miércoles, 29 de julio de 2026

CoARA (Coalition for Advancing Research Assessment): qué, por qué y para qué

 

En junio de 2022, los estados miembros de la Unión Europea adoptaron el compromiso político de iniciar de forma coordinada un proceso de modificación de los sistema de reconocimiento del mérito investigador, acordaron fortalecer las capacidades para la publicación y comunicación de resultados de investigación y se posicionaron a favor de proteger y desarrollar el multilingüismo en la publicación académica en todo el Espacio Europeo de Investigación (ERA, por sus siglas en inglés). Uno de los principales frutos de este compromiso ha sido la creación de la Coalition for the Advancement of the Research Assessment (CoARA). Y sobre CoARA conviene profundizar… 

CoARA: ¿qué es? 

CoARA en sus siglas en inglés significa Coalición para el Avance de la Evaluación de la Investigación. Es una iniciativa internacional surgida hace cuatro años para reformar cómo se evalúa la ciencia, con el objetivo de reducir la dependencia de métricas simples —como el factor de impacto o el índice h— y dar más peso a la calidad, la diversidad de contribuciones y el juicio experto. 

La idea central es que la investigación no puede medirse bien solo por dónde se publica o por cuántas citas acumula, porque eso deja fuera muchas aportaciones valiosas: datos compartidos, software, transferencia, docencia, mentoría, divulgación, ciencia abierta o impacto social. 

CoARA: ¿por qué surge? 

CoARA nace del consenso acumulado durante años sobre las limitaciones de los sistemas tradicionales de evaluación. El CSIC explica que ya existían alertas previas en iniciativas como DORA (2012), el Manifiesto de Leiden, The Metric Tide y otras declaraciones internacionales que criticaban el uso aislado y descontextualizado de métricas bibliométricas. 

La coalición se impulsa de forma conjunta por Science Europe, la European Universities Association y la Comisión Europea, y cristaliza tras un proceso de co-creación en 2022 que reunió a centenares de organizaciones de muchos países. En otras palabras, CoARA no aparece como una moda repentina, sino como la respuesta institucional a una insatisfacción creciente con la evaluación basada casi exclusivamente en revistas, rankings y cifras de impacto. 

CoARA: ¿qué propone? 

El acuerdo de CoARA plantea varios principios básicos: reconocer la diversidad de contribuciones científicas, evaluar principalmente mediante revisión cualitativa por pares, usar los indicadores cuantitativos de forma responsable y abandonar el uso inadecuado de métricas basadas en revistas o publicaciones. Esto me recuerda las veces que hemos criticado esos indicadores usados “a peso”, conociendo la compra-venta de factor de impacto de las revistas depredadoras y la publicación previo pago. Revisar estos enlaces de este blog a lo largo de los años: 1, 2, 3, 4 y 5.     

También pide evitar los rankings institucionales como sustituto de una evaluación real, y promover criterios más ajustados a cada disciplina, etapa profesional y tipo de investigación. Esto es importante porque no se puede valorar igual una disciplina con lógicas de publicación muy rápidas que otra donde pesan más los libros, las bases de datos, las colecciones, los protocolos clínicos o la transferencia a la sociedad. 

Pero, ¿qué cambia en la práctica? 

El cambio más visible es que la evaluación deja de centrarse tanto en “dónde publicas” y pasa a valorar mejor “qué aportas”. Eso supone un giro hacia evaluaciones más multidimensionales, donde cuentan la originalidad, la solidez metodológica, la cooperación, la apertura de datos, la contribución al grupo, el impacto social y la adecuación del trabajo a su contexto disciplinar. 

En la práctica, esto puede favorecer carreras investigadoras menos dependientes de publicar en un pequeño grupo de revistas de alto impacto y más abiertas a reconocer perfiles diversos: quienes hacen investigación básica, aplicada, traslacional, clínica, interdisciplinar o de impacto social. También puede ayudar a reducir incentivos perversos, como la carrera por acumular artículos, la presión por publicar “lo máximo posible” o la tentación de privilegiar métricas antes que calidad. 

Por tanto, CoARA está significando un cambio de paradigma en la gobernanza de la ciencia. Su importancia no está solo en los principios, sino en que obliga a instituciones, agencias y universidades a revisar sus criterios, sus formularios, sus comités y sus rutinas de evaluación. 

En España, por ejemplo, el CSIC, ANECA y CRUE participan en el National Chapter Spain, y varias universidades ya han empezado a adaptar sus políticas a este marco. Eso indica que CoARA no se limita a una declaración de intenciones: está entrando en la arquitectura real de la evaluación científica. 

Pero CoARA también genera dudas legítimas. Cambiar métricas no es tan sencillo como sustituir un número por otro, porque el desafío consiste en construir evaluaciones más justas sin volverlas más opacas o arbitrarias. Por eso el acuerdo insiste en la transparencia, la formación de evaluadores, la comunicación clara y el uso responsable de datos e indicadores. 

Además, la transición no será igual en todos los países, disciplinas ni instituciones. Algunos ámbitos ya están muy acostumbrados a la bibliometría; otros necesitan criterios más cualitativos desde hace tiempo. CoARA intenta precisamente ofrecer un marco común, pero flexible, para que esa reforma sea compartida y no una suma de soluciones improvisadas. 

Como colofón a CoARA… 

CoARA surge como respuesta a la insuficiencia de los modelos de evaluación apoyados en métricas simplificadas y busca reorientar la valoración científica hacia la calidad, la diversidad y el impacto real de la investigación. Su relevancia está en que está cambiando no solo el debate teórico, sino también las prácticas institucionales con las que se decide qué cuenta como buena ciencia. 

Mientras tanto, en el camino, se han desangrado vocaciones docentes e investigadoras por obra y gracia de aquellos indicadores y del negocio de la publicación. Si Eugene Gardfiel levantara la cabeza, él que creó en 1955 el factor de impacto para revistas y no para investigadores…

lunes, 27 de julio de 2026

Protocolo de transición y seguimiento a largo plazo para supervivientes de cáncer infantil

 

La Generalitat Valenciana acaba de presentar un protocolo integral diseñado para la transición y el seguimiento a largo plazo de personas que han superado un cáncer infantil. El objetivo principal es establecer un modelo asistencial que identifique de forma temprana posibles efectos secundarios derivados de los tratamientos oncológicos, garantizando una transición coordinada entre la pediatría y la medicina de adultos. La estrategia se apoya en el uso del "Pasaporte del Superviviente" (SurPass), una herramienta digital que recopila el historial clínico y los riesgos específicos de cada paciente para facilitar una atención personalizada. Además, el protocolo involucra a un equipo multidisciplinar que abarca áreas médicas, psicológicas y sociales para mejorar la calidad de vida de los afectados. Finalmente, se busca el empoderamiento del paciente mediante la educación sanitaria y la promoción de hábitos saludables que prevengan complicaciones futuras. 

El acceso al documento íntegro de 22 páginas se puede realizar desde este enlace. Pero, dado el interés del tema, queremos profundizar en algunas cuestiones. 

a) ¿Cuáles son los objetivos del seguimiento a largo plazo? 

La estrategia de seguimiento a largo plazo para supervivientes de cáncer infantil en la Comunitat Valenciana tiene como meta principal que los pacientes lleguen a ser adultos resilientes, activos y autónomos, con una calidad de vida óptima y plenamente integrados en la sociedad. Para lograrlo, el protocolo establece los siguientes objetivos estratégicos: 

Planificación individualizada: proporcionar un plan de seguimiento adaptado al riesgo específico de secuelas de cada paciente y a las ya existentes. 
Detección y tratamiento precoz: identificar y tratar de forma temprana los efectos tardíos derivados de la enfermedad o el tratamiento oncológico previo. 
Registro de datos: mantener un registro prospectivo y sistemático de los efectos secundarios a largo plazo para mejorar la trazabilidad y calidad del seguimiento. 
Transición asistencial: establecer un protocolo claro para el paso de la atención pediátrica a la Atención Primaria y/o a la medicina del adulto. 
Empoderamiento del paciente: promover hábitos de vida saludables y el autocuidado para la prevención de efectos tardíos, informando sobre los signos y síntomas de alerta. 
Atención integral: elaborar planes individualizados que cubran las necesidades psicológicas, sociales, educativas y laborales del superviviente. 
Formación continuada: contribuir a la formación de especialistas (tanto de hospital como de Atención Primaria), pacientes y sus representantes. 

Adicionalmente, el protocolo contempla objetivos docentes y de investigación, que incluyen la realización de sesiones clínicas interdisciplinares y la participación en estudios sobre efectos tardíos y calidad de vida para generar datos que mejoren las estrategias preventivas. 

b) ¿Cómo se realiza la transición a la medicina del adulto? 

La transición a la medicina del adulto y a la Atención Primaria (AP) es un proceso estructurado que se inicia a partir de los 18 años. Este proceso también se aplica a pacientes que alcanzan la mayoría de edad durante su tratamiento o en el seguimiento de recaídas, tras una valoración inicial en la consulta de seguimiento a largo plazo. 

Los pasos clave para realizar esta transición de forma coordinada son: 

Coordinación asistencial: la Consulta de Seguimiento a Largo Plazo (SLP) de Oncología Pediátrica actúa como enlace entre niveles. El oncólogo pediatra y la enfermería gestora de casos coordinan el traspaso con los médicos de familia y otros especialistas de adultos. 
Preparación del alta pediátrica: antes de que el paciente deje la consulta pediátrica, se realizan los siguientes procedimientos: se solicitan las pruebas complementarias correspondientes al próximo periodo de seguimiento; se gestiona una cita en AP para que el médico de familia evalúe los resultados de las pruebas, actualice el informe de secuelas y programe los seguimientos posteriores, se realiza una cita virtual de comprobación desde la consulta de SLP pediátrica para verificar que la transición se ha completado correctamente y recibir feedback de la Atención Primaria. 
Uso del Pasaporte del Superviviente (SurPass): este documento es fundamental en la transición, ya que contiene el resumen del tratamiento, los riesgos específicos individualizados y el plan de seguimiento basado en guías internacionales. El personal de medicina del adulto puede visualizar este plan en la historia clínica electrónica mediante señales de aviso. 
Derivación a especialistas de adultos: si el paciente requiere continuar con el tratamiento o seguimiento de secuelas específicas en servicios hospitalarios de adultos (como Hematología), se realiza una transición de cuidados directa hacia esos servicios siguiendo los protocolos de cada departamento. 
Empoderamiento y autonomía: el proceso busca que el superviviente adquiera progresivamente responsabilidades en el manejo de su salud, promoviendo su autonomía y capacidad para identificar signos de alarma. 

Para garantizar la seguridad del paciente, se establecen vías rápidas de derivación con criterios de prioridad oncológica que facilitan la reentrada al hospital en caso de que aparezcan complicaciones. 

c) ¿Qué información incluye el Pasaporte del Superviviente (SurPass)? 

El SurPass es un documento esencial, entregado en formato impreso o digital al finalizar la primera visita multidisciplinar, que centraliza toda la información clave para el seguimiento del paciente. Según los protocolos establecidos, este pasaporte incluye la siguiente información detallada: 

Resumen del tratamiento: un historial completo del tratamiento oncológico recibido, que incluye las dosis acumuladas de quimioterapia. 
Estado de salud actual: detalle de las toxicidades y secuelas que presenta el paciente en el momento de la consulta. 
Predisposición genética: información sobre la existencia de posibles síndromes de predisposición genética al cáncer. 
Riesgos y recomendaciones: identificación de riesgos específicos para la salud del individuo y recomendaciones personalizadas para mitigarlos. 
Plan de seguimiento individualizado: un calendario basado en las guías internacionales IGHG y COG que especifica el tipo de pruebas indicadas, las especialidades médicas implicadas y la periodicidad de las revisiones. 
Guía de autocuidado: consejos prácticos sobre estilos de vida saludables, abarcando nutrición, actividad física y salud mental. 
Recursos de contacto: información sobre profesionales de enlace (Oncología Pediátrica y enfermería de casos), así como una lista de signos de alarma y las indicaciones de a dónde acudir en caso de presentar síntomas preocupantes. 

Este documento es dinámico, ya que se actualiza periódicamente a medida que se detectan nuevos efectos tardíos o complicaciones relevantes durante el seguimiento, tanto en el hospital como en AP. 

d) ¿Cómo influye la predisposición genética en el plan de seguimiento? 

La predisposición genética es un factor determinante en la personalización del plan de seguimiento, influyendo tanto en la evaluación inicial como en el diseño de las pruebas y el asesoramiento a la familia. Según el protocolo, su influencia se manifiesta de las siguientes maneras: 

Reevaluación diagnóstica: durante la primera visita multidisciplinar, se reevalúa la posible existencia de un síndrome de predisposición al cáncer utilizando la información más actualizada disponible sobre la enfermedad de base del paciente y sus antecedentes personales y familiares. 
Derivación a especialistas: en caso de sospecha o confirmación de un síndrome, se activan los circuitos establecidos con las Unidades de Consejo Genético del Departamento de Salud para realizar los estudios pertinentes y ofrecer consejo familiar. 
Plan de seguimiento específico: si existe un síndrome de predisposición, el plan de seguimiento individualizado se adapta para incluir controles específicos. Esto implica definir el tipo de pruebas indicadas, las especialidades médicas involucradas y una periodicidad ajustada a ese riesgo genético particular, siguiendo las guías internacionales. 
Visibilidad en el Pasaporte del Superviviente: la información sobre la existencia de estos síndromes queda registrada de forma explícita en el SurPass. Esto garantiza que cualquier profesional que atienda al paciente en el futuro, ya sea en el hospital o en AP, sea consciente de este riesgo adicional. 

Por tanto, la predisposición genética obliga a pasar de un seguimiento estándar basado únicamente en el tratamiento recibido a uno reforzado y específico orientado a la vigilancia de nuevos eventos oncológicos asociados al perfil genético del individuo. 

e) ¿Cómo se accede a las Unidades de Consejo Genético? 

El acceso a las Unidades de Consejo Genético se gestiona como parte del proceso de evaluación médica durante la primera visita multidisciplinar en el ámbito hospitalario. El procedimiento se realiza de la siguiente manera: 
Reevaluación inicial: el equipo de pediatría y enfermería especialistas en Oncohematología revisa la historia clínica, los antecedentes personales y familiares, y la información actualizada de la enfermedad de base para detectar posibles síndromes de predisposición al cáncer. 
Activación de circuitos: si se identifica la necesidad de realizar estudios genéticos o de brindar asesoramiento a la familia, se utilizan los circuitos establecidos dentro de cada Departamento de Salud para derivar al paciente a las Unidades de Consejo Genético correspondientes. 
Estudios y consejo: una vez derivado, se llevan a cabo los estudios pertinentes y se ofrece el consejo familiar necesario. 

Este proceso asegura que, si existe un riesgo genético, este sea integrado en el Plan de Seguimiento Individualizado y quede debidamente registrado en el SurPass para conocimiento de todos los especialistas involucrados

sábado, 25 de julio de 2026

Cine y Pediatría (863) “El sueño de Iván” y “Diamantes negros”, del sueño a la pesadilla futbolística

 

Acaba de terminar el Campeonato Mundial de Fútbol 2026, uno de los fenómenos deportivos más virales en el mundo (con permiso de los Juegos Olímpicos). Un mes en el que se han enfrentado 48 equipos de todos los continentes y que nos abocaron a una final “en español” entre España y Argentina. Ni que decir que los ecos de este deporte, aunque solo sea fútbol, tiene una gran repercusión. Y el cine no ha sido ajeno, como ha hemos visto en alguna ocasión más en Cine y Pediatría. 

Hagamos un breve recorrido en el tiempo y por países de películas alrededor del fútbol: desde Hungría, Match en el infierno (Zoltán Fábri, 1961); desde Irán, El viajero (Abbas Kiarostami, 1974) y Offside (Fuera de juego) (Jafar Panahi, 2006); desde Estados Unidos, Evasión o victoria (John Houston, 1981); desde Chile, Historias de fútbol (Andrés Wood, 1997); desde Bután, La copa (Khyentse Norbu, 1999); desde Colombia, La pena máxima (Jorge Echeverri, 2001); desde Alemania, Guys and Balls (Sherry Hormann, 2004) y Las fieras fútbol club (Joachim Masannek, 2005); desde Serbia, Montevideo, God Bless You! (Dragan Bjelogrlic, 2010); desde Venezuela, Hermano (Marcel Rasquin, 2010); desde Brasil, El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006) y Heleno, o príncipe maldito (José Henrique Fonseca, 2011); desde Cuba, La partida (Antonio Hens, 2013); desde Uruguay, Mi mundial (Carlos Andrés Morelli, 2017); dese Suiza, Mario (Marcel Gisler, 2018); desde Francia, ¡Va por nosotras! (Mohamed Hamidi, 2019); desde Suecia, Tigers (Ronnie Sandahl, 2020); desde Italia, Fue la mano de Dios (Paolo Sorrentino, 2021); desde Georgia, Hoja seca (Alexandre Koberidze, 2025); desde Ecuador, Despelote (Julián Cordero, 2025); etc.

Un recorrido en el que predominan tres países: curiosamente el Reino Unido, donde se originó este deporte, y nuestros dos países finalistas: Argentina y España. 

Desde el Reino Unido, The Firm (Alan Clarke, 1989), Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002); Football Factory (Diario de un hooligan) (Nick Love, 2004), Hooligans (Lexi Alexander, 2005), The Damned United (Tom Hooper, 2009), Buscando a Eric (Ken Loach, 2009),… 

Desde Argentina, Pelota de trapo (Leopoldo Torres Ríos, 1948), Escuela de campeones (Ralph Pappier, 1950), El crack (José A. Martínez Suárez, 1960), El centroforward murió al amanecer (René Mugica, 1961), Luna de Avellaneda (Juan José Campanella, 2004), El camino de San Diego (Carlos Sorin, 2006), Un santo para San Telmo (Gabriel Stagnaro, 2007), Metegol (Juan José Campanella, 2013),… 

Desde España, Días de fútbol (David Serrano, 2003), La gran final (Gerardo Olivares, 2006), El equipo de mi barrio (Rafa de los Arcos, 2017), Llenos de gracia (Roberto Bueso, 2022), Pioneras. Solo querían jugar (Marta Díaz de Lope Díaz, 2026),… 

Pero hoy queremos recordar dos películas españolas más y que, desde el punto argumental, son dos polos opuestos: El sueño de Iván (Roberto Santiago, 2013), una comedia alrededor de una selección mundial de niños, y donde nuestro pequeño protagonista cumple su sueño; y Diamantes negros (Miguel Alcantud, 2013), un drama que cuesta olvidar alrededor de dos adolescentes malinenses cuyo sueño alrededor del fútbol en Europa se convierte en pesadilla. 

- El sueño de Iván (Roberto Santiago, 2011), basada en la novela homónima del propio director, sigue a Iván (Óscar Casas, de la saga de los hermanos Casas), un niño de 11 años apasionado por el fútbol, seleccionado para una Selección Mundial Infantil que juega un partido benéfico contra estrellas profesionales en el Estadio Azteca de México. Iván viaja con su equipo multicultural de niños a este evento impulsado por UNICEF y FIFA, que busca recaudar fondos para víctimas de un terremoto en África, mientras Iván rivaliza con Morenilla (Fergus Riordan), vive su primer amor con Paula (Carla Campra), combinando épica futbolera con comedia romántica y lecciones de madurez, que intenta aplicar el abuelo de Paula (Antonio Resines). 

Una película para un público infantil que promueve valores deportivos como compañerismo, superación personal, trabajo en equipo y respeto; y que enfatiza la amistad por encima de rivalidades, el coraje ante fracasos y la solidaridad global, recordando que ayudar a otros (como en causas benéficas) enriquece experiencias personales. Una película llena de buenas intenciones, pero que visionada por un adulto deja ver demasiadas costuras sobre su calidad cinematográfica. Una película que engrana con el cine habitual de Roberto Santiago, donde prioriza tramas de amistad, superación y valores positivos, a menudo dirigidas a audiencias familiares. Y como una de sus grandes pasiones desde la infancia es el fútbol, recordamos también El penalti más largo del mundo (Roberto Santiago, 2005) y su prolífica saga literaria “Los Futbolísimos” (con 29 títulos hasta la fecha), que fueron adaptadas al cine como Los Futbolísimos (2019) y Los futbolísimos 2. El misterio del tesoro pirata (2025), ambas dirigidas por Miguel Ángel Lamata. 

- Diamantes negros (Miguel Alcantud, 2013) narra la aventura de dos adolescentes de 15 años que viven en Bamako, capital de Mali, y que, tras ser captados por un ojeador de fútbol español, abandonan sus familias con la promesa de convertirse en estrellas del fútbol europeo. Ellos son Amadou (Setigui Diallo) y Moussa (Hamidou Samaké) y representan a tantos jóvenes africanos que ven en el fútbol una vía de escape para salir de la vida difícil que tienen en sus países y con ello también ayudar a sus familias (quienes ya se han empeñado en parte para comprarles los pasajes de avión y sufragar gastos). 

Y bajo el son de la canción “Kar Kar” del cantante malinense Boubacar Traoré, nuestros jóvenes llegan a Madrid con una sonrisa en la boca. Allí comienza su aventura y la ilusión de triunfar en el deporte, apoyándose como amigos. Y comienzan entrenando en equipos de categorías inferiores, en busca de mejor oportunidad, mientras sus mentores negocian la mejor salida, con una sensación de menores usados como “mercancías” (les cambian el nombre y la edad). Pero las trayectorias de cada uno son divergentes: Moussa es expulsado del equipo por su excesiva individualidad en el juego, es abandonado por su mentor y expulsado del piso que les dejaba, por lo que tiene que dormir en la calle y acaba traficando con drogas, imbuido por el ejemplo de otros inmigrantes, ingresando en un correccional; Amadou acaba teniendo una oportunidad en un equipo portugués, pero una inoportuna lesión del ligamento cruzado de la rodilla, hace que su mentor también le abandone en Lisboa y sin dinero, teniendo que realizar pequeños hurtos para conseguir el dinero que le devuelva primero a Madrid, donde no encuentra a su amigo, y luego a Bamako, donde su familia y amigos le reciben como un fracasado: “Eres una decepción”, le dice su madre. Finalmente el mentor de Moussa le busca en correccional y le encuentra un equipo en Estonia, donde parece que le va a ir bien. Trayectorias donde la exclusión, la delincuencia y el desarraigo hacen mella, mostrando cómo el sueño deportivo se convierte en demasiadas ocasiones en una pesadilla de explotación y abandono. 

El final es contundente: “En las calles de Europa sobreviven unos 20.000 jóvenes africanos traídos por agentes persiguiendo su sueño de jugar al fútbol”. Y todo ello mientras suena la canción “Lundandi” de Tchi Denw, otro autor malinense, interpretada por Amaia Salamanca. Esta película fue ganadora del Premio del Público en Festival de Málaga y, a buen seguro, que ganará el corazón de muchos espectadores. 

Y ello porque la película funciona como cine de denuncia social sobre la trata encubierta de jóvenes talentos africanos en el fútbol europeo, con algunas reflexiones que no nos son ajenas: ese “sueño” como mecanismo de vulnerabilidad, donde la pobreza y la falta de oportunidades convierten el fútbol en una vía de escape, facilitando que redes de intermediarios manipulen expectativas y separen a los menores de sus familias, dando origen a demasiadas “pesadillas”. 

En clave pedagógica, ambas películas, El sueño de Iván y, sobre todo, Diamantes negros, se convierten en dos historias útiles para debatir en aulas o foros sobre la ética del deporte, y concretamente los valores del fútbol para los más jóvenes. Porque todos tenemos una gran responsabilidad en este deporte, desde los jugadores a los espectadores y aficionados, porque somos el espejo en el que miran los más jóvenes. Por ello, la verdadera Copa del Mundo es el juego limpio que enseña a respetar las normas y al rival, que disfruta de la victoria con humildad y acepta la derrota con dignidad. Los adultos (y sus algoritmos en redes sociales) deben dar ejemplo mostrando autocontrol y respeto, destacando siempre valores como el trabajo en equipo y la superación personal, y enseñando a sus hijos o nietos que hay que priorizar la diversión. 

Porque si no lo hacemos así, convertiremos el sueño del fútbol en una pesadilla…

 

miércoles, 22 de julio de 2026

Terapia cinematográfica (23). Prescribir películas para entender las migraciones y la infancia en tránsito

 

Se denomina como migración al desplazamiento de personas desde un lugar de origen hacia otro territorio, ya sea dentro del mismo país o cruzando fronteras internacionales. Puede ser temporal o permanente, voluntaria o forzada, y suele estar ligada a factores económicos, sociales, políticos o ambientales. Las migraciones son uno de los grandes fenómenos de nuestro tiempo. Cada año, millones de personas dejan su lugar de origen para buscar trabajo, seguridad, reunificación familiar o una vida mejor en otro país. Según Naciones Unidas, en 2024 había casi 304 millones de migrantes internacionales en el mundo, una cifra que refleja la magnitud global de este proceso (y, a buen seguro, que es una cifra infraestimada). 

Un movimiento poblacional de este calibre tiene consecuencias (positivas y negativas) tanto en los países de origen como en los países receptores. Las migraciones no son un problema aislado, sino un fenómeno global ligado a la desigualdad, la violencia, el trabajo, el clima y los derechos humanos. Entender sus causas y consecuencias ayuda a ver que detrás de cada flujo migratorio hay historias personales, decisiones difíciles y profundas desigualdades entre regiones del mundo. Un entorno donde no es fácil que predomine el “nosotros” solidarios sobre el “yo” egocéntrico y temeroso. Porque el fenómeno migratorio ocurre desde siempre y siempre ha causado debate y tensiones. 

La migración transforma sociedades enteras. Y nos recuerda que migrar no siempre es una elección libre, sino a menudo una respuesta desesperada a la necesidad. Y el séptimo arte no ha sido ajeno a ello, películas que suelen repetir algunos núcleos narrativos: la salida del lugar de origen por necesidad, el viaje como prueba física y moral, la llegada a un entorno hostil o incierto, la tensión entre integración y pérdida de identidad, el choque entre expectativas y realidad, etc. 

Pero hoy vamos a desviar nuestra mirada hacia el cine que ha tratado la migración hacia la infancia en tránsito, allí donde se retratan niños, niñas y adolescentes que viajan solos o con sus familias, cruzan fronteras, viven en campos de refugiados o crecen entre dos culturas. Relatos que ponen el foco en la vulnerabilidad, la separación familiar, el miedo, la burocracia y también en la capacidad de adaptación y resistencia de la infancia. Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales al respecto, y que son, por orden cronológico de estreno: 

- Pelle el conquistador (Pelle erobreren, Bille August, 1987), para recordar que el desarraigo también ha ocurrido en países del primer mundo, en busca de la tierra prometida. 

- Vete y vive (Va, vis et deviens, Radu Mihaileanu, 2005), para entender los sacrificios necesarios para sobrevivir a los movimiento migratorios que ocasionan las guerras. 

- La buena mentira (The Good Lie, Philippe Falardeau, 2014), para descubrir la doble supervivencia de los menores migrantes, tras la huída de su país de origen y tras la llegada al nuevo país. 

 - Collisions (Richard Levien, 2018), para vivir el impacto de los migrantes mexicanos en Estados Unidos y lo que pueden suponer las políticas trumpistas. 

- Minari. Historia de mi familia (Minari, Lee Isaac Chung, 2020), para analizar la metáfora coreana del sueño americana, pero también la de otras nacionalidades. 

- Tori y Lokita (Tori et Lokita, Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, 2022), para conocer un poco mejor la triste realidad de los menos no acompañados (MENAS). 

- Chinas (Arantxa Echevarria, 2023), para revivir la identidad e integración de los hijos de padres emigrantes chinos nacidos en España. 

Siete películas argumentales para conocer y reconocer distintas experiencias de los menores migrantes y esa infancia en tránsito desde diferentes geografías. 

Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.

lunes, 20 de julio de 2026

Epistemiología: fundamento y utilidad en la ciencia

 

La EPISTEMIOLOGÍA no es simplemente un concepto abstracto o una rama lejana de la filosofía; es, en esencia, la herramienta fundamental para el ejercicio de pensar críticamente sobre el acto de conocer. A menudo, el aprendizaje, la investigación y la enseñanza se realizan de manera "automática", repitiendo métodos y teorías como si fueran verdades absolutas sin cuestionar su origen o validez. La epistemología interviene, precisamente, para romper esa inercia, obligándonos a preguntarnos no solo qué sabemos, sino cómo sabemos lo que sabemos. 

a) Definición y fundamentos: de la opinión al conocimiento 

Etimológicamente, el término proviene del griego episteme (conocimiento verdadero) y logos (estudio o reflexión). Por tanto, se define como la reflexión sobre el conocimiento que pretende ser válido, riguroso y justificado. Uno de sus pilares es la capacidad de distinguir entre diferentes tipos de saber: 
- Ciencia vs. Creencia/Opinión: mientras que las opiniones y experiencias personales son valiosas, la epistemología enseña que el conocimiento científico se diferencia por estar respaldado por evidencia y métodos. 
- Límites del conocimiento: no todo se puede conocer de la misma forma; el conocimiento tiene límites y criterios específicos de validación según el área. 
Como señala el filósofo Pablo Guadarrama, si un investigador o docente no comprende desde qué supuestos conoce, en realidad no sabe qué es lo que conoce. 

b) La Epistemología en la investigación y la docencia 

La utilidad práctica de esta disciplina se manifiesta con mayor fuerza en los ámbitos académico y profesional: 
- En la Investigación: evita que el proceso sea una aplicación mecánica de técnicas. Permite al investigador identificar su paradigma (los supuestos sobre la realidad y la verdad) y cuestionar por qué elige un método sobre otro. Sin esta base, la investigación corre el riesgo de estar "vacía de sentido". 
- En la Docencia: transforma la enseñanza de una simple transmisión de datos en la formación de personas con criterio. Un profesor con base epistemológica no busca que el alumno memorice, sino que aprenda a cuestionar fuentes, reconocer sesgos y entender los límites de lo que estudia. 

c) El peligro del reduccionismo 

Cuando se ignora la dimensión epistemológica, el conocimiento se empobrece y cae en el reduccionismo, que consiste en intentar explicar fenómenos complejos mediante una sola lente o causa. Se identifican cuatro formas principales de reduccionismo:
- Reduccionismo teológico: subordina el saber a dogmas incuestionables. 
- Reduccionismo positivista: solo acepta como válido lo que es medible u observable, ignorando la dimensión humana. 
- Reduccionismo economicista: valora el conocimiento únicamente por su rentabilidad financiera. 
- Reduccionismo tecnocrático: prioriza la eficiencia técnica por encima de las personas y sus contextos sociales. 

d) Una visión dialéctica y social del saber 

Frente a las visiones rígidas o utilitaristas, la epistemología propone una mirada ética, social y dialéctica. Esto implica entender que la ciencia no es algo aislado, sino que está profundamente vinculada a los valores humanos y a las consecuencias de lo que se produce. En este sentido, el conocimiento se entiende como poder. La epistemología sirve para humanizar el saber, integrando el contexto social y evitando que la ciencia sirva meramente a lógicas de mercado sin considerar su impacto ético. 

En resumen, la epistemología es una herramienta de emancipación intelectual. Sirve para:1) comprender los paradigmas detrás de lo que hacemos; 2) fomentar el pensamiento crítico frente a la repetición dogmática; 3) distinguir con rigor entre ciencia, ideología y opinión; 4) asegurar que el conocimiento mantenga siempre una dimensión humana y ética. 

e) La Epistemiología aplicada a la ciencia pediátrica 

La Epistemología en pediatría se aplica cuando reflexionamos sobre cómo se genera, valida y aplica el conocimiento clínico y educativo en la atención del niño. Ejjemplos concretos incluyen el diseño de guías de práctica, la comunicación con familias, la investigación sobre desarrollo infantil y la valoración de evidencia en decisiones clínicas. 

Pongamos el ejemplo de la validación de vacunas pediátrica como marco para juzgar cómo se produce, valida y aplica la evidencia sobre seguridad y eficacia; esto guía el diseño de ensayos, la evaluación de datos en las distintas edades pediátricas, y la adopción de vacunas en programas clínicos y de salud pública. 

He aquí algunos puntos epistemológicos clave en la validación de vacunas pediátricas en recién nacidos: 
- Calidad y transferibilidad de la evidencia. Se cuestiona si la evidencia procede de ensayos realizados específicamente en la población pediátrica (edad gestacional, neonatos) o se infiere desde adultos; la epistemología obliga a distinguir validez interna (diseño del ensayo) y validez externa (generalizabilidad) antes de aplicar resultados en la UCIN o en prematuros. 
- Definición de desenlaces relevantes. Decidir qué efectos son “prueba suficiente” (infección sintomática, hospitalización, enfermedad grave, marcadores inmunológicos) requiere una reflexión epistemológica sobre qué variables miden realmente el beneficio clínico en recién nacidos y cuáles son sustitutos aceptables. 
- Tamaño muestral y poder estadístico en neonatos. La epistemología clínica subraya el problema del pequeño tamaño muestral y la heterogeneidad (prematuridad, comorbilidades) en estudios neonatales; esto afecta la certeza sobre efectos raros y sobre subgrupos, y obliga a integrar evidencia observacional y farmacovigilancia postcomercialización. 
- Uso de marcadores inmunológicos como correlatos de protección. Se evalúa críticamente hasta qué punto respuestas serológicas (títulos de anticuerpos) pueden sustituir desenlaces clínicos en neonatos, y cuándo esa inferencia es epistemológicamente razonable o arriesgada. 
- Diseño metodológico coherente. Elegir entre estudios aleatorizados, ensayos adaptativos, estudios de no inferioridad o estudios observacionales depende de la pregunta, la factibilidad y las limitaciones éticas en neonatos; la epistemología orienta la elección metodológica y la interpretación de sesgos potenciales. 
- Vigilancia postautorización y evidencia acumulativa. Dado que muchos ensayos pediátricos no detectan eventos raros, la epistemología exige sistemas robustos de farmacovigilancia, registros y meta-análisis que acumulen evidencia y permitan revisar la certeza sobre seguridad en la práctica real. 
- Comunicación de incertidumbres a las familias. Epistemología aplicada obliga a transparentar límites de la evidencia (intervalos de confianza, incertidumbres en pronóstico) para que las decisiones informadas con los progenitores sean legítimas en el contexto neonatal crítico. 

Por tanto, la Epistemiología (rama de la filosofía que estudia cómo se construye, validad y limita el conocimiento científico) es el cimiento conceptual de la Medicina basada en la evidencia (MBE) o en pruebas científicas. Y la relación entre ambas disciplinas se estructura en tres ejes principales: definición de “evidencia” y “verdad”, validación del conocimiento médico y limitaciones del paradigma.

sábado, 18 de julio de 2026

Cine y Pediatría (862) “Los Tenenbaums. Una familia de genios”, pero totalmente desestructurada

 

Wes Anderson es uno de los directores de cine estadounidenses contemporáneos más singulares, con una filmografía muy particular y muy reconocible, con estos rasgos: simetría y encuadres frontales muy marcados, con composiciones casi pictóricas; paletas cromáticas muy controladas, a menudo con colores pastel o tonos cuidadosamente equilibrados; uso muy visible de decorados, vestuario y utilería como parte esencial del relato; narración coral, con repartos amplios y muchos personajes secundarios memorables; movimientos de cámara y coreografías muy calculadas, con travellings y planos largos que refuerzan el orden visual , y un humor seco, nostalgia y una sensibilidad emocional que suele esconderse bajo una apariencia fría o geométrica. 

Sirva como ejemplo de todo lo anterior algunas de sus películas más icónicas como Academia Rushmore (1998), Life Aquatic (2004), Fantástico Sr. Fox (2009), Moonrise Kingdom (2012), El Gran Hotel Budapest (2014), Isla de perros (2018) y, muy especialmente, Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001). Y es que esta última película, de la que estamos celebrando las bodas de plata de su estreno, sigue divirtiendo y sorprendiendo.  

Los Tenenbaums. Una familia de genios es una tragicomedia que explora la culpa, las segundas oportunidades de esos niños prodigio y la posibilidad de recuperar los viejos vínculos, y ello con el particular universo visual, musical y narrativo de Wes Anderson. El guion, coescrito por el director junto a su amigo de la infancia Owen Wilson, estuvo nominado al Oscar al mejor guion original. 

La película está construida narrativamente como si fuera la adaptación cinematográfica de un libro de biblioteca. Cada salto importante en la trama está marcado de forma literaria mediante pantallas fijas que muestran las páginas de un libro real impreso. La historia cuenta con un narrador omnisciente con voz en off (en su versión original interpretado por el actor Alec Baldwin). Y se organiza estructuralmente en las tres partes habituales de la estructura narrativa clásica: introducción, nudo y desenlace. 

- Introducción: el prólogo donde se nos presentan los genios de la familia. 
El narrador presenta a los tres hermanos Tenenbaum durante su infancia, destacando que todos eran prodigios: Chas (Ben Stiller), un genio de las finanzas; Margot (Gwyneth Paltrow), una aclamada dramaturga; y Richie (Luke Wilson), campeón de tenis juvenil. Sin embargo, esta brillantez se desvanece abruptamente debido a dos décadas de decepciones causadas por el abandono de su padre, Royal (Gene Hackman), a su madre Etheline (Angelica Huston). 

- Nudo: el reencuentro y las mentiras, que se nos presenta de los capítulos 1 al 8
Veinte años después, la familia vive distanciada y sumida en el fracaso emocional. El padre de la familia, se queda sin dinero y decide volver a su casa. Para ganarse el amor de sus hijos y recuperar a su esposa - que planea casarse con su contable, Henry (Danny Glover) -, finge tener una enfermedad terminal. Durante este tiempo, todos vuelven a vivir bajo el mismo techo, lo que provoca la explosión de sus problemas, depresiones y secretos. 

- Desenlace.la catarsis y la reconciliación. 
El engaño del padre finalmente se descubre, lo que provoca una crisis familiar temporal. A pesar del enojo, este evento actúa como una purga emocional y les permite sacar a la luz las heridas del pasado- En esta última parte, cada miembro de la familia comienza a sanar: Royal reconoce el daño que causó, se aleja para que su exmujer sea feliz, y los hermanos encuentran la manera de seguir adelante con sus vidas de forma más equilibrada. 

Aparte del núcleo familiar de los Tenenbaum, existen otros personajes que se cruzan en su universo: Eli Cash (Owen Wilson), el vecino de la infancia y mejor amigo de Richie, escritor adicto a las drogas que busca desesperadamente ser aceptado como un miembro legítimo de la familia Tenenbaum; Raleigh St. Clair (Bill Murray), un neurólogo e intelectual extremadamente apático que está casado con Margot y que se pasa sus días estudiando el comportamiento de un joven sujeto de pruebas llamado Dudley; o Pagoda (Kumar Pallana), el leal mayordomo e intermediario de la casa, quien, a pesar de trabajar con Etheline, mantiene una extraña alianza de espionaje y amistad secreta con Royal. 

Señalar que el director de fotografía, Robert D. Yeoman, trabajó codo a codo con Anderson para asentar las bases del universo estético del director. Y donde destaca la uniformidad de los personajes, pues los tres genios hermanos visten exactamente la misma ropa durante casi toda la película (Chas con su chándal rojo de Adidas, Margot con su abrigo de piel y Richie con sus gafas y cinta de tenis) como si fueran dibujos animados o juguetes estáticos. 

Y si importante es la fotografía, qué decir del uso exquisito que Wes Anderson hace siempre de la música, en este caso combinando composiciones clásicas de Mark Mothersbaugh con canciones icónicas de la cultura pop de los años 60 y 70, del folk melancólico al punk rock, pasando por el pop más clásico, con temas como temas de Nico (“These Days”), Elliott Smith (“Needle in the Hay”), Paul Simon ("Me and Julio Down by the Schoolyard"), The Velvet Underground ("Stephanie Says"), Ramones ("Judy Is a Punk"), Bob Dylan ("Wigwam"), The Clash ("Police & Thieves"), Van Morrison ("Everyone") o The Rolling Stones ("Ruby Tuesday" y "She Smiled Sweetly"). Porque Wes Anderson es un ejemplo claro de fusión de lo sonoro y lo visual. 

Pero aparte de la estética, Los Tenenbaums. Una familia de genios también deja una mezcla poderosa de emociones y transmite varios mensajes sobre la infancia perdida, la fragilidad del éxito y la posibilidad (imperfecta) de redención familiar. Quizás el más importante es que la infancia no superada marca la vida adulta: los hijos prodigio siguen anclados en sus roles infantiles, incapaces de madurar plenamente por heridas emocionales tempranas. Y eso porque el éxito no garantiza la felicidad: el talento y la fama de los Tenenbaum no impiden sus fracasos personales y vacío afectivo. Y es que pocos dudan que la familia es nuestro ecosistema clave como fuente de daño y salvación: aquí la figura del padre ausente/egoísta es responsable de muchas fracturas, aunque su (cuestionable) intento de redención abre la puerta a la reconciliación, aunque imperfecta. 

Los Tenenbaums ofrece una lección doble: muestra lo destructivo que puede ser el abandono emocional y, al mismo tiempo, sugiere que la redención y el afecto son posibles aunque nunca completos ni perfectos. La película celebra la imperfección humana con ternura y mirada crítica.

 

miércoles, 15 de julio de 2026

La inquietante visión de la maternidad e infancia dirigida por Juanma Bajo Ulloa

 

Un galicismo popular dentro del mundo del arte es el de “enfant terrible”, aplicado a artistas de diversa índole, y que se usa para hablar de artistas jóvenes rebeldes, ya sean por su enfoque, su rupturismo y, sobre todo, por su capacidad de romper con lo establecido, siendo transgresor hasta el límite y generando controversia sin importar a quien ofende en su provocación. Y directores con este calificativo los hay en todas las filmografías. Uno de ellos en España es el vasco Juanma Bajo Ulloa. 

Su debut en largometraje fue con 23 años, cuando rodó Alas de mariposa (1991), fue un éxito de crítica y premios (entre ellos el honor de ser el director más joven en ganar la Concha de Oro de San Sebastián; después llegó La madre muerta (1993), que muchos consideran su obra más celebrada y de culto. A lo largo de su carrera ha alternado periodos de gran visibilidad con otros de menor presencia industrial, algo bastante coherente con un cineasta que nunca ha sido cómodo para el mercado. Tras Airbag (1997) - una violenta y alocada road movie que se ha convertido que se convirtió en ese momento en la película más taquillera de la historia del cine español, superada luego con la saga Torrente-, volvió con títulos como Frágil (2004), Historia de un grupo de rock (2008), Rey gitano (2015), Baby (2020) y El mal (2025). Entre medias, cortos y videos musicales. 

Sus películas suelen moverse entre lo infantil y lo siniestro, entre la ternura rota y la crueldad, con una puesta en escena muy marcada y una tendencia a romper expectativas genéricas. Esa personalidad estética explica que sea considerado un director “a contracorriente”, más cercano a la autoría radical que a la industria convencional. Y esa parte materno-infantil del cine de Bajo Ulloa es la que hoy nos convoca con tres películas clave en su recorrido: 

 - Alas de mariposa (1991), que abrió su carrera con una combinación de sensibilidad y extrañeza que ya lo definía todo. Esa particular relación entre Ami (Laura Vaquero), una niña de seis años introvertida y especialmente sensible, y su madre Carmen (Silvia Munt), quien vive obsesionada con la idea de tener un hijo varón, sentimiento que no comparte su marido. La película explora la ambivalencia de la madre —dadora de vida y transmisor de muerte— en un. entorno opresivo del norte español, con prejuicios y complejos que convierten el hogar en pesadilla 

- La madre muerta (1993), que consolidó su fama de autor intenso, visualmente poderoso y poco complaciente. Narra la historia de Leire (Ana Álvarez), una adolescente deficiente mental con rasgos autistas, sin expresividad tras ser testigo en su niñez del asesinato de su madre y el reencuentro con el asesino años después (Karra Elejalde). 

- Baby (2020), donde recuperó la atención crítica y volvió a situarlo como un director capaz de incomodar y fascinar a la vez. Porque Baby se convierte en un cuento de hadas del siglo XXI sin palabras, solo con el poder de la imagen y la música. Una joven drogadicta embarazada (Rosie Day), quien, tras dar a luz, desatiende los cuidados de su bebé debido a su enfermiza adicción de heroína y alcohol, una abuela (Charo López) que intenta cuidarlos, una matrona (Harriet Sansom Harris) que se dedica al tráfico de bebés, y otros extraños personajes que se cruzan en la historia. Y donde todas sus protagonistas son femeninas… como la Madre Tierra. 

Tres películas que reflejan el gusto de Juanma Bajo Ulloa por las atmósferas opresivas e inquietantes, visionadas a través de diversas etapas de la infancia con epicentro en la maternidad: lactancia (Baby), infancia (Alas de mariposa) y adolescencia (La madre muerta). 

Y el análisis en profundidad de estos directores y sus películas se puede revisar en reciente artículo publicado en el último número de la revista Arte y Medicina, que se puede revisar en las páginas 56 a 61. 

lunes, 13 de julio de 2026

Nutrición y el laberinto de las dietas populares: luces y sombras bajo la medicina basada en pruebas

 


La nutrición humana es uno de los campos donde la ciencia más interactúa con la cultura, la moral y la pseudociencia. Si echamos un vistazo al panorama actual de las dietas, parece más una guerra de religiones que un debate científico: keto versus veganismo, ayuno intermitente contra hacer seis comidas al día, y la demonización alternada de grasas y carbohidratos. 

La ciencia rigurosa nos dice algo que a la industria del marketing no le gusta vender: no existe una dieta perfecta universal. Pero casi todas las dietas populares exitosas funcionan a corto plazo por la misma razón exacta: reducen los ultraprocesados y crean un déficit calórico. Sin embargo, cuando rascamos la superficie, encontramos tanto aciertos rigurosos como dogmas peligrosos. 

a) Las luces de la evidencia científica en nutrición 

La investigación actual tiene muy claro qué patrones alimentarios promueven la longevidad y reducen el riesgo cardiovascular o la diabetes tipo 2. 

- El enfoque en comida real: la mayor luz de la ciencia nutricional es el consenso sobre los perjuicios de los alimentos ultraprocesados (altos en azúcares refinados, grasas trans y aditivos). Dieta cetogénica, mediterránea o una basada en plantas coinciden en esto. 
- Flexibilidad metabólica: estudios recientes respaldan que el cuerpo humano es increíblemente adaptable. Podemos funcionar de manera óptima quemando grasas (cetosis) o carbohidratos, siempre que los nutrientes sean de calidad. 
- La Dieta Mediterránea como estándar de oro: es la que cuenta con mayor respaldo clínico robusto. Su éxito no radica en la restricción extrema, sino en la inclusión de grasas saludables (aceite de oliva, frutos secos), legumbres, pescado y abundantes vegetales. 

b) Las muchas sombras en nutrición: el dogma y la restricción 

Las sombras de la nutrición moderna suelen nacer cuando una intervención dietética se convierte en una identidad o en una verdad absoluta. 

- Estudios observacionales confusos: gran parte de la ciencia nutricional se basa en cuestionarios epidemiológicos ("¿qué comió usted los últimos seis meses?"). Esto genera correlaciones absurdas y conclusiones sesgadas que los medios transforman en titulares sensacionalistas. 
- Déficits ocultos a largo plazo: dietas extremadamente restrictivas como la Carnívora (solo carne) o el Veganismo mal planificado pueden provocar carencias graves a largo plazo (vitamina B12, hierro, calcio o ácidos grasos esenciales) si no se miden con lupa analítica. 
- Impacto psicológico: la rigidez dietética actual está disparando trastornos de la conducta alimentaria no especificados, como la ortorexia (la obsesión patológica por comer solo alimentos considerados "puros" o sanos). 

c) Modelos nutricionales (dietas) bajo el prima de la medicina basada en pruebas 

La ciencia nos recuerda que nuestro cuerpo necesita nutrientes, no ideologías. La mejor dieta sigue siendo aquella que puedes mantener durante los próximos diez años sin que destruya tu vida social ni tu salud mental. Así que vale la pena analizar, el prisma de la medicina basada en pruebas, algunos de los modelos nutricionales que más debate generan en las consultas y en la literatura científica actual. 

1. Dieta Cetogénica (Keto) 
Consiste en reducir drásticamente los carbohidratos (menos del 5-10% de las calorías diarias o menos de 20-50 gramos) y sustituirlos por grasas para forzar al hígado a producir cuerpos cetónicos (como el acetoacetato y el beta-hidroxibutirato o βOHB) como fuente de energía alternativa a la glucosa. 

• Los Pros Científicos: 
- Neurología de precisión: es una intervención médica incuestionable y de primera línea en la epilepsia refractaria en niños, donde reduce drásticamente las crisis modulando la función sináptica y aumentando el output GABAérgico. 
- Control glucémico inmediato: en pacientes con diabetes tipo 2 o resistencia severa a la insulina, al eliminar el sustrato de glucosa, se observa una bajada rápida de la hemoglobina glicosilada (HbA1c) y una menor necesidad de medicación a corto plazo. 
- Saciedad precoz: los cuerpos cetónicos actúan a nivel del sistema nervioso central modulando las hormonas del apetito (como la ghrelina), lo que suprime el hambre espontánea. 

• Los Contras Científicos: 
- La falacia de la "ventaja metabólica": los metaanálisis de estudios en cámaras metabólicas (donde se controla cada caloría) demuestran que, a igualdad de calorías y proteínas, la dieta keto no quema más grasa corporal que una dieta alta en carbohidratos. La pérdida de peso inicial es, en gran medida, agua ligada al glucógeno muscular. 
- Riesgo cardiovascular en "hiper-respondedores": en un porcentaje significativo de personas, el consumo masivo de grasas saturadas dispara el colesterol LDL y, lo que es peor, el número de partículas aterogénicas (ApoB). 
- Microbiota empobrecida: al eliminar cereales integrales, legumbres y muchas frutas, se reduce drásticamente la diversidad de la fibra prebiótica, disminuyendo la producción de ácidos grasos de cadena corta (como el butirato), esenciales para la salud del colon. 

2. Ayuno Intermitente (Time-Restricted Feeding) 
No dicta qué comer, sino cuándo. El protocolo más estudiado es el 16/8 (16 horas de ayuno y una ventana de ingesta de 8 horas). 

• Los Pros Científicos: 
- Autofagia y salud celular: en modelos animales, los periodos prolongados sin ingesta activan la autofagia (el sistema de reciclaje y limpieza de detritos celulares) y mejoran marcadores de inflamación como la Proteína C Reactiva (PCR). 
- Sencillez conductual: para muchas personas es psicológicamente más fácil "no comer nada durante unas horas" que andar midiendo porciones o contando calorías en cada comida. 
- Sincronización circadiana: si el ayuno se hace de forma "temprana" (cenar muy pronto y saltarse la noche/mañana), se alinea perfectamente con los ritmos de secreción de insulina y melatonina. 

• Los Contras Científicos: 
- La paradoja del peso: los ensayos clínicos aleatorizados a largo plazo revelan que el ayuno intermitente no ofrece ventajas significativas en la pérdida de peso frente a la restricción calórica continua tradicional. 
- Riesgo de pérdida de masa muscular: si no se planifica una ingesta proteica adecuada en la ventana de alimentación, una parte del peso perdido proviene de la masa magra, lo cual altera el metabolismo basal a largo plazo. 

3. Dieta Carnívora (Zero Carb) 
El extremo radical de la dieta keto. Consiste en alimentarse única y exclusivamente de productos de origen animal: carne, pescado, huevos y, a veces, lácteos. 

• Los Pros Científicos: 
- Dieta de eliminación definitiva: al retirar absolutamente todos los compuestos vegetales (incluyendo FODMAPs, lectinas o fitatos que a veces irritan el intestino), produce una remisión sintomática drástica y temporal en pacientes con colon irritable intenso o brotes de enfermedades autoinmunitarias. 
- Ausencia total de ultraprocesados: obliga a eliminar harinas, azúcares añadidos y aceites vegetales refinados, lo que de por sí mejora el perfil metabólico de un paciente con síndrome metabólico previo. 

• Los Contras Científicos: 
- Ausencia de evidencia a largo plazo: no existen estudios clínicos longitudinales que demuestren la seguridad de mantener este patrón durante años. 
- Escorbuto subclínico y micronutrientes: a menos que se consuman vísceras (hígado, riñón) de forma regular, el riesgo de deficiencia de vitamina C, folatos y magnesio es sumamente elevado. 
- Cero fibra y salud endotelial: la ausencia total de fibra transforma la microbiota intestinal hacia un perfil enteramente proteolítico, aumentando metabolitos potencialmente nocivos como el TMAO (óxido de trimethylamina), estrechamente vinculado al riesgo cardiovascular. 

4. Dietas basadas en plantas 
El veganismo ha dejado de ser una simple postura ética para convertirse en una intervención dietética masiva. Desde el punto de vista de la medicina basada en pruebas, este enfoque ofrece ventajas metabólicas innegables, pero también presenta ventanas de vulnerabilidad biológica críticas que requieren una suplementación obligatoria. 

No todo el "vegetarianismo" es igual, y la ciencia los clasifica según los alimentos de origen animal que se permiten: 1) Vegana estricta: exclusión absoluta de cualquier alimento de origen animal (carnes, pescados, mariscos, lácteos, huevos e incluso la miel); 2) Ovovegetariana / Lactovegetariana: excluyen la carne y el pescado, pero permiten los huevos (ovo) o los productos lácteos (lacto); suelen ser mucho más sostenibles nutricionalmente a largo plazo sin necesidad de un control tan milimétrico; 3) Flexitariana o Semivegetariana: una base marcadamente vegetal donde el consumo de carne o pescado es esporádico o testimonial; clínicamente, suele ofrecer lo mejor de ambos mundos. 

• Los Pros Científicos 
Los grandes estudios de cohortes (como el Adventist Health Study o el EPIC-Oxford) han arrojado datos muy sólidos sobre los beneficios de un patrón dietético predominantemente vegetal. 
- Salud cardiovascular y perfil lipídico: al eliminar las grasas saturadas de origen animal y aumentar exponencialmente los fitoesteroles y la fibra soluble, se observa una reducción drástica del colesterol LDL y de las lipoproteínas de baja densidad. Esto se traduce de forma directa en un menor riesgo de cardiopatía isquémica. 
- Sensibilidad a la insulina y control de peso: son dietas con una densidad calórica muy baja y un volumen muy alto. La gran cantidad de fibra ralentiza el vaciado gástrico y mejora la microbiota, produciendo una liberación muy estable de glucosa y aumentando la sensibilidad a la insulina. 
- Microbiota eminentemente sacarolítica: el consumo de una amplia variedad de plantas estimula el crecimiento de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) como el acetato, el propionato y el butirato, con un potente efecto antiinflamatorio a nivel sistémico y protector de la barrera intestinal. 

• Los Contras Científicos 
La mayor sombra del veganismo ocurre cuando se confunde una postura ética con una garantía de salud. Un patrón vegano mal planificado puede ser biológicamente insostenible. 
- La trampa del "Junk-Food Vegan" (Vegano de comida basura): un refresco de cola, unas patatas fritas industriales y unas galletas ultraprocesadas son 100% veganos, pero metabólicamente desastrosos. La eliminación de la carne no garantiza la presencia de comida real. 
- El déficit imperativo de vitamina B12: la B12 (cobalamina) activa y biodisponible no existe en el reino vegetal. Las afirmaciones de que algas como la espirulina o los alimentos fermentados la aportan contienen en realidad análogos inactivos que falsean las analíticas. La suplementación con cianocobalamina es obligatoria y no negociable en cualquier dieta vegana para evitar daños neurológicos irreversibles y anemia megaloblástica. 
- Menor biodisponibilidad de micronutrientes: 1) Hierro: el hierro de las plantas es no-hemo, cuya absorción se reduce drásticamente por la presencia de fitatos; requiere estrategias culinarias (como combinarlo con vitamina C) para optimizarlo; 2) Zinc y Calcio: presentan una biodisponibilidad significativamente menor que en los productos animales debido a los quelantes naturales de los vegetales; 3) Omega-3 (EPA y DHA): las fuentes vegetales solo aportan ALA (ácido alfa-linolénico); la tasa de conversión del cuerpo humano de ALA a los ácidos grasos esenciales marinos (EPA y DHA) es extraordinariamente baja (menos del 5-10%), lo que a veces requiere suplementación con aceite de microalgas. 

d) Un espejo en la historia: La Dieta Graham 

Esta obsesión por purificar el cuerpo a través de la comida no es nueva. El ejemplo histórico perfecto de cómo la moralidad y la pseudociencia se disfrazan de nutrición es la Dieta Graham, creada en la década de 1830 por el ministro presbiteriano estadounidense Sylvester Graham. 

Graham creía firmemente que los deseos físicos y los problemas de salud eran provocados por la sobreexcitación del cuerpo. Para él, una dieta basada en carne, especias, alcohol o incluso alimentos muy sabrosos conducía directamente al pecado, a la locura y a la masturbación (la cual consideraba una enfermedad mortal). 

¿En qué consistía su dieta? Consumo exclusivo de agua pura, vegetales, frutas y cereales integrales. Prohibición absoluta de la carne, los condimentos (incluso la pimienta), la sal, el café, el té y el alcohol. El pilar central era el pan elaborado en casa con una harina de trigo integral y gruesa, sin cernir ni refinar (lo que hoy conocemos como harina Graham o las famosas galletas Graham, que originalmente eran insípidas y sin azúcar). Una dieta repleta de luces y sombras: 
- La luz: sin saberlo, Graham fue un pionero del movimiento vegetariano e impulsó el consumo de fibra dietética en una época en la que la aristocracia solo comía carne y harinas refinadas destructivas para el intestino. 
. La sombra: su base no era científica, sino un dogma moral y puritano. Creía que comer comida con sabor corrompía el alma. Paradójicamente, su dieta extrema y la rigidez de sus comunas (los Grahamites) debilitaron la salud de muchos de sus seguidores por desnutrición. 

Como reflexión, cabe pensar que la Dieta Graham nos demuestra que la nutrición siempre ha sido un terreno fértil para el fanatismo. Hoy en día no buscamos evitar el "pecado carnal" como Graham, pero buscamos la "inmortalidad biológica", la "limpieza de toxinas" o el estatus estético. 

e) A modo de colofón 

Para cerrar este análisis y poner orden en medio de un océano de cientos de dietas y variantes —muchas de ellas meros productos de marketing o modas pasajeras—, debemos buscar un terreno común. El colofón que dicta la medicina basada en pruebas y la fisiología humana no se encuentra en los extremos, sino en una serie de principios universales que comparten los modelos nutricionales verdaderamente exitosos. Aquí reside la auténtica coherencia entre nutrición, ciencia y salud: 

- El núcleo común: lo que la ciencia respalda 
Si eliminamos los nombres comerciales y los dogmas de las dietas que han demostrado beneficios robustos a largo plazo (como la mediterránea, la DASH - Dietary Approaches to Stop Hypertension - o las vegetarianas bien planificadas), todas coinciden en cuatro pilares fundamentales: 1) Densidad nutricional frente a calorías vacías: priorizar alimentos en su matriz original (mínimamente procesados); el cuerpo humano no responde igual a 100 calorías de brócoli o nueces que a 100 calorías de azúcar refinado, debido al efecto de la matriz alimentaria en la absorción y la respuesta hormonal; 2) Predominio del reino vegetal: prácticamente todos los consensos científicos coinciden en que una dieta saludable debe basarse en un alto porcentaje de plantas (verduras, hortalizas, frutas, legumbres y frutos secos), aportando la fibra indispensable para nuestra microbiota; 3) Suficiencia proteica y grasas de calidad: asegurar aminoácidos esenciales y ácidos grasos poliinsaturados o monoinsaturados (como el ácido oleico o los omega-3), limitando los aceites vegetales refinados e hidrogenados; 4) Flexibilidad metabólica: entender que el ser humano sobrevivió evolutivamente gracias a su capacidad de usar eficientemente diferentes sustratos energéticos; no somos máquinas que solo funcionan con carbohidratos o solo con grasas. 

- La paradoja de la adherencia 
El error conceptual de la industria de las dietas es vender intervenciones temporales para problemas crónicos. Un metaanálisis no mide la fuerza de voluntad de una persona en su día a día. De nada sirve la dieta "óptima" sobre el papel si el paciente la abandona a los tres meses debido al aislamiento social, la ansiedad o la fatiga psicológica. La mejor dieta es aquella que el paciente puede integrar en su cultura, su economía y su estilo de vida de forma inconsciente y sostenible durante las próximas décadas. 

Por tanto, la salud no se encuentra en los extremos de la polarización nutricional. Debeos hacerlo más sencillo y coherente y alejarnos del riesgo del marketing comercial. No necesitamos vivir en la restricción medieval de Sylvester Graham, ni en la privación selectiva de la dieta carnívora, ni en el conteo obsesivo de macronutrientes de la corriente keto. La coherencia científica nos invita a simplificar: comer comida real, mayoritariamente plantas, en cantidades moderadas, disfrutando del acto social de comer y adaptando el patrón a las necesidades clínicas y biológicas de cada individuo. En nutrición, la personalización y el sentido común siguen siendo la evidencia científica más sólida.

sábado, 11 de julio de 2026

Cine y Pediatría (861) “Mandy”, el oralismo y la sordera social

 

Ealing Studios son unos estudios británicos de cine situados en Londres, cuyo nombre quedó especialmente asociado al cine británico clásico de posguerra, sobre todo a las comedias satíricas y de humor negro de los años 40 y 50. Pero este lugar no fue solo un lugar físico de rodaje, sino una verdadera fábrica de estilo: bajo la dirección de Michael Balcon, reunió a directores, guionistas y actores que dieron forma a una identidad muy marcada del cine británico que combinaba realismo, humor satírico y crítica social. 

Ealing Studios alcanzó su momento más famoso entre finales de los 40 y mediados de los 50, y ello gracias principalmente al director Alexander Mackendrick, quien firmó al menos ocho títulos con la compañía, afianzándose como uno de los grandes nombres de la comedia inglesa de posguerra, donde destacan títulos como El hombre de traje blanco (1951) y El quinteto de la muerte (1955), pero en donde incluye una obra abiertamente dramática, que es la que hoy nos convoca: Mandy (1952). En 1955 la compañía fue vendida a la BBC, y su etapa clásica como gran productora terminó poco después. A partir de ahí combinó una corta carrera posterior entre Estados Unidos y Reino Unido, donde nos dejó una obra tan particular como Viento en las velas (1965), adaptación de la novela de Richard Hughes “A High Wind in Jamaica”, la historia de un grupo de niños que son secuestrados por piratas, lo que da pie a una narrativa que explora la inocencia, la moralidad y la adaptación infantil a circunstancias extremas.  

Mandy es un melodrama de enorme delicadeza formal y gran dureza emocional: parte de la sordera infantil para hablar, en realidad, de incomunicación familiar, represión social y del precio humano de “proteger” a alguien sin escucharlo de verdad. Su fuerza no está tanto en el énfasis lacrimógeno como en la precisión con que observa a los personajes y en cómo convierte el silencio en experiencia dramática. 

La película comienza con esta voz en off presentándonos a la protagonista: “Esta es Mandy, o mejor dicho, Amanda Jane Garland. Tiene dos años. Amanda en latín significa “merece ser amada”. Merecido o no, lo cierto es que recibe mucho amor. Es nuestra única hija, así que Harry y yo nos dedicamos a soñar con que será una mujer de negocios o una artista, o una simple ama de casa, como yo. Y nos preocupamos todo el rato por su salud, y por si crece como es debido. Parece bastante inteligente…” Esta es la reflexión de la madre antes de manifestar la duda que le acompañ: “Tienes dos años y aún no dice una palabra”. Le quieren quitar importancia, dada la variabilidad en el lenguaje, pero la madre presiente que algo no va bien…pues tampoco comprueban que tampoco reacciona a los ruidos. 

Porque el matrimonio Garland (Terence Morgan y Phyllis Calvert) vive feliz con su única hija, Mandy (Mandy Miller), hasta que un día, ya cumplidos los dos años, se dan cuenta de que la niña es sordomuda. Deciden instalarse en casa de los abuelos paternos, para protegerla y que no sufra el contacto con otros niños en la escuela. Cuando la niña cumple seis años, su madre decide llevarla a una escuela especializada, lo que provoca un conflicto con su esposo y sus suegros. La madre apuesta por internarla en una escuela para niños y niñas sordomudos y por abrir a la niña al mundo; el padre y la familia paterna prefieren mantenerla “a salvo” dentro del hogar, aunque eso signifique aislarla. La polémica está servida en una familia burguesa dividida entre negación, sobreprotección y miedo al cambio. 

El inicio de Mandy en la institución no es fácil y lo manifiesta con aislamiento, tristeza y ataques de ira. Y entonces deciden acogerla como externa, viviendo la madre cerca, quien ya se ha alejado de su marido. Se establece una relación especial con el director, Dick Searle (Jack Hawkins), que otros confunden… En esta institución se utiliza el método del oralismo, es decir, la enseñanza centrada en hablar y leer los labios, relegando la lengua de signos. Y finalmente nos aboca a un final que parece esperanzador, pero de lectura ambigua: la niña avanza, aunque el precio humano para su madre y para el equilibrio familiar es alto. 

Mackendrick dirige con una sobriedad muy controlada, evitando la sentimentalidad fácil pese al material melodramático. El blanco y negro y el uso expresivo de sombras refuerzan la sensación de encierro doméstico y de emociones reprimidas. Especialmente importante es el trabajo con el sonido: la película recurre en momentos clave a la supresión o atenuación auditiva para aproximarse a la experiencia de Mandy, transformando el silencio en un recurso narrativo y sensorial. La puesta en escena también utiliza primeros planos, encuadres que aíslan el rostro o incluso la nuca de la niña, para subrayar su dificultad de comunicación. Y donde cabe destacar que la pequeña actriz Mandy Miller, no siendo sordomuda, hace una interpretación de gran solvencia, allí donde esa niña no es solo víctima de su sordera, sino también de la incapacidad adulta para asumir la realidad sin prejuicios ni miedo. 

Más allá de la historia íntima, Mandy funciona como crítica de la mentalidad conservadora de la posguerra británica y de la obsesión por las apariencias en la clase media. El film muestra cómo la respetabilidad, el patriarcado y la rigidez institucional pueden convertirse en barreras tan dañinas como la propia enfermedad o discapacidad. Pero también tiene una dimensión pedagógica: introduce la educación especial y la comunicación con personas sordas, tal como ya conocemos en films posterior alrededor de este tema como El milagro Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962), a través del proceso educativo de Helen Keller, o La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améries, 2014), con la educación de Marie Heurtin, ambos hechos reales acaecidos a finales del siglo XIX, el primero en Estados Unidos, el segundo en Francia.   

Mandy no es una historia real, sino de ficción y que nos sitúa en la Inglaterra de mediados de siglo XX. Pero que nos deja una serie de enseñanzas para reflexionar: que escuchar de verdad implica aceptar la diferencia, no forzarla a entrar en nuestras expectativas; que el amor puede volverse opresivo cuando se confunde con control; que la educación es un acto ético (no se trata solo de enseñar contenidos, sino de abrir posibilidades de vida) y que la familia puede ser refugio, pero también prisión cuando bloquea la autonomía. 

Mandy nos recuerda que la discapacidad no reside solo en el cuerpo, sino también en la sociedad que no sabe adaptarse. Una película que ocupa un lugar singular, la obra más abiertamente dramática de Mackendrick y una de las más finas en el retrato de la infancia herida y de la comunicación fallida. Por eso, y pese a los años, sigue siendo una película muy valiosa: no solo emociona, sino que obliga a pensar cómo miramos la diferencia, cómo educamos y hasta qué punto el cariño puede llegar a dañar cuando se impone sin escucha. Mackendrick sugiere que el verdadero problema no es solo “hacer hablar” a la niña, sino aprender a escucharla de verdad. 

Y desde el punto de vista docente, nos muestra una época en la que ese enfoque educativo del oralismo era discutido y aún no se había consolidado una visión más plural e inclusiva de la discapacidad. Por eso, Mandy tiene interés histórico y pedagógico además de cinematográfico: porque en el siglo XVI un monje benedictino español, Pedro Ponce de León, comenzó con lo que sería el lenguaje de signos, pero fue desde el Congreso de Milán de 1880 cuando tomó fuerza el oralismo, es decir el método educativo basado en forzar a las personas sordas a aprender a leer los labios y a emitir sonidos, suprimiendo el uso de las manos. Y es así como la polémica histórica entre el oralismo y la lengua de signos ha evolucionado hacia un consenso científico a favor del enfoque bilingüe: la lengua de signos como la primera lengua, que se aprende de forma natural y temprana a través de la vista, garantizando que el cerebro del menor desarrolle el pensamiento, la gramática y la estructura cognitiva sin retrasos; la lengua oral como la segunda línea, que se aprende de forma formal, apoyada en logopedia, restos auditivos e implantes, de forma que un niño con una base sólida en signos aprende a leer y escribir el idioma con mayor facilidad.