Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
Se va a cumplir un año de que la OMS declarase la pandemia COVID-19, una infección cuyos efectos y gestión han cambiado el mundo (en todas las esferas) de una forma nunca imaginada. Estas son algunas de sus fechas clave:
- 31 diciembre 2019. La Comisión de Wuhan (China) alerta a la OMS.
-10 enero 2020. Se publica la secuencia genética del SARS-CoV-2.
- 11 enero 2020. Primera muerte en Wuhan.
- 23 enero 2020. Wuhan se pone en cuarentena.
- 30 enero 2020. La OMS declara el SARS-CoV-2 como ”emergencia sanitaria de preocupación internacional”.
-11 febrero 2020. La OMS nombra al nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y a la enfermedad COVID-19.
- 11 marzo 2020. La OMS declara pandemia al SARS-Cov-2. El virus se ha extendido a 114 países, ha matado a más de 4.000 personas e infectado a casi 120.000.
- 14 marzo 2020. España declara el Estado de Alarma.
- 21 marzo 2020. Se instala el Hospital IFEMA en Madrid.
- 2 abril 2020. Un millón de casos en el mundo y 53.000 muertes.
- 8 abril 2020. China reabre Wuhan después de un bloqueo de 76 días.
- 15 mayo 2020. Resultados del estudio ENECovid: un 5% de españoles con anticuerpos.
- 16 junio 2020. Adopción de la Estrategia Europea de Vacunación. Comienzo de las negociaciones con seis fabricantes de vacunas.
- 21 junio 2020. Fin del Estado de Alarma en España.
- 28 junio 2020. Diez millones de casos y 500.000 muertes en el mundo.
- 7 julio 2020. La OMS reconoce la transmisión aérea del coronavirus.
- 11 agosto 2020. Rusia registra la primera vacuna frente a la COVID: Sputnik V.
- 28 septiembre 2020. Las muertes en el mundo llegan al millón.
- 15 octubre 2020. Se detectan las variantes británica (linaje B.1.1.7) y sudafricana (linaje B.1.351).
- 16 noviembre 2020. Moderna anuncia una eficacia del 94,5 de su vacuna.
- 18 noviembre 2020. Pfizer-BioNTech anuncia una eficacia del 95% de su vacuna.
- 23 noviembre 2020. AstraZeneca anuncia una eficacia del 62 al 90% de su vacuna.
- 2 diciembre 2020. El Reino Unido aprueba la vacuna de Pfizer.
- 11 diciembre 2020. La FDA aprueba la vacuna Pfizer-BioNTech.
- 18 diciembre 2020. La FDA aprueba la vacuna de Moderna.
- 27 diciembre 2020. Comienza la vacunación en España (con Pfizer-BioNTech).
- 6 enero 2021. Detectan en Tokio la variante brasileña (linaje B.1.1.248). Autorización de la vacuna de Moderna en Europa: dos dosis con 28 días de diferencia.
- 14 enero 2021. Se superan los dos millones de muertes en el mundo.
- 25 enero 2021. Diagnosticados 100 millones de casos en el mundo.
- 26 enero 2021. Dimite Salvado Illa como Ministro de Sanidad en España y le sustituye Carolina Darias.
- 1 febrero 2021. Ya se han administrado 100 millones de dosis de vacunas en el mundo.
- Mes de febrero 2021. España comienza a controlar la tercera ola que ha sido un tsunami. El proceso de vacunación se ve condicionado por el suministro de vacunas, que no corresponde con lo previsto.
Un año donde las malas noticias se han sucedido en lo sanitario, económico y social. Pero donde vale la pena recordar las buenas nuevas. Y recurro a dos artículos publicados en The Conversation por el microbiólogo y divulgador navarro Ignacio López-Goñi, y que vale la pena revisar:
Llevamos un año de pandemia por el virus SARS-CoV-2 y luchando con esas siglas omnipresentes de la enfermedad COVID-19. Ya tres oleadas, la última un tsunami, que han dejado a día de hoy (y estos datos se desactualizan según se publican) 115 millones de personas infectadas, con más de 2,5 millones de fallecidos (y ya 230 millones de personas vacunadas). La gran pandemia del nuevo siglo.
Pero aparte del impacto agudo (como enfermedad y muerte), queda el impacto de las manifestaciones o secuelas persistentes una vez pasada la infección, que es lo que se conoce como COVID persistente, sobre cuya definición no existe consenso: algunos la consideran como una nueva enfermedad, pero para otros son más secuelas o síntomas de una enfermedad persistente. Pero lo cierto es que se recogen entre 50 y 200 síntomas en la literatura y en las series de seguimiento publicadas alrededor de la COVID persistente, con un intervalo de entre 1 y 36 síntomas por paciente, siendo quizás los más habituales la fatiga, dolor de cabeza, disnea, pérdida de cabello, dificultad para concentrarse y ageusia.
Y en todo esto las repuestas venideras vendrán de las Unidades de seguimiento post-COVID. Porque si la COVID-19 no es una enfermedad conocida, tampoco lo pueden ser sus secuelas. Y, al menos, hay que tener en mente este decálogo de especialidades alrededor de la COVID persistente.
1. Neumología
Son las secuelas más frecuentes. En la mayoría de las personas en seguimiento se observa astenia y disnea (ésta con el enigma de que no se correlaciona con las pruebas de función pulmonar), y también tos residual. Parece que estos síntomas tengas un origen multifactorial, con componentes de la función cardiaca, muscular y algún dato de fibrosis pulmonar (si bien, esto último de forma aislada).
2. Neurología
Son los segundos síntomas en frecuencia, y al menos la mitad de los pacientes lo refieren, incluso desde fases tempranas y en forma de cefalea, dolor muscular y anosmia. Otros síntomas son la dificultad para concentrarse y la “niebla cerebral” con fallos de atención o lentitud mental. No existen alteraciones de las pruebas de neuroimagen que hagan pensar en una lesión estructural del cerebro.
3. Cardiología
Es frecuente la descompensación en el control de presión arterial y de la frecuencia cardiaca, con hipo o hipertensión, con bradi o taquicardia, como un fracaso de los sistemas reguladores, pues tampoco se han confirmado alteraciones estructurales.
4. Hematología
Las trombosis asociadas al virus, su profilaxis y sus complicaciones, han sido uno de los motivos frecuentes de consulta de la COVID-19, en pacientes sin enfermedades hematológicas de base. El adecuado manejo de la prevención con heparina está pendiente de concretar.
5. Otorrinolaringología
La anosmia y la ageusia fueron de los primeros y más frecuentes síntomas identificados en pacientes COVID-19, así como su persistencia: no en vano, es el punto de entrada del virus en el cuerpo. Esos síntomas son más frecuentes en mujeres, en casos leves y moderados, así como en jóvenes. Aunque más del 80% recuperan espontáneamente el olfato en los primeros dos meses, en algunos persiste seis meses o más. Además, los que han precisado intubación prolongada y traqueotomía pueden asociar alteraciones de la voz o disfagia.
6. Gastroenterología
Los más frecuentes son diarrea, náuseas, dolor abdominal y falta de apetito. Hasta en un 16% los síntomas gastrointestinales son los iniciales, antes de que aparezcan los síntomas respiratorios. Los ingresados en UCI por COVID presentan con más frecuencia, respecto a otros pacientes de UCI, íleo paralítico, isquemia intestinal y aumentos de transaminasas. Tampoco se han confirmado en el aparato digestivo o hígado que se produzcan lesiones estructurales persistentes.
7. Medicina Interna
En esta especialidad se concentran buena parte de los síntomas persistentes más frecuentes, suma de todos los anteriores, un amplio abanico conocido como síndrome post-COVID-19 y que se define como aquellos síntomas y signos que se desarrollan durante o después de la infección por SARS-CoV-2 que continúan por más de 12 semanas y que no se pueden explicar por un diagnóstico alternativo.
8. Dermatología
Se distinguen entre las manifestaciones de la piel que coinciden con los picos de la pandemias (muy variadas, desde urticaria a livedo reticularis, pasando por la lesiones similares a los sabañones o lesiones necróticas) de las que aparecen en la fase post-COVID (efluvio telógeno), así como empeoramiento de dermopatías previas. En la mayoría, la resolución cutánea ha sido completa en lo que constituye este puzle dermatológico de la COVID-19.
9. Oftalmología
Las complicaciones más frecuentes del ojo son las conjuntivitis, siendo más raras alteraciones de la motilidad ocular, uveítis o trombosis retinianas. El uso continuado de mascarilla también se relaciona con un aumento de casos de ojo seco.
10. Psiquiatría
El campo de la mente es otro de los grandes afectados por la pandemia. El aumento de la patología mental está claramente relacionado con los que han presentado la enfermedad COVID-19 y, sobre todo, con los que ingresaron en cuidados críticos. Cuatro síntomas clásicos (estrés postraumático, ansiedad, depresión e insomnio, solos o asociados) a los que se suma un nuevo fenómeno: la desmoralización o indefensión aprendida. Y especial vulnerabilidad en la adolescencia, con un evidente incremento de ideaciones suicidas y trastornos de la conducta alimentaria.
Un decálogo para empezar a entender la “COVID persistente”.
El cocktail biográfico de Bernardo Bertolucci fue esencial en toda su obra, un par de decenas de películas, entre producciones colosales y minúsculas, obras tradicionales y otras más experimentales. Porque además de director, el considerado último maestro del cine italiano, también fue guionista, productor, poeta y polemista. Hijo de un gran poeta y una comprometida profesora, fue defensor a ultranza del Partido Comunista y ávido lector de los fundamentos del marxismo y el psicoanálisis. Y esto le llevó a retratar con nitidez extraordinaria a los desheredados de este mundo, a seres en descomposición y a un cierto tipo de burguesía en pleno descubrimiento del fuego.
El pasaporte al cielo lo expidió con El último tango en París (1972), su sexta película. La más cruda y polémica, aquella que aún recordamos los de nuestra generación cuando oíamos en nuestra adolescencia que los adultos viajaban fuera de España a visionarla, pues no se pudo estrenar en nuestro país hasta seis años después por las escenas de sexo. Esta película le sirvió todo crédito para rodar Novecento (1976), un viaje a su tierra natal para narrar la lucha de clase con esta descomunal crónica de las primeras cinco décadas de la Italia del siglo XX. Pero el reconocimiento en Hollywood llegó con El último emperador (1987), la trágica y novelesca historia de Pu Yi , a la que siguieron El cielo protector (1989), El pequeño Buda (1993) y Belleza robada (1997).
Pero hay en su filmografía dos películas en las que el sexo, la adolescencia y cierto grado de polémica se dan la mano y que hoy nos convocan. Porque Bertolucci supo impregnar su cine del aroma de las innovaciones de la Nouvelle Vague francesa, pues vio de cerca el mayo del 68, que vivió también intensamente en Italia y retrató en Soñadores (2003). Y previamente nos turbó con un título para mi difícil de olvidar (aún hoy revisada), La luna (1979).
- La Luna (1979) funciona como una reinvención del complejo de Edipo, ese complejo conjunto de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores. Se trata de un concepto central de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, como el deseo inconsciente de mantener una relación sexual (incestuosa) con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre del mismo sexo (parricidio).
En esta película todo comienza con un bella madre y su angelical hijo de poco más de un año, un matrimonio feliz junto al mar donde huele a verano y felicidad. Suena un twist y aparecen los títulos de crédito, la noche y la luna. Y a continuación el niño ya es adolescente, Joe (Matthew Barry), hijo único adicto a la heroína, cuyo padre muere repentinamente, y entonces huye de Brooklyn a Roma con su madre, la cantante de ópera Catherina Silveri (Jill Clayburgh). Y a partir de aquí aparece un tour de forcé entre madre e hijo, una complicada relación de amor y autodestrucción: “¿Sabes por qué tomo drogas’ Porque todo me importa una mierda” le confiesa a su madre, y esta responde, “No puedo presenciar que te estés matando”. Y esas palabras de una amiga de Joe sobre el sentimiento de éste a su madre: “Es feliz y te avergüenzas de ello”.
Y duele ver las imágenes de las agujas de heroína o las dosis de incesto, con los recurrentes ataques de locura o pánico ante sus vidas, nada desgraciadas, aunque las vieran así. Y la búsqueda de Joe de su verdadero padre, un maestro que, al igual que él, estaba enamorado de su madre. Y ese final en la Termas de Caracalla, allí donde ocurre la reconciliación mientras se realizan los ensayos de la ópera “Un ballo in maschera” de Giuseppe Verdi. Y la luna aparece sobre la noche de Caracalla. Ópera, cine y un pasado edípico por resolver.
- Soñadores(2003), sobre la especial relación de tres jóvenes veinteañeros en el París del mayo del 68: Isabelle (Eva Green) y su hermano mellizo Theo (Louis Garrel), solos en la ciudad mientras sus padres están de viaje, invitan a su apartamento a Matthew (Michael Pitt, a quien recordamos como el inquieto joven de la versión americana de Funny Games), un joven estudiante americano, al que han conocido en un cine.
Y el propio cine es uno de los protagonistas de su argumento, pues nos hace partícipe de cuando el Ministro de Cultura francés en aquellos momentos, André Malraux, trató a arrebatar a Henri Langlois la dirección de la Cinemateca Francesa, que intentan cerrar. Y ello da a nuestros protagonistas la oportunidad para realizar un repaso de la Nouvelle Vague, de Jean-Luc Godard a François Truffaut, pasando por Éric Rhomer. “Yo llegué a este mundo en los Campos Elíseos de 1959. En las aceras de los Campos Elíseos. ¿Sabes cuáles fueron mis primeras palabras? ¡New York Herald Tribune!” dice Isabelle a un tribulado Matthew, en un claro homenaje a Jean Seberg en Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960). Homenajes que se suceden, como cuando Isabelle baila imitando a Marlene Dietrich en La venus rubia (Josef von Sternberg, 1932) o cuando nuestros tres amigos corren por el Louvre a toda velocidad rememorando la escena de los tres amigos de Banda aparte (Jean-Luc Godard, 1964). Y también cuando estos particulares hermanos que se consideran como gemelos siameses (por lo que duermen y se bañan juntos) le dicen a Mattew: “Le aceptamos. Es uno de los nuestros”, un guiño a Freaks: La parada de los monstruos(Tod Browning, 1932).
Y a lo largo de Soñadores se repiten los homenajes al cine en blanco y negro, como a Paul Muni en Scarface, el terror del Hampa (Howard Hawks, 1932), a Greta Garbo en La reina Cristina de Suecia (Rouben Mamoulian, 1933), a Fred Astaire y Giner Rogers en Sombrero de copa (Mark Sandrich, 1935), jugando entre ellos a las prendas en busca del título de las películas que imitan. Y esas discusiones que tienen sobre quién es mejor, si Buster Keaton o Charles Chaplin. Discusiones que se extienden a la música, sobre si prefieren a Eric Clapton o a Jimi Hendrix. Porque junto al cine, la música es otra gran protagonista de esta película, repleta de guiños a Janis Joplin, Bob Dylan, con algunas canciones simbólicas como “La mer” de Charles Trenet, el “Hey Joe” de Jimi Hendrix o el “Ay Carmela”, icónica canción republicana de nuestra Guerra Civil.
Tres jóvenes confinados en el piso de los padres de Isabelle y Theo, mientras aquellos están de viaje, allí donde establecen unas reglas para conocerse mutuamente, explorando emociones y erotismo a través de una serie de juegos extremadamente arriesgados. Juegos donde el cine, la música y también la literatura (con ese homenaje al libro “Death Kit” de Susan Sontag) son el sustento cultural de estos jóvenes de aquella revolución cultural, política y social del mayo del 68 y la convulsa década de los sesenta, allí donde se suceden las reflexiones de sus protagonistas entre sus devaneos de libertad sexual.
Reflexiones de Matthew: “De repente te das cuenta de que hay una especie de armonía cósmica de formas y tamaños. Me preguntaba por qué. No sé por qué es. Pero sé que es así”, “No quiero que me quieran mucho. Quiero que me quieran”, “Un cineasta es como un voyeur… lo leí en Cahiers du Cinemá”. Reflexiones de Isabelle: “Los padres de los demás siempre son mejores que los propios. Y, sin embargo, nuestros abuelos siempre serán mejores que los de los demás”, “Cuando se desea tanto, el amor no existe. Solo las pruebas de amor. ¿Estás dispuesto a darnos una prueba de tu amor?”. O las reflexiones de los padres a sus hijos: “Escuchadme: antes de cambiar el mundo, debéis comprender que formáis parte de él. No podéis observarlo desde fuera”. Y mientras nuestros jóvenes intentan cambiar su mundo en el interior del apartamento, el mundo cambia fuera en París: y lo que comenzó como una manifestación de la juventud contra el cierre de la Cinemateca Francesa se ha transformado a un movimiento global.
Y la escena de los tres amigos en la bañera, con la belleza de Isabelle cual Venus de Milo, forma parte de ese triángulo amoroso y de la polémica que acompaña a Bertolucci, como le acompañó en sus inicios en El último tango en París, y como lo haría luego también en La luna. Y ese trágico final recordando a la película Mouchette(Robert Bresson, 1967) que se ve alterado por los altercados callejeros. Y el final, de nuevo con el protagonismo musical de canciones como “Non, je ne regrette rien” de Édith Piaf y “Third Stone From the Sun” de Jimi Hendrix.
Porque en La luna y en Soñadores nos ofreció Bertolucci su provocadora visión de la adolescencia y juventud. Esa luna y sueños que ahora iluminan la noche de este director que no pasó desapercibido, el último maestro italiano.