lunes, 4 de mayo de 2020

Fases técnicas de una pandemia y fases emocionales del confinamiento


Toda pandemia suele conllevar un confinamiento (conocido popularmente por cuarentena, aunque puedan ser menos o más de 40 días). Y toda pandemia conlleva unas fases técnicas y todo confinamiento conlleva unas fases emocionales en su evolución. Y ambas cabe conocer… 

Estas son las 6 fases técnicas de una epidemia, según la Organización Mundial de la Salud. 

FASE 1. 
Se da cuenta del virus en otros países. Se adoptan algunas acciones ante la posible llegada de casos. De acuerdo con la OMS, durante este periodo, conociendo el avance del virus en otros países, se establecen hospitales para la atención de casos futuros y se comienza a establecer un protocolo sanitario en los puntos de ingreso al territorio, como fronteras y aeropuertos. 
FASE 2. 
La fase de contención inicia cuando se tienen identificadas a las personas que traen el virus desde el extranjero (casos importados). Se aplican protocolos de aislamiento. Las medidas de prevención de contagio se vuelven más enfáticas: distanciamiento social, lavado de manos, por ejemplo. 
FASE 3. 
El contagio comunitario implica que aparecen casos locales de personas que no han estado en contacto directo con los casos importados, es decir, el virus ya está en la comunidad. La cuarentena obligatoria se convierte en una medida a aplicar. 
FASE 4. 
El virus se dispersa en la comunidad: es casi imposible trazar un mapa de contagio y el número de casos se incrementan. Para evitar que la curva se acelere se restringe la movilidad en el país. 
FASE 5.  
Se caracteriza por el hecho de que el virus se esparce entre humanos en al menos dos países de una misma región del mundo. La declaración de esta fase es un mensaje claro de que la pandemia es inminente y que el tiempo para que se implementen medidas para mitigar la infección es breve. 
FASE 6. 
Ocurre la pandemia, es decir, la enfermedad está presente en distintas regiones del mundo. 
Las últimas fases de la pandemia (5 Y 6) se dan cuando las medidas anteriores no han sido aplicadas con éxito y el número de casos salen de control. Se llega al pico más alto. Las medidas siguen siendo extremas: se prohíbe la movilidad por completo, por ejemplo.


Y estas son las 7 fases emocionales del confinamiento. 
Fase 1: Incredulidad. 
En esta primera fase, la confusión y el miedo ante esta nueva situación y la cantidad de información imprecisa son las emociones predominantes. 
Fase 2: Preparación. 
En esta etapa se acaparan alimentos para hacer frente a la situación, se cambia de planes, de formas de trabajo… y se toman decisiones sobre qué hacer con todo el tiempo que pasaremos en casa, una situación a la que no estamos acostumbrados. Una vez que ya estemos habituados a las nuevas rutinas, en la fase de aclimatación, la percepción del paso del tiempo volverá a ser la normal. 
Fase 3: Ajuste. 
En esta etapa, adaptamos nuestro día a día a las nuevas restricciones y a lo que comporta la nueva situación, y adoptamos nuevas rutinas. Una de las necesidades que tenemos todas las personas es sentir que tenemos un propósito. 
Fase 4: Aclimatación. 
Se afianzan las nuevas rutinas y se empiezan a buscar maneras de hacer frente a los retos que comporta el confinamiento como el aburrimiento o a la falta de contacto familiar. Se empiezan a ver los puntos positivos que puede tener el confinamiento: descubrir nuevas actividades, aprovechar el tiempo para dedicarlo a aficiones o intereses… 
Fase 5: Resistencia. 
Aumenta la tensión a causa del largo número días sin salir al exterior y sin tener contacto social. La incertidumbre sobre el fin del confinamiento agrava este sentimiento. 
Fase 6: Alivio. 
La reapertura de negocios y la vuelta paulatina a la actividad provoca un cierto alivio a la población. Se vislumbra el fin y nos sentimos felices de poder retomar nuestra vida. Sin embargo, esta fase y la siguiente pueden ser una montaña rusa de emociones. 
Fase 7: Temor. 
Preocupación por la situación laboral y económica que comportará la crisis. Las consecuencias económicas empiezan a ser visibles. 

Y para conocer el por qué de estas 7 fases emocionales, basta con revisar esta figura de las diferentes ondas epidémicas, las que han ocurrido y las que han de venir...

Vale la pena conocer bien las fases de esta pandemia… y en todos los sentidos. Pues en realidad, esto solo acaba de comenzar para lo que va a seguir nuestra organización de vida a partir de estos momentos.

sábado, 2 de mayo de 2020

Cine y Pediatría (538). El mundo de las niñas y mujeres iraníes según el prisma de Jafar Panahi


Pocas cinematografías han utilizado tanto y tan bien a la infancia como la iraní. Películas solo recomendables para amantes del buen cine (o de un cine diferente), llenas de imágenes de dureza y desamparo, capaces de reflejar poéticamente situaciones sociales difíciles y que son reales, y de las que no escapa la infancia. Los niños y las niñas protagonizan muchas de las historias cinematográficas de este país y que, en las últimas dos décadas, han conformado la parte más conocida de la denominada Iranian New Wave

Ya en los inicios de Cine y Pediatría reivindicamos el valor del cine iraní, ese bello desconocido que nos presenta historias a través de la mirada de la infancia, destacando el minimalismo del precursor y maestro Abbas Kiarostami, el extraordinario caso de la familia Makhmalbaf y otros diversos autores, que han desarrollado su trabajo dentro o fuera de Irán. Hoy regresamos a esta especial filmografía, y lo hacemos con el mundo de las niñas y mujeres según el prisma de Jafar Panahi. 

El realizador iraní Jafar Panahi es un ejemplo de constancia y de amor al cine. Su cine ha sido descrito a menudo como neorrealismo iraní con un contenido profundamente humanista. Es un cine urbano – con el omnipresente ruido de la ciudad -, contemporáneo, donde abundan los detalles de la vida y también con una dimensión crítica que le ha causado problemas con la justicia de su país. Multipremiado por los festivales internacionales y perseguido por su país con condena a cárcel, con una prohibición expresa para realizar películas desde 2010, lo cual expresa en Esto no es una película (2011). Pero sigue adelante, con escasísimos medios y mucha imaginación: las últimas películas son Taxi Teherán (2015), todo un ejercicio de cómo contarlo todo sin mostrar nada, y Tres caras (2018), su tercera película en la clandestinidad. 

Pero los inicios de su cinematografía han sido un canto a las niñas y mujeres de Irán. Debutó con El globo blanco (1995), con un guión de su maestro Abbas Kiarostami. Una película que ocurre en la víspera del Año Nuevo Persa (o Noruz), el día más importante de Irán, ese 20 de marzo en el que se conmemora el despertar de la naturaleza tras los largos meses de invierno y la esperanza de un año fructífero, una de las celebraciones más antiguas de la humanidad y que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En ese día, la niña de 7 años, Razié, quiere comprar un pez y su madre le da un billete de 500 tomans, que pierde en varias ocasiones. Y el simple hecho de comprar ese pez en una tienda próxima a su casa ocupa todo el metraje, allí donde pide ayuda a adultos, a su hermano y a un adolescente afgano, quien al principio vende muchos globos y al final solo le resta, en la escena final, un globo blanco. 

Pura simplicidad que continuó con El espejo (1997), donde la protagonista, una niña de 10 años, es hermana de la protagonista de El globo blanco. Una película extraña, original,… quizás fallida. Mina espera en la verja de un colegio, lleva una mochila, una cazadora rosa y un velo, y tiene la mano izquierda escayolada. Espera a que la venga a recoger su madre, pero esta no llega: “Espera aquí. Tu madre llegará enseguida”, le dice una profesora. Pero ella decide volver sola y ahí comienza su aventura a pie, en autobús y en taxi por la ciudad de Teherán. Y coge un autobús equivocado, donde al montar le dicen: “La zona de las mujeres es al fondo”. Y, de pronto, en la segunda parte de la película, y de forma inesperada, la niña mira a la cámara y, cansada, dice: “¡Ya basta! No quiero que me graben más”… y entonces al director se le ocurre seguirla. Desde este punto de vista, la primera parte funciona como una película y la segunda como un documental, como una película dentro de una película, como ya le enseño su maestro Kiarostami. Una parte final en la que hasta se pierde el audio, por la espontaneidad de la filmación y donde se oyen conversaciones así de un taxista: “El hombre trae el dinero y la mujer hace el resto… Que crea que la mujer deba ocuparse de la casa no significa que yo sea un monstruo”

Y este pensamiento nos abre el camino a El círculo (2000). Porque la sensibilidad en la mirada de las niñas de El globo blanco y El espejo, se traslada al drama que les toca vivir a las mujeres como adultas, en una sociedad que solo aprecia su capacidad como reproductoras. Porque es posible que ninguna película haya sido tan fuerte y definitiva a la hora de criticar la situación de la mujer dentro de las coordenadas legislativas islámicas, una historia encadenada contada con mujeres de Teherán y contada en espiral (a la manera de La Ronda, de Max Ophüls, 1950). Una película que comienza con una puerta blanca y una rejilla de un hospital que preguntan por Solmaz Gholani y tras un fundido en blanco nos traslada a las diversas historias; y al final de la película, una puerta negra y una rejilla de una cárcel donde vuelven a preguntar por Solmaz Gholani, y un fundido en negro, tan negro como el presente y futuro de estas mujeres. 

Todo comienza con unos créditos iniciales acompañados de los sonidos de un parto. Se abre la primera trampilla y la enfermera informa que Solmaz acaba de dar a luz una niña, lo que es una tragedia en esa familia, según nos refiere la abuela: “Según la ecografía era un niño. Mi familia política se pondrá furiosa. Pedirán el divorcio”. Y de aquí se encadenan las historias de Nargess, Arezou, Mojgan, Pari, Parveneh, Maedeh… para ilustrar la magnitud de la opresión de la mujer iraní, mujeres que deambulan por Teherán como fantasmas de negro, intentando sobrevivir y sabiendo que “sin un hombre, no puedes ir a ningún sitio”. La historia continúa con tres mujeres que acaban de salir de la cárcel y deben tomar un autobús con destino a Raziliq y una amiga dice a otra: “No podría soportar que tu paraíso no existiera”. Luego sufrimos la crueldad de los hermanos de Pari cuando la echan de casa porque está embarazada y busca en una amiga enfermera de un hospital la posibilidad de abortar, pero nada se puede hacer sin el permiso de un marido. Continúa con una madre que abandona a su hija de 4 años y dice mientras vigila escondida: “Dios mío, haz que una familia se quede con ella. Algún sitio donde tenga futuro. Es la tercera vez que intento dejarla”. También nos cruzamos con una mujer que se prostituye para pagar sus facturas. Y al final, todas ellas, mujeres que fuman – como si el tabaco fuera su mayor signo de rebeldía en una sociedad donde está prohibido a las mujeres - coinciden en una celda. Del nacimiento a la cárcel, porque la vida de estas mujeres ya es una cárcel en sí misma. 

Y estas son tres películas clave para entender el mundo femenino (de niña a mujer) según Jafar Panahi, un director perseguido por su país y premiado fuera: El globo blanco ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cannes, El espejo ganó el Leopardo de Oro del Festival de Locarno, y El círculo ganó el León de Oro en el Festival de Venecia y otros dos premios no oficiales, como fueron el Premio de la Crítica Internacional y el Premio de la Unicef, que le fue concedido "por afrontar con coraje la difícil condición de la mujer en la sociedad iraní, que la encierra en una prisión cotidiana hecha de discriminación y de temor". 

Este es el mundo de las niñas y mujeres según el prisma de Jafar Panahi, realizado con actrices no profesionales y en la ciudad de Teherán, que interactúa como un protagonista más, como escenario vivo, omnipresente con el ruido de sus coches, motos y ciudadanos. Y el eco de las películas de Panahi no se olvida, como no olvidamos el bullicio de ciudad de Teherán, esa ciudad que ha sido su escenario natural y a la que el director no puede volver.

 

jueves, 30 de abril de 2020

Lactancia materna y COVID-19 ¿se puede?


Durante la pandemia COVID-19 muchas familias están teniendo dificultades durante el parto, el contacto con el recién nacido y la lactancia materna. 

Para muestra, el relato de una madre en el parto de su primer hijo:
Llegué al hospital y me preguntaron si había tenido fiebre o tos. Yo les dije que no, que me encontraba bien. Me hicieron la prueba para detectar si estaba infectada por coronavirus y el resultado fue positivo. A partir de ahí mi pareja ya no pudo estar conmigo, ni en el parto. El niño nació y no hicimos piel con piel y se lo llevaron a neonatología. A mi me trasladaron a una habitación en medicina interna aislada, y no pude ver al bebé ni pudo estar el padre conmigo. Ha sido muy duro, y no podía parar de llorar.
Afortunadamente esta no ha sido la experiencia de todas las familias. Sin embargo en algunos hospitales, nacer durante la pandemia se convierte en una serie de dificultades para estar con el bebé y alimentarle al pecho.


¿Pero que dicen los estudios y las sociedades científicas acerca de la lactancia?


Numerosas sociedades, han publicado informes acerca del parto y lactancia durante la COVID-19.

Se sabe que la enfermedad no se trasmite por la leche materna. Amamantar no aumenta el riesgo para desarrollar complicaciones de la enfermedad, por lo que las recomendaciones son las mismas que para la población general.

¿Y si la madre tiene sintomas en el parto o tiene COVID-19 confirmado?


Pues teniendo en cuenta que la enfermedad descrita en neonatos y lactantes es leve, que no se trasmite por la leche ni por la piel, y los beneficios conocidos de la lactancia materna superan con mucho los posibles riesgos de suspender lactancias, ante la COVID-19 se recomienda:

  • Si el estado materno y neonatal es óptimo, realizar clampaje tardío del cordón y contacto piel con piel, ya que a día de hoy no hay evidencia de transmisión vertical del virus.
  • Si la madre está bien y mientras ella lo desee, no se recomienda separar madre e hijo salvo por necesidad clínica, ya que podría poner en riesgo la lactancia y la vinculación madre hijo y aumentar el riesgo de enfermedad grave en el lactante.
  • Es recomendable el acompañamiento de madre e hijo por una persona sana que pueda realizar el resto de cuidados.
  • Es importante instaurar y mantener la lactancia materna, ya que se conoce que los beneficios de esta, superan con mucho los posibles riesgos de suspenderla. Se han descrito muy pocos casos de enfermedad en lactantes y la transmisión por leche no se ha demostrado y es muy improbable. Siempre manteniendo medidas de protección respiratoria (mascarilla y lavado de manos frecuente).
  • En el caso de que la salud de la madre o del recién nacido no haga posible realizar piel con piel y lactancia materna directa, ofrecer e informar correctamente sobre la extracción de leche ofreciéndosela al bebé otra persona, priorizando el uso de jeringuilla o cuchara (por ejemplo). Está leche no necesita esterilización. Si no fuese posible la extracción de leche materna debería ofrecerse al recién nacido leche del banco de leche materna. 
Las familias pueden consultar los documentos dirigidos a ellos, de la SENEO y de la IHAN

En resumen, la evidencia cientifica establece recomendaciones que reconocen el derecho de las familias y sus hijos a un parto humanizado, y ser amamantados, sin que esto suponga un riesgo adicional para la salud sino todo lo contrario. Manteniendo, eso si, normas de higiene adecuadas.