sábado, 12 de septiembre de 2026

Cine y Pediatría (870) “Los niños de la Resistencia”, cuando la lucha frente a la injusticia no tiene edad


La historia de la humanidad está asociada a sus guerras, quizás la mayor constatación del fracaso del ser humano. Y no debiéramos ser ajenos a su denuncia, también desde el séptimo arte. Y por ello publicamos hace unos años el artículo “Las violaciones contra la infancia en los conflictos bélicos, una denuncia de cine”, en el que recopilamos un conjunto de seis decenas de películas clasificadas en tres apartados: a) La infancia en la Guerra (y postguerra) Civil Española, con ejemplos como El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), La guerra de papá (Antonio Mercero, 1977), La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), Las 13 rosas (Emilio Martínez-Lázaro, 2007) o El maestro que prometió el mar (Patricia Font, 2023); b) La infancia en la Segunda Guerra Mundial, con ejemplos como Alemania, año cero (Roberto Rossellini, 1948), La infancia de Iván (Andrei Tarkovsky, 1962), El tambor de hojalata (Volker Schöndorff, 1979), La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) o El niño con el pijama de rayas (Mark Herman, 2008); c) La infancia y otras guerras, con ejemplos como Los juncos salvajes (André Téchiné, 1994), Voces inocentes (Luis Mandoki, 2004), Nacido en Gaza (Hernán Zin, 2014), Pequeño país (Eric Barbier,2020) o Belfast (Kenneth Branagh, 2021).               

Historias de cine desde todas las filmografías que combinan realidad y ficción, pasado y presente, y que deben prescribirse en escuelas y familias (y, por qué no, también nuestras consultas pediátricas) para denunciar la continua violación de los derechos de la infancia en las guerras. Y con las emociones y reflexiones que nos devuelven buscar un mundo en paz y con mayor sintonía. 

Y hoy incluimos un título más a esta interminable lista: la película francesa Los niños de la Resistencia (Christophe Barratier, 2026), basada en la exitosa serie de cómic homónima creada por Vincent Dugomier y Benoît Ers. La historia se desarrolla en 1940-1941, durante la ocupación nazi de Francia, en el pequeño pueblo ficticio de Pontain l'Écluse, situado cerca de la línea de demarcación que dividía la Francia ocupada de la zona libre. Y comienza así: “Verano de 1939. Pontain-l´Ecluse, un pequeño pueblo anidado en el corazón de Francia…” Lo que nos dará idea de la vida antes de la ocupación nazi, donde se refleja el reclutamiento de padres y hermanos, así como la huida de muchos vecinos ante el avance de los alemanes. 

La trama sigue a tres niños: François, Eusèbe y Lisa, cuya apacible infancia da un vuelco cuando los alemanes invaden su pueblo y comienzan a imponer restricciones, delaciones y un clima de miedo y resignación entre los adultos. Negándose a cruzarse de brazos ante la injusticia, el trío decide tomar cartas en el asunto de manera secreta, adoptando el nombre clandestino de «El Lince», y se dedican a enviar octavillas subversivas y a orquestar misiones de sabotaje contra los ocupantes: “El pueblo estaba dormido y lo hemos despertado”, comentan entre ellos al ver el resultado de sus acciones. Llamativa la celebración, pese a la prohibición de la Gestapo, del 11 de noviembre, Día del Armisticio, una fiesta nacional que conmemora el fin de los combates de la Primera Guerra Mundial y que rinde homenaje a los soldados caídos por el país. 

El ejemplo de François, Eusèbe y Lisa (esta es acogida en la familia de François, pese a los celos de éste) acaba despertando la conciencia de quienes, hasta ese momento, habían guardado silencio ante la injusticia. La película, heredera del cómic, culmina con un mensaje esperanzador: la amistad y la lealtad pueden ser armas poderosas para defender la libertad, incluso en los tiempos más oscuros. 

Dos nombres destacan en el elenco del film: su director, Christophe Barratier, quien saltó a la fama internacional con la afamada Los chicos del coro (2004), una película que también exploraba temas de infancia, resistencia emocional y el poder transformador de la solidaridad en contextos difíciles; y el actor con Gérard Jugnot, que aquí hace un pequeño papel de cura, pero que fue el actor principal que interpretó al mítico profesor Mathieu en Los chicos del coro.  

Pese al tono edulcorado de la historia, no deja de ser una oportunidad para conocer un poco más lo que significó la Resistencia francesa, ese conjunto de movimientos clandestinos civil y militar que combatieron la ocupación de la Alemania nazi y al régimen colaboracionista de Vichy. Operó entre 1940 y 1944, fragmentada en diversas facciones ideológicas que finalmente lograron unificarse para apoyar la liberación de Francia junto a las fuerzas aliadas. Y recordamos que la oposición al fascismo se organizó desde dos ámbitos conectados pero distintos: la Resistencia Exterior, liderada desde Londres por el general Charles de Gaulle a través del movimiento de la Francia Libre; y la Resistencia Interior, grupos clandestinos dentro del territorio ocupado conocidos popularmente como los Maquis. El funcionario francés Jean Moulin logró unificar las redes internas bajo las órdenes de De Gaulle en 1943, creando el Consejo Nacional de la Resistencia y cuyo métodos de operación incluían el sabotaje de líneas ferroviarias, corte de comunicaciones y asalto a convoyes militares alemanes, la guerra de información a través de diarios clandestinos, la evasión de refugiados y la colaboración internacional (destacando los republicanos españoles exiliados). 

Una película aparentemente sencilla, pero con trasfondo y que nos permite reflexionar sobre varios temas: que la resistencia no es cuestión de edad y los niños y niñas no son meros espectadores pasivos de la historia, pero también sobre el peligro del silencio y la resignación adulta, y sobre la amistad como arma de resistencia y lucha. En síntesis, Los niños de la Resistencia pertenece a esa categoría de relatos que atraviesan generaciones porque su mensaje esencial sigue vivo: la injusticia no siempre se impone porque sea invencible, sino porque demasiadas personas terminan aceptando que no merece la pena combatirla. El ejemplo de François, Eusèbe y Lisa nos recuerda que la libertad se defiende con acciones concretas, por pequeñas que sean, y que nadie es demasiado pequeño para hacer  la diferencia.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial en Medicina (II)


Continuamos con el análisis de cuestiones clave que nos proporciona el Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial, desarrollado por la Organización Médica Colegial de España. En la parte I hemos analizado algunas preguntas clave (a, b, c y d), y ahora continuamos con otras más. 

e) ¿Qué es la objeción de conciencia tecnológica? 

La objeción de conciencia tecnológica es un derecho emergente de los profesionales sanitarios a negarse, de forma motivada y documentada, a utilizar un sistema concreto de IA o de automatización clínica cuando consideren que su uso compromete la seguridad, la dignidad o la adecuada atención del paciente, o bien cuando el sistema carezca de evidencia suficiente o perpetúe sesgos. 

El manual aclara que no se trata de un rechazo genérico a la tecnología ni de una resistencia irracional al cambio, sino de una postura profesional ante herramientas específicas percibidas como inseguras o incompatibles con la lex artis. Esta figura ética y profesional se fundamenta en la intersección de tres pilares: 1) la autonomía profesional e independencia clínica del médico; 2) el deber de no maleficencia y de protección de la integridad del paciente (basado en la primacía del ser humano establecida en el Convenio de Oviedo); y 3) el marco regulatorio de la IA, que exige por ley una supervisión humana eficaz sobre los sistemas de alto riesgo (human-in-the-loop). 

En el contexto español, el manual propone entender esta figura como una extensión de la "objeción de ciencia", que es el rechazo razonado de una directriz por motivos científicos que se oponen a la libertad de método o prescripción del médico. Aunque el término no está todavía positivizado (recogido formalmente en las leyes), existen tendencias convergentes en países como Francia, Alemania, Canadá o Estados Unidos bajo el principio de que ningún médico puede ser obligado a usar una IA que considere incompatible con la buena praxis y la seguridad del paciente. 

He aquí cuatro escenarios prácticos donde un médico podría recurrir a esta objeción: 
• Triaje automatizado con criterios injustificados. Si un hospital implanta un algoritmo de triaje en urgencias que discrimina silenciosamente (por ejemplo, priorizando menos a personas mayores que viven solas basándose en variables sociodemográficas sin justificación clínica), el médico puede negarse a usarlo y realizar el triaje tradicional. 
• Sistemas de ayuda al diagnóstico "caja negra" con falsos negativos. Si un servicio de radiología adopta un sistema de detección de nódulos pulmonares que genera falsos negativos y el fabricante se niega a abrir su código o compartir sus bases de validación, el radiólogo puede objetar y exigir realizar su propia lectura sistemática e independiente. 
• Modelos no adaptados al contexto local. Si una IA de predicción quirúrgica entrenada en hospitales de gran volumen comete errores graves al aplicarse en un hospital comarcal (infravalorando complicaciones en población anciana pluripatológica), el cirujano puede objetar su uso hasta que el modelo se recalibre localmente. 
• Automatización excesiva en salud mental. Si una institución sanitaria decide sustituir consultas presenciales por un chatbot automatizado para el seguimiento de pacientes con ideación suicida, el psiquiatra puede oponerse por considerar que la herramienta no garantiza la contención emocional ni la detección de riesgos graves. 

En todos estos casos, la objeción defiende que la tecnología debe ser el instrumento y el cuidado humano el fin. 

f) ¿Qué son los derechos de cuarta generación? 

Los derechos de cuarta generación surgen como respuesta a la irrupción de la IA y las tecnologías digitales en la sociedad. Según el manual, no sustituyen a los derechos fundamentales clásicos, sino que los reformulan y adaptan a un entorno dominado por los datos, los algoritmos y las decisiones automatizadas. 

En el ámbito de la medicina, estos derechos se estructuran bajo las siguientes claves: 

1. La dimensión dual y la "dignidad algorítmica". 
Mientras que el siglo XX consolidó el derecho a la protección de la salud como un derecho social, el siglo XXI exige incorporar el concepto de dignidad algorítmica. Esta dignidad tiene una doble dirección: protege tanto a los pacientes que reciben los cuidados como a los profesionales que los prestan, garantizando que ninguno de ellos sea tratado como un mero conjunto de datos o un objeto de optimización estadística. 
2. Contenido esencial de estos derechos digitales. En el entorno sanitario, este haz de garantías digitales se traduce en aspectos muy concretos: 
• Derecho a no someterse a decisiones 100% automatizadas. El paciente tiene la garantía de que cualquier decisión clínicamente relevante (como un diagnóstico, pronóstico o la priorización de un recurso asistencial) no se dejará exclusivamente en manos de un algoritmo, requiriendo siempre la intervención de un profesional humano. 
• Explicabilidad y transparencia algorítmica. El derecho a recibir una explicación comprensible sobre cómo y por qué una herramienta de IA ha tomado o sugerido una determinada decisión clínica que afecta a su salud. 
• Protección de datos y privacidad avanzada. Incluye la salvaguarda de la identidad digital y de información altamente sensible, como la privacidad de los neurodatos. • Protección frente a sesgos y discriminación. El derecho a no ser discriminado de forma silenciosa por algoritmos que puedan perpetuar desigualdades sociodemográficas o de otra índole. 
3. Los tres pilares para su aplicación práctica. 
Para evitar que estos derechos sean vulnerados de forma invisible por los modelos algorítmicos, el manual establece que el uso de la IA debe sostenerse sobre tres pilares normativos y organizativos: 
• Transparencia útil para decidir: información clara y accesible tanto para el médico como para el paciente. 
• Gobernanza clínica robusta: estructuras institucionales que refuercen la autonomía y la independencia clínica del profesional. 
• Responsabilidad proporcionada: un reparto justo del riesgo y de las responsabilidades entre los proveedores tecnológicos, las instituciones sanitarias y los médicos. 

El objetivo final de consagrar estos derechos de cuarta generación es alcanzar un derecho a la "salud aumentada", un modelo donde la tecnología expanda nuestras capacidades analíticas pero preserve intacto el pulso humano de la relación médico-paciente. 

g) ¿Qué es la dignidad algorítmica? 

La dignidad algorítmica es un principio ético y profesional fundamental que defiende que los pacientes son personas con una dignidad e individualidad intrínseca y, por lo tanto, nunca deben ser tratados como meras predicciones estadísticas. Este concepto surge en el siglo XXI como una respuesta necesaria a la era digital, adaptando los derechos tradicionales para asegurar que el uso de los datos y los algoritmos respete la vulnerabilidad humana. 

La dignidad algorítmica se sostiene sobre las siguientes bases fundamentales: 

• No instrumentalizar al paciente. Este principio establece que el paciente es el fin en sí mismo y no un medio, por lo que está prohibido tratarlo como un objeto de optimización. En medicina, "optimizar" no es maximizar variables abstractas como la eficiencia de los procesos, el flujo de camas o la reducción de costes institucionales, sino realizar una acción clínicamente prudente en condiciones de incertidumbre y respeto a la persona. 
• Dimensión dual. La dignidad algorítmica tiene una doble dirección. Protege tanto a los pacientes que reciben los cuidados (evitando que su salud sea decidida por un estándar frío y despersonalizado) como a los profesionales que los prestan, garantizando que su criterio clínico y su independencia no sean anulados por métricas de control o imposiciones de un software. 
• Límite ante abusos silenciosos. El manual advierte que las herramientas algorítmicas pueden erosionar la dignidad del paciente de manera invisible, por lo que la ética médica debe imponer límites estrictos contra la manipulación, la explotación de vulnerabilidades y la discriminación automática. Algunos de estos riesgos sutiles que atentan contra la dignidad son: Sistemas de IA que orientan al paciente hacia opciones de tratamiento preferidas por los intereses económicos o de gestión de la institución; Chatbots interactivos que pretenden sustituir la verdadera escucha y acompañamiento del médico por guiones prefabricados;  Algoritmos de estratificación o predicción que terminan penalizando socialmente al enfermo crónico. 

En definitiva, la dignidad algorítmica es la garantía de que, por muy avanzada que sea la tecnología, el sufrimiento y el proceso de enfermar de una persona jamás podrán reducirse por completo a variables numéricas o flujos de datos 

h) ¿Cuáles son los principios éticos para implementar IA en consulta? 

Para implementar la IA en la consulta, el manual determina que la ética y la deontología no deben actuar como un freno externo, sino como la brújula interna de la profesión médica. Esta visión se articula a través de dos dimensiones: la relectura de los principios clásicos de la bioética clínica y la aplicación de diez criterios deontológicos operativos. 

1. Relectura de la Bioética Clínica ante la IA 
El manual adapta los cuatro principios clásicos para dar respuesta a los nuevos desafíos tecnológicos: 
• Autonomía (Consentimiento e Información). Exige que el paciente mantenga la capacidad de comprender, deliberar y decidir. Para ello, el médico debe ofrecer una explicación clínica inteligible de la recomendación de la IA, detallando las variables relevantes consideradas por el algoritmo, sus límites, la incertidumbre y la posibilidad de una segunda opinión. El consentimiento informado debe adaptarse de forma moralmente significativa, aclarando el papel exacto del sistema en la decisión y el margen de intervención que retiene el médico. 
• Beneficencia (Utilidad y Evidencia). Obliga a demostrar que el rendimiento del algoritmo se traduce en un beneficio clínico real en salud, sufrimiento o calidad de vida, y no solo en una métrica técnica abstracta. Requiere una validación clínica rigurosa, validez local adaptada al contexto del centro y una monitorización continua para evitar que el envejecimiento de los modelos (drift) altere los resultados. 
• No Maleficencia (Seguridad y Control de Daños). Demanda instaurar barreras frente a tres tipos de daño: el daño por error algorítmico (como falsos negativos o positivos), el daño por automatización (complacencia y pérdida de vigilancia del médico) y el daño sistémico (cuando el algoritmo introduce políticas que perjudican a pacientes complejos). Exige controles humanos, umbrales de alerta y cultura de notificación de incidentes. 
• Justicia (Equidad y Sesgos). Dado que la IA aprende de datos históricos, existe el riesgo de que perpetúe injusticias del pasado bajo una apariencia de neutralidad. La justicia exige realizar auditorías de equidad y corregir activamente los sesgos en los datos, objetivos y despliegue del sistema. 

2. Diez Criterios Deontológicos Operativos 
Como "prueba moral" para autorizar el uso de un sistema en consulta, el manual propone diez pautas de acción concretas: 
1. Finalidad clínica legítima. El objetivo del sistema debe ser mejorar la salud del paciente y el cuidado, no la vigilancia ni el racionamiento encubierto de recursos. 
2. Evidencia de beneficio. No basta con que el sistema tenga alta precisión matemática; se requiere demostrar su impacto positivo en las decisiones médicas reales. 
3. Explicación clínica suficiente. El profesional debe ser capaz de justificar de manera comprensible la recomendación del algoritmo y su margen de incertidumbre. 
4. Consentimiento significativo. Informar claramente al paciente del papel que juega la IA en su atención, sus alternativas y la supervisión humana aplicada. 
5. Equidad y auditoría. Evaluar de forma continua el desempeño por subgrupos (sexo, edad, origen) para corregir activamente sesgos discriminatorios. 
6. Privacidad por diseño. Aplicar principios de minimización de datos de salud, control estricto de accesos y limitaciones a los usos secundarios de la información. 
7. Trazabilidad y registro. Mantener un registro del ciclo de vida del sistema, sus versiones, cambios realizados, incidencias y revisiones. 
8. Supervisión humana real. Garantizar la posibilidad efectiva de que el médico anule, corrija o escale las decisiones sugeridas por el sistema. 
9. Responsabilidad distribuida sin dilución. Definir con total claridad los roles y responsabilidades del médico, de la institución y del proveedor del software. 
10. Preservación del vínculo clínico. La tecnología debe servir para liberar tiempo clínico que se dedique al cuidado directo del paciente, sin sustituir jamás el compromiso y la relación fiduciaria médico-paciente. 

En última instancia, el manual insiste en que el núcleo moral del acto médico radica en que la responsabilidad clínica siempre es indelegable, el paciente es una persona con dignidad y la relación de confianza no es reducible a un software.



lunes, 7 de septiembre de 2026

Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial en Medicina (I)


El Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial, desarrollado por la Organización Médica Colegial de España, establece un marco estratégico y ético para la integración de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito sanitario. El documento funciona como una guía exhaustiva que aborda desde la validación clínica y la protección de datos hasta la responsabilidad legal y los principios deontológicos del médico. Su tesis central defiende una "medicina inteligente con decisiones humanas", subrayando que la tecnología debe actuar como un soporte aumentado y nunca como un sustituto del juicio clínico profesional. A través de decálogos y capítulos técnicos, el texto ofrece garantías fundamentales tanto para facultativos como para pacientes, promoviendo una innovación segura, equitativa y transparente. En última instancia, busca equilibrar la vanguardia algorítmica con el humanismo médico, asegurando que la supervisión humana permanezca en el centro de cada acto asistencial. 

De este manual queremos destacar algunos aspectos básicos y lo haremos en tres post consecutivos, dado su interés.  Comenzamos...

a) ¿Cómo garantiza la IA una medicina más humana? 

La inteligencia artificial (IA) no se plantea en este manual como un sustituto del factor humano en la medicina, sino como una herramienta para potenciarlo bajo el principio rector de "Medicina inteligente, decisiones humanas". La IA garantiza una medicina más humana a través de los siguientes pilares fundamentales: 

Liberación de tiempo para el cuidado directo. Al asumir tareas administrativas, optimizar la organización y facilitar el análisis de grandes volúmenes de datos complejos, la IA actúa como una "inteligencia aumentada" o copiloto. El objetivo principal de esta integración técnica es liberar tiempo clínico para que el profesional pueda centrarse en el trato directo, el acompañamiento, la empatía y la escucha del paciente. 
Preservación de la relación médico-paciente. El manual define la relación clínica como un vínculo fiduciario (de confianza) que la tecnología no debe diluir ni convertir en una barrera. Se garantiza de forma explícita que la buena medicina sigue necesitando humanidad y que la IA nunca sustituirá la empatía, la compasión, la escucha ni el juicio clínico del profesional. 
Dignidad algorítmica. Este concepto establece que los pacientes son personas con dignidad intrínseca e individualidad, y no meros conjuntos de datos o predicciones estadísticas. Por ello, se prohíbe tratar al paciente como un objeto de optimización de flujos o costes, respetando siempre su vulnerabilidad. 
Supervisión humana permanente (Human-in-the-loop). Para evitar la "automatización ciega", se establece como garantía innegociable que ninguna decisión importante sobre la salud quede únicamente en manos de una máquina. El médico mantiene siempre la "última palabra" y la responsabilidad clínica indelegable, conservando la capacidad real de comprender, revisar, modificar o rechazar cualquier recomendación algorítmica para adaptarla de manera prudente al contexto real de la persona. 
La compasión como barrera de seguridad. La adopción ética de la IA exige conservar virtudes profesionales clave, destacando la compasión para recordar constantemente que el sufrimiento humano no se puede reducir a variables o datos numéricos. 

En definitiva, la IA contribuye al humanismo médico porque, tal como afirma el manual, "la inteligencia artificial debe ser el instrumento; el cuidado, el fin". 

b) ¿Cuáles son las diez garantías para el paciente? 

El manual establece diez garantías fundamentales para el paciente con el objetivo de asegurar que la incorporación de la inteligencia artificial en la medicina no debilite, sino que refuerce la confianza y la seguridad en la atención médica: 

1. La IA es una ayuda para su médico, no un sustituto. La atención médica sigue basándose de forma primordial en la valoración del profesional médico, quien tiene la responsabilidad de interpretar la situación, integrar la información clínica y tomar la decisión final. 
2. Ninguna decisión importante sobre su salud debe quedar solo en manos de una máquina. Todas las decisiones clínicamente relevantes deben contar siempre con la supervisión de un médico y con una valoración totalmente individualizada de cada caso. 
3. Las herramientas de IA deben haber sido evaluadas antes de utilizarse. No basta con que una tecnología sea novedosa o vanguardista; para poder usarse en el entorno clínico real con pacientes, debe haber demostrado previamente que funciona con seguridad y eficacia. 
4. Su médico debe poder revisar y cuestionar lo que indique la IA. Si la recomendación generada por el algoritmo no encaja o no es adecuada para la situación clínica particular del paciente, el médico tiene la obligación y el derecho de no aplicarla automáticamente. 
5. Sus datos de salud deben estar protegidos (y no compartirlos no es la solución). El uso de herramientas de IA exige la aplicación de medidas muy estrictas de privacidad, seguridad y control de acceso a la información del paciente, desarrolladas bajo un marco jurídico actualizado para toda Europa. 
6. La IA debe funcionar de manera justa. Se debe vigilar activamente que los algoritmos no discriminen ni ofrezcan peores resultados clínicos a las personas por razones de edad, sexo, tipo de enfermedad, discapacidad o cualquier otra circunstancia personal que genere desigualdad. 
7. Tiene derecho a saber cuándo y para qué se usa IA en su atención. La transparencia forma parte de la calidad del cuidado. El paciente debe conocer, con un lenguaje comprensible, qué función exacta cumple la herramienta tecnológica en su proceso de diagnóstico o tratamiento. 
8. Tiene derecho a pedir explicaciones. La tecnología nunca debe ser un obstáculo para la comunicación. El paciente tiene todo el derecho a preguntar sobre el papel de la IA y a recibir respuestas claras y comprensibles por parte de su médico. 
9. Los centros sanitarios deben supervisar estas herramientas de forma continua. La responsabilidad de vigilar la tecnología no recae solo en el médico individual; los hospitales y las organizaciones sanitarias deben monitorizar su funcionamiento, registrar cualquier incidencia y retirar el software si deja de ser seguro o útil. 
10. La buena medicina sigue necesitando humanidad. Aunque la inteligencia artificial aporte un gran valor y capacidad analítica, jamás podrá reemplazar elementos puramente humanos y clínicos como la escucha activa, la empatía, la prudencia y la relación fiduciaria (de confianza) entre el médico y el paciente. 
Estas garantías aseguran que la tecnología se mantenga estrictamente como un medio de soporte, dejando el cuidado humano como el fin definitivo de todo acto médico. 

c) ¿Cuáles son los diez principios para el médico? 

Para complementar las garantías del paciente que acabamos de revisar, el manual establece diez principios éticos y profesionales que el médico debe tener presentes al incorporar sistemas de inteligencia artificial en su práctica clínica diaria: 

1. La IA no sustituye al médico. Aunque la IA expande la capacidad diagnóstica, analítica y organizativa, nunca puede reemplazar el juicio clínico, la responsabilidad deontológica ni el deber de cuidado del profesional. La decisión final sobre cada paciente debe ser humana, prudente y adaptada a su contexto real. 
2. Toda IA clínica exige supervisión humana significativa. La supervisión médica no debe convertirse en un trámite o formalidad automática. El médico debe conservar la capacidad real de comprender, revisar, contrastar, matizar y, en su caso, rechazar las recomendaciones algorítmicas antes de que tengan efectos sobre la salud del paciente. 
3. Ninguna herramienta debe utilizarse sin validación suficiente. Es una exigencia de prudencia y buena praxis no incorporar tecnologías que no hayan demostrado adecuadamente su utilidad, seguridad y pertinencia en el entorno asistencial concreto donde se van a emplear. Se requiere validación local y evaluación de impacto en resultados de salud. 
4. No hay IA segura sin datos de calidad y adecuadamente protegidos. La fiabilidad del algoritmo depende directamente de la calidad, integridad y representatividad de los datos con los que se alimenta. Además, el médico debe preservar la privacidad, limitar accesos, minimizar el uso de datos y reforzar la seguridad para evitar resultados sesgados o injustos. 
5. La equidad debe vigilarse de forma activa. Dado que la IA puede reproducir o amplificar desigualdades históricas, su rendimiento debe evaluarse de forma continua en distintos subgrupos de pacientes. La innovación tecnológica solo es legítima si mejora la atención sin excluir ni perjudicar a las personas más vulnerables. 
6. La ética y la deontología médica deben guiar la implementación de la IA. La deontología no es un freno externo ni un corrector que llega al final del proceso; debe actuar desde el principio como la brújula interna que orienta el desarrollo de la tecnología con prudencia, responsabilidad y sentido humanista. 
7. El paciente tiene derecho a una información clara y comprensible. Cuando la IA tenga una participación relevante en el proceso asistencial, el paciente debe conocer su uso, comprender qué papel cumple y cuáles son sus límites. Esta información debe ser útil y compatible con una relación médico-paciente basada en la confianza. 
8. El médico tiene derecho a garantías profesionales ante la IA. El uso de la tecnología no solo impone obligaciones al profesional, sino que exige que las instituciones le garanticen formación adecuada, condiciones seguras de uso, acceso a información suficiente sobre la herramienta y capacidad real de discrepar del algoritmo cuando lo considere inestable o inadecuado. 
9. La IA debe acelerar la investigación sin comprometer la integridad científica. Su aplicación en la investigación y el análisis de evidencia clínica exige trazabilidad, control de sesgos, supervisión metodológica rigurosa y prevención de prácticas (como la fabricación de datos o citas defectuosas) que comprometan la validez científica. 
10. La trazabilidad, la gobernanza y la formación continua son imprescindibles. La seguridad no recae de forma exclusiva sobre el médico individual. Requiere de las organizaciones sanitarias estructuras de gobernanza, protocolos de monitorización, registro de incidencias, criterios claros de retirada de sistemas deficientes y programas de formación continuada. 

Estos principios garantizan que el profesionalismo médico contemporáneo adopte la tecnología con responsabilidad, manteniendo siempre la primacía del cuidado de la persona. 

d) ¿Qué derecho tienen los pacientes ante el uso médico de IA? 

De acuerdo con el manual, los derechos de los pacientes ante el uso clínico de la inteligencia artificial se enmarcan dentro de los denominados derechos de cuarta generación (vinculados al entorno digital y de datos) y el principio de dignidad algorítmica, asegurando que las personas sigan siendo tratadas como seres humanos individuales y no como meras estadísticas. 

Los derechos específicos de los pacientes se agrupan en las siguientes categorías fundamentales: 

1. Garantías frente a la toma de decisiones automatizadas 
• Derecho a no someterse a decisiones 100% automatizadas. El paciente tiene el derecho a que ninguna decisión clínicamente relevante que produzca efectos significativos en su salud sea tomada de forma exclusiva por un algoritmo. Las decisiones relevantes deben contar siempre con una valoración individualizada y supervisión médica humana real. 
• Derecho a la intervención humana y a rebatir decisiones. Aun cuando se emplee un sistema de IA, el paciente tiene el derecho a obtener una intervención significativa de un profesional de la salud, a expresar su propio punto de vista y a impugnar o rebatir el resultado del algoritmo para corregir posibles decisiones automáticas erróneas. 

2. Transparencia, explicabilidad y consentimiento adaptado 
• Derecho a saber cuándo y para qué se usa la IA. El paciente tiene derecho a conocer, de manera comprensible y clara, qué función exacta cumple la herramienta tecnológica en su proceso de diagnóstico o tratamiento. 
• Derecho a recibir explicaciones clínicas inteligibles. La tecnología no debe obstaculizar la comunicación asistencial. El paciente tiene derecho a recibir de su médico una respuesta clara que no requiera descifrar el código del software, sino que explique de forma inteligible las variables relevantes consideradas por el algoritmo, sus incertidumbres, límites, la existencia de alternativas de segunda opinión y la posibilidad de revisión profesional. 
• Consentimiento informado y significativo. El paciente debe aceptar el uso de sus datos por parte de la IA de forma consciente y voluntaria. Este consentimiento debe estar adaptado para detallar explícitamente el rol de la IA en la toma de decisiones y el margen de intervención que retendrá el médico, evitando formalismos vacíos o el llamado "consentimiento por fatiga" a través de textos interminables. 

3. Derechos de control sobre los datos personales de salud (RGPD) 
• Acceso y rectificación. Derecho a consultar qué datos personales suyos procesa la IA y a exigir la corrección inmediata de cualquier información inexacta o incompleta, previniendo así diagnósticos erróneos basados en datos de entrada defectuosos. 
• Supresión (olvido) y limitación. Derecho a solicitar la eliminación de datos que ya no sean necesarios (conforme a los plazos legales) o a restringir temporalmente su procesamiento algorítmico mientras se valida la licitud del tratamiento. 
• Oposición al uso secundario (Opt-out). El paciente tiene derecho a oponerse al tratamiento de sus datos cuando la IA se use con fines ajenos a su asistencia sanitaria directa. De manera especial, bajo el Espacio Europeo de Datos de Salud (EEDS), cuenta con el derecho a excluirse voluntariamente mediante un procedimiento de opt-out para evitar que su historial clínico se reutilice en la investigación o en el entrenamiento de nuevos algoritmos comerciales. 
• Seguridad. Derecho a que su información sensible sea protegida de manera continua por la institución médica mediante cifrado, control estricto de accesos y medidas técnicas para prevenir fugas o alteraciones. 

4. Derecho a una atención equitativa y humana 
• Protección frente a sesgos y discriminación algorítmica. El paciente tiene derecho a que la IA funcione de manera justa. Se debe vigilar que la herramienta no le ofrezca peores resultados de salud o una priorización injusta por motivos de su sexo, edad, tipo de enfermedad, discapacidad o procedencia étnica. 
• Preservación de la humanidad en la medicina. Ninguna tecnología puede diluir la relación fiduciaria de confianza entre el médico y el enfermo. El paciente conserva el derecho a recibir un cuidado basado en la escucha activa, la empatía, la compasión y la prudencia clínica.



sábado, 5 de septiembre de 2026

Cine y Pediatría (869) “Metronom”, liberadora música de juventud


La Rumanía de los años 70 fue un país en plena consolidación del régimen de Nicolae Ceaușescu, con una fase inicial de relativo aperturismo y crecimiento económico seguida de un giro hacia el nacionalcomunismo, la represión y el culto a la personalidad. Se reforzó la Securitate (policía secreta), se extendió la censura y se instaló un sistema de escuchas telefónicas al estilo de la RDA; la participación en la vida pública estaba muy controlada y cualquier crítica podía acarrear expulsión, vigilancia o cárcel. Un líder todopoderoso que acabó llevando al país a una economía sobreendeudada y a una sociedad cada vez más vigilada, lo que explica en gran medida la dureza de la década siguiente y el colapso violento del régimen en 1989. 

En este contexto ocurren los hechos narrados en la película Metronom (Alexandru Belc, 2022), que nos sitúa en el Bucarest del año 1972 y la primera escena nos sitúa en la explanada del Monumento a los Héroes de la Patria, allí donde nuestros dos protagonistas se abrazan, dos estudiantes de 17 años, Ana (Mara Burgarin) y Sorin (Serban Lazarovici). El título hace referencia a un famoso programa de radio de entonces y que fue el mayor símbolo de resistencia cultural, rebelión juvenil y escape ideológico en la Rumanía comunista de Nicolae Ceaușescu. Conducido de forma clandestina a través de Radio Free Europe desde Múnich por el legendario realizador y crítico musical Cornel Chiriac, el show se convirtió en un fenómeno de culto que marcó a toda una generación atrapada tras el Telón de Acero. Cabe recordar que bajo la dictadura de Ceaușescu, la música, la moda y el arte occidentales estaban estrictamente prohibidos y catalogados como "propaganda capitalista burguesa". 

Metronom significó la única vía de acceso a la cultura global, donde Chiriac presentaba álbumes completos de bandas prohibidas como Pink Floyd, The Doors, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Queen o Led Zeppelin. Escuchar el programa o interactuar con él conllevaba un peligro extremo debido al acoso de la Securitate. Porque los jóvenes rumanos se arriesgaban a penas de prisión, brutales interrogatorios y torturas solo por intentar enviar cartas clandestinas a Múnich solicitando canciones o dedicando temas. Un proyecto que duró hasta marzo de 1975, cuando Cornel Chiriac fue asesinado a puñaladas en un aparcamiento de Múnich en circunstancias nunca esclarecidas del todo. Aunque el asesino material fue detenido, la sospecha histórica generalizada es que se trató de una operación encubierta firmada por la propia Securitate para acallar su voz. 

Y con este contexto se entiende a la perfección nuestra película de hoy, pues Ana acude a una fiesta con sus amigos de instituto, allí donde bailan al ritmo de temas como el “Light My Fire” de The Doors o el “Kozmic Blues” de Janis Joplin, mientras deciden escribir una carta a Metronom. Y es entonces cuando aparece la Securitate tras un chivatazo, los detiene a todos y les obliga a hacer una declaración escrita en que conste el motivo de la reunión y el nombre de quiénes estaban presentes. Todos menos Ana, quien se resiste y el inspector le lee la ley: “Se prohíbe todo contacto con estaciones de radio o televisión extranjeras, así como con cuerpos de prensa que, con su actuación, contribuyan a difamar al Estado o vaya en contra de sus intereses”. Pese a ello sigue sin ceder y continúa la presión: “Lástima por tus padres. Les vas a matar a disgustos”. Finalmente intermedia su padre, un abogado y profesor, quien le argumenta: “Es una nueva ley y están deseando poneros un castigo ejemplar”. Hasta que, finalmente, consiguen que redacte la declaración y se convierta, a cambio de ayuda en sus estudios universitarios, como una futura confidente: “Menos mal que has recapacitado. Que si no… Piensa en tu futuro”, le remacha el inspector. 

Lo cierto es que, como nos tiene acostumbrado el nuevo cine rumano, la película no se ahorra nada para que sintamos la angustia a flor de piel. Para abocarnos a un final en el mismo lugar de la primera escena, esa simbólica plaza para el régimen de Ceausescu donde estos alumnos y alumnas uniformados, también nuestra Ana, juegan y conversan como si nada hubiera pasado. 

Metronom demostró al régimen que la música rock podía ser tan potente y peligrosa como un discurso político, al unificar el descontento de miles de jóvenes. Y esta película nos remite a aquel momento histórico, tan presente para los rumanos, tan ignorado para la mayoría que no vivimos aquellos tiempos. Un film con profundas enseñanzas morales, políticas y humanas. 

Los mensajes y enseñanzas clave que deja la película Metronom incluyen el valor de la integridad y la dignidad individual (frente a la brutal presión de la Securitate, Ana se niega firmemente a cooperar o a delatar a sus amigos), la dolorosa pérdida de la inocencia (donde el totalitarismo no respeta la juventud y fuerza a los adolescentes a madurar de golpe), el valor del arte y la cultura como ventanas de libertad (porque incluso cuando los cuerpos y las almas están atrapados por dictaduras, la mente busca la libertad a través de la cultura), el miedo como herramienta de fragmentación social (durante los interrogatorios, los jóvenes son forzados a delatarse unos a otros para salvarse), y la desilusión del amor romántico frente a la realidad (tal como ocurre entre Ana y Sorin, las dinámicas de supervivencia desnudan el egoísmo de quienes nos rodean, rompiendo los ideales románticos de la juventud.) 

Es Metronom un desgarrador relato de maduración (coming-of-age) basado en hechos históricos y que tuvo como símbolo aquella música de libertad que significaba esta clandestina cadena de radio.

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

A la humanidad doliente… desde el arte


Magdalena Sánchez Blesa es una poetisa murciana nacida del pueblo y para el pueblo. Nacida en Puerto Lumbreras y vinculada desde su adolescencia a Alhama de Murcia, su poesía se caracteriza por un lenguaje directo, emocional y cercano, centrado en la familia, la infancia, la pérdida, la resiliencia, la solidaridad y la necesidad de acompañamiento. Su popularidad se ha multiplicado gracias a los recitales y videopoemas difundidos en redes sociales, especialmente “Instrucciones a mis hijos”, que alcanzó una amplia circulación en el mundo hispanohablante, pero son ya alrededor de una decena sus poemarios publicados. La autora se define como una poeta de “aceras”, “patios”, momentos cotidianos y miradas directas; esa autodefinición resume una poesía vinculada a la experiencia común y alejada de la abstracción hermética. 

Y ello porque su poesía está concebida también para ser dicha y escuchada. La recitación, el gesto y la comunicación directa con el público forman parte de su identidad artística. Y así nos conocimos en el año 2018, en un acto celebrado en la Unidad Pedagógica Hospitalaria de nuestro Servicio de Pediatría. Y fue tal el impacto y la emoción del encuentro que, pocas semanas después, la invité a recitar sus poemas en el acto de presentación del libro “Cine y Pediatría 7”, el primer encuentro del cine, la poesía y la pediatría, y que se vería acompañado ya de muchos otros en un camino de amistad. 

Al año siguiente, y sin tener conocimiento previo, nos reencontramos en Guadalajara (Jalisco, México) en el contexto del Congreso CONAPEME (Confederación Nacional de Pediatría de México) 2019. Ella viajaba para compartir su poesía en el evento, yo para compartir la ciencia pediátrica y el proyecto Cine y Pediatría entre mis colegas del otro lado del Atlántico. Fueron muchos los actos inolvidables juntos, pero la visita al Antiguo Hospital Civil de Guadalajara nos permitió conocer la figura de Fray Antonio Alcalde, un vallisoletano que llegó a finales del siglo XVIII a ese país y fue considerado el más grande benefactor del estado de Jalisco, hombre insigne, visionario, humilde y solidario, y que 230 años después persiste su lema grabado en piedra a la entrada de este hospital: “A la humanidad doliente”. Y esta frase es la que da título al prólogo del último libro de Magdalena Sánchez Blesa, “Ceniza viva”, y que me retrotrae a todas aquellas vivencias y emociones compartidas. 

A partir de aquí la amistad se ha hecho indestructible. Magdalena me regaló el prólogo y la presentación formal del libro “Cine y Pediatría 12”, y yo intento acompañarla en sus recurrentes recitales de poesía en la provincia de Alicante. Aunque hay proyectos comunes en marcha, hoy quiero compartir una entrevista que me regaló hace un par de meses para su canal de Instagram y que transmite esa amistad. Hablamos del valor terapéutico del arte, cualquier arte, y de su papel esencial en la humanización del acto sanitario a esa “humanidad doliente” que son los pacientes. Tanta humanidad doliente y a nuestro lado. Y la importancia de preservar la milagrosa sanidad pública en España. 
Se puede consultar esta entrevista desde el Instagram de Magdalena Sánchez Blesa.

lunes, 31 de agosto de 2026

En busca de la Red de Atención Integral al Dolor Pediátrico


La Consellería de Sanitat ha publicado hace un mes el “Plan para la atención integral e interdisciplinar a las personas con dolor de la Comunitat Valenciana”, un documento de 60 páginas donde se establece una estructura multidisciplinar que coordina la atención primaria con unidades especializadas, clasificadas según su complejidad técnica y servicios. Entre sus metas principales destaca la protección de colectivos vulnerables, como niños y ancianos, además de fomentar la investigación científica y la formación continua del personal sanitario. Asimismo, la estrategia busca empoderar a los pacientes mediante programas de autocuidado y educación en neurociencia para mejorar su calidad de vida. Finalmente, se define un marco de seguimiento y evaluación mediante indicadores precisos que garantizan una asistencia sanitaria equitativa y eficiente. 

Estas unidades de dolor se clasifican en cuatro niveles organizativos en función de sus recursos humanos, cartera de servicios, frecuencia de la atención y su actividad docente o investigadora: 
- Unidad del Dolor Nivel I (Básica) 
• Recursos humanos: está formada por especialistas de una sola especialidad médica y personal de enfermería, quienes prestan sus servicios a tiempo parcial o completo. 
• Cartera de servicios: es limitada y se centra en el tratamiento farmacológico y en técnicas intervencionistas menores (procedimientos básicos ambulatorios como parches de capsaicina al 8%, infiltraciones superficiales o tratamientos intravenosos sistémicos). 
• Frecuencia de atención: no presta atención diaria. 

- Unidad del Dolor Nivel II (Intermedia) 
• Recursos humanos: integrada por especialistas de una sola especialidad médica, personal de enfermería y personal administrativo. 
• Cartera de servicios: es limitada, pero incluye la realización de técnicas intervencionistas de complejidad intermedia en una sala de tratamientos propia o quirófano (tales como infiltraciones profundas guiadas por imagen, bloqueos epidurales/simpáticos o radiofrecuencia). 
• Frecuencia de atención: ofrece atención diaria. 

- Unidad del Dolor Nivel III (Avanzada / Multidisciplinar) 
• Recursos humanos: formada por personal médico de distintas especialidades, personal de enfermería y otro personal sanitario no médico especializado en dolor (como psicología, fisioterapia y trabajo social). 
• Cartera de servicios: dispone de una cartera completa que incluye técnicas intervencionistas de alta complejidad realizadas en quirófano o entornos altamente especializados (como neuromodulación invasiva, implante de bombas de infusión subaracnoidea o epiduroscopia). 
• Docencia e investigación: realiza labores de docencia e investigación de forma ocasional. 
• Requisitos adicionales: debe contar con un espacio físico propio, recursos específicos para el manejo de pacientes ingresados y externos, atender un mínimo de 800 primeras visitas al año y tener una dotación profesional multidisciplinar mínima (coordinador de anestesiología, al menos dos especialidades médicas en plantilla, y psicólogo clínico/psiquiatra disponible). 

- Unidad del Dolor Nivel IV (De Referencia / Docente y de Investigación) 
• Recursos humanos: formada por personal de distintas especialidades médicas, personal de enfermería y otro personal sanitario no médico especializado (como psicología clínica y fisioterapia). 
• Cartera de servicios: cartera completa que incluye técnicas intervencionistas complejas en quirófano. 
• Docencia e investigación: realiza labores de docencia e investigación de forma habitual. Para ser clasificada en este nivel, la unidad debe cumplir al menos 3 de las siguientes 4 características: docencia MIR, docencia PIR, docencia de pregrado, o contar con personal con capacitación para la dirección de tesis doctorales y publicaciones en revistas de impacto en los últimos 5 años. 
• Requisitos adicionales: comparte los mismos requisitos especiales que el Nivel III (espacio físico propio, recursos para ingresos/consultas y un mínimo de 800 primeras visitas anuales. 


En este contexto es importante la propuesta de una Red de Atención Integral al Dolor Pediátrico en la Comunitat Valenciana 

1. Justificación clínica y epidemiológica del Dolor Pediátrico 

El abordaje del dolor en las etapas tempranas de la vida trasciende el imperativo ético de aliviar el sufrimiento; constituye una decisión de planificación sanitaria fundamental para asegurar la sostenibilidad del sistema a largo plazo. La intervención precoz en la infancia es la medida más eficiente de prevención de la cronicidad. 

La urgencia estratégica de este plan se fundamenta en una realidad epidemiológica crítica: la evidencia científica constata que entre el 35% y el 73% de los menores que padecen dolor crónico mantienen esta condición al alcanzar la vida adulta. Esta persistencia no solo perpetúa el consumo de recursos, sino que revela la naturaleza multidimensional del dolor, cuya repercusión se ramifica hacia la salud mental, el rendimiento escolar y la estabilidad del núcleo familiar. Es precisamente esta complejidad sistémica la que fundamenta e impone la necesidad de una arquitectura asistencial descentralizada, jerarquizada y por niveles. 

2. Arquitectura de la red asistencial pediátrica 

La Red de Atención Integral al Dolor Pediátrico se define como una estructura coordinada y territorializada, diseñada para garantizar la equidad asistencial en las tres provincias. Esta arquitectura se sustenta de forma primaria en las 8 Agrupaciones Sanitarias Interdepartamentales (ASI) y se apoya en la infraestructura existente de las 23 Unidades del Dolor (UDO) de la Comunitat Valenciana, clasificadas según su complejidad en niveles I, II, III y IV, previamente referida. 

• Referente clínico en Atención Primaria (AP): cada centro de salud contará con una figura pediátrica de referencia, primer punto de contacto encargado de la detección precoz, el manejo inicial y la gestión de la continuidad asistencial en el entorno comunitario. 
• Pediatra consultor de Departamento: actuará como nexo estratégico entre la AP y la atención especializada, operando como consultor experto para resolver la complejidad intermedia a nivel departamental.
• Unidades del Dolor de Nivel IV como soporte: los hospitales con Unidades de Dolor de Nivel IV (como el Hospital Universitario y Politécnico La Fe, el Hospital General Universitario de Valencia o el Hospital General Universitario Dr. Balmis), debido a su mandato legal de docencia e investigación, funcionarán como los nodos de conocimiento para el desarrollo de la red. 
• Valoración y diseño de la Unidad de Referencia Autonómica: como objetivo estratégico prioritario, se priorizará la valoración y diseño de una Unidad Multidisciplinar de Dolor Pediátrico de referencia autonómica. Este dispositivo se orientará al abordaje de casos de extrema complejidad técnica, centralizando la excelencia clínica y la innovación terapéutica para todo el territorio. 

Este escalonamiento garantiza que el paciente reciba el nivel de cuidado preciso en el entorno más eficiente, asegurando un tránsito fluido hacia los mecanismos de gobernanza clínica de las ASI. 

3. Integración institucional y continuidad vital 

La eficacia de la Red depende de una gobernanza clínica que trascienda la fragmentación tradicional. El éxito del modelo reside en la gestión de las transiciones asistenciales, apoyándose en la Estrategia de Salud Digital de la Conselleria de Sanidad para asegurar que la información siga al paciente. 

• Pediatría en los Comités de Dolor de las ASI: es preceptivo integrar la visión pediátrica en los Comités de Dolor de cada ASI. Esto asegura que la planificación de recursos y la compra de tecnología sanitaria contemplen las especificidades de la infancia. 
• Protocolos de transición a la vida adulta: para evitar la ruptura del cuidado al alcanzar los 18 años, se establecen directrices obligatorias gestionadas a través de la Historia Clínica Electrónica Compartida: Plan de transición documentado, identificación de comorbilidades psiquiátricas (evaluación obligatoria de riesgos en salud mental (ansiedad, depresión) durante el proceso de transición para evitar descompensaciones) y uso del Módulo de Prescripción (MPRE) para la conciliación farmacológica y del Portal del Paciente para fomentar la corresponsabilidad y el acceso a la información clínica. 

4. Estrategias de capacitación, investigación y educación familiar 

El conocimiento técnico y la alfabetización sanitaria son los motores de transformación de este modelo asistencial. 

- Formación clínica transversal: la Escuela Valenciana de Estudios de la Salud (EVES) gestionará programas formativos específicos y acreditados. 
- Investigación clínica y traslacional: se potenciará la colaboración con institutos de investigación (como FISABIO, INCLIVA o ISABIAL) y universidades para generar evidencia propia sobre el dolor infantil en la Comunitat Valenciana, enfocada en la eficacia de los tratamientos y la epidemiología local. 
- Educación al entorno familiar y educativo: se desarrollarán programas de alfabetización sanitaria para padres y personal escolar. El objetivo es proporcionar herramientas profesionales pero accesibles para el reconocimiento del dolor y el fomento de estrategias de afrontamiento activo, reduciendo el estigma y mejorando la calidad de vida diaria del menor. 

5. Seguimiento y evaluación: indicadores de la Estrategia Pediátrica 

La rendición de cuentas basada en el dato es el pilar de la mejora continua de este Plan. Los indicadores seleccionados permitirán monitorizar la implantación real y el impacto clínico de la estrategia. 

Cuadro de Indicadores de Seguimiento: cobertura territorial (porcentaje de centros de salud con referente clínico pediátrico formalmente designado en SIP), continuidad asistencial (porcentaje de pacientes pediátricos crónicos que alcanzan la mayoría de edad con un Plan de Transición Documentado en su Historia Clínica), calidad técnica (número de guías clínicas y protocolos específicos para población pediátrica y vulnerable validados y difundidos por la Conselleria), capacitación profesional (volumen de profesionales sanitarios formados con éxito a través de la EVES en materia de dolor pediátrico).

Con ello, el compromiso de la Generalitat Valenciana es firme: construir una sanidad pediátrica más humana, eficiente y basada en la excelencia clínica, garantizando que los niños de hoy no se conviertan en los pacientes crónicos del mañana. 

Un buen plan que ahora tiene que hacerse realidad. Ahora toca trabajar para su puesta en marcha, porque si esta realidad no llega a los pacientes y no es patente entre los profesionales sanitarios, entonces se convierte en papel mojado…

sábado, 29 de agosto de 2026

Cine y Pediatría (868) “Didi”, coming of age entre la identidad digital y la identidad cultural


El cine bajo la denominación del anglicismo coming of age, ese tránsito que nos lleva de la adolescencia a la madurez juvenil, ha encontrado en las últimas décadas nuevas formas de representar el tránsito adolescente, desplazándose desde modelos más esquemáticos hacia retratos complejos donde la fragilidad, la pertenencia y la autoimagen ocupan el centro del relato. En ese contexto, la película estadounidense Dìdi (Sean Wang, 2024), basada en la propia experiencia del director como un adolescente de origen taiwanés afincado en Estados Unidos en el año 2008, sobresale por su atención a las zonas menos heroicas del crecimiento: la torpeza social, la inseguridad corporal, la vergüenza afectiva y la tensión entre los mandatos familiares y el deseo de encajar en el grupo. 

Y Didi se suma a los numerosos ejemplos de coming of age que hemos tratado ya en Cine y Pediatría y desde todas las latitudes. He aquí algunos ejemplos: desde Canadá, C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005); desde España, El camino de los ingleses (Antonio Banderas, 2006); desde Islandia, Hearstone: Corazones de piedra (Gudmundur Arnar Gudmudsson, 2016); desde Italia, Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017); desde Estados Unidos, Lady Bird (Greta Gerwing, 2017); desde Colombia, Niña errante (Ramón Mendoza, 2018); desde Egipto, Yomeddine (A.B. Shawky, 2018); desde Francia, Adolescentes (Sébastien Lifshitz, 2019); desde el Reino Unido, Belfast (Kenneth Branagh, 2021); desde Dinamarca, Nada (Trine Piil Christensen, Seamus McNally, 2022); desde Suecia, Paradise is Burning (Mika Gustafson, 2023); y un largo etcétera.            

Pero volvamos a nuestra película de hoy, Didi, que no presenta la adolescencia como una simple etapa biológica, sino como una experiencia moral y cultural. El protagonista, Chris Wang (Izaac Wang), un adolescente de 13 años, se mueve entre varios mundos a la vez: el hogar marcado por la herencia taiwanesa, el espacio escolar y amistoso regulado por códigos juveniles estadounidenses, y el universo digital emergente de 2008, donde la identidad comienza a representarse y negociarse públicamente a través de plataformas como MySpace, Facebook y YouTube. Esa triple pertenencia confiere a la obra una singular densidad sociológica y emocional. Adolescencia, inmigración e identidad cultural que se alzó con el Premio del Público y del Premio Especial del Jurado al mejor elenco en Sundance 2024, alrededor de este adolescente estadounidense de origen taiwanés que, durante aquel verano se enfrenta a sí mismo y a sus raíces y al racismo mientras navega en redes sociales buscando validación personal. 

Chris Wang vive en California con su madre (Joan Chen), su abuela y su hermana mayor (por cierto, el título de la película, Didi, significa en mandarín “hermano menor”, que es apelativo cariñoso en su familia), y se enfrenta a varios aprendizajes simultáneos: la necesidad de ser aceptado por sus amigos, la atracción amorosa, el deseo de formar parte del mundo del skate (y su afición a grabar las trucos con la tabla) y la dificultad de comprender a una madre con la que mantiene una relación afectiva intensa, pero también conflictiva. En la superficie narrativa, los acontecimientos son modestos. No hay grandes giros melodramáticos ni conflictos extraordinarios. Sin embargo, la película entiende que para un adolescente los pequeños fracasos cotidianos poseen una intensidad total: una conversación mal resuelta, una foto humillante, un gesto de rechazo, una mentira para parecer más interesante o un comentario fuera de lugar pueden alterar por completo la percepción de sí mismo. Esa escala emocional es uno de los mayores logros del film. 

Al mismo tiempo, el relato va dibujando la vida doméstica de una familia inmigrante en la que la madre sostiene la estructura del hogar, intenta preservar su propia sensibilidad artística como pintora y observa con mezcla de ternura y preocupación la transformación de su hijo. La convivencia entre generaciones, la presencia de la abuela y la relación con la hermana mayor aportan al film una textura coral que impide reducirlo a una mera crónica sentimental juvenil. Y esa diferencia generacional queda subrayada en algunos diálogos… 

Cuando Wang se pelea y viene lesionado, la abuela realiza estas correcciones a la madre sobre la educación de los hijos: “¿Ves? Los dejáis salir y pasa esto. Se supone que los niños juegan con grillos en el arroyo o al escondite en el patio trasero. Pero tu hijo se pelea como un pandillero. Si la policía lo ve, pensará que le has pegado y te lo quitará. No podrá curarse la herida y quedará ciego, y entonces no podrá ir a la universidad. Si no va a la universidad, no encontrará un buen trabajo. Si no encuentra un buen trabajo, no encontrará una esposa guapa y no podrá tener hijos. ¡Y el legado la familia Wang se acabó!”. Pero también el hartazgo de la madre hacia la abuela, que es su suegra: “Eres una carga… Esta casa es un hogar gracias a mí. No tú, ni él. Soy yo. Sé que te parezco indigna, pero te juro que si no dejas de criticarme te echo a patadas”. Y todo ello lo oye y viven los hijos, con Wang como primer testigo. O ese me “¡Me avergüenza ser tu hijo!” que llega a decir a su madre, tal es el grado de confusión de nuestro protagonista con sus grupos de amigos que va perdiendo, los de clase, los del skate, la chica que le gustaba,… no encuentra el lugar y lo paga con la madre. 

Y es así que Didi se nos presenta como un retrato realista de la juventud y la autoaceptación que explora las complejas dinámicas familiares de su protagonista, al mismo tiempo que promueve la comunicación entre adolescentes y padres. La película destaca por su naturalismo, su precisión observacional y su capacidad para convertir la experiencia particular en memoria generacional.

Uno de los aspectos más interesantes de Dìdi es su reconstrucción del año 2008 como momento bisagra en la cultura juvenil. La película recuerda un periodo en el que internet ya no era un espacio secundario, pero todavía no se había convertido en la estructura total de la vida social. Y esta dimensión tecnológica no funciona como simple decorado de época, pues ya la película sugiere que el adolescente contemporáneo aprende a verse a sí mismo a través de pantallas, comentarios, fotografías y jerarquías de visibilidad. La inseguridad ya no nace solo de la comparación presencial, sino también de la construcción pública de una imagen que puede ser validada, ridiculizada o ignorada. Por ello, puede leerse como una película de memoria generacional, dado que no solo recuerda un periodo histórico reciente, sino que examina el modo en que esa primera sociabilidad digital modificó la experiencia emocional de crecer, y el film dialoga con una preocupación muy contemporánea: la dificultad de distinguir entre el yo vivido y el yo representado. 

La película también ofrece un valioso retrato de la experiencia asiático-estadounidense desde una perspectiva doméstica y cotidiana, así como ese vínculo maternofilial: el hijo desea autonomía, pero no entiende todavía el sacrificio silencioso que sostiene su mundo; la madre intenta proteger, pero también debe aceptar que educar implica dejar ir. El resultado es un retrato extraordinariamente humano de la familia como espacio de protección, pero también de tensión formativa. 

Y en términos pedagógicos, es una obra especialmente útil para trabajar cuestiones relacionadas con adolescencia, migración, identidad, medios digitales y vínculos familiares. Un particular coming of age entre la identidad digital y la identidad cultural, donde el director Sean Wang es capaz de transformar lo autobiográfico en una forma de conocimiento compartido.

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Lo que nos dice la IA (Perplexity) de la plataforma Continuum


Dentro de las múltiples herramientas y usos de la inteligencia artificial (IA) vale la pena destacar los asistentes de investigación (ej. Perplexity y GeminiNotebook), pues ayudan a recopilar información, analizarla y organizarla, y pueden generar resúmenes, responder a preguntas complejas y encontrar puntos clave en la información. 

Y en concreto Perplexity ofrece un “motor de respuestas”: un buscador que, en lugar de devolver una lista de enlaces, lee en tiempo real múltiples fuentes de Internet y sintetiza una respuesta a partir de documentos recuperados y con citas numeradas que el usuario puede verificar, lo que la hace especialmente útil para investigación, trabajo académico y periodístico. Y una gran ventaja: tiene menos “alucinaciones” al anclar las respuestas en resultados de búsqueda, por lo reduce la invención de datos frente a asistentes puramente conversacionales.  

Pues bien, a la tarea en Perplexity sobre “háblame de Continuum, la plataforma de formación continuada en línea de la AEP”, esta es su respuesta literal… 

“Continuum es el portal de formación continuada en línea de la Asociación Española de Pediatría (AEP), lanzado oficialmente el 23 de septiembre de 2013 como una «universidad virtual» de pediatría en español, dirigida a pediatras de España y Latinoamérica. Desde su puesta en marcha, ha sido codirigida de forma ininterrumpida por los doctores Javier González de Dios (pediatra hospitalario, neonatólogo, Alicante) y Francisco Hijano Bandera (pediatra de Atención Primaria, Madrid), quienes han liderado su desarrollo tecnológico, pedagógico y de contenidos *. 

1. Origen e historia 
El proyecto nació como idea original en 2012, dentro de la estrategia de la AEP para modernizar y ampliar la oferta de formación continuada más allá de los formatos presenciales tradicionales. Tras aproximadamente 18 meses de trabajo de diseño, coordinación científica y desarrollo técnico con la colaboración de numerosos expertos y comités de la AEP, se inauguró formalmente en septiembre de 2013. Continuum se concibió como una plataforma propia de la AEP, aprovechando el liderazgo científico de sus sociedades de especialidad, sociedades regionales, comités y grupos de trabajo, para ofrecer una formación de calidad, acreditada y alineada con las necesidades reales de los pediatras en ejercicio. 

2. Objetivos 
Los objetivos de Continuum se definieron desde el inicio en dos niveles: 

a) Objetivos generales: crear un portal de formación en español para pediatras que facilite la actualización de conocimientos, la rápida integración de avances médicos en la práctica clínica y el perfeccionamiento profesional, con el fin último de mejorar la atención a la población infanto-juvenil. 

b) Objetivos específicos: 1) impartir una enseñanza innovadora, con enfoques prácticos (learning by doing) y metodologías docentes eficaces para mejorar la competencia profesional; 2) implicar a las subespecialidades, grupos y comités de la AEP en la definición de áreas de conocimiento y competencias específicas; 3) recoger las necesidades formativas de los profesionales para planificar actividades de formación; 4) fomentar la mejora de la actividad asistencial, docente, científica e investigadora, con un portfolio personal que registre las actividades realizadas y pueda servir en el futuro para procesos de recertificación; 5) facilitar la obtención de créditos de formación continuada con validez en toda España para la carrera profesional. 

Un elemento central es que Continuum se basa en el Currículum Global de Educación Pediátrica (Global Pediatric Education Consortium, GPEC), que actúa como «matriz de competencias» y hoja de ruta para los contenidos, siendo España el primer país de la Unión Europea en adoptarlo en una plataforma de estas características. 

3. Modelo formativo y recursos 
Continuum no es solo una plataforma de cursos online; integra múltiples modalidades y recursos: 

a) Actividades individuales: 1) Imagen de la semana: imágenes de enfermedades comunes de presentación poco frecuente para ampliar la experiencia visual; 2) Casos clínicos interactivos: casos reales (atención primaria y hospitalaria) para promover el razonamiento clínico y el diagnóstico diferencial; 3) Novedades bibliográficas: revisión de publicaciones recientes en revistas biomédicas de interés; 4) Artículo destacado: enlaces a artículos relevantes de revistas pediátricas españolas. 

b) Actividades tutorizadas: cursos online de distintas duraciones y créditos, ofertados por sociedades, comités y grupos de la AEP, cubriendo las 39 áreas temáticas del currículo global 

c) Herramientas complementarias: 1) Biblioteca de documentos esenciales (guías, revisiones, protocolos, etc.); 2) Herramientas para la consulta (algoritmos, calculadoras, tablas, vademécum, etc.); 3) Portfolio personal (Mi Continuum) para registrar actividades, créditos y necesidades formativas; 4) Agenda de actividades y presencia en redes sociales como parte de la estrategia Web 2.0; y 5) Preparo Mi Rotación Por (PMRP), una de las joyas de la corona, creada en 2020 (y actualizada en 2024) y cuyo fin se puede sintetizar en estos tres objetivos: disminuir la variabilidad en la formación de los especialistas en formación, asistir a los tutores en su función docente y facilitar el aprendizaje colaborativo y basado en competencias, el entrenamiento reflexivo y la resolución de problemas propios del perfil profesional de cada especialidad pediátrica por la que roten. 


La plataforma está diseñada para ser accesible en cualquier momento y lugar, con funcionalidad optimizada para dispositivos móviles. 

4. Logros e impacto 
Desde sus primeros años, Continuum ha demostrado un alto impacto en la formación pediátrica en español: 

- En 2015, la plataforma ofreció actividades formativas a más de 5.000 pediatras y MIR de todo el mundo, de los cuales el 78,5% eran españoles (aproximadamente el 38% de los pediatras estimados en España en ese momento). En ese mismo año se alcanzaron 732 créditos de formación a través de las actividades ofertadas, una cifra casi cinco veces superior a las 157 horas que se estimaba que los pediatras y MIR españoles dedicaban anualmente a su formación **. 

- En 2016, Continuum recibió el premio MEDES a la Mejor Iniciativa en formación, reconociendo su innovación y alcance como «universidad virtual» de pediatría en español para España y Latinoamérica ***. 

- La plataforma ha mantenido una alta demanda de cursos tanto en España como fuera de ella, consolidándose como un proyecto prioritario para la AEP en los cuatrienios posteriores (2021-25 y más allá). 

La dirección conjunta de Javier González de Dios y Francisco Hijano Bandera ha sido un elemento clave en el éxito de Continuum: 
- Javier González de Dios: pediatra especialista en Neonatología, jefe de Servicio de Pediatría en el Hospital General Universitario de Alicante, doctor en Medicina, con amplia trayectoria en pediatría basada en la evidencia, investigación y proyectos de innovación educativa (como «Cine y Pediatría»). 
- Francisco Hijano Bandera: pediatra de Atención Primaria en Madrid, doctor en Medicina, con formación específica en diseño, gestión y dirección de proyectos de B-Learning, y miembro activo en docencia MIR y formación en pediatría de atención primaria. 
Su combinación de perfiles (hospitalario/atención primaria, evidencia científica/diseño pedagógico digital) ha permitido que Continuum no sea solo un repositorio de contenidos, sino una plataforma con rigor científico, innovación metodológica y orientación competencial. 

La puesta en marcha de Continuum ha significado: 1) un cambio de paradigma en la formación continuada de la AEP, pasando de un modelo predominantemente presencial a uno híbrido y digital, más flexible y accesible; 2) la creación de un espacio común en español para la formación pediátrica de alta calidad, con proyección iberoamericana; 3) un instrumento para la recertificación periódica de competencias, alineado con tendencias europeas e internacionales en educación médica continuada; 4) un reconocimiento del papel de la AEP como líder en formación pediátrica, con una plataforma propia, sostenible y en continua evolución. 

En síntesis, Continuum representa uno de los proyectos más consolidados y estratégicos de la AEP en las últimas décadas, y la dirección sostenida de los Dres. González de Dios e Hijano ha sido fundamental para convertirlo en una referencia de formación pediátrica en línea en el mundo hispanohablante ****.” 

Realmente una respuesta verídica, aunque parcial en algunos aspectos, y que hemos señalado con cuatro marcas en el texto. 

* Aunque la IA indica que los Dres. Javier González de Dios y Franciso Hijano Bandera han codirigido la plataforma Continuum de forma ininterrumpida desde sus inicios hasta la fecha de consulta, cabe decir que no es así y fuimos cesados por la actual Junta Directiva de la AE un 9 de octubre de 2025, fecha esta y posteriores que no olvidaremos. 

** Esta información de uso de la plataforma es de sus inicios, pero el crecimiento ha sido logarítmico, de forma que los datos más actuales disponibles publicados por el nosotros son del periodo 2013-2024  indicaban un total de 22.342 alumnos registrados en la plataforma (el 44% socios de la AEP), 1.118 actividades docentes ofrecidas (con 12.048 competencias asignadas en ellas), 2.351 autores participantes, más de 3 millones de usuarios (40% de España y el 60% de otros países, principalmente Hispanoamérica) y más de 35 millones de páginas vistas. 

*** Otros premios no recogidos por la IA que ha recibido Continuum en este periodo fueron el Premio a las 100 Mejores Ideas de Actualidad Económica (2013) y el Premio de Educación Médica al Mejor Proyecto en la Enseñanza de Posgrado o Formación de Especialistas, otorgado a la herramienta “Preparo mi rotación por” (2022). 

**** Este es el documento generado por IA a la intrahistoria de Continuum destaca a sus codirectores, pero no hubiera sido posible sin el trabajo y amistad de los coordinadores de las distintas secciones a lo largo de estos años (Dres. Manuel Molina Arias, Rosa Pavo García, Manuel Praena Crespo, Alberto García Salido, José María Garrido Pedraz, Rafael Martín Masot, Carlos Ochoa Sangrador, Carmen Villaizán Pérez, Pablo del Villar, Esteban Peiró Molina, Mireya Orío Hernández, Javier Pérez-Lescure Picarzo y Nuria García Sánchez) y al buen hacer de la editorial Lúa Ediciones 3.0. A ellos va dedicado este homenaje, porque ha sido lo mejor del camino… 

Una trayectoria de 14 años apasionante, desde sus orígenes hasta un recambio de rumbo que tuvo lugar hace unos meses. Que la IA genere esta información tan veraz es una gran satisfacción para los que creamos este modelo de formación en Pediatría, lo criamos y lo hicimos andar con éxito.