sábado, 25 de julio de 2015

Cine y Pediatría (289). “Del revés”… y del derecho, así es la mente y así son las emociones


Cine y Pediatría no es un proyecto sobre películas infantiles, sino sobre películas en la que los niños, adolescentes y familias son protagonistas, en la mayoría de las ocasiones asociado a patologías orgánicas o problemáticas sociales. Pero es cierto que, ocasionalmente, también aquí tienen cabida películas animadas con valores y ya hemos publicado algunos ejemplos en estos años: Peter Pan (Walt Disney, 1953), La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1998), Princess (Andres Morgenthaler, 2006), Persépolis (Marjane Satrapi y Vicente Paronnaud, 2007), Mary and Max (Adam Elliot, 2009) o Una carta para Momo (Hiroyuki Okiura, 2011).

Hoy hablamos de Pixar Animation Studios, esta compañía estadounidense de animación por ordenador fundada en 1986 con sede en California, comprada por Disney en 2006, y en la que es clave el nombre de John Lasseter, como director creativo y al que se le atribuye un claro pensamiento: “La animación es el único género que realmente atrapa a toda la familia”.
Un total de 27 premios Óscar de la Academia avalan la trayectoria de Pixar, entre ellos siete a la Mejor película animada: Buscando a Nemo (2003), Los increíbles (2004), Ratatouille (2007), WALL-E (2008), Up (2009), Toy Story 3 (2010) y Brave (2012). Es raro un año sin una película animada bajo la marca Pixar.

Y Cuando creíamos que el listón era ya inalcanzable, se acaba de estrena Del revés (Pete Docter, 2015), para muchos la mejor película Pixar hasta el momento, lo que demuestra que el talento y el genio en esta empresa son inagotables. Pete Docter, firmante de las entrañables Monstruos S.A (2001) y Up, convierte en fábula el mundo de la inteligencia emocional, bordando, en un alarde de imaginación visual, la materialización de la guerra interior de todo adolescente consigo mismo, ese caótico y explosivo cóctel de emociones que moldean experiencias y recuerdos y que forjan el carácter, la identidad y otros intangibles. Una película que se augura ya como la película del verano (y, posiblemente, del año), dadas las homogéneas buenas opiniones de la crítica y la respuesta del público, pues es una película apta para niños, adolescentes y adultos, cine que llega al corazón y al cerebro en formato de tragicomedia animada de una proverbial lucidez. En buena medida Del revés está inspirada en la propia vida del director, en la traumática experiencia de una mudanza a Dinamarca que le dejó huella emocional profunda y que también marcó los cambios de humor y el estado de ánimo de su propia hija adolescente.

Y para contarlo contó con el asesoramiento de prestigiosos psicólogos de la Universidad de California. Para ser fiel en la medida de lo posible a lo que la ciencia ha averiguado sobre las emociones, el director reclamó la colaboración de dos científicos de California que trabajan cerca de la sede de Pixar: Dacher Keltner, de la Universidad de Berkeley, y Paul Ekman, de la Universidad de San Francisco. Estrenada con aplauso unánime de crítica y público en el pasado Festival de Cannes, la cinta ya suena como una de las favoritas de cara a los próximos Oscar en la categoría de Mejor película animada, pues atesora la fórmula mágica: técnica impecable + entrañables personajes + grandes mensajes.

En Del revés se nos muestra que el paso del tiempo puede ser un camino complicado en la adolescencia. También lo es para la joven Riley Anderson cuando, con sólo 11 años, tiene que dejar atrás su vida feliz como hija única mimada en Minnesota y mudarse a San Francisco, debido a un cambio de trabajo de su padre. Como el resto de las personas, la vida de Riley se guía por sus emociones, muchas, pero que en la película se concentran en cinco: Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco. Todas ellas viven en el Cuartel General, el centro de control dentro de su cabeza desde donde ayudan y dirigen los comportamientos de la chica en su día a día. Cada una de ellas está representada por un personaje y que dejan un recuerdo en forma de esferas de diferente color: la Alegría proporciona esferas amarillas, azules para la Tristeza, lilas el Miedo, rojas la Ira y verdes el Asco. Cuando Riley se duerme, las emociones envían los recuerdos del día a la Memoria a Largo Plazo. Los recuerdos más importantes, conocidos como Recuerdos Esenciales, se encuentran en el centro de operaciones del Cuartel General y son la fuente de las Islas que reflejan la personalidad de la niña: la Isla de la Familia, la Isla de la Amistad, la Isla del Hockey, la Isla de las Payasadas, etc.
Aunque Alegría intenta dominar los sentimientos para mantener a la niña en un estado de felicidad, Tristeza comienza a cambiar las cosas y a hacer que la melancolía se extienda. Una serie de sucesos hace que estas dos emociones salgan accidentalmente del Cuartel General y viajen por la mente de Riley mientras tratan de encontrar el camino de vuelta a aquel lugar. Y en esa aventura encontrarán a Bing Bong, el Amigo Imaginario de Ridley en su niñez, a los Limpiadores de Recuerdos, y también conocerán la Fábrica de Sueños, Imaginalandia o el Basurero de Recuerdos.

Del revés es un desafío a la imaginación, especialmente a la imaginación de los adultos, más anquilosada que la de los niños. Porque hablamos de una película para padres e hijos que da forma a la parábola desde experiencias áridas y traumáticas y que justifica el valor sanador de la Tristeza y las experiencias de pérdida, y cómo la Tristeza también puede ser positiva para forjar la personalidad de un niño a adolescente y de adolescente a adulto, siempre que se mantenga en buen equilibrio con el resto de los sentimientos y de los recuerdos formados en la niñez. Más que una oda a la Alegría, Del revés acaba convirtiéndose en una defensa de la Tristeza y en lo importante que resulta combinar ambas emociones. Y es que sin Tristeza, no se entiende la Alegría, y viceversa. Y tampoco sin el resto de las emociones.

Y es que esta película, cuyo título original es Inside Out, nos deja tal como el título en España, “del revés”. Y lo hace con una espléndida banda sonora de Michael Giacchino, quien ya había trabajado con el director Pete Docter en Up y con resultado brillante, pues allí ya consiguió el Oscar a Mejor banda sonora. De nuevo Pixar nos traslada a su mundo, ahora al mundo de los sentimientos en el imaginario colectivo (aquí en la forja de un adulto a partir de un niño, con la adolescencia como paso fronterizo) y a los mensajes que nos deja para reflexionar. Por ejemplo, esta frase de Alegría: “No puedes enfocarte en lo que está saliendo mal. Siempre hay una forma de dar vuelta a las cosas”.