sábado, 10 de mayo de 2014

Cine y Pediatría (226). “Crónica de un niño solo”, poesía de la soledad


Hoy recuperamos una película que, según una encuesta de críticos, historiadores e investigadores del cine realizada en el 2000 por el Museo Nacional de Cine Argentino, estaba considerada por la mayoría (75%) como la mejor película de la historia del cine argentino. Hablamos de Crónica de un niño solo, una película en blanco y negro del año 1965 con dirección y guión de Leonardo Flavio e interpretada principalmente por niños. 

Leonardo Favio perteneció a ese reducido grupo de artistas del renacimiento: actor, cantante de baladas, escritor y director de cine, sus películas son auténticas joyas de cine de autor que revolucionaron el cine latinoamericano en los años 60 y 70. El cine de Favio se caracteriza por el predominio de la imagen sobre la palabra y una sensibilidad más próxima a la poesía romántica de los grandes autores literarios que al propio lenguaje cinematográfico. Los silencios y las sensaciones imperan sobre la propia historia lo que otorga a su cine un halo de espiritualidad y simbolismo, interesado en provocar en el espectador sensaciones visuales a través de historias de marcado carácter pesimista, con personajes invadidos por la tristeza que despiertan a la vida a través de amores imposibles y sueños inalcanzables, personajes que acaban devastados por la realidad que dinamita ese espejismo de felicidad. 

Crónica de un niño solo fue su ópera prima, en donde Favio materializó en la pantalla sus vivencias infantiles en las que el abandono familiar y la soledad de sus estancias en orfelinatos marcaron su carácter sensible y reflexivo. Fue dedicada a Leopoldo Torre Nilsson, director que le introdujo como actor en el mundo del cine, y ya en aquel momento consiguió el Cóndor de Plata como mejor película y toda una conmoción en el cine del país, en esa época inmersa en un cine independiente conocido como Nuevo Cine Argentino. Crónica de un niño solo, es la primera parte de una trilogía, que continúa Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... (1966) y termina con El dependiente (1969). 

La película trata sobre Polin (Diego Puente), un niño pobre cuya vida transcurre entre la villa miseria (nombre que se le da en Argentina a los asentamientos informales caracterizados por una densa proliferación de viviendas precarias)  y el reformatorio. La cinta, de gran crudeza y belleza, cuenta con una espectacular fotografía en blanco y negro acompañada de planos técnicamente perfectos de gran realismo. 

La película tiene tres partes diferenciadas. 
- En la primera parte y en la primera secuencia vemos, bajo un impactante plano, a un estricto carcelero pasando revista a un grupo de niños que viven en un intransigente reformatorio para niños delincuentes. Seremos testigos de las experiencias y vejaciones que sufren estos niños sujetos a una férrea disciplina que les impide actuar con la inocencia propia de su edad. Niños con cicatrices no solo físicas, sino afectivas que son obligados a fregar amplios pasillos del correccional y a practicar gimnasia con métodos casi fascistas. Uno de estos niños es Polin, quien se rebela contra este régimen y logra huir hacia la ansiada libertad mediante otra maravillosa escena, filmada con planos largos y pausados, casi sin cortes. 
- La segunda parte comienza con Polín corriendo por las calles en plena libertad en una escena con montaje idéntico a Los cuatrocientos golpes (François Truffaut, 1959). Regresa al barrio donde habitaba, una villa miseria deprimida con familias desestructuradas y extremadamente pobres, verdadero hogar de los perdedores. Posteriormente seremos testigos de la escena icónica de la película: la del baño en el río con un amigo, una secuencia con clara influencia del realismo poético francés al estilo de Una partida de campo (Jean Renoir, 1936) y con escenas nudistas de un naturalismo pocas veces visto en el cine latinoamericano, al estilo de Cero en conducta (Jean Vigó, 1933). En esa escena, la poesía de Favio permite narrar la violación que sufre el amigo de Polín a manos de una jauría de niños desnudos que se encontraban nadando en el mismo río.
- La tercera parte finaliza con Polín regresando a la villa de chabolas para encontrarse con Fabián (interpretado por el propio Favio), un conductor de carruaje solitario y triste como Polín. Tras seguirle los pasos por la noche, Polín descubre que los hombres de la villa hacen cola en una chabola donde habita una prostituta. Polín, intrigado por el goce que escucha en el interior de la casa, busca dinero para perder su virginidad, pero el encuentro con el caballo de Fabián le hace retroceder a la infancia para elegir jugar con el caballo en lugar de con la meretriz. Y aquí una nueva maravillosa escena, y ésta nos recuerda a El Limpiabotas (Vittorio de Sica, 1946), única secuencia de la película en la que nuestro protagonista se comporta como lo que es, un niño, y en la que observamos la cara ilusionada de Polín al juguetear con el caballo. Sin embargo, al final Polín, hundiéndose en la oscuridad de la noche, se aleja junto al policía que lo lleva detenido hacia el reformatorio en dónde adivinamos volverá a crecer en él la única esperanza que cobijó en su corta vida y que no es otra que la de volver a escaparse. Y con ello Favio nos recuerda (recordando su infancia) que los momentos de felicidad e inocencia son cortos en la vida, instantes que, con el paso del tiempo, nunca volverán.

Crónica de un niño solo es una película demoledora a la vez que bella y poética, única por sus imágenes subyugantes y sus silencios, escenas que quedan grabadas a fuego en la memoria del espectador, con marcado tanino cinematográfico por el duradero recuerdo de su visionado y por la experiencia vital de gran carga filosófica: una poesía de la soledad infantil que nos recordará que la pérdida de la inocencia supone el desprendimiento de nuestras ensoñaciones para darnos de bruces con esa realidad que todo arrolla.
Y en esta soledad de la infancia, Favio parece preguntarnos: ¿qué es la infancia?, ¿cómo se construye la infancia?, ¿cómo se define la condición de infancia? Y el director nos propone internamos en la película no para ansiar comprenderla, sino para hacernos sentir la enorme soledad de un ser humano al que le robaron la infancia como a tantos y que nunca tuvo la posibilidad de ser un niño porque nunca tuvo infancia. Porque si admitimos que la infancia es una construcción social, ¿cómo deberíamos definir ésa condición cuando nos encontramos frente a un niño como Polín que es un ser humano que no tiene recuerdos infantiles de caricias hogareñas, de juegos, de deseos y de alegrías?

Y así es como Crónica de un niño solo es la crónica de un niño solo, pero no es la crónica de un solo niño, es la de muchos niños. Niños que no conocen la infancia, niños a los que le roban la infancia, que deambulan de la miseria al reformatorio, niños alejados de una familia. Niños solos y poesía de la soledad.

El cine argentino atesora una interesante filmografía. En Cine y Pediatría hemos recordado unos cuantos ejemplos: El niño que gritó puta (Juan José Campanella, 1991), Kamchatka (Marcelo Piñeyro, 2001),   El polaquito (Juan Carlos Desanzo, 2003), La niña santa (Lucrecia Martel, 2004), XXY (Luisa Puenzo, 2007), Leonera (Pablo Trapero, 2008), El último verano de la boyita (Julia Solomonoff, 2009), Anita (Marcos Carnevale, 2009), La educación prohibida (Juan Vautista, 2012), Infancia clandestina (Benjamín Ávila, 2012), entre otras. Y hoy tenemos el honor de recordar una película que muchos consideran la mejor película de Argentina.

 

2 comentarios:

Loli Fernández dijo...

Se nota a leguas que el artículo está copiado del blog Rubén Redondo. Algunas frases las has copiado incluso literalmente. Sé que este mensaje no lo publicarás, pero espero que la menos sirva para que te des cuenta de que no estás haciendo bien las cosas. Un saludo.

Javier Gonzalez de Dios dijo...

Hola Loli. Claro que lo publico, sin duda, pues me permite explicarte que el mejor comentario que encontré fue el de Rubén Redondo en su blog "Cine Maldito". Y verás que, dado que no ponemos citas bibliográficas en los post que publicamos en "Pediatría basada en pruebas", lo sustituimos por los hiperenlaces.
Y es justamente en la descripción de las tres partes de la película, la aportación más interesante de Rubén al análisis de esta gran película, es donde realizo el hiperenlace a su blog y a su excelente descripción que, sin duda, casi expongo literalmente, pues es de una gran perfección y sensibilidad.
Siento que te hayas sentido incómoda para escribir este post y espero aprender de ti (y de otros lectores) la forma de hacer mejor las cosas en el blog.
Para mi, "Crónica de un niño solo" (y el gran análisis de Rubén Redondo), se constituía en colofón perfecto para hacer un homenaje al cine argentino y a su forma de ver la infancia, tras una recomendación de un amigo de Buenos Aires. Te envío un cordial saludo. Javier