal se define como "el tipo de persona que eres" y determina cómo decides actuar de manera individual. Es la cara personal de la moneda frente a la cara social de las costumbres. 
• De la costumbre a la decisión consciente: el carácter influye en el paso de la moral vivida a la ética pensada. La moral se vive a través de normas prácticas aprendidas (como devolver una billetera por costumbre social), pero es a través del carácter y la reflexión consciente que una persona analiza los valores detrás de esas acciones, como la responsabilidad o la verdad. 
• El motor de la acción ética: el carácter es lo que permite que una persona no solo siga un "manual" de conducta (moral), sino que escuche esa "vocecita" interna (ética) que le invita a cuestionar por qué hace lo que hace y a tomar decisiones fundamentadas. 

En resumen, el carácter personal es el elemento que permite que la ética no sea solo una teoría abstracta, sino una forma de ser y de actuar basada en hábitos propios, diferenciándose así de la simple obediencia a las costumbres sociales o morales del grupo. 

g) La ética y la moral en la profesión médica 

Todo profesional de la salud debe basar su práctica en estos cuatro principios clásicos: No maleficencia (Primum non nocere); obligación de no causar daño al paciente, tanto físico como psicológico, evitando conductas imprudentes o negligentes; Beneficencia: compromiso de actuar en beneficio del paciente, promoviendo su bienestar físico, mental y social; Autonomía: reconocimiento del paciente como dueño de sus propias decisiones de salud; el médico debe ofrecer información para que ejerza control sobre su tratamiento; Justicia: equidad en la atención médica y acceso a servicios sanitarios; todos los pacientes deben ser tratados por igual con respeto y humanidad. 

Y otros principios éticos esenciales son la confidencialidad (base de la confianza médico-paciente; no revelar información personal excepto por mandato legal), honestidad y veracidad (para transmitir información verdadera al paciente), integridad (desempeñar la profesión con honestidad y lealtad hacia institución y compañeros) y no discriminación (atender a todos sin distinción). 

Porque la Medicina es, por su propia naturaleza, una actividad moral: nada de lo que hace el médico carece de significación moral, pues todos sus esfuerzos se dirigen al bienestar del paciente. Y la ética médica es crucial en la relación médico-paciente, la práctica clínica, la docencia y la investigación científica. 

En España, la Organización Médica Colegial (OMC) desarrolla el Código de Ética y Deontología Médica, promoviendo la autorregulación profesional. Mantener conducta ética genera confianza, reputación, excelencia en tratamientos y protección legal frente a demandas.

sábado, 25 de abril de 2026

Cine y Pediatría (850) “La otra víctima”, las segundas víctimas

 

En el ámbito de la seguridad del paciente, se conoce como “segundas víctimas” a los profesionales sanitarios (médicos, enfermeras, técnicos, etc.) que se ven implicados directa o indirectamente en un evento adverso, un error médico o una lesión inesperada relacionada con la asistencia a un paciente y que, como consecuencia, experimentan un fuerte impacto psicológico y emocional. 

Dos son los aspectos clave de una segunda víctima: 1) está expuesto a un evento adverso grave (por ejemplo, muerte inesperada, daño importante, error de medicación, mal manejo clínico…) en el que se siente personalmente implicado, aunque no haya habido mala praxis deliberada; 2) presenta síntomas de estrés postraumático: sentimientos de culpa, ansiedad, insomnio, miedo a ser juzgado, dudas constantes sobre su competencia, baja autoestima profesional, vergüenza, irritabilidad, cansancio emocional e incluso pensamientos de abandonar la profesión. 

El término segunda víctima diferencia a los otros dos términos interrelacionado, como son primera víctima (el paciente y su familia, que sufren físicamente y emocionalmente las consecuencias del evento adverso) y tercera víctima (la institución sanitaria - hospital, centro de salud, administración, aseguradoras -, que experimenta daño reputacional, gasto y tensión organizativa derivados del evento). 

El concepto de “segunda víctima” se introdujo en el año 2000 en la literatura científica. Varios estudios en nuestro país señalan que más de 60% de los profesionales sanitarios han vivido algún episodio como segunda víctima en los últimos años, lo que pone de relieve la necesidad de dispositivos de apoyo interno, acompañamiento clínico, grupos de reflexión, y normas explícitas de cuidado compartido entre profesionales y dirección. Es así que tenerlo presente es clave para construir una cultura de seguridad positiva, en la que se proteja tanto al paciente como a quien cuida de él cuando algo sale mal. 

Y para adentrarse en el tema vale la pena revisar la reciente película danesa La otra víctima (Zinnini Elkington, 2025), en lo que es la ópera prima de esta cineasta emergente, quien también escribió el guion de este drama médico que explora los errores en el ámbito sanitario. Vale la pena revisar su argumento… 

En la unidad de ictus de un hospital danés con escasez de personal, la experimentada neuróloga Alexandra, Alex (Özlem Saglanmak), asume el busca de urgencias durante un día rutinario. Examina a Oliver, un joven de 18 años con dolor de cabeza: “Parece que se trata de una migraña normal o una resaca”, le dice la doctora a su madre; y la residente le pregunta aparte: "¿Y si le hacemos una prueba de imagen para estar seguros?”. El paciente es dado de alta, pero a los pocos minutos tiene un convulsión, vomita y pierde el conocimiento. Aquí ya la resonancia cerebral demuestra una hemorragia subaracnoidea y Alexandra comenta con otros especialistas la duda entre la cirugía y la embolización, cada una con sus ventajas y riesgos. 

La reunión de contención convocada por la jefa de Urgencias entre Alex, la residente Emilia (Mathilde Arcel Fock) y la enfermera para conocer qué ha ocurrido intenta no ser una reunión de culpabilidad, pero lo cierto es que ya se comprueba un error en la transmisión de información entre la residente, que hizo el triaje, y la adjunta que no precisó la rigidez de nuca del paciente. Alex acaba de comprobar ese error, mientras comprueba que Oliver está en coma, con riesgo de muerte. Y empieza a notar el vértigo de tener que informar a la madre, Camila (Trine Dyrholm), a quien informa de que le van a operar porque puede aumentar el riesgo de su hemorragia. Inicialmente la madre le da las gracias y asume parte de culpa por no haberle dado importancia el dolor de cabeza desde la noche anterior. 

El paciente se mantiene en la UCI en estado de coma… hasta que Alex recibe la llamada más difícil de la enfermera: “Oliver está registrado como donante de órganos. Tienes que volver ya… y tenemos que decírselo a los padres”. Los padres no acaban de entende qué significa la muerte cerebral que les comuniza Alex si su hijo sigue respirando (por el ventilador) y latiendo (por la medicación). Y vivimos la dura escena del examen médico para confirmar la muerte cerebral delante de los padres, como estos han pedido. Y surgen los reproches, del cirujano a Alex (“Has fallado a tus compañeros y ahora encimas estás mintiendo a los pobres familiares…¿Qué clase de médica eres?”) y Alex a la residente (“Eres médica, Emilia. Nadie va compadecerte. Ni los pacientes. Ni los familiares. Ni nadie. ¿Crees que tus sentimientos son más importantes? ¿Crees que todos tenemos que cuidarte, sentir lástima?”). 

Y llegan las primeras fases del duelo: la negación, la rabia, el echarse la culpa. Los padres entre sí, la madre a la doctora. Y a la pregunta de la madre de si no había algún signo que hiciera sospechas la hemorragia cerebral, Alex responde: “La medicina no es una ciencia exacta”. Pero en nada convence a su interlocutora, rota y confusa por el dolor, quien le amenaza: “Escúchame. Has matado a nuestro hijo. ¿Te queda claro?”, mientras la agarra del cuello. 

La película se convierte en claustrofóbica para Alex y para el espectador, siempre dentro del hospital. Y llega la policía ha hacerle unas preguntas…, pues consideran que es inaceptable que una paciente la haya amenazado (cuando ocurrió lo anterior, se activó el código de protección), pero Alex les pide que no denuncien a la madre. Cabe anotar que amenazar a un sanitarios es algo que en Dinamarca y algunos países es muy serio, y que en España comienza a serlo. Pero la presión y la culpa acaban originando un ataque de ansiedad de la doctora. 

El padre lo acepta. La madre no. Y llama a un sacerdote para que haga algo… y la respuesta es muy potente: “Tienen que hacer lo que siempre han hecho: quererlo. No se deja de amar porque haya fallecido. El amor es más fuerte que la muerte. Eso es lo que nos hace humanos. En el amor está la aceptación. Recuérdenlo. Quiéranlo”. Pero después de ello, la amenaza del padre a la doctora: “A primera hora de la mañana presentaré una denuncia”

La conversación final de Alex con su compañero cirujano resulta consoladora para ella, incluso cuando este le dice: “Cada médico tienen un cementerio”. Luego el abrazo que le da la residente. Acaba el día, regresa a casa y encuentra a su marido y a sus dos hijos, la menor aún lactante. Y el contraste de los padres de Oliver en la despedida de la UCI y Alex con sus hijos, ambos lugares llenos de dolor. Un final lleno de sentido y sensibilidad para entender el dolor por las primeras víctimas (Oliver y su familia) y el dolor por esas segundas víctimas que son los profesionales sanitarios, aquí especialmente la de una buena profesional como Alex que tuvo un error y pensó que por el trote era un caballo, cuando fue una cebra… 

La otra víctima es una buena película que nos permite reflexionar sobre la fragilidad de quienes están detrás de decisiones cruciales en el ámbito hospitalario, un lugar donde se convive con la enfermedad, la tensión y el dolor por mucho que, como aquí, los pasillos estén decorados con intensos colores. Y para ello su directora utilizar un enfoque introspectivo y realista, evitando dramatismos excesivos para reflejar el sistema sanitario danés, con énfasis en la moralidad ambigua y la atmósfera opresiva. 

Es una película con muchas aristas para profundizar como cine fórum entre profesionales sanitarios, y con dos enseñanzas principales: 1) el revelar la fragilidad humana en profesiones de alto riesgo y recordamos la frase "Cada médico tiene su cementerio", subrayando que no hay control total pese a la tecnología; 2) el abogar por la compasión hacia las segundas víctimas (el personal médico), con crítica hacia los sistemas sanitarios sobrecargados (fuentes de error) y enfatizando el poder del amor y cuidado en la adversidad.