sábado, 9 de abril de 2016

Cine y Pediatría (326). Con "La cabeza alta"... pese a todo y a todos


Tras más de 500 películas comentadas en Cine y Pediatría durante estos seis años de recorrido, estamos en condiciones de decir que la cinematografía francesa no solo ocupa un lugar destacado en el séptimo arte, sino también un lugar muy destacado alrededor de la infancia y adolescencia, y con epicentro en la educación. Desde la particular visión de la infancia de un maestro como François Truffaut, con películas tan emblemáticas e influyentes como Los cuatrocientos golpes (1959), El pequeño salvaje (1969) o La piel dura (1976), hasta La familia Bélier (Eric Lartigeau, 2014), pasando por decenas de grandes películas como las realizadas por Bertrand Tavernier (Hoy empieza todo -1999 - o La pequeña Lola - 2004-) o la recordada Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004). 

Y hoy viene a nuestro blog una película inequívocamente truffautaniana, un golpe más a Los 400 golpes fundacionales, prólogo a pequeños salvajes y a pieles duras, pero también deudora de los vecinos hermanos Dardenne, con esos personajes airados que van de Rosseta (1999) a El niño de la bicicleta (2011). Nos referimos a la película La cabeza alta, dirigida en el año 2015 por Emmanuelle Bercot, quien curiosamente protagonizara unos años antes una película socialmente tan potente como ésta y que llevaba por título Polisse (Maiwn, 2011), un film basado en hechos reales que tenía dos protagonistas claros: la Unidad de Protección de Menores del Departamento de Policía de París y los niños y adolescentes, cuyos casos reflejan un puzle de lacras profundas que afectan al mundo infantil. Porque La cabeza alta reafirma ese interés educativo del cine francés, con la infancia como paraíso perdido frente a la infancia maltratada como infierno terrenal, un drama social con esencia crítica. 

Malony Ferrandot (brutal interpretación de Rod Paradot en un complejo personaje para lo que es su primer papel en el cine), es un adolescente conflictivo que vive la mayor parte del tiempo entre las paredes del juzgado de menores. Con una familia desestructurada (un padre inexistente y una madre entre la drogadicción y la prostitución), sólo encuentra un ejemplo a seguir en la figura de la juez de menores Florence (Catherine Deneuve), con la cual mantiene un tira y afloja continuo, pero a la cual llega a ver como la madre que no tiene. 

La escena inicial de la acogida de Malony, con 6 años de edad, no tiene desperdicio. Sobre todo porque no es difícil, por dura que parezca, verla muchos días en los juzgados... y la mirada de inocencia del niño y la incapacidad de comprender el verdadero alcance de lo que allí se estaba pertrechando. Y al final, las palabras de la madre: "¡Yo ya no puedo más! ¡Quédeselo porque no puedo más!".  Y en la siguiente escena regresa Malony al despacho de la jueza, ya con 15 años y por conducir sin carnet. Y la asistente social que dice: "Desde septiembre solo ha ido cinco días a clase. Es muy inquieto, ha destrozado material escolar, ha faltado el respeto a los profesores,...".  

Se le aplica un educador para seguimiento, y una escena límite pone al niño al borde del abismo. Y el tercer encuentro con la jueza de menores con la declaración de un madre poco responsable: "Desde que sabe andar es un delincuente... Estoy cansada. Cansada de seguirle por las comisarías, los tribunales, no puedo más... He creado un monstruo ".  Y a continuación viene el paso por un centro de internamiento y recuperación de jóvenes, paso previo para evitar la cárcel. La escritura de la carta de motivación es todo un hito de la enseñanza y la paciencia. 

El nuevo educador Yann (Benoît Magimel) tiene un pasado similar al chico, y fue reeducado gracias al apoyo de la juez con la que ahora colabora intentando reinsertar menores en estado límite. Yann y Florence intentan salvar de la cárcel a este joven lleno de odio hacia su vida y hacia la vida, de rencor hacia todos los que le rodean, casi sin excepción... "Toma las manos que te extienden. Es el momento", le dice la jueza, y se le intenta defender hasta el extremo: "A un abogado le cuesta oír que la prisión es un lugar donde calmar a un joven. Aunque hay que decir que es irresponsable, también debe decirle que sufre. ¿Y qué prisión alivia el sufrimiento? Es alguien autodestructivo. Una oscura cárcel no le ayudará a ver más claro a una edad llena de preguntas en que buscas tu identidad..." .

Pero finalmente es encerrado en el centro penitenciario, donde llora como un niño y grita "Quiero ver a mi madre". Allí se reproducen los continuos ataques de ira, contra todo y contra todos. Y el cambio se produce cuando es capaz de decir a su educador solo dos palabras: "Te quiero"... 

Y así, La cabeza alta es una relación de 10 años de la jueza y Malony, 10 años para salvar una vida con ayuda de Yann, el educador. Diez años de inmenso esfuerzo por parte de los servicios sociales, con idas y venidas del joven por todos los juzgados, salas de detención y centros de menores. Hasta una escena final con la cámara siguiendo a Malony por los pasillos del Palacio de Justicia... y en la calle un fundido en negro. Y todas las preguntas que uno pueda tener: ¿el amor, la responsabilidad y la paternidad pueden salvar la vida...?, ¿cómo se puede cambiar la vida de un adolescente sin esperanzas, sin futuro?, ¿cómo conseguir que la sociedad no se olvide de los olvidados?. Porque Malony es un ejemplo más de jóvenes perdidos, de potenciales delincuentes juveniles, de adolescentes a la deriva. Porque la adolescencia nadie dijo que fuera fácil, pero sin un soporte familiar y social adecuado se convierte en algo muy complicado para el individuo, la familia y la sociedad. 

Porque Malony, interpretado sin respiro por Rod Paradot, nos acerca a otros papeles extremos de adolescentes, de ambos sexos y de muy diferentes países, todos ellos ya presentes en Cine y Pediatría: 
- Telly (Leo Fitzpatrick) en la película estadounidense Kids (Larry Clark, 1995) 
- Howie (Paul Franklin Dano) en la película estadounidense L.I.E. (Michael Cuesta, 2001) 
- Liam (Martin Compston) en la película británica Felices dieciséis (Ken Loach, 2002) 
- Polaquito (Abel Ayala) en la película argentina El Polaquito (Juan Carlos Desanzo, 2003) 
- Tracy (Evan Rachel Wood) en la película estadounidense Thirteen (Catherine Hardwicke, 2003) 
- Tano (Juan José Ballesta) en la película española 7 vírgenes (Alberto Rodríguez, 2005) 
- Shaun (Thomas Turgoose) en la película británica This is England (Shane Meadows, 2006)
- Frankie (Robert de Hook) en la película holandesa Skin (Hanro Smitsman, 2008) 
- Mia (Katie Jarvis) en la película británica Fish Tank (Andrea Arnold, 2009) 
- Butch (Adam Butcher) en la película canadiense Dog Pound (Kim Chapiron, 2010) 
- Fran (Marcel Borrás) en la película española Cruzando el límite (Xavi Giménez, 2010) 
- John (Conor McCarron) en la película británica NEDS (Peter Mullan, 2010) 
- Jasna (Isidora Simijonovic) en la película serbia Klip (Maja Milos, 2012)
- Steve (Antoine-Olivier Pilon) en la película canadiense Mommy (Xavier Dolan, 2014).

Y así es La cabeza alta, un tour de force entre dos personajes principales: un adolescente conflictivo producto de una familia totalmente desestructurada, sin referentes y en caída libre; y una jueza de menores que nos recuerda a otro juez de menores emblemático en España, no actor (pero que lo podría ser por sus capacidades de interpretación y comunicación), el juez de menores Emilio Catalatayud. Él nos recuerda siempre su decálogo para formar un delincuente y, desde luego, nuestro protagonista tenía muchos condicionantes familiares y sociales para ello... por mucho que mantuviera la cabeza alta.